Cristo, el Siervo elegido
Matthew Henry (1662-1714)
“He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley” (Isaías 42:1-4).
Estamos seguros de que estos versículos deben entenderse con relación a Cristo, pues el evangelista nos dice, expresamente, que en Él se cumplió esta profecía (Mt. 12:17-21). “Mirad con ojos de fe, mirad y observad, mirad y admirad a mi Siervo, a Quien sostengo”. Que los santos del Antiguo Testamento lo contemplen y lo recuerden. Ahora, ¿qué debemos contemplar y considerar con respecto a Él?
I. La preocupación del Padre por Él y su relación con Él, la confianza que puso y la complacencia que tuvo en Él. Esto lo honró y lo hizo notable por encima de cualquier otra circunstancia (v. 1). 1. Dios lo considera como un servidor para Él: Él es “mi siervo”. Aunque era Hijo, como Mediador1, tomó la forma de siervo, aprendió la obediencia a la voluntad de Dios y la practicó, y se entregó a Sí mismo para promover los intereses del reino de Dios. [En esto] fue siervo de Dios. 2. Como un elegido por Él: Él es “mi escogido”. No se impuso a Sí mismo en el servicio, sino que fue llamado por Dios y escogido como la persona más apta para ello. La Sabiduría infinita hizo la elección y luego, la declaró. 3. Como alguien en quien puso su confianza: “Es mi siervo en quien me apoyo”, así lo leen algunos. El Padre depositó en Él la confianza de que llevaría a cabo su plan y, con esa confianza, llevó a “muchos hijos a la gloria”. Fue una gran confianza la que el Padre depositó en el Hijo, pero le sabía a la altura, capaz y fiel. 4. Como alguien a quien cuidaba: “He aquí mi siervo, yo le sostendré”; así lo leemos. El Padre lo sostuvo y lo confirmó, sosteniéndolo; estuvo a su lado y le fortaleció. 5. Como alguien en quien se complacía plenamente: “Mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento”. Su contentamiento estaba en Él desde la eternidad, cuando “con él estaba yo ordenándolo todo” (Pr. 8:30). Tuvo una satisfacción especial en su compromiso: Se declaraba complacido en Él (Mt. 3:17; 17:5) y, por eso, lo amaba porque puso su vida por las ovejas. Dejemos que nuestras almas se deleiten en Cristo, se apoyen en Él, se regocijen en Él y así, estemos unidos a Él. Entonces, por su causa, el Padre estará complacido con nosotros.
II. La cualificación de Él para su oficio: “He puesto mi Espíritu sobre Él” para capacitarle para llevar a cabo su plan (Is. 61:1). El Espíritu, no sólo vino, sino que “reposó sobre él” (Is. 11:2), no “con medida”, como sobre otros siervos de Dios, sino sin medida (Jn. 3:34). Aquellos a quienes Dios emplea como sus siervos, como a Él, los sostendrá y se complacerá en ellos, pondrá su Espíritu sobre ellos.
III. La obra para la cual ha sido designado: Es traer “justicia a las naciones”, es decir, en infinita sabiduría, santidad y equidad, establecer una religión en el mundo, bajo cuyos lazos, las naciones deberán venir y cuyas bendiciones deberán disfrutar. Él vino para dar a conocer los juicios del Señor a las naciones, los cuales habían estado ocultos para ellas (Sal. 147:20) porque Él había de ser “una luz para iluminarlas” (Lc. 2:32).
