Autoridad paterna

Richard Baxter (1615-1691)

El principal requisito para el correcto gobierno de las familias es la idoneidad de los gobernantes1 y de los gobernados… Pero si personas sin idoneidad para sus relaciones, se han unido en una familia, su primer deber es arrepentirse de su anterior pecado y temeridad, volverse pronto a Dios y buscar la idoneidad necesaria para el correcto desempeño de los deberes de sus diversos roles. Y en los gobernantes de las familias, estas tres cosas son de la mayor necesidad: 1. Autoridad2, 2. Habilidad, 3. Santidad y prontitud de voluntad.

I. Dirección General: “Que los gobernantes mantengan su autoridad en sus familias”. Porque una vez eso se pierde y eres despreciado por aquellos a quienes deberías gobernar, tu palabra no tendrá ningún efecto sobre ellos. No haces más que cabalgar sin brida. Tu poder para gobernar desaparece cuando pierdes tu autoridad. Y aquí, debes entender primero la naturaleza, el uso y la extensión de tu autoridad porque, así como tus relaciones son diferentes con tu esposa, tus hijos y tus siervos, así también lo es tu autoridad. Tu autoridad sobre tu esposa no es más que la necesaria para el orden de tu familia, la gestión segura y prudente de tus asuntos y tu cómoda convivencia. El poder del amor y el interés intrínseco, deben hacer más que las órdenes magistrales. Tu autoridad sobre tus hijos es mucho mayor; pero sólo la que, unida al amor, sea necesaria para su buena educación y felicidad… Para el mantenimiento de ésta, tu autoridad, observa las siguientes instrucciones.

Instrucción 1: “Que tu familia entienda que tu autoridad es de Dios, Quien es el Dios del orden, y que, en obediencia a Él, están obligados a obedecerte”. No hay poder, sino el de Dios y no hay nada que la criatura inteligente pueda reverenciar tanto como lo que es de Dios. Todos los lazos son fácilmente rotos y desechados (al menos por el alma, si no por el cuerpo), si no se perciben como divinos. Una conciencia iluminada dirá a los usurpadores ambiciosos: “A Dios conozco y a su Hijo Jesús conozco, pero vosotros ¿quiénes sois?”.

Instrucción 2: “Cuanto más de Dios aparezca en ti, en tu conocimiento, santidad e irreprensibilidad de vida, mayor será tu autoridad a los ojos de todos tus inferiores3 que temen a Dios”. El pecado los hará despreciables y viles; la santidad, siendo a la imagen de Dios, los hará honorables. A los ojos de los fieles, el “vil es menospreciado; pero honra [es dada] a los que temen a Jehová” (Sal. 15:4). “La justicia engrandece a la nación [y a la persona]; más el pecado es afrenta de las naciones” (Pr. 14:34). Los que honran a Dios, serán honrados por Él, y los que lo desprecian serán tenidos en poca estima (1 S. 2:30). Los que se entregan a conductas y “pasiones vergonzosas”, parecerán viles cuando así lo hagan (Ro. 1:26). Los “hijos de Elí se envilecieron” por su pecado (1 S. 3:13)4. Sé que los hombres deben reconocer y honrar a una persona puesta en autoridad por Dios, aunque sea moral y naturalmente vil; pero esto es tan difícil que, rara vez, se hace bien. Y Dios es tan severo con los transgresores orgullosos que, usualmente, los castiga haciéndolos viles a los ojos de los demás; a lo menos, cuando estén muertos y los hombres se atrevan a hablar libremente de ellos, sus nombres se pudrirán (Pr. 10:7). Los ejemplos de los más grandes emperadores del mundo —persas, romanos y turcos— nos dicen que, si se envilecen (mediante la lujuria, la embriaguez, la glotonería, el orgullo y, especialmente, la persecución), Dios, al descubrir su desnudez, permitirá que se conviertan en la vergüenza y el escarnio de los hombres. ¿Y pensará el malvado cabeza de familia, mantener su autoridad sobre los demás, mientras se rebela contra la autoridad de Dios?

