El pecado infernal del descontento
Thomas Boston (1676-1732)
_“_No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:17).
Pregunta:“¿Qué se prohíbe en el Décimo Mandamiento?”. **Respuesta:**El Décimo Mandamiento prohíbe todo descontento por nuestra condición; la envidia o el pesar por lo bueno de nuestro prójimo; y todo deseo o aflicción desordenada hacia las cosas que son suyas”1. Este mandamiento es un freno para el corazón desordenado del hombre que, de todas las partes del cuerpo, es la más difícil de controlar y mantener dentro de sus límites. La conducta del hombre puede ser cortés y complaciente: puede impedir que sus manos maten o cosa parecida, guardar su cuerpo de contaminación, sus manos de robar y su lengua de mentir, mientras que, a pesar de todo esto, el corazón dentro del pecho es como un mar tempestuoso que obedece al mandato divino: “Calla, enmudece” (Mr. 4:39).
El corazón corrompido por el pecado original se desborda en la facultad irascible2, manifiesta en pasiones tempestuosas, una aversión del corazón por lo que el Señor, en su sabiduría, da al hombre… El corazón corrupto del hombre reacciona en dirección opuesta a la voluntad de Dios, negándose a aceptar lo que Él quiere y aferrándose a lo que manda que nos distanciemos. La fuente corrupta con sus varios arroyos es aquí prohibida… Observemos…
Las pasiones atormentadoras en las que se manifiesta la corrupción de la naturaleza porque el pecado, en su propia naturaleza, esdesgracia**.** No tenemos más que tomar la senda de pecado para hacernos miserables y el camino elevado del deber para hacernos felices. Consideraremos la pasión tempestuosa del descontento con nuestro propio estado o condición. El mandamiento claramente lo prohíbe porque el descontento presupone3 la presencia de la codicia y no puede haber codicia de lo que queremos sin descontento con lo que ya tenemos…
PRIMERO, MOSTRARÉ EL MAL DEL DESCONTENTO Y PINTARÉ ESTE PECADO EN SUS NEGROS MATICES. Éste el color del infierno por todas partes.
- La naturaleza del descontento es una mezcla de los ingredientes más negros: Es la escoria del corazón corrupto que hierve y se mezcla hasta alcanzar su composición infernal.
La falta de sujeción y su rebelión contra la voluntad de Dios: “Como novilla indómita se apartó Israel” (Os. 4:16) —indómita—, rebelándose a la autoridad y sólo admitiendo su yugo cuando es forzada. El corazón descontento no puede someterse… Aunque Dios guía y gobierna el mundo, el descontento no quiere ser gobernado y se amotina en su contra. Lo que agrada a Dios, no lo agrada a él; lo que es bueno a los ojos de Dios, es malo a los ojos de él. Nada le agradará más que sacar de las manos de Dios las riendas del gobierno y manejarlas él mismo…
Tristeza del corazón bajo la dispensación divina hacia él: No es de acuerdo a su parecer y, entonces, su corazón se hunde en la tristeza (1 R. 21:4). Dios se interpone a la voluntad del descontento y él hiere su propio corazón con muchos pesares… Es un pesar mortal, una estocada de la espada al corazón mismo del hombre infligido por sus propias manos (2 Co. 7:10). Deshace su corazón… Lo hace decaer como Acab y es una carga más, encima del peso de su aflicción. Éste es el humo negro del descontento que, a menudo, estalla en una llama de fuego…
Enojo e ira contra su suerte: Murmuradores (Jud. 1:16). La palabra se refiere a los que están airados por su suerte y por la manera como Dios administra su Providencia al mundo. Están enojados con las dispensaciones de Dios y su corazón se levanta contra ellas y les gruñe. Ésta es una ira que resulta de preocuparse, por la que los hombres se inquietan y enojan en vano, como alguien que pega su cabeza contra la pared. La pared permanece intacta, ¡pero su cabeza está herida!…
Por último, hay en ello un sabor de blasfemia del corazón: [El descontento] golpea muy directamente contra Dios, el Gobernador del mundo, y acusa a su administración. Una evidencia de esto es que, a veces, irrumpe en palabras: “Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley…?” (Mal. 3:13-14).
