Naturaleza de la excomunión
Jonathan Edwards (1703-1758)
“Os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5:11).
Diré algo de la naturaleza de la excomunión. Es una disciplina aplicada en el nombre de Cristo y según su voluntad. Es un recurso por medio del cual una persona, que hasta el momento ha gozado de los privilegios de ser miembro de la iglesia visible de Cristo, es expulsada de ella y entregada a Satanás.
Es un castigo impuesto. El Apóstol lo llama explícitamente reprensión en 2 Corintios 2:6. Hablando de la persona expulsada, dice: “Le basta a tal persona esta reprensión”. Pues aunque tal castigo no fue diseñado por el hombre para destrucción de la persona disciplinada, sino para su corrección –y aunque es un castigo infligido por el hombre—aun así es en sí una calamidad grande y atroz. Es el castigo más severo que Cristo ha encargado a la iglesia visible. Aunque al aplicarlo, la iglesia debe procurar solo el bien de la persona y su restauración del pecado –recurriendo a esta medida cuando no hay esperanza de recuperación por medios más mansos—no obstante está en las manos de Dios si tal reprensión resultará en su humillación y arrepentimiento o en su destrucción terrible y eterna. Siempre resultará lo uno u lo otro…
Primero, mostraré en qué consiste este castigo. Hemos de notar que tiene en sí algo privativo[^31] y algo positivo[^32].
Primero, hay algoprivativoen la excomunión, que consiste en ser privado de un beneficio disfrutado hasta el momento. En la iglesia judía, esta parte del castigo era llamada expulsión de la sinagoga (Juan 16:2). La palabra sinagoga tiene el mismo significado que la palabra iglesia. Entonces este castigo en la iglesia cristiana es llamado expulsión de la iglesia. El Apóstol Juan, culpando a Diótrefes por aplicar este castigo sin razón, dice: “los expulsa de la iglesia”(3 Jn. 10). A veces se expresa como la iglesia _apartándose_del miembro: “Os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente” (2 Ts. 3:6).
La parte privativa de la excomunión consiste en privar a la persona puesta en disciplina de los privilegios de los que goza el pueblo visible de Dios. Toda la humanidad se divide en estos dos tipos: los que constituyen el pueblo visible de Dios y los que son del reino visible de Satanás. Es un gran privilegio estar dentro de la iglesia visible de Cristo. Por el contrario es triste estar sin este reino visible, verse privado de sus privilegios, ser tratado como si de hecho perteneciera al reino visible de Satanás. Porque:
1. Dejan de ser objeto delamordel pueblo de Dios que corresponde entre hermanos cristianos. De hecho no están despojados de todo el amor del pueblo de Dios, porque todos los hombres deben ser objeto de su amor. Más bien me refiero al amor fraternal que corresponde a los santos de la iglesia local.
El amor, como lo representa el Apóstol, es el vínculo por el cual varios miembros de la iglesia de Cristo se unen. Por lo tanto lo llama el vínculo perfecto: “Vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Col. 3:14). Pero la expulsión con razón de una persona es parecida a la amputación de un miembro infectado que realiza un cirujano: el vínculo que antes lo unía al cuerpo ha sido cortado o roto… Esto implica que la iglesia no aprueba de la persona como cristiana. Ya no la puede considerar con amor fraternal como un santo o hermano adorador de Dios. Por ello, la priva abiertamente de su amor, dejando de reconocerlo como un hermano cristiano al igual como no reconoce que lo sean los paganos. También queda privado de aquel honor que corresponde a los hermanos cristianos. Ser un cristiano visible es un honor; pero las personas expulsadas renuncian a este honor. Los cristianos no deben honrarlas ni respetarlas como lo hacen con otros, sino tratarlas como indignas de tal honra a fin de que se avergüencen. Cristo nos dice que deben ser para nosotros como gentiles y publicanos (Mt. 18:17). Esto implica dejar de darles el respeto común que dan a otros. Tenemos que tratarlos de modo que vean claramente que no los consideramos dignos de ello y así avergonzarlos.
