Tratado sobre imágenes mentales
Ralph Erskine (1685-1752)
En el Despertar Evangélico de 1740, surgió una controversia en Escocia sobre el tema de imágenes mentales. El punto principal de la cuestión era: “¿Puede una imagen mental de Cristo ser idólatra?”. Estalló una guerra de panfletos entre James Robe (1688-1753), hombre usado por Dios en los avivamientos escoceses, y Ralph Erskine (1695-1752), uno de los predicadores más renombrados de su época. Esta guerra de folletos nunca llegó a una conclusión satisfactoria, sino que simplemente se fue esfumando. En general, nuestros sentimientos coinciden con Erskine. No obstante, mientras Mount Zion no apoya todo lo que Erskine arguye, creemos que sus argumentos en este pasaje seleccionado representan un concepto correcto basado en la Palabra de Dios con respecto a las imágenes mentales.
Cuando la adoración falsa prevalecía en la iglesia de la antigüedad para su propia ruina, Dios mostró a sus profetas lo que los ancianos de la casa de Israel hacían en tinieblas en sus cámaras pintadas de imágenes (Ez. 8:12). En ellas se retrataban todas las abominaciones con que era profanada la adoración a Dios y era corrompida la religión. La mayor parte de mi trabajo actual es echar una mirada a algunas de las cámaras con imágenes aún más secretas y escondidas, a saber, las imágenes mentales guardadas en que podemos ver muchas abominaciones por las que, tanto la doctrina de la fe espiritual como la adoración divina del evangelio, se han corrompido y la fe cristiana corre el peligro de acabar en la ruina. Desde esta cámara secreta de imágenes mentales o interiores han surgido todas las burdas iconografías externas que han existido en el mundo y, especialmente, en la iglesia cristiana por las cuales la iglesia de Roma terminó siendo anticristiana. Esas ideas imaginarias, que no son más que representaciones vanas acerca de cuerpos materiales, presentados ahora por el Sr. Robe[^6] como pertenecientes al objeto de fe, son, en mi opinión, como una nueva apertura del pozo abismal, de cuyo humo salían langostas sobre la tierra (Ap. 9:2-3) porque en tanto estas ideas sean sacadas de su propio lugar natural suponiendo que son útiles para los sujetos sobrenaturales de la divinidad, no son mejor que humo que sale de un pozo, oscureciendo el sol y el aire, corrompiendo la doctrina, eclipsando la luz de la verdad de Dios, tendiendo a cubrir la faz de la tierra con las tinieblas de los burdos errores y las vanas ilusiones.
[Estas ideas] establecen nuevamente un pretendido fundamento para extender la idolatría y superstición llenando la mente de las personas con nociones naturales y carnales de Cristo como hombre y, su obra y muerte, como acciones y sufrimientos humanos, como si tales nociones fueran útiles para asirnos de Cristo el Dios-hombre en sus obras de mediador que pone de manifiesto el evangelio. La gloria del evangelio es espiritual e invisible, no evidente a los sentidos y a la imaginación de los hombres. Nada hay en el evangelio que sea visible, excepto por fe, así como la luz del sol no es nada para los que no tienen ojos. Un perro guía o un bastón son de más utilidad para el ciego que el sol en el firmamento. El espiritualmente ciego y que carece de los ojos de la fe —o ha perdido la capacidad de ver por falta de usar o ejercitar sus ojos— no puede ver nada en el evangelio, no importa lo grande y gloriosas [que] sean las cosas que se dicen de él. La luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no la comprenden. La gloria de la imagen de Cristo como Dios en nuestra naturaleza, representada en la luz del evangelio, la podemos contemplar únicamente como por un espejo (2 Co. 3:18). Ninguna imagen de su cuerpo humano formado en la mente puede permanecer de pie delante de él tal como Dagón[^7] no pudo hacerlo delante del arca de Dios. Así como Cristo está presente en el evangelio y presente como él mismo en su gloria personal, mediadora y sin igual, lo está sólo por nuestra fe y comprensión espiritual. Cerca de nosotros está la palabra, la palabra de fe (Ro. 10:6-8) de manera que nadie necesita decir que el Señor está ausente. ¿Y quién ascenderá al cielo para traerlo de allí o descender en lo profundo para levantarlo de entre los muertos? Cristo, por medio de su cuerpo humano, una vez estuvo aquí presente para ser percibido por los sentidos y experiencias naturales. Por su Espíritu divino, a veces está presente para el sentido y experiencia espiritual. Pero de ninguna manera está presente para nuestra fe, sino en el evangelio, el cual [aunque] lo veamos como por espejo, oscuramente, aun así es la mejor manera que se nos concede de verlo hasta que podamos verlo cara a cara (1 Co. 13:12).