El descontento acusa a Dios (1) de necedad —como si Él no fuera suficientemente sabio para gobernar el mundo—. La persona displicente y descontenta, en su opinión equivocada, ve muchas fallas en la conducta de la Providencia y pretende decirle a Dios cómo corregir su obra y cómo mejorarla… (2) de injusticia—como si hubiera sido injusto con nosotros—. El juez de toda la tierra es justo en todo. No puede ser extorsionado ni ser parcial. No obstante, el corazón descontento se levanta contra Él y blasfema diciendo que hace acepción de personas… Si _de hecho_merecemos lo malo, si nos toca, eso no es injusticia. Entonces, ¿por qué nos quejamos? Y para colmo lo acusa (3) de crueldad. Job, en un ataque de descontento se queja: “Te has vuelto cruel para mí” (Job 30:21). De esta manera, la bondad misma es blasfemada por el descontento que se comporta como si estuviera en las manos de un tirano sin misericordia que disfruta de la desgracia de sus súbitos. El descontento llena el corazón con pensamientos negros y duros acerca de Dios y lo presenta como un amo inflexible y un cruel señor. De otra manera, la gente callaría y se contentaría…
Ésta ha sido la figura del descontento. ¿No es cierto que es muy negra? ¡Hay toneladas de rebelión contra la voluntad de Dios! [Está] la tristeza que mata, el enojo mortal y la aborrecible blasfemia del corazón, mientras que no hay ni un grano de religión ni razón en esta composición infernal. Si se considerara una descripción del infierno, no sería equivocada. ¡Porque lo cierto es que el descontento es el infierno en el corazón y un emblema vivo del abismo de tinieblas!
2. Si observamos el descontento y su crecimiento, veremos más de cerca su maldad. Basa su crecimiento en:
Un juicio ciego que pone las tinieblas en lugar de la luz y la luz en lugar de las tinieblas. No puede captar la sabiduría en la conducta de la Providencia, quien hace todas las cosas bien. Cuando nuestras mentes ciegas empiezan a detallar el tema de la administración de la sagrada Providencia, tienden a producir descontento, el cual con respecto a la Providencia es siempre irrazonable. Notemos cómo el buen Jacob muestra su necedad e ignorancia de los métodos de la Providencia: “Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; contra mí son todas estas cosas” (Gn. 42:36). Comparemos esto con la promesa: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28) y compare el evento. Vemos que todas las cosas que pasaron eran para beneficio del buen patriarca y el de su numerosa familia… Nunca hay razón para el descontento, pero la mente ciega lo magnifica y apila sobre él tantas tonterías [que] por fin, el corazón no aguanta, como en el caso de Raquel. Cuando Raquel vio que no podía darle hijos a Jacob, envidió a su hermana. Le dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gn. 30:1). Es así que nuestra propia mente oscura es el yunque sobre el cual nuestras desgracias se martillan hasta hacerlas más grandes de lo que realmente son, se salen de la mano de Dios hasta que cubren de descontento nuestro corazón. Feliz es el hombre que puede tomar su cruz sin agregarle nada a lo que Dios dispone.
Un corazón orgulloso. El orgullo de Amán lo enfureció porque Mardoqueo no se arrodillaba y humillaba ante él (Est. 3:2, 5), algo que nunca hubiera molestado a un hombre humilde. El corazón orgulloso es un corazón amplio4 (Pr. 28:25). Lo poco no lo llenará; pasará mucho antes de que diga: “Es suficiente”, así que, naturalmente, esto producirá descontento. El diablo es la más orgullosa de las criaturas y, por ende, la más descontenta, porque el orgullo y el descontento viven siempre bajo el mismo techo…
Un afecto no mortificado hacia la criatura5 (1 Ti. 6:9-10). Jonás tenía una calabacera y estaba muy contento con ella. Le fue quitada y eso le produjo un gran descontento (Jon. 4:6, 9). El corazón se aferra tanto a tal o cual comodidad creada que llega a ser como un miembro vivo del cuerpo del hombre. Entonces, cuando le es quitado, ¿[es de extrañar que lance gritos] como si realmente le estuvieran amputando un miembro? …En cambio, si nuestro afecto por algo creado [ha sido mortificado por la fe en Cristo] —_como debiera ser—_no daremos lugar al descontento.