Aquellos a losque estamos obligados a recibir como santos porque son cristianos visibles, merecen mucho amor y aceptación. En cambio el excomulgado pierde esta aceptación. Debemos seguir deseándole bien y procurar su bienestar. La excomunión misma tiene que llevarse a cabo como un acto de benevolencia. Por medio de él, se ha de procurar un resultado efectivo, y debe ser usado como un medio que lleve a la salvación eterna. Pero la complacencia y satisfacción en ellos como cristianos visibles tienen que ser retiradas. Más bien deben ser objeto de desagrado, por ser visible y aparentemente perversos. Hemos de echarlos fuera como cosa inmunda que profana la Iglesia de Dios.
En este sentido, el salmista profesa odio contra los que eran enemigos visibles de Dios. “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen, y me enardezco contra tus enemigos? Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos” (Sal. 139:21-22). No que los aborreciera con un aborrecimiento malicioso ni deseándoles mal, sino con desagrado y disgusto por su maldad. En este sentido debemos ser hijos de nuestro Padre que está en los cielos, quien, aunque ama a muchos malos con un amor benevolente, no obstante no puede amarlos con complacencia. Por tanto, las personas expulsadas son cortadas del amor de la iglesia.
2. Son cortadas también de lasociedadque une a los cristianos como hermanos. Por tanto, se nos manda _apartarnos_de los tales (2 Ts. 3:6; Ro. 16:17). _No juntarnos_con ellos (2 Ts. 3:14). Y tratarlos como gentiles y publicanos (Mt. 18:17). El pueblo de Dios debe, hasta donde sea posible, apartarse de ellos en lo que respecta a la relación que es correcta entre cristianos. No que tendrían que evitar hablar con ellos totalmente, no se prohíben todos los grados de relación, sino toda relación innecesaria o la que es acostumbrada entre los que disfrutan de una compañía mutua. No debemos asociarnos con ellos con el fin de hacerlos nuestros amigos. Sí, tendría que evitarse su compañía al punto de mostrar mucho disgusto.
En particular se nos prohíbe el grado de asociación con ellos que habría si fueran huéspedes a nuestra mesa o fuéramos nosotros _huéspedes de ellos_a su mesa. Esto se hace evidente en el texto, donde se nos manda mantenernos apartados de ellos: _ni aun comer con ellos.Estas palabras hacen evidente que esto no se refiere a no comer o compartir con ellos la Cena del Señor, sino a no compartir comidas comunes. El comer que aquí se prohíbe es uno de los grados más elementales_de compartir una compañía, lo cual de hecho se prohíbe. “No os juntéis con ninguno así”, dice el apóstol, “con el tal ni aun comáis”. Esto es lo mismo que decir: “No, ni el grado tan simple de comer con él”… Dice él: “No os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario… con el tal ni aun comáis”. Esto hace evidente que el apóstol no se refiere a compartir la Cena del Señor… Aquí surgen naturalmente dos preguntas:
PRIMERA PREGUNTA. ¿Hasta qué punto debe la iglesia tratar a las personas expulsadas como si nunca hubieran sido de la iglesia visible? Contesto que deben tratarlos como paganos, con dos excepciones en que debe haber una diferencia.
