El instrumento de la justificación
A. W. Pink (1886-1952)
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia… estando ya justificados en su sangre… justificados, pues, por la fe”—Romanos 3:24; 5:9; 5:1.
Unaexposición completa de la doctrina de la justificación requiere que cada una de estas proposiciones [citadas en el encabezamiento] sean interpretadas en su sentido bíblico, y que se combinen relacionándolas correctamente a fin de formar un todo armonioso. A menos que estas tres proposiciones se distingan con cuidado, es seguro que habrá confusión. A menos que se tengan constantemente en cuenta, es seguro que terminaremos arribando a una conclusión equivocada. A cada una hay que darle la importancia que merece, pero ninguna ha de comprenderse de una manera tan fuerte que anule las demás.
¿Cuál es el lugar preciso y la influencia que la fe tiene en las importantes cuestiones relacionadas con la justificación? ¿Cuál es la naturaleza o el carácter exacto de la fe justificadora? ¿En que sentido particular hemos de comprender esta proposición de que somos “justificados por la fe”? ¿Y cuál es la relación entre esa proposición y los postulados15 de que somos “justificados por gracia” y “justificados en su sangre”? Estos son temas que requieren muchísimo cuidado. La naturaleza de la fe justificadora requiere una definición exacta de modo que su lugar particular sea comprendido correctamente, porque es fácil equivocarse en esto para detrimento del honor y la gloria de Cristo, que no deben ser adjudicados a otros: no, ni a la fe misma.
Muchos supuestos maestros se han equivocado en cuanto a esta cuestión, porque la tendencia de la naturaleza humana es arrogarse16 la gloria que le pertenece a Dios únicamente. Aunque hay aquellos que han rechazado la noción nada bíblica de que somos justificados ante Dios por nuestras propias obras, muchos virtualmente hacen de su propia fe su salvador. Algunos no sólo han hablado de la fe como si fuera una contribución que Dios requiere que el pecador haga para su propia salvación: el último centavo que era necesario para completar el precio de su redención, pero otros (que se burlaban de los teólogos y se jactaban de su comprensión superior de las cosas de Dios) han insistido que la fe misma es la que nos hace justos ante Dios quien considera la fe como justicia.
Podemos encontrar un ejemplo deplorable de lo que acabo de mencionar en los comentarios sobre Romanos 4 hechos por J. N. Darby, padre de los Hermanos Libres17: “Esta era la fe de Abraham. Él creía la promesa de que sería el padre de muchas naciones, porque Dios la había dado, contando en el poder de Dios, glorificándolo, sin cuestionar, considerando todas las circunstancias, nada de lo que el Señor había dicho; por lo tanto también esto le fue contado por justicia. Glorificó a Dios de acuerdo con quién era Dios. Ahora bien, esto no fue escrito para su beneficio solamente: La misma fe nos será contada a nosotros por justicia” (“Sinopsis” tomo 4, p. 133, las itálicas son nuestras). Expondremos más adelante en este capítulo el error que deshonra a Cristo en esas afirmaciones.
“¿Cómo justifica la fe al pecador ante los ojos de Dios? Respuesta: La fe justifica al pecador ante los ojos de Dios, no por aquellas otras gracias que siempre la acompañan, ni por las buenas obras que son sus frutos, no como si la gracia de la fe, o cualquier acción resultante de ella, le fuera atribuida para su justificación, pero _sólo como un instrumento_por el cual recibe y aplica a Cristo y su justicia”. (Westminster Larger Catechism [Catecismo Mayor de Westminster]Pregunta 73), Aunque esta definición fue formulada hace más de doscientos cincuenta años, es muy superior a casi cualquier cosa que uno puede encontrar en la literatura actual sobre el tema. Es más exacto hablar de la fe como el “instrumento” en lugar de hacerlo como la condición, porque una “condición” se usa generalmente para significar que por ella se confiere18 un beneficio. La fe no es ni el fundamento ni la sustancia de nuestra justificación, sino sencillamente _la mano_que recibe el don divino que el evangelio nos confiere.
