La justificación como un acto forense

Charles Hodge (1797-1898)

Con esto, los reformadores tuvieron la intención, en primer lugar, de negar la doctrina de Roma de una justificación subjetiva3. Es decir, que la justificación consiste de un acto de Dios que hace al pecador subjetivamente santo. Los romanistas confunden o unen la justificación con la santificación. Definen la justificación como “la remisión de pecado e infusión de nuevos hábitos de gracia”. Por remisión de pecado quieren decir no simplemente perdón, sino la extirpación del alma de todo lo que es de la naturaleza del pecado. Por lo tanto, la justificación para ellos es puramente subjetiva, consistiendo de la destrucción del pecado y la infusión4 de la santidad.

En oposición a esta doctrina, los reformadores mantenían que por justificación las Escrituras significan algo diferente de la santificación. El que ambos dones, aunque inseparables, son distintos, y que la justificación, en lugar de ser un acto eficiente que cambia el carácter interior del pecador, es un acto declarativo, que anuncia y determina su relación con la Ley y la justicia de Dios.

En segundo lugar, los Símbolos5 de la Reforma no menos explícitos, enseñan que la justificación no es simplemente perdón y restauración. _Incluye_el perdón, pero también incluye una declaración de que el creyente es justo a los ojos de la Ley. Tiene derecho de alegar una justicia que satisface completamente sus demandas.

Y, por lo tanto, en tercer lugar, afirmativamente, estos Símbolos enseñan que la justificación es un acto judicial o forense, i.e. un acto de Dios como Juez procediendo según la Ley, declarando que el pecador es justo, i.e. que la Ley ya no lo condena, sino que lo absuelve y lo pronuncia con derecho a la vida eterna.

Aquí, como con frecuencia en otros casos, la ambigüedad de las palabras puede avergonzar. La palabra griega dikaios y la palabra castellana justo tienen dos sentidos distintos. A veces expresan un carácter moral. Cuando decimos que Dios es justo, queremos decir que es auténtico. Está libre de cualquier imperfección moral. Así que cuando decimos que un hombre es justo, por lo general queremos decir que es recto y honesto; que es y hace lo que debe ser y hacer. En este sentido, la palabra expresa la relación que el hombre mantiene con las reglas de una conducta moral. Pero otras veces estas palabras expresan, no un carácter moral, sino la relación que alguien tiene con la justicia. En este sentido, el hombre es justo con respecto a que la justicia es satisfecha, o, contra quien la justicia no tiene ninguna demanda. Pilato dijo: “Inocente soy yo de la sangre de este justo” (Mat. 27:24), o sea, de esta persona libre de culpa, libre de cualquier cosa que justificaría condenarlo a muerte. El Apóstol dice: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos” (1 Ped. 3:18). Ver Rom. 2:13 y Rom. 5:19. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”.

Por lo tanto, si tomamos la palabra justo en el primero de los dos sentidos mencionados, cuando expresa carácter moral, sería una contradicción decir que el hombre declara justo al pecador. Esto sería equivalente a decir que Dios declara que el pecador no es pecador, que el malo es bueno, que el impío es santo. Pero si tomamos la palabra en el sentido en que las Escrituras la usa con tanta frecuencia, como la expresión de una relación con la justicia, entonces cuando Dios declara justo a un pecador, sencillamente declara que su culpa ha sido expiada6, que la justicia ha sido satisfecha, que tiene la rectitud que la justicia requiere. Esto es precisamente lo que Pablo dice, cuando dice que Dios “justifica al impío” (Rom. 4:5). Dios no declara santo al impío, declara que a pesar de su pecaminosidad y falta de mérito, es aceptado como justo sobre la base de lo que Cristo ha hecho para él.

Prueba de la doctrina que acabo de explicar.

