La naturaleza de la conciencia
Richard Sibbes (1577-1635)
Todo hombre siente y sabe lo que significa la conciencia. Hay muchas disputas rígidas sobre ella entre los escolásticos1… Tienen muchas discusiones estridentes2 sobre la descripción de ella, si es el alma misma, una facultad3 o un acto.
En una palabra, la conciencia es todo esto, de alguna manera, en diversos aspectos. Por lo tanto, no voy a discutir sobre ninguna opinión en particular.
- Pero, ¿qué es la conciencia, sino el alma misma reflexionando sobre sí misma? Es una propiedad y una excelencia del alma racional que pueda volver sobre sí misma. La bestia… no puede volver sobre sí misma y retroceder. Pero el alma de la criatura racional… se conoce a sí misma y comprende su propia excelencia. Y dondequiera que hay entendimiento, hay un acto de reflexión por el cual, el alma vuelve sobre sí misma y conoce lo que hace. Conoce lo que quiere; conoce lo que esto afecta… Es la propiedad del alma. Por lo tanto, la palabra original en el Antiguo Testamento que significa el corazón, se toma para la conciencia4. La conciencia y el corazón son una sola cosa. Estoy convencido en mi alma, es decir, en mi conciencia; y el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu, es decir, a nuestra conciencia. La conciencia es llamada el espíritu, el corazón, el alma porque no es otra cosa que el alma reflexionando y volviendo sobre sí misma.
Por eso es llamada conciencia, es decir, un conocimiento unido a otro porque la conciencia se conoce a sí misma y conoce lo que conoce. Conoce lo que es el corazón. No sólo se conoce a sí misma, sino que es un conocimiento del corazón con Dios. Es llamada conciencia porque conoce con Dios; porque lo que la conciencia conoce, lo conoce Dios, quien está por encima de la conciencia. Es un conocimiento con Dios y un conocimiento del hombre de sí mismo. Y así, puede ser el alma misma, dotada de esa excelente facultad de reflexionar y volver sobre sí misma. Por eso, juzga sus propios actos porque puede volver sobre sí misma.
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La conciencia también puede considerarse, en cierto modo, una facultad. La corriente común5 sostiene que es un poder. No es un poder único, sino que la conciencia está en todos los poderes del alma porque está en el entendimiento y allí gobierna. La conciencia es aquello por lo que [el alma] se rige y guía. La conciencia no es más que una aplicación de ella a algo en particular, a algo que conoce, a algunas reglas que conoce de antemano. La conciencia está en la voluntad, en los afectos, el gozo de la conciencia y la paz de la conciencia, y así recorre toda el alma. No es una facultad o dos, sino que está establecida en todas las facultades.
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Y algunos necesitarán tener un acto, un acto particular, y no un poder. Cuando ejerce la conciencia, es un acto. Cuando acusa, defiende o testifica, es un acto. En ese momento, es una facultad en acción. De modo que no necesitamos discutir si es esto o aquello. Comprendamos lo mejor que podamos en nuestras nociones: Es el alma, el corazón, el espíritu de un hombre que vuelve sobre sí mismo; esto tiene algo que ver con todos los poderes y es un acto en sí mismo cuando se mueve para acusar o para excusar; para castigar a un hombre con temores y terrores, o para consolarlo con gozo y cosas semejantes.
Ahora, la conciencia es una cosa excelentísima —está por encima de la razón y del sentido— porque la conciencia está bajo Dios y tiene siempre los ojos puestos en Dios. Por lo tanto, un ateo no puede tener conciencia porque elimina el fundamento de la conciencia, que es la mirada puesta en Dios. La conciencia mira a Dios. Está puesta como delegada y vice-regente de Dios en el hombre. Ahora, ésta está por encima de la razón en este aspecto. La razón dice [que] debes hacer esto: Es algo agradable, es algo aceptable para los hombres entre los que vives y con los que te relacionas, es propio de tu condición de hombre comportarte así, concuerda con las reglas y principios de la naturaleza que hay en ti. Así lo dice la razón y son buenos motivos de la razón. Pero la conciencia va más allá. Hay un Dios a quien debo responder; hay un juicio —por lo tanto, hago esto y, por lo tanto, no hago esto—. Es un poder más divino y más excelente en el hombre que cualquier otra cosa —que el sentido, la razón o lo que sea—. Así como Dios la plantó para un uso especial, así también mira a Dios en todo.