¿Cuál es el lugar y la influencia precisa que ocupa la fe en el importante tema de la justificación? Los romanistas responden: Nos justifica formalmente, no relativamente: es decir, debido a su propio valor intrínseco. Destacan que la fe nunca está sola, sino que “obra por el amor” (Gál. 5:6), y por lo tanto, su propia excelencia merece la aceptación de la mano de Dios. Pero la fe aun del mejor es débil y deficiente (Luc. 17:5), por lo que nunca podría satisfacer la ley, que requiere una perfección intachable. Si la justificación fuera dada como una recompensa de la fe, el que la tiene tendría motivo para jactarse, exactamente lo contrario de lo que dice el Apóstol en Romanos 3:26-27. Además, un método así de justificación, frustraría completamente la vida y muerte de Cristo, haciendo innecesario su gran sacrificio. No es la fe como una gracia espiritual lo que nos justifica, sino como un instrumento: la _mano_que toma a Cristo.
En relación con la justificación, la fe _no_debe ser considerada como un ejercicio virtuoso del corazón, ni como un principio de obediencia santa: “Porque la fe, en lo que concierne a nuestra justificación, no considera a Cristo como Rey, que establece leyes, requiere obediencia y vence a la depravación, sino como un Sustituto, cumpliendo los requerimientos de la Ley divina, y como un Sacerdote expiando el pecado por medio de su propia muerte en la cruz. Así es que, en cuanto a la justificación, leemos que ‘por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa’ (2 Ped. 1:1) y de ‘la fe en su sangre’ (Rom 3:25), y los creyentes son descritos como haber ‘recibido ahora la reconciliación’ y como que ‘reciben… [el] don de la justicia’ (Rom. 5:11, 17). Por lo tanto, es evidente que la fe es considerada como teniendo una relación inmediata con la obra vicaria de Cristo, y no con la noción de practicar una virtud o de cumplir una obligación, sino de recibir un don gratuito” (Abraham Booth).
¿Cuál es la relación entre la fe y la justificación? La respuesta arminiana a esta pregunta, refinada un poco por los Hermanos Libres, es que se trata de creer que el _acto_de creer nos es atribuido para justicia. Un error lleva a otro. El Sr. Darby negaba que los gentiles hubieran estado alguna vez bajo la ley, por lo tanto negaba también de que Cristo obedeciera la ley en el lugar de su pueblo, y por lo tanto como la obediencia vicaria de Cristo no les es adjudicada a su cuenta, él tenía que buscar en otra parte la justicia de ellos. Afirmaba que esto se encontraba en la propia fe del cristiano, insistiendo que su acción de creer le es atribuido a éste “para justicia”. Para dar respetabilidad a su teoría, la vistió del lenguaje usado en varias expresiones en Romanos 4, aunque sabía muy bien que el griego no le daba ningún fundamento sobre el cual basar su premisa.
En Romanos 4 leemos “su fe le es contada por justicia” (v. 5), “a Abraham le fue contada la fe por justicia” (v. 9), “su fe le fue contada por justicia” (v. 22). Ahora bien, en cada uno de estos versículos la preposición griega es _eis_que _nunca_significa “en lugar de”, sino que siempre significa “hacia, a fin de, con miras a”: tiene la fuerza uniforme de “para”. Su significado exacto y su fuerza son absolutamente claros en Romanos 10:10: “Con el corazón se cree para justicia”, es decir el corazón que cree extiende su mano y se apropia de Cristo mismo. “Este pasaje (Rom. 10:10) puede ayudarnos a comprender qué es la justificación por la fe: porque muestra que la justicia nos viene cuando aceptamos la bondad de Dios que nos ofrece el evangelio. Somos pues, por esta razón, justos, porque creemos que Dios es propicio19 hacia nosotros a través de Cristo” (Juan Calvino, Commentary on the Epistle to the Romans[Comentario de la Epístola a los Romanos]).
