Una esencia, tres personas
Wilhelmus á Brakel (1635-1711)
Nos enfocaremos ahora en el misterio más misterioso de todos los misterios, la Santa Trinidad. A lo largo de la historia, todos los sectores opuestos a esta verdad, han atacado este artículo de fe. La Iglesia primitiva siempre la confesaba y defendía contra sabelianos, arrianos y valentianos22 como una columna fuerte de la verdad. A pesar de que pueden discrepar entre ellos en lo que concierne a otras doctrinas, están unidos en su ataque contra la Santísima Trinidad. Hoy tenemos que defender este artículo contra socinianos, anabautistas23, socinianos arminianos24 y otros proponentes del error. Gracias sean dadas a Dios, quien siempre ha hecho que la Iglesia sea fiel a esta verdad. La Iglesia se mantiene firme en esta verdad hasta hoy mismo y es indudable que Dios la capacitará para permanecer firme hasta el día de Cristo, a pesar de todos los que se oponen a ella.
Antes de proceder a considerar esta doctrina y antes de meditar en ella, tenemos que comprender claramente lo siguiente:
Primero, es importante entender que a Dios no lo podemos comprender en su esencia y su existencia25. También tenemos que entender que somos seres humanos a quienes a Dios le agradó revelarse lo suficiente como para guiarnos a la salvación, a conocer en parte, y que tenemos sólo la capacidad de captar un fragmento o la periferia de la doctrina que nos ocupa. El creyente no debe, ni quiere entender más allá de las claras limitaciones, es decir, más de lo que al Señor le ha agradado iluminarle. Lo que sea que esté más allá de su comprensión o percepción, lo cree. Adora al Invisible que habita en luz inaccesible que nadie puede ver (1 Ti. 6:16).
Segundo, toda la Palabra escrita de Dios destinada al ser humano, usa lenguaje y palabras humanas que se relacionan con objetos tangibles26. La maravillosa sabiduría, bondad y omnipotencia27 de Dios es tal que el hombre, por medio de expresiones terrenales, comprende temas espirituales. Por lo tanto, aquello que se presenta como anthropropathos [“como hombre”], es decir, en un modo humano puede entender como theoprepos [“como Dios”], es decir, en su dimensión divina. Tal es el caso con el lenguaje y vocabulario usados para revelar los misterios de la Santísima Trinidad. Por lo tanto, hay que tener cuidado de no aferrarse a las cuestiones tangibles de las que se derivaron las palabras ni reducir asuntos divinos al nivel humano. Más bien, tenemos que elevarnos más allá de asuntos y expresiones tangibles a fin de, en una forma espiritual agradable a Dios, poder comprender lo que Dios dice concerniente a sí mismo…
Tercero, debe entenderse que el Espíritu Santo sólo puede ser comprendido por lo que las Escrituras revelan, no por la naturaleza. Por lo tanto, uno debe atenerse sólo a las Escrituras y, en toda sencillez, creer su testimonio. Uno no debe exaltar su propia sabiduría más allá de lo que ha sido escrito: Hay que dejar de lado todo razonamiento humano y evitar todas las comparaciones imaginarias con objetos tangibles. Dichas comparaciones, en lugar de arrojar luz sobre el asunto, resultan en más oscuridad y tienden a desviar, en lugar de promover un entendimiento correcto de este misterio. Quiera Dios santificarme y guiarme en lo que escribo y a mis lectores en lo que leen.
La esencia singular del único Dios: Afirmamos y declaramos enfáticamente que hay un solo Dios. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Dt. 6:4); “pues aunque haya algunos que se llamen dioses… sólo hay un Dios” (1 Co. 8:5-6); “Dios es uno” (Gá. 3:20); “porque hay un solo Dios” (1 Ti. 2:5). Tiene que, necesariamente, haber sólo un Ser eterno, omnipotente y todo suficiente. Aun los más inteligentes entre los paganos, lo han admitido. Los paganos más impíos de nuestra época que no demuestran evidencia alguna de ninguna religión, reconocen la existencia de un solo Dios. La percepción entre los paganos de que hay muchos dioses, parece originarse del conocimiento de la existencia de ángeles y quizá también de la comprensión errada del Espíritu Santo y el nombre plural de Dios: Elohim.
La personalidad divina definida: Este Dios único es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Ser divino tiene una manera de existir triple, que se expresa en un lenguaje comprensible —a menos que los herejes28 encuentren aquí un pretexto29—, es adjudicado en las Escrituras el nombre persona. Hebreos 1:3 hace referencia a tēs hypostaseōs autou, “…la imagen misma de lo que Dios es”30.
Dado que la palabra hypostasis se refiere a un “ser independiente inteligente”, en consecuencia, la referencia es a una persona. Entendemos que esto se refiere a un ser incomunicable31 que es totalmente independiente, que no comparte ninguna parte de otro ser. Lo mismo es cierto de los ángeles y los seres humanos que, en consecuencia, son llamados personas. Por aplicación de este concepto, las entidades divinas son llamadas personas a fin de que, al percibir la dimensión divina del antropomorfismo32, pudiéramos comprender algo de aquello que es incomprensible. Podemos considerar a una de las personas divinas en un sentido abstracto, es decir, fuera del contexto del Ser divino, como lo expresa, por ejemplo Hebreos 1:3 que dice que Cristo es la imagen misma de la persona [sustancia] de su Padre. También podemos considerar a la persona en un sentido concreto, es decir, en unión con el Ser divino tal como lo expresa Filipenses 2:6 que dice: “el cual, siendo en forma de Dios”. Según su naturaleza divina, dice que Cristo era en morphē Theou: “en forma de”, es decir, teniendo el ser y la naturaleza de Dios, de manera que es igual a Dios. Así como la forma de un siervo incluye su personalidad, la esencia de su ser y las características; de manera similar, la Palabra de Dios incluye su personalidad, la esencia de su ser y los atributos que constituyen la forma de Dios…
La esencia divina consiste de tres personas: Este Ser divino único subsiste33 en tres personas, no de una manera colateral (o uno al lado de otro), sino que la persona que es una existe en virtud de la otra persona, ya sea por generación o procedencia. El hecho de que hay tres personas en el Ser divino que es uno, está tan claramente revelado en la Palabra de Dios que no puede ser contradicho. Es evidente, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento.
