Gobierno y libertad

Isaac Backus (1724-1806)

Como los asuntos de gobierno y libertad son los mayores puntos de controversia ahora en el mundo, es ciertamente de gran importancia que nuestras ideas sean claras y justas con respecto a ellos. Permítanme, por lo tanto, ofrecer algunos pensamientos sobre una familiar metáfora que el Espíritu Santo ha usado para ilustrar su verdadera naturaleza. En Amós 5:24, Él dice: “Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo”. De donde podemos observar,…

Primero, que el juicio y la justicia son esenciales para la libertad. Cuando queremos representar algo como totalmente libre, decimos: “Es tan libre como el agua”. Y no sólo el fluir de la misericordia y la gracia de Dios a los hombres, sino también sus efectos en ellos al producir obediencia a Él, a menudo, se comparan con esto en la Palabra de verdad (Jn. 4:14; 7:38; Ti. 2:11-12; 3:5-8). Esto es muy cierto porque,…

Segundo, la libertad no es actuar al azar1, sino por la razón y la regla. Aquellos que caminan en pos de sus propias concupiscencias son nubes sin agua, “llevadas de acá para allá por los vientos” o “fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza” (Jud. 1:12-13); mientras que los verdaderos Hijos de la Libertad son como arroyos que corren por un cauce claro y firme. David dice: “Por el camino de tus mandamientos correré, cuando ensanches mi corazón” (Sal. 119:32). “Y andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos” (Sal. 119:45). Los arroyos y los ríos deben tener cauces firmes por donde correr; pero los que prometen libertad mientras desprecian el gobierno “son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta” (2 P. 2:10-19).

Tercero, aunque la tiranía y la inmoralidad a menudo suelen hacer mucho ruido, el gobierno y la libertad son mucho más fuertes que ellas. Las primeras, como fieras ondas del mar, se estrellan contra las rocas y mueren en la orilla. O como una tempestad, después de hacer tristes estragos y devastación, su vigor se va y su fuerza se acaba. Mientras que los segundos, como una poderosa corriente, arrastran todo ante sí y nunca descansan hasta que pueden atravesar o superar todos los obstáculos que se interponen en su camino.

Cuarto, los arroyos y los ríos son de gran utilidad y causan un flujo constante de refrigerio y bendiciones dondequiera que llegan. Lo mismo sucede con el ejercicio y la administración del juicio y la justicia entre todas las personas que disfrutan de ellos. Por lo tanto,…

Quinto, el mandamiento del cielo es: “Déjenlos correr; no pongan ninguna obstrucción en su camino”. No, más bien, esfuércense por quitar todo lo que impida su libre curso.

Sexto, el contexto muestra claramente que una obstrucción principal a estas grandes bendiciones entre el pueblo al que entonces se hablaba, era que asumían el poder de gobernar la religión en vez de ser gobernados por ella. La verdadera religión es una obediencia voluntaria a Dios. Y el gran propósito de todas las ordenanzas y actos de adoración hacia Él es que, de ese modo, podamos obtener perdón y limpieza con dirección y ayuda para comportarnos como debemos con nuestros semejantes. Pero en lugar de esto, esas personas añadieron sus propias invenciones a las instituciones divinas y sustituyeron sus actos de devoción hacia Dios en lugar de una práctica recta hacia los hombres o para encubrir su conducta contraria. Y, de buena gana, se les habría tenido por muy religiosos, aunque convirtieron el juicio en amargura, aborrecieron al que reprendía en la puerta y abominaron al que hablaba con rectitud (Am. 5:7,10). Estas cosas fueron escritas para nuestra amonestación (1 Co. 10:11) y todas las cosas de esa naturaleza, si se permiten, resultarán tan destructivas para nosotros como lo fueron para los judíos. Y puesto que el interés propio y la auto adulación tienen una influencia asombrosa sobre los ciegos en lo que se refiere a su propia conducta en estos asuntos, se debe tener mucho cuidado para evitar el engaño en este sentido. Y, al respecto, puede resultar particularmente útil, prestar mucha atención a dos publicaciones recientes del partido gobernante en este Estado.