Un espíritu de incredulidad. La falta de fe impidió la aceptación de la ofrenda de Caín y, consecuentemente, abrió la esclusa6 del descontento en él. “Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante” (He. 11:4; Gn. 4:5). El descontento se alimenta de la necesidad; la fe brinda satisfacción a las necesidades y puede alimentarse de ella cuando es todavía una promesa. ¡No es de extrañar que el descontento prevalezca donde hay incredulidad! Una fe [viva] mata el descontento, mientras que la incredulidad lo alimenta y lo aprecia. El descontento pone una barrera efectiva en el camino al resto del corazón, al que nunca puede llegar, excepto por medio de Dios.
3. Lo veremos en su efecto y parecerá muy negro. El árbol es conocido por sus frutos.
Arruina la comunión y el acceso a Dios. El agua turbia y fangosa no recibe la imagen del sol con la claridad que la recibe el agua clara y mansa. De la misma manera, el corazón descontento es incapaz de tener comunión con un Dios santo (1 Ti. 2:8). “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Am. 3:3). Si alguien quiere tener comunión con Dios, su corazón no debe estar hirviendo de ira contra su hermano (Mt. 5:23-24). ¿Cómo entonces, la puede tener cuando está airado con su Dios, como lo está el descontento?
Incapacita al hombre para cumplir sus deberes santos —hablar con Dios en oración o que Dios le hable por medio de su Palabra— de manera que no los puede cumplir debida o aceptablemente. (1) Inutiliza su corazón como en el caso de Nabal. “Desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra” (1 S. 25:37). (2) Quita el deleite de las cosas espirituales, pervierte el gusto y les quita la sensibilidad hacia las personas, como sucedió en el caso de los israelitas en Egipto (Éx. 6:7-9). (3) Caer en el descontento desvía al corazón del deber cristiano y hace que [el pueblo de Dios] se aleje sistemáticamente de la adoración de Dios y lo sirva con desaliento y sin corazón, como lo hicieron los judíos en la época de Malaquías (Mal. 2:13-14). Su deslealtad hacia sus esposas causó su descontento e irritación, por lo que, cuando llegaban al templo, estaban de muy mal humor.
Arruina el bienestar de la sociedad y hace a la gente [desagradable] a quienes los rodean. Cuando Elcana subió a Silo con su familia para regocijarse ante el Señor, el enojo y la tristeza de Ana arruinaron la armonía (1 S. 1:7-8). Penina provocaba a Ana, Ana se enojó con ella y Elcana [se enojó] con ambas. El descontento es la pestilencia de la sociedad y hace diez veces peor a un mundo que ya de por sí es malvado. Hace que las personas sean una carga para otros porque les arruinan el día.
Es un tormento para uno mismo y convierte al hombre en su propio verdugo (1 R. 21:4). Lo cubre de tinieblas, diariamente lo alimenta de amargura y le da de beber hiel y ajenjo (Pr. 15:15). Le roba las mejores cosas que puede poseer en este mundo, como su paz y tranquilidad. Hace que su mente sea como un mar turbulento que no se puede calmar. El hombre descontento vive todo el tiempo en el potro7 de tormento y él mismo es su verdugo.
Succiona toda la savia de todo lo que uno disfruta. Así como unas pocas gotas de hiel amargan la copa de vino y unas pocas gotas de tinta enturbian la copa del más claro licor, el descontento amarga y enturbia todos los placeres… Lo vemos en Acab: “Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió” (1 R. 21:4). Así como el contentamiento convierte todos los metales en oro, el descontento los convierte en latón. ¿Qué gusto hay en la clara de un huevo sin sal? Lo mismo hay en cualquier placer bajo el sol sin contentamiento… por lo tanto, tenga el hombre lo que tenga, no disfruta más de lo que le da contentamiento.