IV. La dulzura y la ternura con que debe llevar a cabo este plan (vv. 2-3). Lo llevará a cabo 1. En silencio y sin ruido. “No gritará, ni alzará su voz” (Mt. 12:19). No será proclamado: “Aquí está el Cristo, o mirad allí está” (Mr. 13:21) como cuando los grandes príncipes marchan en cabalgata o hacen una entrada pública. No se tocarán trompetas delante de Él, ni le seguirá ningún séquito ruidoso. No luchará contra la oposición que encuentre, sino que soportará pacientemente la contradicción de los pecadores contra Él mismo. Su reino es espiritual y, por lo tanto, sus armas no son carnales, ni su apariencia pomposa. No se presenta con ostentación. 2. Suavemente y sin rigor. Él será paciente con aquellos que son malvados cuando haya comenzado a aplastarlos, dado que ellos son como cañas cascadas. Les dará tiempo para arrepentirse y no los quebrantará de inmediato. Los soportará como lo hizo con Jerusalén, aunque sean tan ofensivos como el humo en su furor (Is. 65:5). Será tierno con los débiles, con los que sólo tienen un poco de vida, un poco de calor. [A los] que son débiles como una caña, oprimidos por dudas y temores como una caña cascada, que son como pábilo que humea, como la mecha de una vela recién encendida, que está a punto de apagarse de nuevo —Él no los despreciará; no abogará contra ellos con su gran poder—. [No les] impondrá más trabajo ni más sufrimiento del que puedan soportar, lo cual los quebrantaría y apagaría. Sino que, con gracia, [Él] considerará su condición. Hay más implicado aquí de lo que se expresa. Él no quebrará la caña cascada, sino que la fortalecerá para que se convierta en cedro en los atrios de nuestro Dios. No apagará el pábilo humeante, sino que lo hará arder. Nota que Jesucristo es muy tierno con los que tienen verdadera gracia, aunque no sean más que débiles en ella; y [Él] acepta la buena voluntad del espíritu, perdonando y pasando por alto la debilidad de la carne.
V. El valor y la constancia con que debe perseverar en este plan, a fin de llevar a cabo su propósito (v. 4): “No se cansará ni desmayará”. Aunque encuentra un duro trabajo y mucha oposición, y [aunque] prevé cuán ingrato será el mundo, no obstante, continúa con su parte de la obra hasta que puede decir: “Consumado es” (Jn. 19:30). Él capacita a sus Apóstoles y ministros para que también continúen con los suyos y no fracasen ni se desanimen hasta que ellos, de igual manera, hayan terminado su testimonio. Así, Él cumple lo que se había propuesto. 1. “Por medio de la verdad traerá justicia”. Mediante una larga serie de milagros y su resurrección al final, evidenciará2 plenamente, la verdad de su doctrina, y el origen divino y la autoridad de la santa religión que vino a establecer. 2. Establece el juicio en la tierra. Él erige su gobierno en el mundo, una Iglesia para Sí mismo entre los hombres. [Él] reforma el mundo y, por el poder de su Evangelio y de su gracia, establece en la mente de los hombres, principios que tienden a hacerlos sabios y justos. 3. Las costas de las naciones “esperarán su ley”, esperarán su Evangelio, es decir, le dan la bienvenida como si hubiera sido algo que habían esperado durante mucho tiempo. Se convertirán en sus discípulos, se sentarán a sus pies y estarán dispuestos a recibir la ley de su boca: “¿Qué quieres que hagamos?”.
Tomado del Comentario de toda la Biblia de Matthew Henry (Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible), de dominio público.
Matthew Henry (1662-1714): Predicador, autor y comentarista presbiteriano; nacido en Broad Oak, Flintshire, Gales, Reino Unido.
“Escudriñad las Escrituras… ellas son las que dan testimonio de mí”. —Juan 5:39
“…demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”. —Hechos 18:28
Cuando [Jesús] reprendió a los dos discípulos por su lentitud de corazón para creer, se nos dice que “comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lc. 24:27). Los oráculos divinos se designan como “la palabra de Cristo” (Col. 3:16) porque Él es la sustancia de ellos. Donde no han llegado las Escrituras, Cristo es desconocido. Clara prueba de ello es que no es posible conocerlo aparte de su testimonio inspirado. —A. W. Pink
Footnotes
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Mediador – Literalmente: Intermediario. “Agradó a Dios, en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, su Hijo unigénito, conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el Mediador entre Dios y el hombre; Profeta, Sacerdote y Rey; Cabeza y Salvador de la Iglesia, el heredero de todas las cosas y Juez del mundo; a Quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera su simiente y para que a su tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara” (Confesión de Fe Bautista de Londres 1689, 8.1) y ver Portavoz de la Gracia Nᵒ 23: Cristo el Mediador. Ambos disponibles en Chapel Library. ↩
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Evidenciar – Mostrar de forma clara; probar. ↩