Podemos comprobar que justificar no significa simplemente perdonar, ni hacer inherentemente justo o bueno:

Por el uso de la palabra en las Escrituras

  1. Por el uso uniforme de la palabra justificar en las Escrituras. Nunca se usa en ninguno de los dos sentidos, sino que siempre se declara o pronuncia justo a alguno. No es necesario citar pasajes como prueba de un uso que es uniforme. Los siguientes ejemplos bastan. “Si hubiere pleito entre algunos, y acudieren al tribunal para que los jueces los juzguen, éstos absolverán al justo, y condenarán al culpable” (Deut. 25:1). “Yo no justificaré al impío” (Exo. 23:7). “Los que justifican al impío mediante cohecho” (Isa. 5:23). “El que justifica al impío” es “abominación a Jehová” (Prov. 17:15). “Él, queriendo justificarse a sí mismo” (Luc. 10:29). “Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos” (Luc. 16:15). “La sabiduría es justificada por sus hijos” (Mat. 11:19). “El hombre no es justificado por las obras de la ley” (Gál. 2:16). “Los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gál 5:4). Por lo tanto, dice que los hombres justifican a Dios: “Por cuanto se justificaba a sí mismo más que a Dios” (Job 32:2). “Para que seas reconocido justo en tu palabra” (Sal 51:4). “Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios” (Luc. 7:29). El único pasaje en el Nuevo Testamento donde la palabra justo (griego: Dikaioo) es usada en un sentido diferente es Apocalipsis 22:11: “El que es justo, practique la justicia todavía”. Aun si el significado de este versículo fuera indudable, este único caso no tendría fuerza contra el uso establecido de la palabra.

El uso común de esta palabra es tan uniforme como el de la Biblia. La palabra siempre expresa juicio, ya sea de la mente, como cuando uno justifica a otro por su conducta, u oficialmente de un juez. Si tal es el significado establecido de la palabra, debiera dar por terminada toda controversia sobre la naturaleza de la justificación. Tenemos que interpretar las palabras de las Escrituras en su verdadero sentido establecido. Y, por lo tanto, cuando la Biblia dice que Dios justifica al creyente, no estamos en libertad para decir que lo perdona o lo santifica. Significa y puede significar únicamente que lo _declara_justo.

Justificación es lo opuesto a condenación.

  1. Esto se hace aún más evidente en la antítesis7 entre condenación y justificación. Condenación no es lo opuesto ni del perdón ni de reforma. Condenar es declarar culpable o merecedor de un castigo. Justificar es declarar no culpable, o que la justicia no demanda castigo, o que no puede ser justo condenar a la persona. Por lo tanto, cuando el apóstol dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Rom. 8:1), declara que ha sido absuelto de culpa, que la penalidad de la Ley no puede serle aplicada, que no sería justo hacerlo. Pregunta él: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió” (Romanos 8:33-34). Contra los electos en Cristo no pueden presentarse razones para condenarlos. Dios los declara justos, y por lo tanto nadie puede declararlos culpables.

Este pasaje es ciertamente decisivo contra la doctrina de la justificación subjetiva en cualquiera de sus formas. Esta contradicción entre condenación y justificación es común en las Escrituras al igual que en la vida diaria. “Si yo me justificare, me condenaría mi boca” (Job 9:20). “¿Y condenarás tú al que es tan justo?” (Job 34:17). Si condenar no significa hacer impío, justificar no significa hacer bueno. Y si la condenación es un acto judicial, también lo es la justificación. En una condenación, es un juez quien pronuncia la sentencia al culpable. En la justificación, es un juez el que pronuncia o declara que el acusado es libre de culpa y tiene derecho a ser tratado como un justo.

Argumentos de formas de expresión equivalentes.

  1. Las formas de expresión usadas como equivalentes de la palabra “justificación” determinan claramente la naturaleza del acto. Por eso Pablo habla de “la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras” (Rom. 4:6). Atribuir justicia no es perdonar, ni es santificar. Significa justificar, o sea que le confiere justicia. La forma negativa en que se describe la justificación es igualmente significativa. “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Rom. 4:7-8). Igual como “inculpar de pecado” nunca significa ni puede significar _hacer_impío; la declaración negativa “no inculpar pecado” no puede significar santificar. En cuanto a “inculpar pecado” sí significa cargar el pecado a la cuenta de uno y tratarlo de acuerdo con esto. “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado” (Job 3:17, 18).