El Espíritu Santo ha usado las preposiciones griegas con una precisión exacta. Nunca lo encontramos utilizando _eis_en relación con la satisfacción y sacrificio de Cristo en nuestro lugar, sino sólo _anti_o huper, que significa en lugar de. Por otro lado, _anti_y _huper nunca_son usadas en relación con nuestro creer, porque la fe _no es_aceptada por Dios _en lugar de_una obediencia perfecta. La fe tiene que ser o el _fundamento_de nuestra aceptación por parte de Dios, o el medio o _instrumento_para que nos interesemos en el fundamento verdaderamente meritorio: la justicia de Cristo. No puede ocupar _ambos_lugares en relación con la justificación. “Aquellos a quienes Dios llama eficazmente también justifica gratuitamente, no por infundirles la justicia, sino por perdonarles sus pecados, y por contarlos y aceptarlos como justos: no por nada que hubiera en ellos, o que ellos hicieran, sino por Cristo únicamente: no por atribuirles a ellos para justicia la fe misma, el acto de creer, ni ninguna otra obediencia evangélica; sino atribuyéndoles la obediencia y satisfacción de Cristo, ellos recibiendo y confiando en él y su justicia, por fe: fe que no tienen por sí mismos, pues es un don de Dios”. (Westminster Confession of Faith 11.1[Confesión de fe de Westminster])
Resulta claro que la fe misma no puede ser la sustancia o el fundamento de nuestra justificación por muchas razones. La “la justicia de Dios [i.e. la satisfacción de la ley que Cristo obtuvo] se revela por fe” (Rom. 1:17) por lo que no puede ser la fe misma. Romanos 10:10 declara “con el corazón se cree para justicia” de manera que la justicia tiene que ser una cosa distinta del hecho de creer. En Jeremías 23:6 leemos: “JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA”, por lo que la fe no puede ser nuestra justicia. No destronemos a Cristo a fin de exaltar la fe: no pongamos al siervo arriba de su señor. “No reconocemos ninguna justicia fuera de la obediencia y satisfacción que Cristo pone a nuestra disposición: su sangre, no nuestra fe; su satisfacción, no el que lo creamos, es el quid de la cuestión de la justificación ante Dios” (John Flavel). ¡Qué alteraciones hay en nuestra fe! ¡Qué mezcla de incredulidad siempre! ¿Es éste un fundamento sobre el cual edificar nuestra justificación o nuestra esperanza de tenerla?
Quizás algunos digan: ¿Acaso no coinciden expresamente las palabras de las Escrituras con la posición del Sr. Darby? ¿Acaso no afirma Romanos 4:5: “Su fe le es contada por justicia”? Contestamos: ¿Está el _sentido_del versículo de su lado? Supongamos que intentara yo comprobar que David fue limpio de culpa por el _“hisopo”_que crece en un muro: eso sería ridículo. Sí, pero yo tengo las palabras expresas de la Biblia que me apoyarían: “Purifícame con hisopo, y seré limpio” (Sal. 51:7). Aunque esas palabras de la Biblia son claras, no me darían ni pizca del _sentido_y el espíritu de la Palabra de Dios. ¿Tiene el hisopo –un arbusto inútil– algún tipo de capacidad para tomar el lugar de la sangre del sacrificio, y hacer expiación por el pecado? ¡Tampoco tiene la _fe_la capacidad de tomar el lugar de la obediencia perfecta de Cristo, ni de actuar como nuestra justicia justificadora, ni conseguir nuestra aceptación ante Dios!
Les debo mis disculpas a muchos de nuestros lectores, por hacerles perder el tiempo con tales puerilidades20, pero les pedimos que por favor tengan paciencia. Esperamos que plazca a Dios usar este artículo para exponer uno de los muchos graves errores de Darby. Porque “grave” es por cierto _este_error. Su enseñanza de que la fe del cristiano, en lugar de la obediencia vicaria de Cristo, es contada por justicia culpa a Dios de una mentira simple y llana, porque lo presenta como si diera a la fe un valor ficticio: El creyente no tiene justicia, entonces Dios considera su pobre fe como “justicia”.
“Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gén. 15:6). La cuestión que hay que decidir aquí es: ¿Era la fe misma de Abraham lo que Dios le contó para justicia (¡idea horrible!) o era la justicia de Dios en Cristo anunciada para el futuro lo que motivó la fe de Abraham? Los comentarios del apóstol en Romanos 4:18-22 deciden este punto terminantemente. En estos versículos, Pablo enfatiza las imposibilidades naturales que se interponían a fin de que se cumpliese la promesa de Dios de una descendencia numerosa para Abraham (habiéndose ya secado las funciones genitales de su propio cuerpo y de las de Sara), y en la confianza implícita que tenía (a pesar de las dificultades) en el poder y fidelidad de Dios que _llevaría a cabo_lo que había prometido. Por lo tanto, cuando el apóstol agrega: “por lo cual también su fe le fue contada por justicia” (v. 22), ese “por lo cual” puede significar únicamente: Porque por la fe se olvidó completamente de la naturaleza y del yo, y se dio cuenta con una seguridad sin sombra de duda de la suficiencia del brazo divino, y de la seguridad de su obrar.
