Considerar: Una gran ayuda para el contentamiento

Thomas Jacombe (1622-1687)

“Pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”(Filipenses 4:11).

Consideremos el contentamiento en lo que respecta a la calma y compostura de la mente en toda condición, y la quietud y tranquilidad de espíritu en todos los casos de la Providencia. Cuando al hombre le agrada lo que Dios le hace a él o con él, sea lo que fuere… eso es contentamiento. Existe una gran afinidad1, aunque no una identificación perfecta, entre el contentamiento y la paciencia. Es lo opuesto a la irritación, la angustia y la murmuración, igualmente, el contentamiento es opuesto a toda perturbación mental incorrecta bajo las cosas ordenadas por Dios para nosotros que no cuadran con nuestros deseos naturales. Es indudable que ésta era una de las cosas, si no la principal, a la que se refería el Apóstol cuando dijo, “he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. Es como si hubiera dicho: “He llegado a esta posición: Siempre pensar bien de Dios y en cada estado en que le plazca colocarme. Lo que le place a Él, me place a mí; sea prisión, pobreza, enfermedad, oprobio o la muerte misma. Con que se haga la voluntad de Dios, estoy contento. He sido enseñado a tomar todas las cosas con gran [firmeza mental] o serenidad espiritual”.

Entonces, surge la pregunta: “¿Cómo podemos llegar a este excelente estado que es tener un corazón tranquilo y quieto en toda circunstancia, sin alterarnos ni sentirnos descontentos por nada que nos ocurra?”. Contestar esta pregunta es el tema de este trabajo…

Tenemos un buen consejo en Eclesiastés 7:14: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera2”. Cuando nos sucede algo contrario a nuestros deseos —eso lo convierte en “el día de la adversidad”— detenernos a considerar en nuestro estado, ayuda mucho para aquietar el espíritu. Considerar las cosas es una ayuda excelente para el contentamiento. El que no es reflexivo3 nunca aprenderá la lección del texto. Las perturbaciones de la mente no se evitan ni curan con encantamientos ni conjuros, sino con una seria y juiciosa consideración… ¿Saben cuál es ese tema especial y correcto a considerar para favorecer el contentamiento en cualquiera sea la situación? Consta de tres partes: Considerar:

Quién es el que ordena la situación: Sin duda alguna, es el Dios supremo, soberano quien determina todo. “En tu mano están mis tiempos” (Sal. 31:15). Lo mismo es con cada persona en el mundo y con todo lo relacionado con cada una. Todo está en la mano de Dios. Hay una Mano en las alturas que dirige todos los eventos aquí en la tierra. El que cuenta nuestros cabellos es el que ordena nuestro estado. El bien y el mal no suceden al azar, ni por casualidad o accidente. Ambos están dispuestos4 por la providencia de Dios, según su voluntad. Pareciera que coincidimos plenamente con esto, pero, en la práctica, lo olvidamos por completo o lo negamos rotundamente. Por lo tanto, mi consejo es éste: En cualquier momento en que sus corazones empiecen a atormentarse y desesperarse por su condición, deténganse y consideren, seriamente, Quién es el que ordena esa condición. Dejen que sus pensamientos se centren en eso y comprueben que es para su beneficio, a fin de acallar todas las perturbaciones indebidas de la mente. David nos dice: “En mi meditación5 se encendió fuego” (Sal. 39:3), es decir, “el fuego de la pasión”, según comentan muchos. Hay por cierto, una meditación que tiende a inquietar el corazón: Cuando todos nuestros pensamientos se concentran en estudiar lo que nos preocupa. En cambio, la meditación que ahora recomiendo, tiene un efecto muy distinto. Apaga el fuego, no lo aviva. Pienso que el cristiano no se perturba fácilmente por lo que le sucede, sin importar lo que sea, si considera que todo procede de Dios… ¿Es aceptable que la criatura se enoje con Dios, como se enojó Jonás? (Jon. 4:9). ¿Disputará el hombre con Dios? “Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?”(Is. 45:9; Ro. 9:20). ¿Será juzgada la Providencia en nuestros tribunales y chocará nuestra voluntad con la de Dios? ¡De ninguna manera! Hay toda razón en el mundo para que sea lo que fuere que complace a Dios, complazca también a la criatura. “Jehová es; haga lo que bien le pareciere” (1 S. 3:18)… “Jehová dio”, dijo Job, “y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). No conozco una manera más eficaz para lograr la quietud espiritual que considerar que todo es ordenado por Dios… Pero aquí en nuestra consideración, que a fin de tener un corazón tranquilo y en calma, es bueno… no sólo pensar que todo es ordenado por Dios, sino en cómo y de qué modo todo es ordenado por Él. Oh, si esto fuera meditado y digerido debidamente, sería de gran eficacia en aumentar el contentamiento.