Instrucción 3: “No muestres tu debilidad natural con pasiones o palabras o acciones imprudentes5”. Porque si ellos piensan despectivamente de [ti], una pequeña cosa los llevará, aún más, a despreciar tus palabras. Hay naturalmente en el hombre, tan alta estima de la razón que, difícilmente, pueden convencerse de que deban rebelarse contra la razón para ser gobernados (por amor al orden) por la insensatez. Son muy propensos a pensar que la razón más correcta debe ser la que gobierne. Por lo tanto, cualquier expresión tonta y débil, o cualquier pasión desordenada, o cualquier acción imprudente, son muy capaces de hacerte despreciable a los ojos de tus inferiores.

Instrucción 4: “No pierdas tu autoridad por ser negligente en usarla”. Si permites que los hijos y los siervos tengan por poco tiempo la dirección, y que tengan, digan y hagan lo que quieran, tu gobierno no será más que un nombre o una imagen. Una conducta moderada te preservará mejor del desprecio de tus inferiores. Evita tanto, un rigor señorial como una sujeción blanda o la negligencia en el ejercicio del poder de tu cargo.

Instrucción 5: “No pierdas tu autoridad por demasiada familiaridad”. Si haces de tus hijos y criados, tus compañeros de juego o tus iguales, y les hablas y permites que te hablen como si fueran tus compañeros… difícilmente, soportarán ser gobernados por ti, sino que despreciarán ser súbditos donde antes fueron iguales.

II. Dirección General: “Trabaja por la prudencia6 y la habilidad para gobernar”. El que se compromete a ser la cabeza de una familia, se compromete a ser su gobernador; no es un pequeño pecado o insensatez, asumir un cargo para el cual uno no es completamente idóneo cuando se trata de un asunto de tanta importancia. Podrías discernir esto en un caso que no es el tuyo como si un hombre se comprometiera a ser maestro de escuela sin saber leer ni escribir; o a ser médico sin conocer las enfermedades ni sus remedios; o a ser piloto7 sin saber cómo navegar y ¿por qué no puedes discernirlo mucho mejor en tu propio caso?

Instrucción 1: “Para obtener la habilidad de gobernar santamente, es necesario que seas bien estudiado en la Palabra de Dios”. Por tanto, Dios manda a los mismos reyes que lean en la Ley todos los días de su vida (Dt. 17:19) y que la Ley no se aparte de su boca, sino que mediten en ella, día y noche (Jos. 1:8). Y todos los padres deben ser capaces de enseñarla a sus hijos y “hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt. 6:7). Todo gobierno de los hombres está subordinado8 al gobierno de Dios para promover la obediencia a sus leyes. Y es necesario que comprendamos las leyes a las que todas las leyes y preceptos deben dar lugar y subordinarse.

Instrucción 2: “Comprende bien los diferentes temperamentos de tus inferiores y trátalos como son y como lo pueden soportar; y [no los trates] a todos por igual”. Unos son más inteligentes y otros más torpes; unos son de temperamento tierno y otros de temperamento endurecido. A algunos se les tratará mejor con amor y gentileza; y otros tienen necesidad de drasticidad y severidad. La prudencia debe ajustar tu trato a sus temperamentos.

Instrucción 3: “Debes hacer mucha diferencia entre sus diferentes faltas y, en consecuencia, adecuar tus reprensiones”. Se debe reprender más severamente a los que tienen más obstinación y a los que son deficientes en asuntos de mayor peso. Algunas faltas se deben más a la mera incapacidad y a la inevitable fragilidad de la carne que, en ellas, aparece muy poco de la voluntad. Éstas deben tratarse con más delicadeza, pues merecen más compasión que reprensión. Algunos son vicios habituales y toda la naturaleza está más desesperadamente depravada que en otros. Estos deben tener más que una corrección particular. Deben seguir un curso de vida que sea más eficaz para destruir y cambiar esos hábitos. Y hay quienes son rectos en el corazón, y en las cosas principales y más trascendentales, pero son culpables de algunas faltas reales y de éstas, unas rara vez y, otras, más frecuentemente. Si no diversificas, prudentemente, tus reprensiones según sus faltas, no harás sino endurecerlos y errar en tus fines porque hay una justicia familiar que no debe ser derribada, a menos que quieras derribar a tu familia, igual que hay una justicia más pública, necesaria para el bien público.