Por ende, [el descontento] siempre produce ingratitud. Coloque la Providencia al hombre descontento en un paraíso: le prohíbe el fruto de un árbol… que lo amarga tanto que ya no da gracias a Dios por la gran variedad de delicias que el jardín le brinda. Todas estas no valen nada, mientras una de esas delicias esté fuera de su alcance… La ingratitud es un pecado de muerte negra: ¿cuánto más negro será aquello que lo causa?
Es una matriz fructífera de otros pecados. Da a luz a una gran camada de otras concupiscencias… Mencionaré como ejemplo tres de los más grotescos pescados fáciles de cometer, que son el producto natural del descontento. (1) Homicidio —el pecado más grotesco de la Segunda Tabla [Éx. 20:13]—… es el producto del descontento porque en cuanto el corazón, humeando de descontento, irrumpe en una flama, respira sangre y muerte… De él proceden las peores clases de homicidio: El de familiares más cercanos, como en el caso de Caín que dio muerte a Abel (Gn. 4:5, 8). Peor aún, es el descontento que causa el suicidio… Uno está cada vez más descontento con su suerte [y] su orgulloso corazón no puede soportarlo. Se desespera porque no puede [remediarlo] y se quita la vida. (2) Hacer tratos con el diablo —al estar airado con Dios, el descontento lo expone a caer presa de Satanás—. Saúl, en un arranque de descontento, recurrió a la adivina de Endor (1 S. 28). El corazón descontento es un corazón sombrío y se encuentra en aguas en que a Satanás le encanta pescar. He aquí el anzuelo con el que lo pesca: Promete hacer por él lo que Dios no hace o darle lo que Dios no le da. Y estando ellos concentrados en esto, sin poder estar aquietados sin esto, son fácilmente atrapados. (3) _Blasfemia contra Dios —_el pecado más grotesco de la Primera Tabla— porque de esa clase es el pecado imperdonable. El descontento es, por su propia naturaleza, una blasfemia en la práctica. Por lo tanto, cuando llega a un punto, irrumpe en blasfemias, como la de aquella abominable boca: “Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué he de esperar más a Jehová?” (2 R. 6:33). Por estar airada con Dios, la gente empieza a disputar con Él y a murmurar contra Él. Es difícil hablar y hablar correctamente bajo mucha presión. Quieran estos efectos convencernos de la maldad extraordinaria de esta raíz de amargura.
Por último, identifiquémoslo en las cualidades coincidentes, que no se ven en muchos otros pecados. Nombraré los siguientes:
El descontento es el conocido rebelde en el reino de la Providencia. Dios, quien ha creado al mundo, se adjudica a Él mismo su gobierno. ¡Pero el descontento intenta sacarle de las manos las riendas del mando! El descontento libra batalla con el Gobernador del mundo y contiende con Él, como si el barro pudiera contender con el Alfarero y decir: “¿Por qué me has hecho así?” (Ro. 9:20).
El descontento es un despreciador particular del reino de Gracia. Hay en él una malignidad particular contra la gracia del evangelio porque fomenta el menosprecio a Dios, al cielo y a todo lo que Cristo compró, lo cual el evangelio [declara] para llenar el gran vacío que sufre el hombre descontento (Éx. 6:7, 9). Es cierto, lo mismo sucede con otras concupiscencias como la codicia, la sensualidad y la blasfemia. Pero la diferencia es ésta: Estas concupiscencias tienen en sí un señuelo de ganancias o placeres y algo para poner en [lugar] de las cosas espirituales.
El hombre descontento no cuenta con un señuelo ni algo semejante que lo reemplace… él prefiere languidecer sin ningún consuelo antes que recurrir al evangelio…
El descontento sigue al hombre al reino de las tinieblas y lo acompaña para siempre. Hay algunas concupiscencias que los hombres no conservan más allá de la línea del tiempo. El codicioso aborrecerá su oro, dinero y riqueza en el infierno, el inmundo a sus repugnantes amigos, etc. Pero cuando el hombre descontento muere sin arrepentimiento, sus obras le siguen al abismo. En el infierno seguirá descontento para siempre, sin el más breve intervalo. Nunca volverá a sonreír, sino que una sombra eterna de tiniebla cubrirá su rostro. Se quejará, murmurará y exteriorizará su ira contra Dios y contra sí mismo, y blasfemará para siempre. Consideremos el mal en esto y mantengámonos en guardia…
SEGUNDO, VEAMOS AHORA ALGUNOS REMEDIOS CONTRA EL DESCONTENTO Y CONSEJOS PERTINENTES.