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Deben seguir preocupándose más por su bienestar de lo que se preocuparían si nunca hubieran sido hermanos, y por lo tanto deben esforzarse más por restaurar[los] y salvarlos con sus amonestaciones, que lo que están obligados a hacer en el caso de los que siempre han sido paganos. Esto es lo que manifiesta el Apóstol al decir: “Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano” (2 Ts. 3:14, 15). La consideración de que hasta entonces ha sido un hermano y que no lo hemos excluido definitivamente de esa relación, sino que seguimos esperando y usando medios para restaurarlo, nos lleva a preocuparnos más del bien de su alma que de aquellos con quienes nunca hemos tenido esta relación. [Debido a esto] oramos por él y nos esforzamos por amonestarlo. La razón misma de la expulsión lo demuestra. Porque de hecho esta ordenanza de excomulgar se usa para este fin, a fin de que por ella se obtenga el bien de la persona excomulgada. De seguro que hemos de estar más preocupados por el bien de aquellos que han sido nuestros hermanos y que están ahora bajo la operación del medio usado por nosotros para su bien que por aquellos con nunca hemos tenido ninguna relación especial…
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Por otro lado, la persona expulsada debe ser tratada con más desprecio y menos respeto que a los paganos en cuanto al amor que antes se le daba y que resultaba en complacencia para ella. Esto resulta claro por el texto y el contexto. Porque el apóstol no requiere que evitemos la compañía de los paganos o los fornicarios del mundo, pero requiere expresamente que evitemos la compañía del hermano culpable de uno de los pecados señalados en el texto y otros similares.
Esto también es evidente en razón de la primera pregunta. Porque aquellos que una vez fueron cristianos visibles y han caído en pecado, de modo que ya no lo son visiblemente, merecen ser tratados con más aborrecimiento que aquellos que nunca han pretendido ser cristianos. El pecado de los primeros, al violar su profesión de fe, es más grave que el pecado de los que nunca han profesado serlo…
SEGUNDA PREGUNTA.¿Qué bondad y respeto podemos y debemos mostrar a tales personas? Respondo: Hay algunas cosas por medio de las cuales les corresponde a los miembros de la iglesia demostrar bondad hacia ellas. Estas son, principalmente, orar por ellas y amonestarlas. También deben ser objeto de las ayudas caritativas cuando las necesiten; ayudándoles cuando están enfermas y pasando por alguna aflicción, dándoles una mano como seres humanos, en lo que sea necesario para sustentar y defender su vida y propiedades. Los deberes de las relaciones naturales y de urbanidad deben seguir cumpliéndose. La excomunión no libera a los hijos de sus obligaciones hacia sus padres ni a los padres de su afecto y cuidado por sus hijos. Ni quedan esposas y esposos libres de las obligaciones correspondientes a su relación. Y así es también con todas las otras relaciones de menos importancia, sean estas naturales, domésticas o civiles.
3. Quedan privados de lacomuniónde la iglesia cristiana_._La idea correcta de la _iglesia visible_de Cristo es que constituye esa parte de la humanidad que, como su pueblo, está unido en mantener la adoración que él prescribió. Para los fines de este tratado, definimos a una iglesia visible particular de Cristo, como una sociedad determinada de fieles o santos visibles, unidos para el culto público de Dios de acuerdo con sus preceptos u ordenanzas. Siendo así, un privilegio grande y principal que los miembros de una iglesia tal disfrutan es la comunión en la adoración que Dios prescribió. Pero los que son expulsados quedan privados de este privilegio: no tienen nada de compañerismo, nada de comunión con el pueblo de Dios en ninguna parte de su adoración.
El que es la voz de la congregación adoradora elevando oraciones públicas, lo es solo de la sociedad adoradora, ya que los excomulgados están expulsados de esa sociedad. La iglesia puede y debe orar por ellos, pero no puede tener con ellos comunión en la oración…como hemos dicho anteriormente, las personas expulsadas están en este respecto echadas fuera del amor de la iglesia quien entonces las considera impías y enemigas de Dios, [tratándolas] como tales.
Por ende, cuando una congregación de santos visibles se une para cantar las alabanzas de Dios, como dice el salmista “Exaltemos a una su nombre” (Sal. 34:3), lo hacen solo entre los que son, en su opinión, siervos hermanos y hermanos adoradores de Dios. No lo hacen como uniéndose a paganos, ni le dice el pueblo de Dios a los enemigos declarados de Dios: “Vengan ‘y exaltemos a una su nombre’”, sino que se lo dicen a sus hermanos en el servicio de Dios. Si no debemos _juntarnos_en sociedad con personas expulsadas, muchos menos hemos de tener comunión con ellas en el culto solemne de adoración, aunque pueden estar presentes.