Por lo tanto, el nombre de la conciencia en griego y latín significa “un conocimiento con otro” porque es un conocimiento con Dios. “Dios y mi propio corazón lo saben. Dios y mi conciencia”6, como solemos decir.
Hay tres cosas unidas a la conciencia.
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Es un conocimiento con una regla —una regla general—. Ese es siempre el fundamento de la conciencia en un hombre. Porque hay una regla general: Cualquiera que comete homicidio, cualquiera que comete adulterio, cualquiera que es blasfemo, maldiciente, avaro, corrupto, “no heredará el reino de Dios” (1 Co. 6:9), como dice el Apóstol. He aquí la regla general. Ahora la conciencia la aplica: “Pero yo soy ese tal, por lo tanto, no entraré en el cielo”. Así pues, aquí la conciencia [se hace] práctica con una regla. Es un conocimiento de esos detalles con una regla general. Y entonces,…
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Es un conocimiento de mí mismo —de mi propio corazón—. Conozco lo que he hecho, conozco lo que hago y de qué manera, si con hipocresía o sinceridad; conozco lo que pienso. Y luego,…
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Es un conocimiento con Dios. Porque Dios conoce lo que conoce la conciencia. Él conoce lo que se piensa o se hace. La conciencia está por encima de mí y Dios está por encima de la conciencia. La conciencia está por encima de mí y de todos los hombres del mundo porque está inmediatamente subyugada7 a Dios. La conciencia conoce más que el mundo y Dios conoce mil veces más que la conciencia o el mundo. Es un conocimiento con una regla general; pues donde no hay regla general, no hay conciencia. Para hacer esto un poco más claro, todos tienen una regla. Los que no tienen la Palabra, que es la mejor regla de todas, sin embargo, tienen la Palabra escrita en sus corazones. Tienen una judicatura8 natural en sus almas: “Dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Ro. 2:15). Tienen una regla general: “No debes hacer el mal; debes hacer lo que es correcto”.
En el alma hay un tesoro de reglas por naturaleza. La Palabra añade más reglas —la Ley y el Evangelio—. Y la parte del alma que conserva las reglas es llamado intelecto porque conserva las reglas. Todos los hombres por naturaleza, las tienen grabadas en el alma. Por lo tanto, los paganos eran exactos en las reglas de justicia, en los principios que por naturaleza tenían injertados y plantados en ellos.
Ahora, debido a que la copia de la imagen de Dios —la ley de Dios escrita en la naturaleza— estaba muy distorsionada desde la Caída, Dios dio una nueva copia de su Ley, que era más precisa. Por lo tanto, los judíos, que tenían la palabra de Dios, deberían haber tenido más conciencia que los paganos porque tenían una regla general mejor. Y ahora, teniendo también el Evangelio, que es una regla más evangélica, deberíamos ser más exigentes en nuestras vidas que ellos.
Pero todo hombre en el mundo tiene una regla. Si los hombres pecan sin la ley, serán juzgados sin la ley (Ro. 2:12) por los principios de la naturaleza. Si pecan bajo el Evangelio, serán juzgados por la Palabra y el Evangelio. Entonces, la conciencia es un conocimiento con una regla, [un conocimiento de] las acciones particulares que he hecho y un conocimiento con Dios.
En una palabra, para aclarar esto aún más en cuanto a la naturaleza de la conciencia, debes saber que Dios ha establecido un tribunal en el hombre; y hay en el hombre todo lo que hay en un tribunal.
