¿Apostasía parcial o total?
Ebenezer Erskine (1680-1754)
_“_Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:66).
¿Cuál es la diferencia entre la deserción parcial y temporal del piadoso y la apostasía total, final e irrevocable de los hipócritas y creyentes temporales? He aquí la respuesta.
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Cuando el creyente cae o recae en algún pecado, gime y se aflige bajo él. Le pesa como una carga demasiado pesada para soportar. “… Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla” (Sal. 40:12). No puede estar tranquilo ni satisfecho mientras no se recupere. Tenemos en el apóstol Pedro, un ejemplo de esto después de que diera ese sucio paso de deserción al negar a Cristo con maldiciones y blasfemias. No necesitó más que Cristo posara sobre él sus ojos, para salir fuera y llorar amargamente. Vemos lo mismo en David (Sal. 51). Culpable de homicidio y adulterio en el caso de Urías y Betsabé ¡cómo se lamenta y llora por su insensatez! Y lo que principalmente le afectó, no fue tanto el mal penal, sino el mal moral de su deserción. No es que lamentara que él mismo sufre, sino que Dios ha sido deshonrado y la religión herida por su culpa. Por eso dice David con gran dolor: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Sal. 51:4).
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Nunca podrán descansar ni estar tranquilos hasta que la culpabilidad e inmundicia de su pecado hayan sido expiadas1 y lavadas por la sangre y el Espíritu del Señor Jesús. Nada en el mundo tranquilizará sus conciencias hasta haber obtenido esto. “Oh”, dice David después de haber dado este mal paso: “Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Sal. 51:2). Y luego: “Purifícame con hisopo2, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Sal. 51:7). El hipócrita, cuando cae, satisface los clamores de su conciencia, ya sea atenuando sus pecados o multiplicando sus deberes… Pero nunca acude a Cristo para que quite de su conciencia las obras muertas.
3. Después de haber caído, no le bastará al creyente volverse de su pecado a Dios, sino que tiene que tener algunos indicios vivificantes del favor y el rostro reconciliado de Dios. Como dijo David: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido” (Sal. 51:8). Aunque el mundo entero le adule3, no se sentiría complacido, a menos que obtuviera una sonrisa de Dios mismo.
4. La [caída del creyente] lo lleva a lamentarse de la corrupción y la depravación4de su naturaleza. Rastrea las corrientes hasta la fuente, allí se sienta y sobre ella derrama lágrimas como la causa de todas sus deserciones y sus desviaciones en su relación con Dios como lo hizo David. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5). Alza sus ojos a Dios para pedirle gracia renovadora: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Sal. 51:10). Los hipócritas lamentan la pérdida de su reputación más que su pecado o la depravación de su naturaleza.
5. Cuando los creyentes caen, renuevan por gracia, su compromiso de caminar con Dios, más estrechamente que nunca antes. Se esfuerzan por serle más útiles que nunca a Él, en su generación, como David. “Vuélveme el gozo de tu salvación… Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Sal. 51:12-13).
**6. Así como los niños que se han quemado temen al fuego, los creyentes temen volver a caer en los mismos pecados.**Con este fin, [ellos] se comprometen con Dios, no en sus propias fuerzas, sino sólo en las del Señor para guardarlos, como David: “Espíritu noble me sustente” (Sal. 51:12). Y de nuevo en otra parte: “Sustenta mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen” (Sal. 17:5). Y “¡ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos!” (Sal. 119:5). Ahora, de estas características de las caídas parciales de los piadosos, podemos deducir fácilmente, la diferencia entre ellos y la maldita apostasía y la total deserción de los hipócritas y los réprobos.
Tomado de El apóstata5 caracterizado (The Backslider Characterized) en Las obras completas del difunto rev. Ebenezer Erskine(The Whole Works of the Late Rev. Ebenezer Erskine), Tomo 1, reimpreso por Tentmaker Publications.
Ebenezer Erskine (1680-1754): Teólogo escocés. Nacido en Dryburgh, Escocia.
Footnotes
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Expiado – De expiar: Cubrir o borrar el pecado. ↩
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Hisopo – Arbusto aromático, considerado como la mejorana de Siria, utilizado por los judíos para los ritos de la Pascua, la purificación de los leprosos, la peste y en el sacrificio de la vaca alazana. ↩
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Adular - Alabar de forma exagerada y, generalmente interesada, a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad. ↩
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Depravación – Perversión moral. ↩
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Nota del editor – La palabra “backsliding” en inglés, usada aquí, es una palabra con un amplio espectro de interpretaciones, significados y traducciones. Es usada o traducida, usualmente, como rebeldía, recaída o reincidencia, pero en algunos casos, se ha usado para referirse a la “apostasía temporal del creyente” y, en otros casos, quizás menos frecuentes, como “apostasía definitiva”, así que el contexto será determinante. Aquí se traduce como “apostasía”, dado que el artículo trata todas las acepciones. ↩