El canon33 de las Escrituras

Thomas Boston (1676-1732)

Las Escrituras del Antiguo Testamento son las que comienzan con el Génesis y terminan con Malaquías. Las Escrituras del Nuevo Testamento son las que comienzan con Mateo y terminan con el Apocalipsis. Y es digno de nuestra especial observación que el Antiguo Testamento y el Nuevo, como los querubines en el lugar santísimo, extienden sus alas tocándose mutuamente: El Antiguo Testamento termina con la profecía del envío de Cristo y Juan el Bautista [en] Malaquías 4, y el Nuevo, comienza con la historia de la venida de estos dos.

Los hebreos dividieron los libros del Antiguo Testamento en tres: La Ley, los Profetas y [los Escritos]1. La Ley contiene los cinco libros de Moisés; los Profetas se dividen en dos —los primeros y los últimos—. Los primeros son los libros históricos del Antiguo Testamento: Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes; y se llamaban así porque relataban cosas ya hechas. Los últimos, relatan cosas anteriores a su realización y son de dos clases: Los mayores, que son tres, Isaías, Jeremías y Ezequiel; los menores, doce, es decir, Oseas, Joel, etc. Los libros de los Escritos, se llamaron así porque los escribieron quienes tenían el don del Espíritu Santo, como dicen los hebreos, pero no de profecía. Y de esa clase son Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cánticos2, 2 libros de Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester y Daniel. Los hebreos atribuyen esta división de ellos a Esdras y parece que nuestro Señor Jesucristo reconoció lo mismo, mientras les dice a sus discípulos [en] Lucas 24:44 acerca de los escritos de Moisés, los Profetas y los Salmos.

Los libros del Nuevo Testamento se dividen en tres clases: Históricos (los Cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles), las Epístolas y el Apocalipsis, el cual es profético.

Diferentes autores3 escribieron los libros de ambos Testamentos. En cuanto al Antiguo Testamento, Moisés escribió el Pentateuco; sólo algunos versículos al final del Deuteronomio, donde se registra la muerte de Moisés, no pudieron ser escritos por él, sino que se dice que fueron escritos por Josué, [quien] también escribió el libro que lleva su nombre o, según la opinión de algunos, fue escrito por Eleazar, hijo de Aarón. Se supone que Samuel escribió el libro de los Jueces y, al parecer, la última parte del libro de Josué, la cual contiene el relato de la muerte de Josué y Eleazar. Algunos piensan que [cada uno de] los Jueces escribió la historia de [su] propio tiempo y que Samuel, finalmente, los puso todos en un volumen. El libro de Rut también fue escrito por él, según cuentan los hebreos. También escribió el primer libro que lleva su nombre hasta el capítulo 25, donde se narra su muerte. El resto de los capítulos de ese libro y todo el segundo libro se dice que fueron escritos por David4. Los libros de los Reyes se supone que fueron escritos por David y Salomón5, y otros profetas que vivieron en esos tiempos, de modo que cada uno de ellos escribió lo que se hizo en su época. Se supone que Job escribió el libro que lleva su nombre. David escribió los Salmos, pero no todos: Los que no son suyos, llevan el nombre del autor antepuesto, como Asaf, Hemán, etc.6. Y todos fueron recopilados por Esdras en un volumen. Se dice que Esdras escribió los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías; Mardoqueo, el de Ester; y Salomón, los Proverbios, el Eclesiastés y los Cánticos. Isaías, Jeremías y los demás profetas, escribieron cada uno sus propias profecías, las cuales contienen un breve resumen de sus sermones.

En cuanto a los libros del Nuevo Testamento, sin controversia, los evangelistas escribieron los Evangelios, según los nombres que llevan antepuestos. Lucas escribió los Hechos de los Apóstoles; y los libros restantes, las Epístolas y el Apocalipsis, fueron escritos por aquellos cuyos nombres llevan. Sólo en cuanto a la Epístola a los Hebreos, ha habido alguna duda, pues algunos la atribuyen a Lucas, otros a Bernabé, otros a Apolos y otros a Clemente. Pero muchos hombres doctos7 han dado buenas razones para probar que fue escrita por el apóstol Pablo.

Pero el autor principal es el Espíritu Santo, de donde8 la Escritura se llama Palabra de Dios. Los escritores no fueron sino instrumentos en la mano de Dios para escribirla. Fue el Espíritu quien se las dictó, quien inspiró a los escritores y los guio. Pero la inspiración no fue la misma en todos los puntos para todos los escritores: Algunas cosas eran antes totalmente desconocidas para el escritor como la historia de la creación del mundo para Moisés; la predicción de acontecimientos futuros con respecto a los profetas que, por lo tanto, el Espíritu les reveló [directamente]. Otras cosas eran conocidas de antemano por los escritores como la historia de Cristo a los cuatro evangelistas9, etc. Con respecto a esto, no hubo necesidad de una nueva revelación, sino una irradiación10 divina de la mente del escritor, dándole una certeza divina de las cosas que escribió. Por esta inspiración, todos ellos fueron guiados infaliblemente, de modo [que] quedaron fuera de toda posibilidad de errar. Y esta inspiración se extendió, no sólo a las cosas mismas expresadas, sino también a las palabras con que fueron expresadas, aunque de acuerdo con el estilo natural y la manera de cada escritor (2 P. 1:21; Sal. 45:1). Por eso, la Escritura se atribuye al Espíritu Santo, sin hacer mención alguna de los escritores (He. 10:15).