Entonces, tengamos en cuenta cuatro aspectos de esto:

(1) Todo es ordenado por Dios irremisiblemente. “Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?” (Is. 43:13). Esto se aplica a todos los tratos providenciales de Dios con cada una de las personas en el mundo. Estos se efectúan con un poder tan imponente que es en vano que alguien quiera resistir y obstaculizar lo que Dios hará… No se puede contender con Él. “¿Ha de ser eso según tu parecer? Él te retribuirá, ora rehúses, ora aceptes, y no yo; di, si no, lo que tú sabes” (Job 34:33)… Si Dios lo concede, lo tendrás. Si Él lo retiene, todos los esfuerzos por obtenerlo serán infructuosos. ¡Ansiar que una aflicción desaparezca [contendiendo con Él] no dará resultado! Si la voluntad de Dios es quitártela, te será quitada. Si no lo es, tienes que seguir soportando. El contentamiento humilde logra mucho, no así el contender con soberbia. Dios sabe lo que tiene que hacer y nada impedirá que lo haga. Por lo tanto, oremos al Señor cuando aparezcan las primeras señales de apasionamiento6 en nuestra alma. Reflexionemos en esto con premura. Si el obrar de la Providencia ha de seguir su curso, no hay nada que interrumpa al Dios soberano y todopoderoso —“él hará todo lo que quiere” (Ec. 8:3) y “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef. 1:11)— por lo tanto, nuestro razonamiento y juicio nos dirá que es mejor ceder y someternos a este Dios, y aceptar aquello que no podemos cambiar.

(2) Todo es ordenado por Dios justa y rectamente. Él es justo y recto. “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Gn. 18:25). “Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Sal. 145:17). “Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos” (Ap. 15:3)… “Justicia y juicio son el cimiento de su trono” (Sal. 97:2)… Es éste un tema excelente para meditar cuando algo nos aflige. Bien puede haber contentamiento en cualquiera que sea nuestra situación cuando en cada escenario está presente la justicia de Dios. La Providencia puede, a veces, ser oscura y misteriosa, pero es siempre justa y recta. Dios puede afligirnos a veces, pero nunca ser injusto con nosotros. Sabe que no es bueno darnos todos nuestros deseos para complacernos; pero todo lo que hace por nosotros es bueno (Sal. 51:4; Lm. 1:18). ¿Nos quita una misericordia que no hayamos ya perdido? ¿Nos da una aflicción que nosotros ya hayamos merecido por nuestro pecado? De ser así, ¿no es mejor guardar silencio delante de Él? “¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado” (Lm. 3:39)… Proverbios 19:3 es un versículo tremendo: “La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón”. ¡Provocamos a Dios a afligirnos y, luego, nos enojamos con Él! Debiéramos enojarnos con nosotros mismos porque nuestros propios pecados son la única razón de nuestras miserias. A menudo, tenemos razones para estar descontentos con nuestro propio corazón por nuestro orgullo, carnalidad, ingratitud, incredulidad, etc. ¡Éste es un descontento bueno! Pero que jamás exista una razón para perturbarnos por lo que Dios hace: Él es santo y justo en todo lo que hace. Consideremos lo siguiente: “Tanta bondad me [falta], tanta maldad que siento. Pero, ¿es Dios injusto en cualquiera de los dos casos? Por supuesto que no porque lo merezco en un caso y en otro no. Entonces, ¿por qué contender o disgustarme con Dios?”. En suma, hagamos que esta consideración que aquieta el corazón, sea motivo de profunda reflexión: [Dios ha ordenado todo con justicia, por lo tanto, hemos de contentarnos con todo].

(3) Todo es ordenado por Dios sabiamente… Así como al principio hizo Dios todas las cosas con sabiduría infinita (Sal. 104:24), con esa misma sabiduría infinita dispone y gobierna ahora todas las cosas. Esto se aplica, no sólo en lo que se refiere a toda la creación en toda su plenitud, sino también con respecto a cada una de sus partes, especialmente, al ser humano… Si lo creyéramos y lo consideráramos, esto contribuiría grandemente a nuestro contentamiento, cualquiera que fuera nuestra situación. ¡Por cierto, es totalmente absurdo que encontremos falta o nos disguste aquello que Dios hace con sabiduría admirable!… ¿Por qué no contentarnos plácidamente con lo que Él sabe que es lo más adecuado y mejor para nosotros? “El hombre vano se hará entendido” (Job 11:12). ¡El hombre insensato piensa que hubiera podido ordenar las cosas mejor que Dios! Le encuentra fallas a lo que Dios hace con él, pero en última instancia, su pretendida sabiduría es su peor insensatez. ¡Qué decisiones sabias toma siempre Dios por los hombres! Los santos lo verán cuando vayan al cielo, si no antes. Entonces, ¿no habremos de someternos silenciosamente, a su voluntad diciendo: “Él nos elegirá nuestras heredades” (Sal. 47:4)?