Porque “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Rom. 5:18). Era condenación, una sentencia judicial, lo que vino sobre los hombres por la ofensa de Adán, y es una sentencia judicial (justificación, griego: dikaiosis) que viene por la justicia de Cristo, o, como dice el v. 16 del mismo capítulo fue juicio… para condenación, una frase condenatoria que viene por una ofensa; y una justificación de vida una sentencia de justificación por gracia de muchas ofensas. El lenguaje no puede ser más claro. Si una sentencia de condenación es un acto judicial, entonces la justificación es un acto judicial.

Argumento de la declaración de la doctrina.

  1. El carácter judicial de la justificación está incluido en el modo en que la Biblia presenta la doctrina. Las Escrituras hablan de la Ley, de sus demandas, de sus penalidades, de los pecadores compareciendo ante el tribunal de Dios, del Día del Juicio. La pregunta es: “¿Cómo será el hombre justo ante Dios?” La respuesta a esta pregunta determina todo el método de salvación. La pregunta no es: ¿Cómo puede el hombre llegar a ser santo? Sino, ¿cómo puede llegar a ser justo? ¿Cómo puede satisfacer los cargos de la justicia contra él? Es evidente que no hay en Dios tal atributo como justicia, si lo que llamamos justicia es sólo benevolencia, en dicho caso, esta pregunta no es pertinente; no se requiere ser justo a fin de ser salvo. No hay cargos de la justicia que hay que satisfacer. El arrepentimiento es lo único que tiene que ser presentado como condición para restaurar el favor de Dios. O cualquier declaración didáctica8 o exposición de la desaprobación del pecado por parte de Dios abriría el camino para un perdón seguro de los pecadores. O, si las demandas de la justicia fueran fácilmente satisfechas; o si fueran parciales, la obediencia imperfecta y los castigos paternales, o las penas auto inflingidas bastarían para satisfacer sus cargos, en cuyo caso el pecador no necesita ser justo ante Dios a fin de ser salvo.

Pero el alma humana sabe por instinto que estos argumentos son falsos. Sabe que no existe un atributo llamado justicia. Sabe que las demandas de ella son inexorables porque son justas. Sabe que no puede ser salva a menos que sea justificada. Los conceptos bajos de la maldad del pecado y de la justicia de Dios son el fundamento de todos los conceptos falsos de esta gran doctrina.

El argumento del apóstol en la Epístola a los Romanos.

El Apóstol inicia la discusión de este tema dando por sentado que la justicia de Dios, su propósito de castigar todo pecado, de demandar conformidad perfecta a su Ley, es revelado desde el cielo, _i.e._revelado de tal modo que nadie, ni judío ni gentil, puede negarlo (Rom. 1:18). Hasta los paganos más degradados saben que el justo juicio de Dios es que los que pecan merecen la muerte (1:32). Luego da pruebas de que todos los hombres son pecadores, y siendo pecadores, están bajo condenación. Todo el mundo es “culpable ante Dios” (3:19). De esto infiere, como una certidumbre intuitiva (porque lo incluye claramente en sus premisas), que ninguna persona viva puede ser justificada ante Dios por “las obras de la ley”, o sea basada en su propio carácter y conducta. Si es culpable no puede ser declarada no culpable o justa. En el argumento de Pablo, justificar es declarar justo. Dikaios es lo opuesto a hupodikos, esto es decir que justo es lo opuesto a culpable. Declarar culpable es condenar. Declarar justo, es decir, no culpable, es justificar. Si alguien niega la autoridad de las Escrituras, es concebible que puede negar esa justificación como un acto judicial. Pero parece imposible que alguien pudiera negar que eso dice la Biblia.

El Apóstol, habiendo enseñando que Dios es justo, i.e., que demanda la satisfacción de justicia, y que los hombres son pecadores y no pueden presentar tal satisfacción ellos mismos, anuncia que tal justicia puede ser provista y que el evangelio lo revela. No es nuestra justicia, que es de la Ley, sino la justicia de Cristo, y, por lo tanto, la justicia de Dios, en virtud de la cual, y basado en esto, Dios puede ser justo y aún justificar al pecador que cree en Cristo. En tanto que la Biblia sea válida esto tiene que valer como una declaración sencilla de lo que Pablo enseña en cuanto al método de salvación. Los hombres pueden discutir lo que él quiere significar, pero es indudablemente lo que dice.