Pero el Sr. Robe nos ha contado otro modo en que está presente Cristo, a saber, imaginarnos su naturaleza humana ahora en el cielo: [que deberíamos pensar en eso] de la misma manera como pensamos en cualquier persona ausente, y que es absolutamente necesario y de mucha ayuda para nuestra fe. Ésta es la nueva doctrina extraña y absurda publicada en la cuarta carta del Sr. Robe al Sr. Fisher[^8], y tenemos lo que podríamos llamar la sustancia de ella en el siguiente párrafo de esa carta, páginas 30 y 31.
“…he afirmado y afirmo que no podemos pensar en quién es realmente Jesucristo (dado que es Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una persona para siempre), sin una idea imaginaria de él en su naturaleza humana, que consta de un cuerpo real y un alma razonable. El fundamento y las razones de esto es que no podemos tener una concepción justa del glorioso Mediador, si no tenemos una concepción o idea de él como el verdadero y eterno Dios. Igualmente, no podemos tener una idea clara de él como realmente hombre, si no tenemos una concepción e idea de él como un hombre humano y real al igual que como el verdadero y eterno Dios. El Mediador es tanto hombre como Dios (una concepción pura sin ningún tipo de representación de él como Dios en nuestra mente), de modo que no podemos concebir y tener una idea de él a nuestro entender como hombre, sino por aquello que se llama idea imaginaria de él en nuestra mente, por el ejercicio de nuestra imaginación. Así como podemos imaginarnos cómo era Enoc o Elías o cualquier otro hombre que está ahora en el cielo, así podemos imaginarnos cómo era Jesús. Por esta razón, la naturaleza humana de nuestro Señor y, particularmente su cuerpo glorificado y superexaltado[^9], tiene todas las propiedades esenciales de cualquier otro cuerpo y ningunas otras. Por lo tanto, si no podemos pensar de ninguna otra naturaleza humana o cuerpo humano, debido a nuestra constitución natural y la naturaleza de los cuerpos, sino por medio de una idea imaginaria cuando están ausentes (como de hecho no podemos), [entonces] tampoco podemos pensar en el Mediador como un hombre y su cuerpo ahora en el cielo, de ninguna otra manera. Entonces pues, cuando pensamos en nuestro Señor Jesucristo, quien para siempre es Dios y hombre en dos distintas naturalezas y una sola persona, tenemos que concebirlo como un hombre real y verdadero. Esto es lo que llamo una idea imaginaria de él. Y debo además, por un solo acto de mi entendimiento, concebirlo, no sólo como hombre, sino como el mismísimo verdadero y eterno Dios. Y, en tercer lugar, tengo que concebir lo humano, personalmente unido con la Divinidad en la segunda persona. Si cualquiera de estos tres faltan, no tengo una concepción del Mediador Dios-hombre como la que debo tener. [Sr. Fisher], por favor dígales a las personas sinceras y bienintencionadas en su próxima advertencia, que la verdad simple y llana de lo que he afirmado aquí es que no podemos pensar en Jesucristo como realmente es (Dios-hombre) _sin pensar en él como hombre_y como Dios, y con el uso de las mismas facultades y poderes que usamos para pensar y concebir a otras personas”. [Aquí va una muestra de la extraña teología y filosofía del Sr. Robe].