Primero, es revelado en el nombre Elohim. (1) Elohim es una forma plural que no se refiere a una ni a dos personas, sino que siempre expresa una pluralidad mayor que dos. Dado que las Escrituras se refieren expresamente a tres, estemos seguros de su enseñanza de que el Dios único subsiste en tres personas. Es raro que Elohim sea usado en singular, nunca refiriéndose a dos, sino generalmente en plural. Dado que sabemos que hay un solo Dios, al cual, cuando nos referirnos a su Ser, no podemos darle una dimensión plural, el nombre Elohim indica claramente que hay una trinidad de personas.
(2) Además, notemos que la forma plural de Elohim se usa también en conjunción con verbos, adjetivos o pronombres en plural, y que siempre va acompañado de un número plural. Esto se aplica a los siguientes textos: “Entonces dijo Dios [Elohim]: Hagamos al hombre” (Gn. 1:26); “cuando Dios [Elohim] me hizo salir errante” (Gn. 20:13); “él es Dios [Elohim] santo” (Jos. 24:19); “Acuérdate de tu Creador [Creadores]” (Ec. 12:1); “tu marido es tu Hacedor [tus maridos son tus Hacedores]” (Is. 54:5); “Yo soy Jehová tu Dios [Eloheka] (Éx. 20:2)34.
Notemos que el nombre Elohim se integra con el nombre Jehová35 y que, muy a menudo, estos dos nombres son usados en conjunción entre ambos, indicando la unión de Ser, al igual que la subsistencia en tres personas. Toda vez que se usa el nombre plural de Dios: Elohim, en un sentido singular, las personas son consideradas como un Ser… Esto indica periemchoresin36, es decir, la coexistencia interior y que las personas divinas son inseparables del Ser divino y las unas de las otras37.
Segundo, la Trinidad de personas es también evidente en textos (1) en que el Señor se refiere a sí mismo como más de uno o dos. “Hagamos al hombre” (Gn. 1:26)38; “el hombre es como uno de nosotros” (Gn. 3:22); “descendamos, y confundamos allí su lengua” (Gn. 11:7). El uso [de Dios] en plural al revelarse a sí mismo, revela la Trinidad de personas, siendo ésta la razón por la que Eclesiastés 12:1 dice en el hebreo original Creadores al referirse a Él.
(2) Es también evidente en los textos en que Dios habla de sí mismo como si estuviera refiriéndose a otra persona. “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Gn. 19:24). Uno de los tres ángeles que hablaron con Abraham era Jehová, el Hijo de Dios. El que había aparecido en la tierra, había causado esta lluvia del Señor celestial. Tanto el que convocó esta lluvia, como el que hizo llover, se conocen como Jehová. Dado que Dios es uno en su esencia, la referencia no puede ser de dos Seres diferentes, sino más bien del Hijo y el Padre, siendo la Segunda y la Primera Persona de la Deidad porque es el Padre que obra a través del Hijo y el Hijo obra en nombre de su Padre (Jn. 5:19).
Tercero, para facilitar aún más la convicción interior del lector, considere con un corazón creyente, esos textos que afirman expresamente que Dios es trinitario, no en su esencia (ousia), sino en personas (hypostases). El nombre Jehová se repite tres veces en la bendición que Dios manda que se pronuncie sobre su pueblo: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz” (Nm. 6:24-26). En cada repetición, el nombre Jehová va acompañado de una actividad que en la administración del pacto de gracia es adjudicado específicamente al Padre o al Hijo o al Espíritu Santo. Salvaguardar se adjudica al Padre, al Hijo la manifestación de su gracia y al Espíritu Santo dar paz. El apóstol Pablo, al expresar esto en su bendición de 2 Corintios 13:14, menciona a las tres personas, dando prueba clara que la repetición del nombre Jehová debía verse como indicativo de tres personas. También encontramos esta repetición triple en Isaías 6:3, que dice “Santo, santo, santo, [es] Jehová”. Este texto es usado en el Nuevo Testamento para referirse al Padre, Hijo y Espíritu Santo (Ver Jn. 12:41; Hch. 28:25). Además, consideremos los siguientes textos: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí” (Is. 61:1); “ De las misericordias de Jehová haré memoria… el ángel de su faz [por Mal. 3:1 sabemos que esto se refiere al Hijo] los salvó” (Is. 63:7, 9); “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu” (Is. 63:10); “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca” (Sal. 33:6).
Encontramos claras evidencias también en el Nuevo Testamento: “Y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:16-17). “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19); “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Co. 13:14); “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno” (1 Jn. 5:7).
Con todo lo escrito hemos observado que hay tres personas en el Ser divino.
Tomado de El servicio razonable del cristiano (The Christian’s Reasonable Service), Tomo 1, Reformation Heritage Books, usado con permiso, www.heritagebooks.org.
Wilhelmus á Brakel (1631-1711): Teólogo holandés y representante principal de la Segunda Reforma Holandesa; nacido en Leeuwardern, Holanda.