Pregunta: Pero, ¿qué opinión debemos formarnos de los libros llamados apócrifos y por qué se llaman así? Respuesta: Estos libros que se encuentran colocados en algunas Biblias entre Malaquías y Mateo, se llaman Apócrifos. [Ésta] es una palabra griega que significa oculto o escondido. Las razones de este nombre se dan así: (1) Porque la Iglesia no reconoció que fueran de inspiración divina. (2) Porque se ocultaron los nombres de los autores. (3) Porque contienen algunas cosas desconocidas para Moisés, los profetas y los apóstoles. (4) Porque, por las razones [antes mencionadas], fueron juzgados indignos de ser leídos públicamente en la Iglesia. Con respecto a estos libros, creemos que no son de inspiración divina y, por lo tanto, no forman parte del canon de las Escrituras; es decir, no deben ser admitidos como parte alguna de la regla de fe y práctica. Por lo tanto, no tienen autoridad en la Iglesia de Dios para determinar controversias religiosas. Aunque puedan ser útiles como otros escritos humanos, no deben ser utilizados ni aprobados de otro modo. Las razones son,…

  1. La Iglesia de los judíos no los reconoció como canónicos. El Apóstol nos dice: “La palabra de Dios” —bajo la dispensación del Antiguo Testamento— “les ha sido confiada” (Ro. 3:2) [a ellos]. Incluso, prohibían a sus hijos leerlos hasta que llegaran a la edad madura.

  2. No se escribieron en lengua hebrea, sino en griego. Y sus autores [vinieron después] de Malaquías, quien fue el último de los profetas: Según el dicho de los hebreos, el Espíritu Santo subió de Israel después de la muerte de Ageo, Zacarías y Malaquías. Y 1 Macabeos 4:46 muestra, claramente, que no había ningún profeta entre ellos para mostrarles lo que debían hacer con las piedras del altar contaminado. Y puede parecer, claramente, a cualquier persona imparcial que, la interposición de estos libros entre Malaquías y Mateo, corta la hermosa conexión entre el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo, y cómo la profecía de Malaquías está designada por Dios para cerrar las Escrituras del Antiguo Testamento, en cuanto profetiza, más claramente, de la venida de Cristo y Juan el Bautista, su precursor, con el cumplimiento con el cual Mateo comienza su evangelio como observé antes.

  3. La Iglesia primitiva durante los primeros cuatro siglos, no recibió estos libros. Y cuando llegaron a ser leídos, el lector se encontraba en un lugar inferior. Entonces [eran] leídos como libros provechosos, aunque no de autoridad divina.

  4. No son citados en ninguna parte por Cristo y sus apóstoles. Sí, Él los rechazó [claramente], [cuando] dividió las Escrituras en Moisés, los Profetas y los Salmos (Lc. 24:44). Y mientras que el Apóstol nos dice que “nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P. 1:21), los autores de estos libros no pretendían tal cosa…

Por último, no concuerdan ni con ellos mismos ni con las Sagradas Escrituras. [Esto] puede aparecer con claridad, a aquellos que las consideren diligentemente. 1 Macabeos 6:16, comparado con el versículo 4, [dice] que Antíoco murió en Babilonia. Sin embargo, 2 Macabeos 1:13-16 [dice] que cuando llegó a Persia, fue asesinado en el templo de Nanea, con quien pretendía casarse y recibir dinero por concepto de la dote por parte de sus sacerdotes. Sí, 2 Macabeos 9:28 [dice que] murió en un país extraño en las montañas. El libro de Tobit está lleno de historias absurdas: hace que el ángel Rafael diga una mentira y enseñe al hijo de Tobit un arte diabólico para ahuyentar al diablo con el corazón y el hígado de un pez; y cuando el espíritu maligno percibió el olor, huyó a las partes más remotas de Egipto, etc.,… Estas cosas muestran, plenamente, que estos libros no provienen del Espíritu de Dios.

Tomado de La autoridad divina de las Escrituras (The Divine Authority of the Scriptures) en Las obras completas de Thomas Boston (The Whole Works of Thomas Boston), Vol. 1, 19-37, de dominio público.


Thomas Boston (1676-1732): Ministro y teólogo presbiteriano escocés; nacido en Duns, Berwickshire, Reino Unido.

¡Oh, que descienda sobre nosotros el poder del Espíritu de verdad y de gracia, y los rayos del Sol de justicia irrumpan en nuestras mentes, mientras contemplamos las intrínsecas glorias de la Biblia! — Octavius Winslow

Footnotes

  1. Ley… Escritos – Las divisiones hebreas son la Torá (Ley), los Nevi’im (Profetas) y los Ketuvim (Escritos), a menudo, denominadas Tanaj, por las primeras letras de estas divisiones.

  2. Cánticos – Cantar de los Cantares; del latín canticulum = Pequeño canto o himno.

  3. Nota del editor – Cuando la propia Escritura no identifica al autor de un libro, no se puede ser dogmático. La identificación de Boston respecto a tales libros surge, principalmente, de la tradición judía.

  4. Nota del editor – Algunos lo atribuyen a Samuel, Natán y Gad.

  5. Nota del editor – Algunos sugieren Jeremías.

  6. Nota del editor – Algunos incluyen a Etán, los hijos de Coré, Salomón y otros.

  7. Nota del editor – Por ejemplo, John Owen (1616-1683).

  8. De dónde – Por lo cual.

  9. Evangelistas – Autores de los Evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan—.

  10. Irradiación – Iluminación de la mente con luz espiritual.