Dice el Sr. Robe: “Hacer una imagen de la segunda Persona de Dios es, de hecho, expresamente prohibido. Pero prohibir hacer una imagen auténtica sería prohibir lo imposible; tampoco se prohíbe como si fuera burda idolatría. La _adoración_de semejante imagen es la idolatría prohibida. El hacer la imagen es prohibido por otra razón. No acusamos a los luteranos de burda idolatría porque _hacen_semejantes imágenes, aunque sí a los papistas porque las adoran”.
Comentario: El Sr. Robe no puede librarse del cargo de burda idolatría que menciona aquí porque, no sólo permite el hacer en su mente una imagen de la naturaleza humana de Cristo, sino que permite que se le rinda culto. Porque lo hace parte del objeto de la fe, siendo la fe la primera y principal parte de la adoración divina. De manera que en cuanto a esta cuestión, prueba ser un idólatra. No condena a los luteranos por ser _fabricantes_de imágenes, sino a los papistas por ser _adoradores_de imágenes. Pero en lo que concierne a la religión, fabricar y adorar cualquier estatua es igualmente prohibido por el Segundo Mandamiento. Porque si una imagen mental de la naturaleza humana de Cristo o sea, una idea imaginaria se permitiera como necesaria para tener fe, parecería que una imagen de fundición sería preferible a una imagen mental y la costumbre papal la preferible. ¿Por qué? Porque según el argumento papista: “Ver las cosas es más conmovedor que escucharlas”, de igual manera, la vista da un panorama más claro y un conocimiento más conmovedor de las cosas, es mejor que cualquier noción imaginaria e imagen mental de ellas. Así, ver la luz del sol con los ojos es una vista mucho más clara que tener los ojos cerrados y sólo percibir el sol en la mente e imaginación; o la imagen que, después de ponerse el sol y a medianoche, de él forma en la mente.
De igual modo, supongamos que dos hombres entran en una casa, uno tiene puesta una máscara y el otro no. La idea sensible que tenemos del rostro sin máscara es mucho más nítida y clara que la idea imaginaria que tenemos del rostro detrás de la máscara**.**Al enmascarado sólo lo podemos imaginar como un rostro semejante al de cualquier otro hombre. Pero no podemos tener una noción fehaciente de él como la tenemos del que tiene su cara descubierta. Todo lo cual prueba que sólo lo corpóreo[^10] o un cuerpo humano puede ser representado mejor a la mente por medio de una imagen corporal externa, colocada delante de los ojos corporales. No pasa lo mismo con una imagen mental interior formada con la ayuda de una idea imaginaria. Y, consecuentemente, se podría suponer que sería mucho más útil que la imaginería interior del Sr. Robe, que de por sí, es más abominable porque es la madre, la fuente y el origen de lo antedicho.
De hecho, es la raíz de la cual toda burda idolatría en el mundo crece, como lo he indicado ya. Por eso Charnock[^11], hablando de Romanos 1:21, 23 dice: “Crearon imágenes vanas de Dios en su imaginación, antes de colocar idólatras representaciones de él en sus templos”. Y unos renglones antes dice: “Ponemos a trabajar ese poder activo de la imaginación y por allí sale nuestro dios, (un becerro) que tomamos como una noción de Dios… hay tantas imágenes esculpidas de Dios como hay mentes humanas, y tantas formas monstruosas como estas corrupciones en que lo transformamos”. Luego nos muestra cómo estas vanas imaginaciones relacionadas con Dios son peor que la idolatría y el ateísmo[^12]. La burda idolatría en el mundo pagano no es peor que las vanas figuras de Dios en la imaginación, que en el mundo cristiano lo son las vanas imágenes del cuerpo humano de Cristo en la mente. Éstas abusan tanto del entendimiento y entenebrecen la mente que estropean todo concepto racional e intelectual y, en consecuencia, toda contemplación espiritual y creyente de la persona gloriosa de Cristo.
