Inspiración verbal
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)
Cuando decimos que la Biblia es divinamente inspirada, ¿qué queremos decir exactamente? Empecemos de nuevo con una negativa. No queremos significar que ciertas porciones de la Biblia sean inspiradas y otras no. Hay algunas personas que piensan así. Hay, dicen ellos, porciones y declaraciones y enseñanzas particulares, especialmente aquellas relacionadas con el Señor Jesucristo, que son inspiradas. Pero dicen ellos que los libros históricos y otras secciones no son inspirados. Ahora, esto no es lo que queremos significar cuando decimos que la Biblia es divinamente inspirada.
Tampoco queremos significar, simplemente, que los hombres que escribieron, lo hicieran de una manera exaltada o creativa. Cuando un poeta ha producido una obra maestra, a menudo has oído decir que el poeta estaba “inspirado”. Pero no queremos significar que los escritores de los libros de la Biblia fueron inspirados de esa manera cuando estaban escribiendo estos libros. Otros dicen que consideran que la inspiración sólo significa que las ideas que se les dieron a los escritores fueron inspiradas. Eso es cierto, por supuesto, pero queremos significar que es mucho más que eso. Tampoco significa que los libros —los escritos como tales— sean producto de un origen humano al que ha llegado el aliento o aflato1 divino.
Entonces, ¿qué queremos significar? Queremos significar que las Escrituras son un producto divino exhalado por Dios. Inspirado significa, realmente, “exhalado por Dios”. Queremos significar que Dios exhaló estos mensajes en los hombres y a través de ellos, y estas Escrituras son el resultado de esa acción divina. Creemos que fueron producidas por el aliento creador del Dios todopoderoso. Dicho de una forma más sencilla, queremos significar que todo lo que tenemos aquí, ha sido dado por Dios al hombre. Y, por supuesto, esto conlleva obviamente, la idea de que esto es cierto para cada palabra en concreto. Trataré pues, de demostrarles que la Biblia reivindica para sí misma lo que se llama inspiración verbal. No es meramente que los pensamientos sean inspirados, no meramente las ideas, sino el registro real, hasta las palabras concretas. No es meramente que las declaraciones sean correctas, sino que cada palabra es divinamente inspirada.
Ahora, podríamos dedicar tiempo a discutir las diversas teorías sobre la inspiración de nuevo, pero me interesa más exponer lo que dice la propia Escritura —que reclama esta inspiración verbal—. Sin embargo, debemos dejar claro que cuando decimos que la Biblia está inspirada verbalmente por Dios de esta manera, no estamos enseñando una especie de dictado mecánico. No queremos significar que los escritores se sentaron, por así decirlo, como lo hace un taquígrafo2, y que Dios les dictó todas las palabras. La diferencia de estilo entre los escritores demuestra que no es así. Se nota que cada uno parece tener su propia idiosincrasia y costumbres, su propio estilo individual. Se nota enseguida que algo ha sido escrito por Pablo y no por Pedro o Juan.
Mas aún, si lees la introducción al Evangelio de Lucas, verás que Lucas dice que él mismo había leído otros registros para examinar ciertos informes. Y lo mismo sucede, a menudo, en el Antiguo Testamento. Así pues, toda nuestra concepción de la inspiración debe tener en cuenta, no sólo al escritor individual y sus características, sino también, su investigación y su consulta de otras autoridades. ¿Qué significa entonces, inspiración?…
La inspiración verbal significa que el Espíritu Santo así ha gobernado, controlado y guiado a estos hombres, incluso, en la elección de palabras concretas, de tal manera que se evita cualquier error y sobre todo, para producir el resultado que fue, originalmente, la intención de Dios.
¿Cómo entonces, afirma esto la Biblia? Sugiero que los siguientes encabezados les serán de alguna ayuda. Por cierto, intento lo imposible al tratar de abarcarlo todo tan brevemente; es un tema sobre el que se han escrito grandes libros. Yo, sencillamente, estoy tratando de darles un esquema mediante el cual puedan resolverlo por sí mismos en su estudio de las Escrituras. Si quieren un libro muy grande y erudito sobre el tema, éste se titula La inspiración y autoridad de la Biblia, por el dr. B. B. Warfield. Aquellos de ustedes a quienes les gusta estudiar una obra maestra sobre cualquier tema, harán bien en conseguir una copia de ese libro. Y hay muchos otros libros sobre este tema que pueden consultar por sí mismos.