- Hay privilegios de una naturaleza más interna que disfrutan los que son miembros de la iglesia visible, de los cuales son privados las personas expulsadas. Siendo el pueblo del pacto de Dios, sus miembros reciben las bendiciones del pacto y por lo tanto se sienten más impulsados a acercarse a Dios en oración con el fin de pedir cualquier misericordia que necesitan. La iglesia visible es el pueblo entre el cual Dios ha puesto su tabernáculo y al cual quiere dar sus bendiciones. Pero los expulsados son, en un sentido, echados fuera de la vista de Dios, desterrados como lo fue Caín, aunque no privados de los medios de vida comunes (Gn. 4:14,16)… Hasta aquí he considerado la parte privativa del castigo de la excomunión.
En segundo lugar, procedo a la parte positiva, que se expresa como siendo “entregado a Satanás” en el versículo 5. Esto parece significar dos cosas:
1. Los excomulgados son entregados a lascalamidades **a las que están sometidos los que pertenecen al reino visible del diablo.**Al ser expulsados son echados fuera del pueblo visible de Dios, por ende, son considerados, por lo menos en la mayoría de los sentidos, como estando en las circunstancias miserables y deplorables en que viven los que están bajo la tiranía visible del diablo; como lo están los paganos. En muchos respectos, es indudable que sufren la cruel tiranía del diablo que concuerda con su condición de haber sido arrojados de su reino visible.
- Es razonable suponer que Dios quiera hacer del diablo el _instrumento_de esos castigos severos y distintivos que su apostasía merece. Dado que merecen un castigo más severo que los paganos y que son entregados a Satanás para la destrucción de la carne, bien podemos suponer que Dios permite a Satanás que moleste exterior o interiormente a los expulsados con medios muy severos para destruir la carne y de esta manera humillarlos, o que deja que el diablo tome posesión de ellos de manera atroz para endurecerlos y así destruirlos para siempre. Porque si bien los hombres tienen como objetivo solo la destrucción de la carne, al final de cuentas es la soberana voluntad de Dios la que determina si procede la destrucción de la carne o la destrucción eterna y más terrible de ellos mismos…
Mostraré ahora por quién será infligido el castigo:
1. Cuando es infligido regular y debidamente, se considera que es por obra deCristo mismo_._ La definición lo implica: es de acuerdo con su voluntad y según las instrucciones de su Palabra. Por lo tanto, él tiene que ser considerado como _rector_en ello, y debemos verlo como real y verdaderamente de él, tal como si estuviera sobre la tierra infligiéndolo personalmente.
2. Cuando es infligido por los hombres, lo es soloministerialmente. No actúan por sí mismos en esto, como no lo hacen cuando predicanla Palabra. Cuando se predica la Palabra, es la Palabra de Cristo la que se presenta, pues el predicador habla en nombre de Cristo como su embajador. Por lo tanto, cuando una iglesia expulsa a un miembro, la iglesia actúa en nombre de Cristo y bajo su autoridad, no la suya propia. De hecho, la Palabra promete que cuando la disciplina de un miembrose realiza debidamente, será confirmado en el cielo, es decir, Cristo lo confirmará reconociéndolo como un acto suyo. En su providencia futura, considerará lo realizado como realizado por él mismo; pondrá sus ojos sobre la persona y la tratará como echada fuera y entregada a Satanás por él mismo. Si no se arrepiente, [Cristo] lo rechazará para siempre: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt. 18:18). “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Jn. 20:23).
Tomado de “The Nature and End of Excomunication” (La naturaleza y finalidad de la excomunión) en The Works of Jonathan Edwards (Las obras de Jonathan Edwards), Tomo 2, 118-21, The Banner of Truth Trust, www.banneroftruth.com.
Jonathan Edwards (1703-1758): Predicador congregacional norteamericano, reconocido por su predicación durante el Gran Despertar junto con George Whitefield; nacido en East Windsor, Colonia de Connecticut.