Por otra parte, ¡qué triste decisión toman los hombres para ellos mismos cuando, en su descontento, determinan ser ellos mismos los que escogen su camino! Raquel quería tener un hijo a toda costa (Gn. 30:1). Lo tuvo y le costó la vida (Gn. 35:16-19). Jacob no puede [esperar] los tiempos de Dios para recibir su bendición y ¡en qué mundo de problemas se mete por su apuro! (Gn. 25:28). ¡Pobre criatura! ¡Para arruinarte, no necesitas más que dejarte elegir tu propia condición! ¿No es mejor dejar que Dios escoja por ti? Reflexiona en la soledad de tu cámara sobre esto: “¿Sabía Dios cómo hacer mi persona? ¿Sabe cómo ordenar mi condición? El que tiene suficiente sabiduría para conducir el ir y venir del universo y de la Iglesia, ¿no tendrá la sabiduría para conducir mi pequeño ir y venir? Aquel que tuvo una Providencia infalible para llevar al cielo a tantos santos, ¿no va a saber la mejor manera de hacer lo mismo conmigo? Él, que nunca cometió ni el más leve error en todas las obras que pasaron por sus manos, ¿cometerá un error en mi caso?”. Reflexiona sobre todo esto a ver si, acaso, [calme] todas las tormentas de nuestras pasiones. ¡Oh qué bendita serenidad mental deberíamos tener en cada situación si viviéramos creyendo con firmeza y dando seria consideración a la inescrutable sabiduría de Dios!

(4) Todo es ordenado por la gracia de Dios. “Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios” (Sal. 25:10). ¿[Sufres] pobreza, dolor, enfermedad, pérdida de relaciones, aflicciones mundanas? Todo es dado por misericordia o [con el fin de otorgar] misericordia al pueblo del Pacto de Dios… [Las aflicciones] vienen del amor de Dios y para hacer misericordia, siendo designios de Dios para bien, y nada más que bien, para aquellos que lo aman. Esto es algo especial en lo que deben pensar los que pertenecen a Dios. Los demás tienen la soberanía y justicia de Dios para atemorizarlos, en cambio, los santos tienen la misericordia y la bondad de Dios para obrar en su corazón y llevarlos a un sometimiento silencioso a su Voluntad. ¡Y cuánto hay en esta misericordia y verdad que, al considerarlas reflexivamente, conducen al contentamiento! ¡Qué! ¡Qué malo es que un hijo de Dios [se enoje y moleste] por esto o aquello cuando todo es para su bien y será bueno para él (según la gran promesa de Romanos 8:28)! Dios siempre sabe qué es lo mejor para los suyos, ¡tal es su sabiduría! Siempre hace lo que es mejor para los suyos, ¡tal es su misericordia! ¡Qué aliento para el corazón es meditar en esto! Hay mucho en los otros atributos ya mencionados para acallar las perturbaciones interiores, pero aún más en lo que me enfoco ahora. ¿Son la misericordia y la bondad los ingredientes para cada condición? Entonces, no haya nunca amargura, pues el sentido de esto es que la endulcen. ¿Es todo ordenado por un Padre, no para hacerle mal al hombre, sino para hacerle bien? Entonces, ¿por qué caer en el descontento? La verdad es que el estado de contentamiento en toda situación es algo que apenas alcanzamos, pues hay algo más elevado que debemos lograr: “Regocijaos en el Señor siempre” y “dad gracias en todo” (Fil. 4:4; 1 Ts. 5:18).

A fin de [lograr] contentamiento [Lo siguiente en lo que debemos enfocarnos y en que debemos centrar nuestros pensamientos] es el contentamiento mismo. Consideremos qué estado feliz y excelente es… El contentamiento [es]…

(1) Un estado de gracia. Incluye mucha gracia. Es un estado santo, bueno, lleno de gracia del alma. [El contentamiento indica que la persona tiene un correcto] sentido de Dios en su soberanía, justicia, sabiduría, bondad, etc. [Indica que la persona tiene un correcto] sentido de él mismo —un pobre, vil, despreciable ser—, “menor… que todas las misericordias” (Gn. 32:10). [Indica que la persona ha sometido, correctamente], su voluntad a la voluntad de su Creador y que vive entregada y a disposición total de su Hacedor. ¿No es esto santo y lleno de gracia? ¿Dónde se manifiesta la gracia más que en cosas como estas? El contentamiento evidencia mucha gracia, el descontento mucho pecado. Lo primero es un conjunto de varias gracias, lo segundo, un conjunto de varios pecados. En un estado de contentamiento hay humildad, fe, esperanza, paciencia, espiritualidad celestial, crucifixión al mundo, etc. En un estado de descontento hay soberbia, incredulidad, impaciencia, carnalidad y ¡ateísmo práctico! La verdad es que el contentamiento es mejor que cualquier consuelo que nos falte, el descontento es peor que cualquier mal que sintamos. Ningún placer exterior es comparable al bien de lo primero, ninguna aflicción exterior es comparable a la maldad de lo segundo.