El Sr. Robe vuelve a decir: “Es imposible tener una idea imaginaria verdadera de Dios”. Pero agrega: “Afirmar que no podemos recibir a Cristo, tal como lo ofrece el evangelio, sin una concepción imaginaria de él como hombre, tiende a apartar a las personas del verdadero Cristo que anuncia la Palabra y llevarlas a un Cristo falso de la imaginación; esto es lo que usted [Sr. Fisher] no ha hecho el menor intento de probar, ni nunca podrá hacerlo”.
Comentario: Parecería muy fácil probar que lo que el Sr. Robe, tan audazmente piensa, nunca podría ser. Esto hago por medio del siguiente argumento sencillo: Afirmar que uno no puede creer en Cristo sin que necesariamente presente un Cristo falso a su imaginación, es desviar a la gente del Cristo verdadero en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación. _Pero_afirmar que alguien no puede creer en Cristo sin un concepto imaginario o una idea de él como hombre, es afirmar que no podemos creer sin aquello que obligadamente nos presenta en la imaginación a un Cristo falso. Por lo tanto, afirmar que no podemos creer en Cristo tal como el evangelio lo ofrece, sin una idea imaginaria de él como hombre tiene la tendencia natural de desviar a las personas del verdadero Cristo en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación. No veo nada que el Sr. Robe pueda negar aquí, sino que… su idea imaginaria de Cristo como hombre presenta necesariamente a la imaginación a un Cristo falso y, en consecuencia, tiene una tendencia de desviar al pueblo del Cristo verdadero en la Palabra a un Cristo falso en la imaginación. Por lo tanto, doy prueba de esto por medio de los siguientes argumentos:
(1) El Cristo verdadero en la Palabra esotra cosa distinta a la de un objeto corporal: Pero un concepto imaginario de Cristo como hombre no es otra cosa, sino un objeto corporal. Por lo tanto, un concepto imaginario de Cristo como hombre, de hecho, tiene la tendencia de apartar a la gente del Cristo verdadero en la Palabra hacia un Cristo falso en la imaginación.
(2) El Cristo verdadero en la Palabra esDios**-hombre.**Pero el Cristo representado en la imaginación como hombre no es el Dios-hombre. Por lo tanto, de hecho, como dice el punto anterior, conduce a crear un Cristo falso en la imaginación.
(3) El Cristo verdadero presentado en la Palabra es mostrado allí como Profeta, Sacerdote y Rey. Pero ningún concepto imaginario de Cristo puede tener oficio o relación alguna con su objeto. Por lo tanto, conduce a un Cristo falso en la imaginación.
(4) El Cristo verdadero no puede ser visto en ninguna parte fuera de la Palabra. Pero una cosa es tener una idea o concepción imaginaria y otra muy distinta verlo en la Palabra, la cual es espíritu y verdad, el objeto solo de fe y conocimiento racional. Por la tanto, esa idea conduce a un Cristo falso en la imaginación.
(5) El Cristo verdadero en la Palabra es Cristo en su totalidad. Pero la concepción imaginaria de él como hombre no es una de un Cristo en su totalidad, sino sólo de un cuerpo humano. Por lo tanto, conduce a un Cristo falso en la imaginación.
(6) La humanidad verdadera de Cristo en la Palabra es una humanidad divina, como lo expresa Agustín, porque la Palabra o Verbo, fue hecho carne y es Dios manifestado en nuestra naturaleza. Pero, la concepción imaginaria de Cristo como hombre no puede incluir nada divino. Por lo tanto, una concepción imaginaria de Cristo como hombre tiene la tendencia de apartar a las personas del Cristo verdadero y la humanidad de Cristo en la Palabra y conducirlas a un Cristo falso y a una humanidad falsa en la imaginación.
