Cristo, el Sol de Justicia‌‌‌‌

Richard Sibbes (1577-1635)

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (Malaquías 4:2).

Apartir de la creación más gloriosa —“el sol”— se manifiesta al Creador más glorioso —“Cristo Jesús”— aprovechando la ocasión para ayudar, en gracia, a nuestro entendimiento mediante las cosas naturales1. Nos enseña así, a hacer un doble uso de la creación, corporal y espiritual. A partir de la excelencia de las cosas creadas, Él eleva nuestras mentes para considerar la excelencia del Creador. Así que, si estas cosas tienen belleza y fuerza, y son gratas, cuánto más lo es Aquel que las dota de estas cualidades. Así, como los ríos conducen al mar, así estas cosas creadas deben conducirnos a la gloriosa majestad de Dios.

Pero la principal observación es que Cristo es el Sol de justicia. Porque, así como por naturaleza no se halló engaño en sus labios, así Él es, habitual y realmente, justo. Él es sabiduría, justificación2, santificación3 y redención4 (1 Co. 1:30). Él es comparado con el sol porque,…

En primer lugar, como toda la luz se reunió en el cuerpo del sol y de él [se comunica] a nosotros, así “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Col. 1:19). Por tanto, los que buscan la perfección fuera de Cristo, buscan la luz fuera del sol.

En segundo lugar, así como no hay sino un sol, tampoco hay sino un Sol de justicia. Por lo tanto, ¿qué necesidad hay de dos cabezas o dos maridos? ¡Necesariamente, uno de ellos es adúltero! Cristo lo hace todo mediante su Espíritu, Quien es su vicario5. No es necesario otro vicario, aunque hubiera mil mundos más.

En tercer lugar, como el sol está arriba en el firmamento, así Cristo es exaltado a lo alto para transmitir sus gracias y virtudes a todo su [pueblo] aquí abajo. [Así como⦌ el sol da vida y vitaliza la tierra, sí, y todas las cosas que hay en ella, aunque no sea sino un sol.

En cuarto lugar, así como el sol obra en gran manera en todas las cosas de aquí abajo, así también Cristo lo hace.

En quinto lugar, así como el sol es la fuente de la luz y el ojo del mundo, así Cristo es la fuente de toda luz espiritual. “Yo soy la luz del mundo”, dice de Sí mismo (Jn. 8:12). Él es esa luz que alumbra al mundo, dice san Juan de Él (Jn. 1:9) y, por eso, Zacarías lo denomina “la aurora6 que nos visitó desde lo alto” (Lc. 1:78).

En sexto lugar, así como el sol nos indica hacia dónde ir y por cual camino, así Cristo nos enseña a ir al cielo y por qué medios —qué deberes cumplir, qué cosas evitar y qué cosas soportar—.

En séptimo lugar, así como el sol es agradable (Ec. 11:7) y las tinieblas son terribles, así Cristo es reconfortante. Porque donde Él llega, hace que todos estén en paz y envía a su Espíritu, el Consolador. Ahora Él está en el cielo. Por tanto, así como la ignorancia y el error se expresan por las tinieblas, así, en cambio, el gozo y la honra y el conocimiento que trae, se expresan por la luz (Est. 8:16); Cristo es quien nos guía, nuestro sostén. Sin Él, ¿qué somos? ¿Y qué hacemos, sino gloriarnos en nuestra vergüenza?

En octavo lugar, por los rayos del sol se transmite la influencia7 para hacer crecer las cosas, y distinguir los tiempos y las estaciones. Así, Cristo, por su poder, anima todas las cosas y por eso se le llama el “espíritu vivificante” (1 Co. 15:45). Porque Él vivifica el alma muerta y oscura, la cual, hasta que Cristo brille sobre nosotros, será un calabozo de ignorancia e incredulidad. Y así como su Espíritu sopla sobre nuestros espíritus, así también, obra una primavera en el crecimiento de la gracia o un verano en la fuerza del celo.