Hace once años, el clero episcopal parecía muy interesado en que se establecieran obispos en Estados Unidos. Esto hizo que el dr. Chauncy2 de Boston escribiera, al año siguiente, una respuesta a lo que el dr. Chandler3 había publicado sobre el tema. Chandler había declarado que lo único que querían era tener su iglesia completamente organizada sin el menor propósito de perjudicar a otras.

La mejor razón que Chauncy pudo dar, en cuanto a por qué la petición de Chandler no debía ser concedida, fue la siguiente: Dice él, “estamos, en principio, en contra de todos los establecimientos civiles en la religión. No nos parece que Dios haya confiado al Estado, el derecho de crear instituciones religiosas… ¿Acaso el Estado de Inglaterra ha sido distinguido por el cielo por alguna peculiar concesión más allá del Estado en otros países? Si es así, que se presente la concesión. Si no es así, todos los Estados tienen en común la misma autoridad en establecimientos conformes a sus propios sentimientos religiosos. ¿Cuál puede ser la consecuencia, sino un daño infinito a la causa de Dios y de la verdadera religión?”.

Y ésta ha sido, de hecho, la consecuencia de estos establecimientos en todas las épocas y en todos los lugares. Dicho sea de paso, que nosotros reivindicamos la libertad de conciencia y la disfrutamos plenamente y ¿por qué confinaríamos este privilegio a nosotros mismos? ¿No es igualmente razonable que los episcopales la reclamen y la disfruten? Esto se admite fácilmente: Que estamos tan dispuestos a que posean y ejerzan la libertad religiosa en toda su extensión como deseamos hacerlo nosotros mismos. Pero entonces, que se tenga en cuenta: No reclamamos ningún derecho a desear la intervención4 del Estado para establecer el modo de adoración, gobierno o disciplina que consideramos más acorde con la mente de Cristo. No deseamos otra libertad que la de no ser restringidos en el ejercicio de nuestros principios, en la medida en que seamos buenos miembros de la sociedad. Y estamos perfectamente dispuestos a que los episcopales disfruten plenamente de esta libertad. Si ellos piensan que los obispos, en el sentido apropiado, fueron constituidos por Cristo o sus apóstoles, no objetamos ni una palabra en contra de que tengan tantos como deseen, si se contentan con tenerlos con autoridad derivada totalmente de Cristo. Pero ellos reclaman y desean mucho más. Quieren distinguirse por tener obispos al nivel de un establecimiento estatal. La pura verdad es que, por la carta evangélica, todos los que profesan ser cristianos están investidos, precisamente, de los mismos derechos; ni una denominación tiene más derecho que otra a la intervención del magistrado civil en su favor y, dondequiera que se produzca esta diferencia, está fuera de la regla de la Escritura, y puedo decir también, de los dictados genuinos de la razón incorrupta.

La importancia de la religión para la sociedad civil y el gobierno es ciertamente grande… El temor y la reverencia a Dios, y los terrores de la eternidad son las restricciones más poderosas sobre las mentes de los hombres. Y, por lo tanto, es de especial importancia en un gobierno libre, cuyo espíritu, siendo siempre amigable con los sagrados derechos de la conciencia, mantenga el Evangelio como la gran regla de fe y práctica. Los modos y usos establecidos en la religión —más especialmente el culto público declarado a Dios— conforman tan ampliamente los principios y maneras de un pueblo, que los cambios o alteraciones en ellos, especialmente cuando están casi conformes con el espíritu y la sencillez del Evangelio, bien pueden considerarse experimentos muy peligrosos en el gobierno.

Tomado de Gobierno y libertad descritas; y la tiranía eclesiástica expuesta (Government and Liberty Described; and Ecclesiastical Tyranny Exposed) (Boston, MA: Powars and Willis; Phillip Freeman, 1778), 3-7.


Isaac Backus (1724-1806): Ministro bautista durante la época de la Guerra de Independencia estadounidense; nacido en Yantic, Connecticut, Estados Unidos.

Footnotes

  1. Azar – Obrado, hecho, acontecido o elegido sin método o decisión consciente; sin pensar, sin orden ni concierto.

  2. Charles Chauncy (1705-1787) – Predicador congregacional que más tarde se hizo unitario.

  3. Thomas Bradbury Chandler (1726-1790) – Sacerdote estadounidense de la Iglesia de Inglaterra.

  4. Intervención – Interponerse voluntariamente entre un opresor y su pretendida víctima.