Los argumentos para estos fines son múltiples. Pero cualquiera de estos es suficiente para probar que lo que dice el Sr. Robe es una imposibilidad.
Luego le sigue una exposición magistral de la espantosa doctrina: “Es posible”, dice él, “tener una idea imaginaria de Cristo en su naturaleza humana, y no es posible que podamos pensar en la naturaleza humana del Cristo verdadero en la Palabra sin concebirlo o tener una idea de él en la mente con la ayuda y asistencia de esa facultad llamada imaginación, que es lo que hemos estado llamando ‘idea imaginaria’. Y éste es un Cristo tan verdadero como lo es Cristo en la Palabra, siempre que sea una idea de él que coincida con la Palabra. Por ejemplo, el Cristo verdadero nos es presentado en esa Palabra, diciendo, ‘Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre’ (1 Ti. 2:5)”.
A lo que dice el párrafo anterior respondo: Tenemos aquí un lenguaje muy extraño y dos suposiciones muy absurdas y abominables.
La primera es que podemos tener una idea imaginaria de Cristo, tal cual lo presenta la Palabra. Esto es imposible según la [explicación] del mismo Sr. Robe, a menos que la idea de Cristo presentada en la Palabra no fuera más que un objeto corporal. Si las palabras de Cristo son espíritu y vida (Jn. 6:63), entonces su Palabra es un objeto espiritual que no puede ser alcanzado por poderes corporales, sino espirituales. La Palabra es el objeto de ese conocimiento y fe que pueden percibir verdades, la cual son todas cosas espirituales, pero no pueden ser el objeto de esa imaginación que nada percibe fuera de las cosas que son corporales.
En segundo lugar, supone él, y efectivamente de hecho, afirma con claridad que el Cristo percibido por medio de una idea imaginaria es tan verdadero como el Cristo en la Palabra, si es una idea de él presentada en la Palabra. He demostrado que una idea imaginaria de Cristo, tal como la presenta la Palabra, es absurda e imposible. Y ahora demostraré que esa otra expresión es vil y abominable. Y no tengo paciencia para leer una doctrina tan horrible que pretende que una representación de Cristo por medio de una imagen de él en la mente humana sea un Cristo como el que describe la Palabra de Dios. ¡Qué extrañamente aferrado a sus nociones imaginarias está el hombre que cree que su propia representación de Cristo en su mente es tan verdadera como lo es la representación de él en la Palabra divina! Fabrica su idea imaginaria para dárnosla como verdadera figura de Cristo tan infalible como la que Dios nos da en su Palabra. Si fuera así, entonces un Cristo corpóreo en la imaginación es tan legítimamente objeto de fe como lo es el verdadero Cristo, Emanuel, Dios con nosotros, que encontramos en la Palabra. En consecuencia, un Cristo dentro de nosotros es tan valedero como un Cristo sin nosotros. Con esto se abre una puerta amplia para un terrible entusiasmo[^13] y un deplorable cuaquerismo[^14] porque si el Cristo que podemos ver en nuestra imaginación es tan verdaderamente un Cristo como el de la Palabra, entonces no es más que un Cristo como el que fantaseaban los antiguos herejes Marción[^15] y Valentino[^16].
Estamos seguros de que Cristo es exactamente lo que la Palabra de fe declara que es. Pero si Cristo es representado con cualquier tipo de naturaleza por cualquier idea y en su naturaleza humana por una idea imaginaria es un Cristo tan verdadero, entonces… (1) Cristo y la idea imaginaria de él son una misma cosa o Cristo es meramente una idea imaginaria, lo cual es terrible. (2) Según el número de ideas imaginarias es el número de cristos; es decir, en consecuencia Cristo no existe. (3) La idea imaginaria o la imagen de Cristo en la mente es el objeto de fe y adoración y debe ser deificada y adorada, la cual es la más burda de las idolatrías. (4) Uno mismo se puede fabricar un Cristo en su propia cabeza, cada vez que se le ocurra.