Argumento basado en el fundamento de la justificación

  1. La naturaleza de la justificación la determina su fundamento. Por cierto que esto es anticipar otro aspecto del tema, pero cabe aquí. Si la Biblia enseña que el fundamento de la justificación, la razón por la cual Dios nos remite9 a la pena de la Ley y nos acepta como justos ante él, es algo fuera de nuestro control, algo realizado _para_nosotros y no algo que hacemos o experimentamos nosotros, entonces necesariamente se desprende que la justificación no es subjetiva. No consiste de una infusión de justicia o en hacer que la persona justificada sea personalmente santa. Si la “causa formal” de nuestra justificación fuera nuestra bondad, entonces seríamos justificados por quienes somos. Pero la Biblia enseña que no hay hombre vivo que pueda ser justificado por lo que es. Es _condenado_por lo que es y por lo que hace. Es justificado por lo que Cristo ha hecho por él.

Argumento basado en la inmutabilidad de la Ley.

  1. La doctrina que dice que la justificación consiste simplemente del perdón, y consecuente restauración, presupone que la ley divina es imperfecta y mutable10. Pero la ley del Señor es perfecta. Y siendo perfecta no puede ser descontada. No demanda nada que no debe demandar. No amenaza nada que no debe infligir. Es de hecho su propio verdugo. El pecado es muerte (Rom. 8:6). La justicia de Dios hace al castigo tan inseparable del pecado, como la vida lo es de la santidad. La penalidad de la ley es inmutable, y no puede ser descartada tal como no puede ser descartado el precepto11. En consecuencia, las Escrituras enseñan en todas partes que en lo que atañe a la justificación del pecado no hay reducción del castigo. No hay un dejar de lado o ignorar las demandas de la ley. Somos librados de la ley, no por su abolición, sino por su ejecución. (Gál. 2:19). Somos librados de la ley por el cuerpo de Cristo (Rom. 7:4). Cristo, habiendo tomado nuestro lugar, cargó con nuestros pecados en su propio cuerpo en el madero (1 Ped. 2:24). Quitó el edicto contra nosotros, clavándolo en su cruz (Col. 2:14). Por lo tanto no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Rom. 6:14). Tales representaciones contradicen la teoría que supone que se puede prescindir de la ley, que la restauración de los pecadores hacia una relación que agrade a Dios no requiere que sus demandas sean satisfechas: el creyente es perdonado y restaurado a la comunión con Dios, tal como un ladrón o falsificador es perdonado y restaurado a sus derechos civiles por el ejecutivo de una nación. Esto es contrario a las Escrituras. Dios es justo en justificar al pecador. Actúa según la justicia.

Es evidente que toda esta discusión lleva a la pregunta: ¿Tiene Dios la justicia como un atributo? Si justicia es únicamente “benevolencia guiada por sabiduría”, entonces no hay justificación. Lo que los cristianos evangélicos consideran tal es sólo perdón o santificación. Pero si Dios, como lo enseñan las Escrituras y la conciencia, es un Dios justo, tan inmutable en su justicia como en su bondad y verdad, entonces no puede haber remisión de la pena del pecado excepto basado en la expiación, y no hay justificación excepto sobre la base de la satisfacción de la justicia. Por lo tanto, justificación tiene que ser un acto judicial, y no simplemente un perdón ni una infusión de justicia. Estas doctrinas se sostienen mutuamente. Lo que la Biblia enseña de la justicia de Dios prueba que la justificación es una declaración judicial de que la justicia es satisfecha. Y lo que la Biblia enseña de la naturaleza de la justificación prueba que la justicia en Dios es más que benevolencia.

Tomado de Systematic Theology, Vol. III, Soteriology (Teología sistemática, Tomo III, Soteriología) por Charles Hodge