Instrucción 4: “Sé buen esposo para tu mujer, buen padre para tus hijos y buen amo para tus siervos; que el amor domine en todo tu gobierno para que tus inferiores descubran, fácilmente, que les conviene obedecerte”. Porque el interés y el amor propio son los gobernantes naturales del mundo. Y hacer que los hombres perciban que es por su propio bien y, atraer su amor propio hacia ti, es la manera más eficaz de procurar obediencia o cualquier bien para que vean que el beneficio es como si fuera suyo. Si no les haces ningún bien, sino que eres amargado, descortés y cerrado9 con ellos, pocos serán gobernados por ti.

Instrucción 5: “Si quieres ser hábil para gobernar a los demás, aprende primero a gobernarte, exactamente10, a ti mismo”. ¿Puedes esperar tener a otros bajo tu voluntad y gobierno más que a ti mismo? ¿Es apto para gobernar a su familia en el temor de Dios y una vida santa, quien es impío y no teme a Dios mismo? ¿O es apto para guardarlos de la pasión, la embriaguez, la glotonería, la lujuria o cualquier forma de sensualidad, quien no puede guardarse a sí mismo de ello? ¿No despreciarán los inferiores, tales reprensiones que son contradichas por ustedes mismos en sus vidas? Sabes que esto es verdad de los predicadores perversos; ¿no lo es también de otros gobernantes?

III. Dirección General: “Debes ser una persona santa si quieres ser un santo gobernador de tu familia”. Las acciones de los hombres siguen la inclinación de sus temperamentos. Ellos harán según ellos son. Un enemigo de Dios no gobernará una familia para Dios; ni un enemigo de la santidad (ni un extraño a ella) establecerá un orden santo en su casa y administrará santamente sus asuntos. Sé que es más cómodo y más fácil para la carne, llamar a otros a la mortificación11 y a la santidad de vida que llevarnos a nosotros mismos a ellas. Sin embargo, cuando lo que se necesita no es un simple mandamiento o deseo, sino un proceder de gobierno santo y laborioso, las personas impías (aunque algunas de ellas lleguen lejos) no tienen los fines y principios que tal obra requiere…

Instrucción 1: “Con este fin, asegúrate de que tu propia alma esté enteramente sometida a Dios y que obedezcas sus leyes con más exactitud de la que esperas que cualquier inferior obedezca tus mandatos”. Si tú te atreves a desobedecer a Dios, ¿por qué han de temer desobedecerte a ti? ¿Puedes vengar más severamente la desobediencia o recompensar más generosamente la obediencia de lo que Dios puede hacerlo? ¿Eres tú más grande y mejor de lo que es Dios mismo?

Instrucción 2: “Asegúrate de hacer tu tesoro en el cielo y haz que el deleite de Dios en la gloria, sea el fin último que mande tanto en los asuntos y el gobierno de tu familia como en todas las demás cosas que se te encomienden”. Dedícate a ti mismo y todo a Dios, y hazlo todo por Él. Haz todo como un viajero a otro mundo, cuyos asuntos en la tierra son sólo proveer para el cielo y promover su interés eterno. Si así te separas para Dios, serás santificado. Entonces, separarás todo lo que tienes para su uso y servicio, y esto, con su aceptación, lo santificará todo.

Instrucción 3: “Mantén la autoridad de Dios en tu familia con más cuidado que la tuya propia”. La tuya no es sino para Él. Reprende o corrige más agudamente a los que hacen mal y deshonran a Dios que a los que hacen mal y te deshonran a ti mismo. Recuerda el triste ejemplo de Elí —no le des poca importancia a ninguno de los pecados, especialmente, a los grandes pecados, de tus hijos o siervos—. Es una cosa odiosa, hacer liviana la causa de Dios y responder todo con un “No está bien hecho”, mientras que te enfureces, ferozmente, por la pérdida de algún pequeño bien tuyo. El honor de Dios debe ser el mayor en tu familia y su servicio debe tener la preeminencia sobre el tuyo. El pecado contra Él debe ser la ofensa más intolerable.