La fe de Abraham, querido lector, no era más y menos que la renuncia de toda virtud y poder en sí mismo, y de una dependencia inocente como la de un niño en Dios por lo que él tiene la capacidad y voluntad de hacer. Lejos, muy lejos estaba su fe de ser un sustituto por una “justicia” que le faltaba. Lejos, muy lejos estaba Dios de aceptar su fe en lugar de una obediencia perfecta a su Ley. En cambio, era la fe de Abraham la acción de un alma que había encontrado _su_vida, su esperanza, su todo en el Señor mismo. Y es _eso_de lo que se trata la fe que justifica: es “sencillamente el instrumento por el cual Cristo y su justicia son recibidos a fin de efectuar la justificación. Es un vacío llenado con la llenura de Cristo, es insuficiencia entregándose al poder de Cristo” (John L. Girardeau).
“La mejor obediencia de mis manosno se atreve a presentarse ante tu trono;Pero la fe responder puede a tus demandas,Recurriendo a lo que mi Señor por mí ha hecho”.
¿Cuál es la relación entre la fe y la justificación? El antimoniano e hipercalvinista contestan: meramente la del consuelo o seguridad. Su teoría es que los escogidos eran de hecho justificados por Dios antes de la fundación del mundo, y que lo único que hace la fe ahora es hacerles _manifiesto_esto a sus conciencias. Este error era propugnado por hombres como W. Gadsby, J. Irons, James Wells, y J. C. Philpot. Que no se originó con estos hombres resulta claro por el hecho que en su época, los puritanos la refutaron. “Sólo por fe obtenemos y recibimos el perdón de los pecados, porque sea cual fuere cualquier acto anterior de Dios con respecto a nosotros en Cristo y para él, _de hecho no recibimos_una dispensación que libera al alma completamente hasta que creemos” (John Owen, Works[Obras], Tomo 10, The Death of Death in the Death of Christ[La muerte de la muerte en la muerte de Cristo] ). “Es vanidad decir que soy justificado únicamente según el juicio de mi propia conciencia. La fe por la cual Pablo y los demás apóstoles eran justificados, era debido a que creían en Cristo para poder ser justificados (Gál. 2:15-16), y no una creencia de que ya estaban justificados, y por lo tanto, no era un acto que les daba seguridad” (Thomas Goodwin, Works, Tomo 8, The Objects and Acts of Justifying Faith [Los objetos y actos de la fe justificadora]).
¿_Cómo_somos justificados por la fe? Habiendo presentado tres respuestas negativas: no por la fe en conjunto con las obras (romanistas), no por la fe como un acto de gracia en nosotros (arminianos), no por una fe según recibe el testimonio del Espíritu, (antinomianos), ahora presentaremos la respuesta positiva. La fe justifica únicamente como un instrumento que Dios ha encomendado para la apropiación y aplicación de la justicia de Cristo. Cuando decimos que la fe es “instrumento” de nuestra justificación entiéndase claramente que no queremos decir la fe como el instrumento _por el cual_Dios justifica, sino el instrumento _por el cual recibimos_a Cristo. Cristo ha sido contado como justicia para nosotros, y la fe en Cristo es la apropiada a los ojos de Dios para recibir de él la bendición de la salvación. La fe une a Cristo, y estando unidos con él poseemos todo aquello que hay en Cristo, según nuestra capacidad de recibirlo y la voluntad de Dios de darlo. Habiendo sido hechos uno con Cristo en Espíritu, Dios nos considera ahora a nosotros como uno con él en lo que respecta a la ley
Somos justificados _por_la fe, y no para la fe, no por lo que la fe es, sino por lo que recibe. “No tiene ninguna eficacia en sí, sino que es el lazo que nos une con Cristo. Toda la virtud de limpiar procede de Cristo el objeto. Recibimos el agua con nuestras manos, pero la virtud de limpiar no radica en nuestras manos, sino en el agua, no obstante, el agua no puede limpiar si no la recibimos, y recibirla une al agua con nosotros, y es el medio por el cual somos limpiados. Y por lo tanto observemos que nuestra justificación por la fe siempre se expresa en el tiempo pasivo, no activo: somos _justificados_por la fe, no que la fe nos justifica. La eficacia radica en la sangre de Cristo, recibirla radica en nuestra fe” (Stephen Charnock).