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Hay un registrador9 para tomar nota de lo que hemos hecho. Además de la regla general, que es la base y el fundamento de todo, está la conciencia, que es un registro para anotar exactamente todo lo que hemos hecho. La conciencia lleva un diario. Lo anota todo. Una vez la conciencia está despierta, no se olvida, aunque creamos que sí. Como en Jeremías 17:1: “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante” sobre sus almas. Todo su ingenio y astucia no lo borrarán. Puede ser olvidado por un tiempo por el furor de las concupiscencias o por una cosa u otra, pero hay un registrador que lo anota. La conciencia es el registrador.
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Y luego, están los testigos: El testimonio de la conciencia. La conciencia atestigua: “Esto he hecho, esto no he hecho”.
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Hay un acusador con el testigo. La conciencia acusa o defiende.
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Luego, hay un juez. La conciencia es el juez. Allí juzga: “Esto está bien hecho, esto está mal10 hecho”.
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Luego hay un verdugo. La conciencia es esto también. Tras la acusación y el juicio, hay castigo. El primer castigo está siempre dentro del hombre antes de ir al infierno. El castigo de la conciencia es un juicio antes del juicio futuro. Hay un destello del infierno, inmediatamente después de una mala acción. Los paganos pueden observar que Dios ha creado el corazón y el cerebro, de modo que haya una simpatía entre ellos. Todo lo que está en el entendimiento que es bueno y cómodo, el entendimiento en el cerebro lo envía al corazón y genera algún consuelo. Si el entendimiento percibe cosas dolorosas, asuntos malvados, entonces el corazón se turba, como “se turbó el corazón de David” (1 S. 24:5). El corazón se turba de dolor por el presente y de temor por el tiempo venidero.
En las cosas buenas, una buena conciencia que no acusa, trae gozo en el presente y esperanza para el tiempo venidero.
Dios ha establecido y plantado en el hombre, este tribunal de la conciencia; y ésta es la sala de justicia de Dios, en la que celebra su primer juicio, en la que celebra sus audiencias11. Y la conciencia hace todas las partes. Registra, atestigua, acusa, juzga, ejecuta —lo hace todo—.
Además de su amor por nosotros para guardarnos del pecado y, luego de azotarnos para llevarnos a la conversión y al arrepentimiento, apartándonos de nuestros pecados y volviéndonos a Dios, un fin principal entre los demás, es tener un juicio previo que da paso al juicio eterno de Dios porque allí, las cosas son juzgadas antes. Cuando Dios abra el libro de la conciencia, cuando esté escrito allí por ese registrador, tendremos mucho que hacer para excusarnos o para alegar que necesitamos muchos testigos porque nuestra conciencia nos acusará. Seremos auto-acusadores y auto-condenadores, como dice el Apóstol. La conciencia tomará parte con Dios y Dios tomará parte con la conciencia. Y Dios la ha plantado con este fin principal para que Él pueda ser justificado en la condenación de los hombres impíos en el Día del Juicio.
Ahora ves, en general, cuál es la naturaleza de la conciencia y por qué Dios la ha plantado en nosotros.
Tomado de Las obras completas de Richard Sibbes (The Complete Works of Richard Sibbes), vol. 3 (Edinburgh; London; Dublin: James Nichol; James Nisbet and Co.; W. Robertson, 1862), 208-212, de dominio público.
Richard Sibbes (1577-1635): Predicador de la época temprana puritana en Cambridge y, más tarde, en Gray’s Inn, Londres; nacido en Tostock, Suffolk, Inglaterra, Reino Unido.
