La naturaleza de la meditación
Isaac Ambrose (1604-1664)
La meditación es una reflexión profunda y seria sobre algún punto de la enseñanza cristiana para fortalecernos contra la carne, el mundo y el diablo, y llevarnos adelante hacia el Reino de los cielos o la meditación es una firme inclinación de la mente hacia algún tema espiritual, discutiéndolo con nosotros mismos hasta arribar a algún resultado provechoso.
Ahora, esta meditación es espontánea o planeada, ocasional o solemne y deliberada.
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La meditación espontánea, ocasional o _externa_surge de cosas que Dios, en su Providencia, presenta a nuestros ojos, oídos y sentidos. “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” (Sal. 8:3-4). Esta meditación de David fue ocasional.
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La meditación deliberada, planeada o solemne surge de nuestros propios corazones cuando, intencionalmente, nos alejamos de toda compañía, apartándonos para realizar este ejercicio más a fondo, escogiendo el tema, tiempo y lugar más apropiado. Ahora, esta meditación es doble porque ésta también está familiarizada con asuntos de conocimiento sobre alguna verdad escondida o temas afectivos para avivar nuestro amor por Dios. Les dejamos lo primero a escuelas y profetas; nosotros perseguiremos lo segundo que es muy provechoso, tanto que ningún cristiano lo puede rechazar como innecesario o demasiado difícil.
Las circunstancias de la meditación: Las circunstancias de nuestra meditación son el tiempo y el lugar. Agrego a estos (aunque no lo puedo llamar circunstancia) el tema que escogemos y para el cual tenemos que prepararnos, podemos tomar nota.
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En cuanto al tiempo: No se puede determinar un mismo tiempo para todos los hombres porque ni Dios está atado a las horas, [ni] las distintas disposiciones del hombre coinciden en un mismo tiempo. Algunos se encuentran con sus corazones en el marco de la mañana, otros obtienen sabiduría de sus [corazones] durante la noche, otros se encuentran con que la hora más adecuada es la que prefería Isaac, quien salía en la tarde a meditar (Gn. 24:63). Ninguna práctica de los demás, puede determinar la nuestra en esta circunstancia; basta que apartemos el tiempo que es más apropiado para nosotros para llevar a cabo ese servicio.
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En cuanto a lugar: Juzgamos que la soledad y los lugares solitarios son los más convenientes para la meditación, especialmente, para la meditación planeada y solitaria. Así, encontramos que Jesús meditaba solo en el monte, Juan el Bautista en el desierto, David en su cama, Daniel en su casa, Isaac en el campo. El Esposo de nuestra alma, el Señor Jesucristo, es tímido, dice Bernardo, y nunca viene a su Esposa que medita, en la presencia de una multitud. De ahí la invitación de la esposa: “Ven, oh amado mío, salgamos al campo, moremos en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados; Allí te daré mis amores” (Cnt. 7:11-12). En este caso, debemos abandonar la sociedad mundana, tanto interior como exterior. Muchos se retraen de la compañía visible de los hombres que aún llevan el mundo en su interior. Ambas asociaciones son enemigas de esta meditación.
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En cuanto al_tema de nuestra meditación_. Tiene que ser divina y espiritual o sea, la Palabra de Dios o alguna parte de ella. Es lamentable pensar, cómo algunos meditan sobre el pecado, contrariamente a la Palabra de Dios, estudiando cómo ir al infierno, haciendo el menor ruido en el mundo. Otros fijan sus pensamientos sólo en investigar asuntos naturales como el movimiento de los cielos, la razón de las mareas de los océanos, las clases de [plantas o hierbas] que brotan de la tierra, con todas sus cualidades y operaciones; pero mientras tanto, el Dios que los hizo, lo vil de nuestra naturaleza y el peligro de su pecado, la multitud de sus imperfecciones, el Salvador que los compró, el cielo que compró para ellos, etc., son tan ignorados como si no existieran. El tema de nuestra meditación debe ser algo divino: “Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti… meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos” (Sal. 63:6; 77:12).
Tomado de Las primeras, medias y últimas cosas(Prima, Media, et Ultima or The First, Middle, and Last Things),215-216, de dominio público.
Isaac Ambrose (1604-1664): Pastor anglicano y después presbiteriano, nacido en Ormskirk, Lancashire, Inglaterra, Reino Unido.
La meditación es el ejercicio serio de la comprensión por la cual nuestros pensamientos se concentran en observarcosas espirituales con el fin de ponerlas en práctica. —William Bates
Cuánto más elevada, santa y provechosa es una ordenanza de Cristo, más alarmantes y tristes son las demostraciones de enemistad y del infierno en los corazones que actúan en su contra. —Nathaniel Ranew