La Biblia nunca habla de un incrédulo justificado. No hay nada meritorio en creer, sin embargo, creer es necesario a fin de ser justificados. No es sólo la justicia de Cristo _atribuida_lo que justifica, sino también recibida(Rom. 5:11, 17). La justicia no es mía hasta que la acepto como el don del Padre. “El pecador creyente es ‘justificado por la fe’ sólo instrumentalmente, de la misma manera que ‘vive por comer’ sólo instrumentalmente. Comer es el acto particular por medio del cual recibe la comida y se apropia de ella. Hablando con propiedad, vive sólo por el pan, no por el comer ni por la acción de masticar. Y, hablando con propiedad, el pecador es justificado sólo por el sacrificio de Cristo, no por la acción de creer en él” (W. G. T. Shedd). En la aplicación de la justificación, la fe no es una constructora, sino una espectadora; no un agente, sino un instrumento; no tiene nada que hacer, pero todo para creer; nada para dar, pero todo para recibir.
Dios no ha escogido la fe para ser el instrumento de justificación porque haya alguna virtud en la fe, sino porque no hay ningún mérito en ella; la fe se auto vacía: “es por fe, para que sea por gracia” (Rom. 4:16). Un regalo se considera un regalo cuando nada es requerido del que lo recibe, ni nada es aceptado de él, simplemente no tiene más que recibirlo. Sean cuales fueren otras propiedades que la fe pueda poseer, es simplemente _recibir a Cristo_lo que justifica. Si se nos dijera que somos justificados por el arrepentimiento, por el amor, o por cualquier otra gracia espiritual, daría la idea de que algo bueno en nosotros es la _consideración_por la cual la bendición fue otorgada, en cambio, la justificación por la fe(comprendida correctamente) no expresa semejante idea.
“¿Porque cómo justifica la fe auténtica sino por unirnos con Cristo, de modo que siendo uno con él, podemos ser aceptados para participar en su justicia?” (Juan Calvino, Institutes of the Christian Religion,[Institutos de la religión cristiana] III, xvii, 11). La fe que justifica es mirar fuera del yo, una renuncia de mi propia justicia, un apropiarme de Cristo. La fe que justifica consiste, primero, de un conocimiento y creencia de la verdad revelada en las Escrituras; segundo, en una renuncia a toda pretensión, todo derecho o confianza en nuestra propia justicia; tercero, en una confianza y dependencia de la justicia de Cristo, apropiarnos de la bendición que él ha comprado para nosotros. Es la aprobación del corazón del método de justificación propuesto en el evangelio: por medio de Cristo únicamente, procediendo de la pura gracia de Dios, y excluyendo todo mérito humano. “_En Jehová está_la justicia y la fuerza” (Isa. 45:24).
Nadie aprecia por experiencia la justicia de Cristo hasta que ha tenido la experiencia de ser desvestidos por el Espíritu. No será hasta que el Señor nos ponga en el fuego y queme nuestros trapos inmundos, y nos haga comparecer desnudos delante de él, temblando de pies a cabeza al ver la espada de su justicia suspendida sobre nuestra cabeza, que valoraremos realmente “el mejor ropaje”. No hasta que la sentencia de la ley que lo condena ha sido aplicada por el Espíritu a la conciencia, clama el alma culpable: “¡Perdido, perdido!” (Rom. 7:9-10). No es hasta tener una ansiedad personal por los requerimientos de la Ley de Dios, un sentimiento de nuestra incapacidad total de cumplir sus justas demandas, y una percepción honesta de que Dios sería justo si nos apartara de su presencia para siempre, que el alma percibe la necesidad de un Cristo precioso.
Seleccionado de The Doctrine of Justification (La doctrina de la justificación), un folleto más amplio disponible de Chapel Library.
A. W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de la Biblia, prolífico autor de Studies in the Scriptures (Estudio de la soberanía de Dios en la Biblia), y muchos libros incluyendo el muy conocido The Sovereignty of God(La soberanía de Dios). Nacido en Gran Bretaña, inmigró a los Estados Unidos y luego regresó a su patria en 1934.