En noveno lugar, el sol produce estos efectos, no descendiendo hasta nosotros, sino por influencia. Y entonces, ¿seremos tan tontos como para imaginar que Cristo debe venir necesariamente, de manera corporal a nosotros en el sacramento8 o que no hay otra obra del Espíritu por medio de esa ordenanza? ¿Siendo el sol naturalmente tan poderoso en su operación, no será este Sol de justicia más poderoso por la influencia de su Espíritu para consolarnos y vivificarnos, aunque Él no venga corporalmente en un pedazo de pan?

En décimo lugar, así como el sol obra libremente, extrayendo vapores para disolverlos en lluvia sobre la tierra y refrescarla cuando está seca, así lo hace Cristo. Él vino libremente del cielo a nosotros y, libremente, atrae nuestros corazones al cielo, los cuales no pueden ascender allá, sino por su poder de exhalación9. Cristo es nuestro imán que atrae hacia arriba estos corazones nuestros tan duros como el hierro, haciéndonos despreciar este mundo vil, considerándolo escoria y estiércol…

En undécimo lugar, como el sol brilla sobre todos, pero no calienta a todos, así Cristo es ofrecido a todos. Él brilla sobre todos los lugares donde llega el Evangelio, pero no todos son iluminados y no todos los que son iluminados, arden en amor por Él. Es más, algunos se endurecen más, dado que es la naturaleza del sol endurecer algunos cuerpos.

En duodécimo y último lugar, así como el sol vivifica y da vida a las criaturas muertas[^56], así también Cristo, por su poder, vivificará nuestros cuerpos muertos y los resucitará cuando venga para juzgar. Y a pesar de todos estos detalles, Él no es en todo semejante porque el sol brilla sobre todos por igual. Pero Cristo no es así, porque muchos están en tinieblas eternas, a pesar de esta luz. Él es misericordia y, sin embargo, muchos están en miseria.

Tomado de Las obras completas de Richard Sibbes, (The Complete Works of Richard Sibbes), ed. Alexander Balloch Grosart, Vol. 7 (Edinburgh; London; Dublin: James Nichol; James Nisbet and Co.; W. Robertson, 1864), 169-170; de dominio público.


Richard Sibbes (1577-1635): Uno de los primeros predicadores puritanos en Cambridge y, más tarde, en Gray’s Inn, Londres; nacido en Tostock, Suffolk, Inglaterra.

Ciertamente, el Antiguo Testamento contiene mucho más de Cristo de lo que algunos admiten. Partes del [Salmo 21], no pueden recibir más que una interpretación superficial y pobre, a menos que se apliquen a Cristo. —William S. Plumer

El Verbo encarnado es la clave de la Palabra escrita. Es la Persona y la obra de Cristo lo que da sentido y bendición a lo que se encuentra en los tipos del Antiguo Testamento. —A. W. Pink

Footnotes

  1. Nota del editor – Este artículo ha sido editado más de lo habitual para facilitar su lectura.

  2. Justificación – La justificación es un acto de la gracia de Dios, en que Él perdona todos nuestros pecados (Ro. 3:24; Ef. 1:7) y nos acepta como justos delante de Él (2 Co. 5:21), sólo por la justicia de Cristo imputada a nosotros (Ro. 5:19) y recibida sólo por fe (Gá. 2:16; Fil. 3:9) (Catecismo de Spurgeon, Pregunta 32) y ver Portavoz de la Gracia Nᵒ 4: Justificación. Ambos disponibles en Chapel Library.

  3. Santificación – La santificación es la obra del Espíritu de Dios (2 Ts. 2:13) por la que somos renovados en todo a la imagen de Dios (Ef. 4:24) y nos vamos capacitando, más y más, para morir al pecado y vivir para Dios (Catecismo de Spurgeon, Pregunta 34) y ver Portavoz de la Gracia Nᵒ35: Santificación. Ambos disponibles en Chapel Library.

  4. Redención – Liberación de los hijos de Dios del pecado, mediante el rescate pagado por Cristo en su favor.

  5. Vicario – Persona que actúa en lugar de otra; el Espíritu representa a Cristo en la tierra.

  6. Aurora – Amanecer; salida del sol.

  7. Influencia – Capacidad, poder, energía.

  8. Nota del editor – Como creen los católicos romanos acerca de la transubstanciación.

  9. Poder de exhalación – Se refiere al poder de atraer hacia arriba.