La conciencia, en lo que respecta a nosotros mismos, es… el poder de entendimiento de nuestras almas examinando cómo están las cosas entre Dios y nosotros, comparando su voluntad revelada con nuestro estado, condición y conducta en pensamientos, palabras u obras, hechas u omitidas, y emitiendo un juicio al respecto, según lo requiera el caso. —David Dickson
Dios y la conciencia anotan y observan todo. —Richard Sibbes
Hay cuatro clases de conciencias: Algunas malas e inquietas, otras malas y tranquilas, otras buenas e inquietas, otras buenas y tranquilas. ¡Que una conciencia sea mala y tranquila es el peor temperamento que puede haber! Es mejor tener una conciencia mala e intranquila que una mala y tranquila; mejor tener un [infierno] atormentador en el alma que un paraíso de necios. El mejor estado de conciencia es la conciencia buena y tranquila. Éste es un paraíso en la tierra… una mansión en la que puede habitar la Trinidad. —Edmund Calamy
Quien toma el mejor y más sabio proceder bajo el cielo para preservar su buen nombre en el mundo y mantener la paz de su conciencia, es el que más estudia y se esfuerza por abstenerse de toda apariencia de maldad (1 Ts. 5:22). —Thomas Brooks
En estos días sin conciencia… la mayoría de la gente peca, descuidadamente, contra la conciencia. Algunos han pecado tanto contra la conciencia por tanto tiempo que han perdido toda conciencia de pecado. —Edmund Calamy
La conciencia es el predicador de Dios en nuestro pecho y es una regla muy cierta que el hombre que no respeta al predicador que lleva en su pecho, nunca respetará al predicador en el púlpito. Y la razón por la que el predicador en el púlpito no hace más bien es porque el predicador en el pecho es demasiado despreciado y descuidado. —Edmund Calamy
No debemos pecar con la esperanza de ocultarlo. Y si lo ocultas a todos los demás, ¿puedes ocultarlo a tu propia conciencia? Como bien dice alguien: “¿De qué te sirve que nadie sepa lo que haces, si tú mismo lo sabes? ¿De qué le sirve al que tiene una conciencia que lo acusa, si no tiene a nadie que lo acuse, sino él mismo? Él es mil testigos de sí mismo”. La conciencia no es un testigo privado. Es mil testigos. Por lo tanto, nunca peques con la esperanza de tenerlo oculto. Es mejor que todos los hombres lo sepan a que tú mismo lo sepas. Un día todo estará escrito en tu frente. La conciencia será muy comunicativa. Si no puede decir la verdad ahora, aunque sea sobornada en esta vida, tendrá poder y eficacia en la vida venidera. Nunca peques, por lo tanto, con la esperanza de ocultarlo. La conciencia es testigo. Tenemos el testigo en nosotros y como dice Isaías: “Nuestros pecados han atestiguado contra nosotros” (Is. 59:12). Es en vano buscar el secreto. La conciencia lo descubrirá todo. —Richard Sibbes
La conciencia es un día del juicio privado antes del Día del Juicio público y es una [mala señal] que la mayoría de las personas nunca se mantendrán en pie en el tribunal del cielo porque son acusadas y condenadas en el tribunal de la conciencia. —Edmund Calamy
Footnotes
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Escolásticos – Maestros de filosofía y teología de la Edad Media. Entre ellos se encuentran Tomás de Aquino (1225-1274) y John Duns Escoto (c. 1265-1308). ↩
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Discusión estridente – Disputa ruidosa; debate polémico. ↩
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Facultad – Poder de la mente. ↩
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Nota del editor – “La palabra original en el Antiguo Testamento que significa corazón, se toma para la conciencia”. Cf. Gesenius, Thesaurus philologicus criticus linguae hebraeae et chaldaeae Veteris Testamenti, vol. 1-3, 1835. ↩
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Corriente común – Consenso de pensamiento sobre la conciencia. ↩
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Nota del editor – El nombre de conciencia, en griego y latín, significa “conocimiento con otro”, es decir, συνείδησις = Conocimiento con uno mismo, conciencia; y conscientia (con-scio) = Conocimiento conjunto. ↩
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Inmediatamente subyugada – Está en sumisión directa. ↩
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Judicatura – Corte de justicia. ↩
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Registrador – Funcionario o persona cuya actividad consiste en anotar en un libro las cuentas de las transacciones, en particular, de los actos y procedimientos de los tribunales. ↩
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Mal – De manera malvada. ↩
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Audiencias – Sesiones de una sala de justicia o tribunal. ↩