Pon en práctica las instrucciones para tener contentamiento. Particularmente, considera a Dios como tu Dios en Cristo y ocúpate de creer que lo es. Llévalo al espacio de lo que sea que te falta o que te pesa por ser algo que te descontenta. Sin esto, todo lo demás es en vano. ¡El gozo de Dios puede llenar el más grande vacío en tu corazón! “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” (Sof. 3:17).
Esfuérzate por ser humilde. La humildad nos muestra que realmente no valemos nada y protege al corazón contra el descontento (Gn. 32:10). Nos lleva a comprender que no somos nada y, por ende, a comprender el misterio de aquel texto: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:18). El que está convencido que merece la muerte no estará descontento si sólo es desterrado. Y el que cree que merece perder la presencia de Dios para siempre no se quejará de sus pérdidas temporales.
No te obsesiones con tus cruces, pues eso no hace más que causar y alimentar el descontento(Sal. 39:3)… Enfoca tu vista en las bendiciones que ya disfrutas y sé agradecido.
Cumple con fidelidad tus deberes religiosos. Ponte a menudo de rodillas y abre tu corazón ante el Señor. Cuéntale todas tus [necesidades]. Hacer esto dio a Ana un dulce contentamiento (1 S. 1:18). Recurre con frecuencia a tu Biblia y escucha las buenas nuevas… Hay allí manantiales de consolación que no notas hasta que participes en aquello para lo cual fueron puestas allí.
Ponle freno al descontento en cuanto asoma su cabeza. Córtalo de raíz porque es un fuego que cobra fuerza al extenderse… El descontento es contender con Dios y es como soltar el agua que, por más pequeño sea el chorrito al comienzo, crece hasta alcanzar un tamaño monstruoso si no se controla [a tiempo].
Por último, vive por fe. Es el mejor resguardo contra el descontento. La fe afirma el alma en toda circunstancia en las promesas [y] ofrece una vista favorable de todas las cruces y aflicciones que tienden al bien de la persona. La [fe] confía en gran medida en cosas que no ha visto y, por ello, reduce la preocupación por las cosas del mundo. En suma, la [fe] encuentra en Dios todo lo que necesita. Esto arrasa con el descontento.
Tomado de Del Décimo Mandamiento (Of the Tenth Commendment) en Las obras completas de Thomas Boston (The Complete Works of Thomas Boston), Tomo 2, Tentmaker Publications, www.tentmakerpublications.com.
**Thomas Boston (1676-1732):**Pastor y teólogo presbiteriano escocés. Nacido en Duns, Berwickshire.
Footnotes
-
Catecismo Menor de Westminster, P. 81 ↩
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Facultad irascible – En opinión de Platón, el coraje, el espíritu y el apasionamiento residían en la parte irascible del alma humana. ↩
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Presupuesto – Implícito como algo ya presente antes. ↩
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Corazón amplio – La palabra traducida “altivo” en Proverbios 28:25 es rachab, que significa “amplio, ancho de espíritu” y puede significar “arrogante” o “egoísta” (Willem VanGemeren, Diccionario del Nuevo Testamento de teología y exégesis del Antiguo Testamento (New Testament Dictionary of Old Testament Theology and Exegesis). ↩
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Un afecto no mortificado… criatura – Amor pecaminoso por las comodidades materiales que no se han hecho morir por fe en Cristo, dominio propio y oración. ↩
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Esclusa – Una presa con una puerta ajustable para controlar el flujo de agua. ↩
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Potro – Un instrumento de tortura que consiste en un marco en el que se estira a la víctima mediante rodillos giratorios a los que se ata las muñecas y los tobillos. ↩