Nuestra desesperada necesidad de autoridad

David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)

Si entiendo un poco la situación religiosa moderna, todo este asunto de la autoridad es uno de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos. Como tal, exige nuestro cuidadoso estudio. No hay duda de que las cosas están como están en la iglesia cristiana en todo el mundo hoy porque hemos perdido nuestra autoridad. Nos enfrentamos al hecho de que las masas del pueblo están fuera de la iglesia. Están ahí, sugiero, porque la iglesia, de una forma u otra, ha perdido su autoridad. Como resultado, la gente ha dejado de escuchar o prestar atención a su mensaje. Una gran búsqueda de lo que se ha perdido, caracteriza muchas de las actividades de la iglesia en este momento. Creo que este hecho es cierto para todos los sectores de la iglesia, incluido el sector evangélico, el cual, como trataré de mostrar más adelante, en común con los otros, ha estado tratando de producir un sustituto espurio1 y artificial.

Otra razón para considerar este tema es que varios movimientos contemporáneos y bastante exitosos deben su éxito, creo, a su pretensión de autoridad. Sin duda, el secreto del poder de la Iglesia Católica Romana radica en este hecho: Ella afirma tener autoridad y la gente está dispuesta a creer que la tiene. Esto es cierto, no sólo para la gente pobre y analfabeta, sino también para los intelectuales y las personas sofisticadas que han luchado con todas las problemáticas de la vida y del ⦋cómo⦌ vivir, y no han podido encontrar satisfacción. Al final, están listos para capitular2 y decir: “Aquí hay una gran iglesia que reclama autoridad. Esta iglesia ha estado funcionando a lo largo de los siglos. No puedo entender todo lo que dice; algunas cosas parecen difíciles. Pero, después de todo, habla con la autoridad de los siglos. Aquí está esta gran tradición. ¿Quién soy yo para oponerme a eso?”. Y así, capitulan y se preparan para creer todo lo que proclama esa iglesia.

En el extremo opuesto, creo que el éxito del pentecostalismo, hablando en general, debe atribuirse a la misma causa. Porque dentro de ese movimiento, parece haber una nota de certeza y seguridad —una nota de autoridad—. Lo mismo es cierto para muchas creencias, cuyo éxito debe atribuirse, de la misma manera, a su pretensión de poseer autoridad de una forma u otra.

Además, creo que toda esta cuestión de la naturaleza de la autoridad, está siendo planteada, agudamente en la actualidad, por movimientos como el Consejo Mundial de Iglesias3 y la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos4. La pregunta se hace en todas partes: “¿Hay alguna autoridad final?”. ¿Hay alguna fuente objetiva para esta autoridad? Una pregunta similar es: “¿Se puede conocer la verdad? ¿Se puede definir la verdad? ¿Puede establecerse en una serie de proposiciones?”.

Ahora, me parece que detrás de estas preguntas, está la sugerencia de que la verdad es tan grande y tan maravillosa que no se puede definir y, por lo tanto, que no se puede decir, definitivamente, que este punto de vista es correcto y aquél es incorrecto. El resultado es que el hombre promedio siente que no existe tal cosa como “autoridad objetiva”. Cierto autor, escribiendo hace aproximadamente un año, hizo la siguiente declaración: “El problema real hoy es entre la verdad y el fundamentalismo”. Obsérvese la forma en que lo expresó. El fundamentalismo, según ese escritor, no puede ser verdadero porque establece que la verdad puede reducirse a una serie de proposiciones.

Otro erudito perteneciente a la misma escuela de pensamiento, escribió un libro en el que se dispuso a tratar los fundamentos de la fe cristiana y todo el origen de nuestra posición. Al final, descartando todas las sugerencias de que se puede afirmar o definir la verdad en los credos y confesiones de fe, dijo que la situación es algo como esto: A un hombre se le ha dicho que si sólo sube a la cima de cierta montaña, obtendrá una vista magnífica. Allí, extendiéndose ante él, habrá un panorama admirable y maravilloso. Muy bien, el hombre está ansioso por ver esto. Comienza a escalar. Él sigue y sigue. El sol derrama sus brillantes rayos sobre él y, a pesar de eso, él continúa en el calor abrasador. Eventualmente, el ascenso se vuelve tan empinado que debe ponerse de rodillas. A medida que escala ciertos riscos, tiene que agarrarse de pequeños mechones de hierba. Pero vale la pena. Sigue luchando, con las manos y las rodillas sangrando, pero la búsqueda lo mantiene en marcha. Y, por fin, llega a la cima, y allí, he aquí, está el gran panorama. ¿Qué hace al respecto? ¿Intenta ahora reducir ese punto de vista, por así decirlo, a proposiciones y expresarlo en teoremas5? ¡Imposible! La cosa es demasiado grandiosa y demasiado magnífica. Se queda de pie con los ojos y la boca bien abiertos, perdido en una maravilla y un asombro estupendos. No puede volver a bajar y escribir todo lo que ha visto y sentido. Ciertamente, no puede definirlo. Eso es imposible. Así como no puedes analizar el aroma de una rosa, tampoco puedes reducir esta gran y gloriosa verdad a un número de afirmaciones y proposiciones. En otras palabras, es algo que sólo se puede experimentar, algo que se puede sentir. Podrías bailarlo. Podrías cantarlo. Pero no puedes expresarlo en proposiciones. No puedes definirlo. No se puede reducirlo a la forma de un credo.

Ahora, sugiero que como evangélicos, esa es la posición principal que debemos enfrentar en este momento. Hubo un tiempo en que nos enfrentamos a negaciones absolutas. La posición hoy no es esa.

En cambio, se nos dice que la verdad es tan maravillosa que no se puede definir. Un hombre puede decir esto y otro puede decir aquello. Se nos pide que creamos que, probablemente, ambos tengan razón. Todo el mundo tiene razón. Hay muchas maneras de llegar a esta cumbre. Por lo tanto, debemos dar la bienvenida a todos los enfoques y no debemos decir que un hombre no tiene la verdad porque no ha llegado a nuestro camino. Tal escuela de pensamiento afirma que estos son asuntos que, debido a la naturaleza misma de la verdad, no pueden definirse. Por lo tanto, no podemos hablar con seguridad del bien y del mal.

Otra razón que aduciría para estudiar el problema de la autoridad en nuestros días, está relacionada con el deseo de un avivamiento religioso. Cualquier estudio de la historia de la iglesia y, particularmente, cualquier estudio de los grandes períodos de avivamiento o despertar demuestra, por encima de todo, este único hecho: Que la iglesia cristiana, durante todos esos períodos, ha hablado con autoridad. La gran característica de todos los avivamientos, ha sido la autoridad del predicador. Pareció haber algo nuevo, extraordinario e irresistible en lo que él declaró en nombre de Dios.

La última razón, sugiero yo, es que este tema de la autoridad es, de hecho, el gran tema de la Biblia misma. La Biblia se nos presenta a sí misma como un libro autoritativo.

Con estos pensamientos en nuestras mentes, ocupémonos entonces, de este tema.

Tomado de Autoridad (Authority) (Edinburgh: Banner of Truth Trust, 1984), 7-10; usado con permiso; www.banneroftruth.org.


David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Predicador expositivo y autor galés.

Footnotes

  1. Espurio – Falso; no auténtico.

  2. Capitular – Rendirse.

  3. Consejo Mundial de Iglesias – Organización ecuménica mundial apóstata.

  4. Federación Mundial de Estudiantes Cristianos – Brazo estudiantil y juvenil de izquierda del movimiento ecuménico global.

  5. Teoremas – Ideas aceptadas como verdades comprobables.