Instrucción 4: “Que predomine el amor espiritual a tu familia, que tu cuidado por la salvación de sus almas sea el más grande y que tu compasión sea la mayor en sus miserias espirituales”. Preocúpate, ante todo, de proporcionarles una porción en el cielo y de salvarlos de todo lo que pudiera privarlos de ella. Nunca prefieras los bienes transitorios12 de la tierra, antes que sus riquezas eternas. Nunca te distraigas con tantas cosas, que olvides que sólo una cosa es necesaria; antes bien, escoge para ti y para ellos la mejor parte (Lc. 10:42).

Instrucción 5: “No permitas que tu familia se mantenga en la ociosidad y en la complacencia de la carne, ni abrumada con tal multitud de asuntos que ocupen y distraigan sus mentes, desviándolas e incapacitándolas para las cosas santas”. Cuando Dios te impone la necesidad de trabajos excesivos, debes soportarlos con paciencia y alegría. Pero cuando te los impones, innecesariamente, por amor a las riquezas, no haces sino convertirte en tentador y atormentador de ti mismo y de los demás, olvidando los terribles ejemplos de los que tienen su camino alejado de Cristo y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores (1 Ti. 6:10).

Instrucción 6: “En la medida de lo posible, establece un orden constante en todos tus asuntos para que toda obra ordinaria conozca su tiempo y la confusión no impida la piedad”. Es una gran ayuda en todo llamado, hacer todo en un fijo y constante orden. Facilita las cosas. Elimina los impedimentos y promueve el éxito. La distracción en tus negocios causa distracción en tu mente de los deberes santos. Sé que algunas tareas, difícilmente, pueden ordenarse o metodizarse; pero otras sí, si se hacen con prudencia y diligencia. De este modo, el servicio de Dios se realizará mejor y tu trabajo se hará mejor para tranquilidad de tus siervos y sosiego de tu propia mente. La previsión y la habilidad te ahorrarán mucho trabajo y disgustos.

Tomado de Directorio cristiano (A Christian Directory in The Practical Works of Richard Baxter), Vol. 4, (London: 1830), 90-94; de dominio público.


Richard Baxter (1615-1691): Predicador y teólogo puritano no conformista inglés.

Es realmente triste, ver el desprecio casi universal de este Quinto Mandamiento en nuestros días. Es una de las más llamativas de las muchas “señales de los tiempos”. Hace mil ochocientos años, se predijo “que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural” (2 Ti. 3:1-3). Indudablemente, la culpa de la mayor parte de esto, recae sobre los padres que han descuidado tanto la formación moral y espiritual de sus hijos que (en sí mismos) no son dignos ni de respeto ni de honor. Cabe señalar que la promesa vinculada al cumplimiento de este mandamiento, así como el propio mandamiento, se repite en el Nuevo Testamento (Ef. 6:1-3). — Arthur W. Pink

Footnotes

  1. Gobernantes – Cabezas de familia.

  2. Nota del editor – Este artículo trata, únicamente, el tema de la autoridad.

  3. Inferiores – Personas de rango más inferior que otras de rango más superior; Baxter está hablando de posiciones de autoridad y rango, no de la naturaleza de cada uno.

  4. Nota del editor – 1 Samuel 3:13, en la versión en inglés KJV, usada por el autor, dice literalmente, “los hijos de Elí se envilecieron”, mientras que la versión RVR 1960 en español, dice: “sus hijos han blasfemado a Dios”.

  5. Imprudente – Sin sabiduría ni cautela.

  6. Prudencia – Sabiduría combinada con precaución.

  7. Piloto – Persona que gobierna un barco.

  8. Subordinado – En sumisión a.

  9. Cerrado – Tacaño o mezquino.

  10. Exactamente – Precisamente de acuerdo con el principio, la justicia o el derecho.

  11. Mortificación – Dar muerte al pecado por el poder del Espíritu Santo y la Palabra de Dios. Ver Portavoz de la Gracia Nᵒ 29: Mortificación. Disponible en Chapel Library.

  12. Bienes transitorios – Posesiones o dinero que no duran.