Cristo en todas las Escrituras
Charles H. Spurgeon (1834-1892)
“Les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:27).
Los dos discípulos en el camino de Emaús, tuvieron un viaje muy provechoso. Su compañero y maestro era el mejor de los tutores. El intérprete ⦋era⦌ uno entre mil “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col. 2:3). El Señor Jesús consintió en convertirse en un predicador del Evangelio y no se avergonzó de ejercer su llamamiento ante una audiencia de dos personas; y tampoco rehúsa ahora, convertirse en maestro de una sola persona. Busquemos la compañía de tan excelente instructor porque hasta que Él no nos haga sabios, nunca seremos sabios para la salvación.
Este inigualable tutor, utilizó como su libro de clase el mejor de los libros. Aunque era capaz de revelar nuevas verdades, prefería exponer las antiguas. Él sabía, por su omnisciencia, cuál era la manera más instructiva de enseñar y, dirigiéndose inmediatamente a Moisés y a los profetas, nos mostró que el camino más seguro hacia la sabiduría no es la especulación, el razonamiento o la lectura de libros humanos, sino la meditación en la Palabra de Dios. La manera más fácil para ser espiritualmente rico en el conocimiento celestial, es cavar en esta mina de diamantes y recoger perlas de este mar celestial. Cuando Jesús mismo trató de enriquecer a otros, trabajó en la cantera de la Sagrada Escritura.
El par favorecido fue llevado a considerar el mejor de los temas, pues Jesús habló de Jesús y expuso las cosas concernientes a Él mismo. Aquí, el diamante cortó al diamante y, ¿qué podría ser más admirable? El Señor de la Casa abrió sus propias puertas, condujo a los invitados a su mesa y colocó sobre ella sus propios manjares. El mismo que escondió el tesoro en el campo, guio a los buscadores hasta él. Nuestro Señor hablaba, naturalmente, de los temas más dulces y no podía encontrar ninguno más dulce que su propia persona y obra.
Con la vista puesta en ellos, debemos escudriñar siempre la Palabra. ¡Oh, por gracia para estudiar la Biblia con Jesús como nuestro maestro y nuestra lección!
Tomado de Mañana y tarde: Lecturas diarias (Morning and Evening: Daily Readings) (London: Passmore & Alabaster, 1896); de dominio público.