Mi primer encabezado es el siguiente: La Biblia hace afirmaciones específicas en este asunto de la inspiración. Tomemos, por ejemplo, ciertos términos que la Biblia usa de sí misma como el término Escritura. Eso designa “escritos sagrados”, no escritos ordinarios, especialmente —escritos sagrados—.
A continuación, tomemos la descripción que hace de sí misma como Palabra de Dios. ¡Cuántas veces encontramos que la Biblia usa ese término para referirse a sí misma! ¡Ahora, he aquí un hecho sorprendente e interesante —y alguien se ha tomado la molestia de contar todo esto— las palabras “Jehová dijo”, “Jehová habló”, “vino la palabra de Jehová” y expresiones afines, se utilizan, aproximadamente, 3.808 veces, sólo en el Antiguo Testamento!
Pero pasemos a algunas afirmaciones más específicas. Tomemos de nuevo esa gran profecía que es muy crucial en este asunto, dicha por Moisés y registrada en Deuteronomio 18:18. Estas son las palabras: “Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”. No sólo es una profecía de la venida de nuestro Señor, sino que también nos dice mucho sobre el propio Moisés y su propio ministerio. Luego, por supuesto, de todos los profetas del Antiguo Testamento se hace esta afirmación. No dicen que, de repente, decidieron escribir; dicen: “Vino la palabra de Jehová…” (Ver, por ejemplo, Ezequiel 1:3; Oseas 1:1; Jonás 1:1) y dicen, exactamente, cuándo vino. Fueron llamados, fueron comisionados y la palabra les fue dada. Por lo tanto, constantemente, están diciendo algo como esto: “Así dice el SEÑOR”. Esa es su afirmación.
Otro hecho interesante y un argumento muy valioso, es que algunos de estos profetas, nos dicen con toda honestidad que, a veces, se resistían a hablar. Jeremías, a menudo, no quería hablar, pero se vio obligado (Jer. 1:6-7). La propia renuencia se ve en la forma en que niega su propia autoría, pero la “carga” llegó. Dios se la impuso y él, sencillamente, entregó lo que Dios le había dado.
Otro hecho importante es que encontrarás al profeta diciendo que no entiende ni siquiera lo que él mismo está escribiendo. Tomemos la declaración de Daniel 12:8 donde Daniel dice: “Y yo oí, más no entendí”. Encontrarás a Pedro diciendo lo mismo: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles” (1 P. 1:10-12).
Luego, el apóstol Pablo hace una declaración crucial. Dice: “Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana…”. Se refiere, como ven, no sólo al tema, no sólo a la doctrina, sino a la forma en la que habla. Las palabras con que habla, dice él, no son según hombre, “sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual” (1 Co. 2:13). Todo ese capítulo es muy importante a este respecto.
Luego, está esa interesante y para mí siempre muy fascinante declaración que encontrarán en 2 Pedro 3:15-16, donde Pedro, refiriéndose a “nuestro amado hermano Pablo”, dice esto: “…como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen” —nota— “como también las otras Escrituras, para su propia perdición”. Al usar esa frase, “las otras Escrituras”, el apóstol Pedro equipara las epístolas de Pablo con las Escrituras del Antiguo Testamento y las pone sobre la misma base.
Luego, está esa importante declaración en Efesios 2 donde Pablo dice que los cristianos están “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (v. 20). Entonces, tú y yo estamos edificados sobre ese fundamento. No consideramos con autoridad nada que se haya dicho después del canon del Nuevo Testamento. He aquí nuestro fundamento y no aceptamos ninguna enseñanza de ninguna iglesia o de ninguna tradición como divinamente inspirada. Ésta es la base y la Iglesia debe edificarse sobre esta enseñanza a causa de su autoridad única.