(2) Muy agradable a Dios. Es un estado muy agradable a Dios. Cuando el hombre ha llegado al punto de entregarse él mismo y todas sus preocupaciones a los pies de Dios y decir: “Es el Señor. Haga conmigo y con lo mío lo que bien le parezca. Me agradará mucho todo lo que Él haga”. —¡Oh, esto complace de gran manera a Dios!—. Lo complacemos a Él cuando sus providencias nos complacen a nosotros… Nada provoca tanto a Dios como el espíritu murmurador e irritado. Nada le complace más que un espíritu aquietado.

(3) Muy beneficioso para nosotros. Los beneficios para nosotros son grandísimos: (i) Nos llena de consuelo. Nunca le falta consolación al que vive con contentamiento. El espíritu con contentamiento es un espíritu siempre alegre. Es un cielo sobre la tierra, así como lo opuesto es un infierno sobre la tierra. Es una mente en paz en toda condición. El hombre que goza de contentamiento tiene el consuelo, no sólo de lo que posee, sino también de lo que no posee. Lo que le falta de bienes exteriores está compensado por su sumisión interior. (ii) Es conveniente para cumplir su deber. ¡Señor! Cuando el corazón se queja y se subleva contra Dios, ¡qué inútil es para cumplir sus deberes! En cambio, cuando el espíritu está tranquilo y aquietado, hace todo bien… (iii) Siempre nos procura la misericordia que anhelamos o alguna otra que es mejor para nosotros. El descontento nos hace perder lo que tenemos; el contentamiento nos da lo que nos falta. Las quejas nunca han quitado una cruz ni dado un consuelo; la sumisión silenciosa hace ambas cosas. El padre sigue corrigiendo al hijo voluntarioso7; pero en cuanto cede y se aquieta, le da lo que sea. (iv) Endulza toda copa amarga. Este ingrediente quita la amargura de cualquier condición, igual como la rama arrojada por Moisés [quitó] la amargura de las aguas. Nada le falla a aquel que ha aprendido a contentarse.

Para finalizar este tema: Estamos perdidos por no considerar. El mundo gime bajo los efectos dañinos por no considerar… ¿Será por eso que existe tan poco contentamiento entre los hombres y los que profesan ser cristianos? ¿Que tan pocos han aprendido a contentarse cualquiera sea su situación? ¿Que la impaciencia, las quejas, las discordias con Dios y el descontento sean tan epidémicos? ¿Que la mayoría viva inconforme con su condición? ¿De dónde viene esto? Respondo: “En gran medida se debe al descuido general de la consideración reflexiva”. Si sólo pudiéramos hacer que los hombres consideraran el tema, el contentamiento no sería tan raro como lo es ahora. No afirmo que esto solo sería suficiente, pero créeme, ayudaría mucho.

Tomado de Cómo los cristianos pueden aprender a contentarse cualquiera sea su situación (How Christians May Learn in Every State to Be Content) en Sermones puritanos (Puritan Sermons), 1659-1689, Tomo 2, Richard Owen Roberts.


Thomas Jacombe (1622-1687): Pastor no conformista inglés, hombre de vida ejemplar y gran erudición; nacido en Melton Mowbray, Leicestershire.

¿Puedes regocijarte en las tribulaciones? ¿Estás contento a pesar del mundo? ¿Tienes contentamiento? ¿Eres independiente del mundo y todo su ruido y bullicio, su vacío espectáculo y todo lo que puede suceder en él? ¿Cuentas con un lugar de reposo, paz y quietud; un gozo calmado e imperturbable que el mundo no puede dar ni quitar? Si estas cosas tienes, “gran gracia” es sobre ti; la gracia de Dios en Jesucristo.

—David Martyn Lloyd Jones

Footnotes

  1. Afinidad – Naturaleza semejante.

  2. Considerar – Reflexionar con atención y detenimiento para formar una opinión sobre algo.

  3. Reflexivo – Inclinado a pensar o considerar las cosas.

  4. Dispuesto – Designado.

  5. Meditar – Reflexionar y/o estar absorto en sus pensamientos.

  6. Apasionamiento – Se refiere a indignación.

  7. Voluntarioso – Rebelde, obstinado, difícil de tratar.