Cristo mora en el corazón por fe (Ef. 3:17) o sea por fe en su Palabra, donde, sólo por gracia por medio de esa fe, el creyente ve al Cristo verdadero. Pero no puede verlo en su corazón o afectos y mucho menos en su cabeza o imaginaciones. De hecho, el verdadero creyente puede sentir a veces a Cristo gozosamente en su corazón después de haber creído (Ef. 1:13), pero nunca puede verlo allí como base para creer en él porque la fe _no puede ver más que en_su Palabra su figura perfecta. En ninguna otra parte se ve al verdadero Cristo como objeto de fe: “La justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Ro. 10:6-8).
El autor del sermón titulado How Is the Practical Love of Truth the Best Preservative against Popery?[^17] (¿Cómo es la práctica del amor a la verdad el mejor antídoto contra el papismo?), dice estas palabras después de citar este texto de Pablo: “La pregunta es: ¿Cómo podemos ser hechos partícipes de Cristo y su justicia por medio de él? ¿O cómo podemos tenerlo presente con nosotros? Esto, dice el Apóstol, es realizado por la palabra del evangelio que es predicado, que está cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón. ‘No’, dicen estos hombres, ‘no entendemos cómo puede ser así, no vemos que sea así, que Cristo esté cerca de nosotros, presente para nosotros por su Palabra; por eso ascenderemos al cielo para traer abajo a Cristo desde lo alto porque haremos imágenes de él en su estado glorioso en el cielo y, de esta manera, estará presente para nosotros o cerca de nosotros. Haremos lo mismo descendiendo a lo profundo para levantar a Cristo de entre los muertos y todo lo haremos fabricando crucifijos primero y luego imágenes de su gloriosa resurrección, trayéndonos a él nuevamente de entre los muertos. Esto será en lugar de aquella palabra del evangelio, que pretenden que sólo es útil y eficaz para estos fines’”. Y un poco más arriba de esta cita están estas palabras: “Siendo sus mentes entenebrecidas, carnales y proclives a la superstición, como son las mentes de todos los hombres por naturaleza, no ven nada en la representación de él (es decir, Cristo) en el evangelio, que tenga algún poder sobre ellos o que en alguna medida los afecte. En estas imágenes, por medio de la vista e imaginación, encontraron lo que realmente obra sobre sus afectos, y, tal como pensaban, los estimuló para que amaran a Cristo”.
Aquí está la fuente y raíz de toda la adoración de imágenes en el mundo, ya sea mental o externa; ninguna de las cuales puede dar una representación del Cristo verdadero de quien sólo tenemos una representación verdadera y espiritual en la palabra del evangelio.
Quiera esta generación ser liberada de una fe, religión y conversión imaginarias. Dicha dimensión de fe no unirá a nadie con el Cristo verdadero, ni llevará a nadie al cielo verdadero, ni lo librará del infierno verdadero. Y quiera el Señor librar a su pueblo de la influencia de vanas ilusiones, en lugar de la doctrina del evangelio; de la basura carnal, en lugar de la verdad espiritual y de la verdad según la imaginación del hombre, en lugar de la verdad según Jesucristo y su santa Palabra, la única regla para indicarnos cómo podemos glorificar y disfrutar a Dios.
Tomado de Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images (Fe, no vana ilusión o Un tratado sobre imágenes mentales), W. & T. Ruddimans, Edinburgo
Ralph Erskine(1685-1752): Uno de los predicadores más populares en la Iglesia de Escocia de su época. Junto con Thomas Boston participó en la Marrow’s Controversy (Controversia de Médula). Sus sermones estaban llenos del amor de Dios y los llamados de Cristo en el evangelio. Su publicación más extensa fue Faith No Fancy or A Treatise of Mental Images. Nacido en Monilaws, Escocia.