Ahora, esto me lleva a lo que yo llamaría los pasajes cruciales. El primero se encuentra en la segunda epístola a Timoteo. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17). Así dice la Versión Autorizada3, pero la Versión Revisada4 es diferente; dice: “Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar…”. Éste es un asunto muy serio porque no hay duda de que, en este punto, la Versión Revisada, no sólo está equivocada, sino que está, trágica y lamentablemente, equivocada. Sugiere, de inmediato, que hay Escrituras que no son de inspiración divina. La Versión Autorizada, sin embargo, es bastante clara al respecto: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”.
Entonces, ¿qué se puede decir en este punto? Pues bien, la Versión Revisada hace al apóstol Pablo culpable de lo que se llama tautología, decir lo mismo dos veces, explayándose5 sobre lo obvio. Traducirlo “toda Escritura [cualquier Escritura] inspirada por Dios es también provechosa”, hace la cosa ridícula porque toda Escritura inspirada por Dios es, necesariamente, provechosa y no hay necesidad de decirlo. Pero la Versión Autorizada, noten, no dice eso. Dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil…”; esa es una manera muy diferente de decirlo6.
Una vez más, la Versión Revisada, por supuesto, simplemente contradice lo que la Escritura dice sobre sí misma. La Biblia no distingue entre partes y porciones; no dice que ciertas Escrituras sean de inspiración divina y otras no: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. Además, la Versión Revisada, cuando introduce esa palabra también, está haciendo algo que no hace en ninguna otra parte. Las autoridades pueden condenar muy fácilmente a estos traductores de ser incoherentes consigo mismos. Por ejemplo, en Hebreos 4:13, se encuentra esta declaración: “…todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Ahora, para ser consistentes con ellos mismos, los traductores de la Versión Revisada deberían haber traducido eso así: “Todas las cosas desnudas son también abiertas a los ojos de él…”. Pero no lo hicieron allí y así, no han llevado a cabo su propio principio porque vieron que era, obviamente, ridículo; si todo está “desnudo”, debe estar “abierto”.
Se podrían poner varios ejemplos más de lo mismo, pero debemos seguir adelante. Sin embargo, debemos recordar que ciertos miembros importantes del comité que elaboró la Versión Revisada, como el arzobispo Trench y el obispo Wordsworth, entre otros, protestaron enérgicamente en su momento. El dr. Tregelles, quien fue uno de los mayores estudiosos de la Biblia del siglo pasado, hizo una protesta similar, como lo han hecho otras autoridades. Por lo tanto, cuando estemos tratando con ese versículo, recordemos siempre que debemos adherirnos, resueltamente, a la Versión Autorizada y la declaración allí es tan definitiva como ésta: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. No hay excepción.
Tomado de La autoridad de la Biblia en Dios Padre, Dios Hijo (The Authority of the Bible in God the Father, God the Son) Wheaton, IL: Crossway Books, 1996, 22-33. Distribuido en Estados Unidos con permiso de Crossway Books. Distribuido en el mundo con permiso de Hodder & Stoughton, London, England.
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Predicador expositivo y autor galés; nacido en Cardiff, Gales, Reino Unido.
Footnotes
-
Aflato – Inspiración, soplo, viento. ↩
-
Taquígrafo – Persona que transcribe lo que dice alguien por medio de ciertos signos y abreviaturas. ↩
-
Versión Autorizada – Authorized Version; King James Version publicada en 1611. ↩
-
Versión Revisada – Revised Version; corresponde a la siguiente familia de versiones: Revised Version del año 1885; American Standard Version del año 1901 y Revised Standard Version del año 1952. El autor se está refiriendo a la Revised Version de 1885. ↩
-
Explayándose – Hablando extensamente. ↩
-
George W. Knight, III, argumenta, “toda la escritura es inspirada por Dios: Si ésta es una forma verbal pasiva, indica que la fuente de la Escritura es el aliento de Dios, es decir, que la Escritura misma es el resultado de esa acción… Pablo parece estar diciendo, por lo tanto, que toda la Escritura tiene como fuente el aliento de Dios y que ésta es su característica esencial. Es otra forma de decir que la Escritura es la palabra de Dios” (George W. Knight, III, Las epístolas pastorales [The Pastoral Epistles], 446). ↩