La más misteriosa de las doctrinas

Loraine Boettner (1901-1990)

La doctrina de la Trinidad es, quizá, la más enigmática y difícil de toda la Biblia. En consecuencia, no pretendemos explicarla por completo. Por lo propio del caso, sólo podemos conocer acerca de la naturaleza interior de la deidad, lo que nos ha sido revelado en las Escrituras.

La personalidad triple de Dios es una verdad, exclusivamente, de la revelación1, la cual está fuera del entorno del razonamiento natural. Su altura y profundidad, longitud y anchura son inconmensurables porque lo finito está tratando con el Infinito. Tendríamos la misma probabilidad de confinar al océano en una taza de té como la de tratar de ofrecer una explicación completa de la naturaleza de Dios dentro de los límites de nuestra débil mente humana… No obstante, esperamos que, bajo la dirección del Espíritu Santo, podamos presentar la verdad acerca de ella [la Trinidad] de una manera clara y sencilla —lo más completamente posible, dentro de las limitaciones de nuestra mente y lenguaje finitos— y cuidarnos contra los errores y herejías que han prevalecido en alguna época de la historia de la Iglesia…

Dado que en el estudio de esta doctrina dependemos totalmente de la revelación (no habiendo nada similar en nuestro propio saber ni en el mundo material) y, dado que el tema de nuestro estudio es trascendentalmente2 sagrado —siendo el tema, la naturaleza más íntima del Dios infinitamente justo y transcendente—, nuestra actitud debe ser la de discípulos quienes, con auténtica humildad y reverencia, están listos para recibir implícitamente lo que Dios ha tenido a bien revelar.

Dado que Dios es el Creador, Sustentador del universo y el que determina todas las cosas, Aquel en quien vivimos y nos movemos y somos (Hch. 17:28), nuestro conocimiento de Él tiene que ser básico y fundamental para todo el resto de nuestro conocimiento. En respuesta a la pregunta: “¿Qué es Dios?”, las Escrituras nos lo revelan, en primer lugar, como una Espíritu justo, recto y racional3, infinito en sus atributos de sabiduría, ser, poder, santidad, justicia, bondad y verdad. En segundo lugar, nos lo revela como Aquel que existe eternamente en tres “personas”, no obstante, siendo estas tres personas una en su sustancia y existiendo en la más perfecta unidad de pensamiento y propósito. Además, es evidente que Dios existe de esta manera en tres personas, cada una con su propia función en las obras de creación, providencia, redención y gracia; hecho que gobierna su actividad en todas las esferas de su obra y, en consecuencia, la doctrina que trata la naturaleza de su persona tiene que afectar seriamente toda verdadera teología y filosofía. Las doctrinas vitales del sistema cristiano como las de la deidad y la persona de Cristo4, la encarnación, la redención, etc., están tan indisolublemente entretejidas con la tri-unidad de Dios que no pueden entenderse correctamente aparte de ella.

Hemos de notar que la doctrina de la Trinidad es la marca distintiva de la religión cristiana, lo que la diferencia de todas las demás religiones del mundo. Es cierto que los hombres han podido arribar a algunas verdades limitadas concernientes a la naturaleza y persona de Dios sin el beneficio de las revelaciones en las Escrituras. Las religiones paganas, al igual que todas las especulaciones filosóficas, se basan en la religión natural y pueden, por lo tanto, elevarse más allá del concepto de la unidad de Dios. En algunos sistemas, encontramos el monoteísmo, con su creencia en un solo Dios. En otras, encontramos el politeísmo con su creencia en muchos dioses. Pero ninguna de las religiones paganas ni de los sistemas filosóficos especulativos ha llegado nunca a tener un concepto trinitario de Dios. El hecho es que, fuera de la revelación sobrenatural, nada hay en la conciencia o experiencia humana que pueda dar al hombre ni el más mínimo vislumbre del carácter propio del Dios de la fe cristiana: El trino Dios, encarnado, redentor y santificador…

Vendría bien que recordáramos que el conocimiento humano acerca de Dios ha sido progresivo. La revelación más general de la existencia de Dios fue dada a través de la naturaleza y, por lo tanto, común a todos los hombres. La existencia de Dios es una verdad intuitiva5, aceptada universalmente por la mente sin prejuicios. El hombre se sabe dependiente y responsable, lo cual es un tácito reconocimiento de un Ser de quien es dependiente y ante quien es responsable. Le [adjudica] a este Ser, muchas de las buenas cualidades que encuentra en sí mismo, por lo que llega a conocer a Dios como un Espíritu personal, infinito, eterno y con atributos perfectos6.

La segunda etapa de la revelación concerniente a la naturaleza y los atributos de Dios fueron dados durante el periodo del Antiguo Testamento. Allí, el avance fue mucho mayor, sobrepasando la revelación dada a través de la intuición del hombre y a través de la naturaleza. Dios es dado a conocer, particularmente, como el Dios de la gracia y el redentor de los pecadores.

La tercera etapa, la que en este escrito nos interesa de manera particular, es la dada en el Nuevo Testamento, en el que Dios es representado como existente en una trinidad de personas, cada una de las cuales cumple una parte distintiva de las obras de creación, providencia y redención. Como ha destacado el Dr. Warfield7:

“Los elementos del plan de salvación tienen su raíz en la naturaleza misteriosa de la Deidad, en que coexiste una distinción trina de personas con una unidad absoluta en su esencia; y la revelación de la Trinidad fue, por tanto, contingente a la ejecución de este plan de salvación en el que el Padre envió al Hijo para ser propiciación8 por el pecado, y el Hijo, al volver a la gloria que había compartido con el Padre antes de que el mundo fuera, envió al Espíritu para aplicar su redención a los hombres. El dar a conocer este hecho fundamental de la naturaleza divina, se demoró hasta que llegó el tiempo para el cumplimiento de la redención largamente prometida; y se cumplió primero en el hecho mismo, en lugar de la palabra, por la aparición del Hijo de Dios sobre la tierra y las subsecuentes manifestaciones del Espíritu, quien fue enviado para actuar como su representante en su ausencia”9.

Tomado de Estudios en teología (Studies in Theology), capítulo III, La Trinidad (The Trinity), usado con permiso de P&R Publishing Co., P. O. Box 817, Phillipsburg, NJ 08865, EE.UU.


Loraine Boettner (1901-1990): Teólogo presbiteriano norteamericano; nacido en Linden, Missouri, EE.UU.