Apostasía y Hebreos 6:4-6

Arthur W. Pink (1886-1952)

“Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública”(Hebreos 6:4-6)1.

El pasaje que ahora ocupa nuestra atención, es uno de los más solemnes de la epístola a los Hebreos, de hecho, de todo el Nuevo Testamento. Probablemente, pocas almas regeneradas lo han leído a fondo sin sentir temor y temblor. Profesantes despreocupados se han visto, con frecuencia, inquietados en su conciencia al escuchar su lenguaje estremecedoramente inspirado. Habla de una clase de personas que, habiendo sido altamente privilegiadas y singularmente favorecidas, en lugar de mejorar sus oportunidades, las habían pervertido miserablemente; lo cual fue motivo de vergüenza y reproche para la causa de Cristo. Tales individuos se encontraban en una condición de tal desesperanza que era “imposible renovarlos de nuevo para arrepentimiento”. Nos conviene a cada uno de nosotros, levantar fervorosamente nuestro corazón a Dios, rogándole que nos impida hacer un naufragio tal de la fe…

La principal dificultad con nuestro pasaje es asegurarnos de la clase de personas que allí se presenta. ¿Está el Espíritu Santo describiendo almas regeneradas o no regeneradas? Lo siguiente, es asegurarnos de lo que significa “cayeron”. Por último, a qué se refiere al decir que “después [que] cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento”. Como introducción a nuestra exposición, diremos que estamos seguros que la palabra “cayeron”, significa aquí, un repudio de Cristo deliberado, completo y final—pecado para el cual no hay perdón—…

…A fin de preparar el camino para nuestra exposición de estos versículos, cuyo contenido ha desconcertado tan gravemente a tantos, recordemos una vez más la condición a la que había caído el alma de los cristianos hebreos. Eran “tardos para oír” (5:11), “inexperto[s] en la palabra de justicia” (5:13), incapaces de masticar “alimento sólido” (5:14). Esta condición abundaba en consecuencias muy peligrosas. “Los hebreos se habían vuelto tibios, negligentes e indolentes. El Evangelio, otrora visto claramente y muy amado por ellos, se les había convertido en algo aburrido y vago; las persecuciones y el desprecio de sus compatriotas habían llegado a ser una carga pesada bajo la cual se quejaban y no disfrutaban de comunión con el Señor Jesús. Los caracterizaban las tinieblas, dudas, pesimismo, indecisión y, en consecuencia, un andar en que el poder del amor de Cristo no se manifestaba en ellos. Ahora, si seguían en ese estado, ¿qué cosa podía resultar más que la apostasía? El olvido, si continúa, debe terminar en rechazo, la apatía en antipatía y la falta de fe en infidelidad.

“Tal era su peligro. Y si habían sucumbido2 a él, su estado no tenía esperanza. No hay otro Evangelio para predicar, ningún otro poder para rescatarlos y levantarlos. Habían oído y conocido la voz que dice: ‘Venid a mí… y yo os haré descansar’ (Mt. 11:28). Habían profesado creer en el Señor, quien murió por los pecadores, y lo habían escogido como su Salvador y Señor. Y ahora, estaban olvidando y abandonando la Roca de su salvación. Si deliberada y conscientemente, continuaban en este estado, corrían el peligro de caer en una impenitencia y dureza de corazón”3.

“Se necesitaba una fe clara y creciente en las cosas celestiales para preservar a los cristianos judíos de una recaída. Volver al judaísmo era renunciar a Cristo, quien había dejado su casa ‘desierta’ (Mt. 23:38). Era caer de la gracia y colocarse, no sólo bajo la maldición general de la Ley, sino bajo aquella maldición particular que había traído la culpa de la sangre de Jesús sobre la nación réproba y ciega de sus asesinos”4. Sin embargo, cabe destacar que es igual de fácil y la atracción igual de real para el cristiano gentil volver a ese mundo del cual el Señor lo ha llamado, como era para el cristiano judío volver al judaísmo. Y en la proporción que el cristiano falla en su andar con Dios diariamente, el mundo obtiene poder sobre su corazón, mente y vida; y una continuidad en la mundanalidad cargada con las más graves y fatales consecuencias…

**Tres cosas requieren nuestra cuidadosa atención al adentrarnos más en el pasaje:**Las personas a las cuales se refiere, el pecado que cometen y la maldición pronunciada sobre ellas. En cuanto a las personas a las cuales se refiere, es de primordial importancia notar que el Apóstol no dice “nosotros que una vez fuimos iluminados”; ni siquiera dice “ustedes”; en cambio_,_ dice “los que… fueron”. En un agudo contraste de ellos, les dice a los hebreos: “En cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores” [6:9]… Es poco exacto llamar “meros profesantes” a los descritos en los versículos 4 y 5. Constituían una clase que había disfrutado de grandes privilegios, muchos más que los que ahora incluye la predicación del Evangelio. Indica que los que aquí retrata, gozaban de cinco ventajas que contrastan con las seis cosas enumeradas en los versículos 1 y 2 como pertenecientes al hombre en la carne bajo el judaísmo… Sin embargo, no eran cristianos auténticos. Esto es evidente por lo que no se dice. Note que no se habla de ellos como los escogidos de Dios, aquellos por quienes Cristo murió, como aquellos nacidos del Espíritu. No dice que fueran justificados, perdonados, aceptados en el Amado. Tampoco dice nada de su fe, amor ni obediencia. Estas son las cosas que distinguen a un auténtico hijo de Dios.

En primer lugar, habían sido “iluminados”. El sol de justicia había brillado con la sanidad en sus alas y como dice Mateo 4:16, “el pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció”. A diferencia de los paganos, a quienes no visitó Cristo en los días de su carne, los que acudieron al sonido de su voz fueron, maravillosa y gloriosamente, iluminados.

La palabra griega usada para “iluminado” significa “dar luz o conocimiento por medio de la enseñanza”. Tal es el caso de la Septuaginta5 en Jueces 13:8; 2 Reyes 12:2; 17:27. El apóstol Pablo la usa para significar “hacer manifiesto” o “sacar a luz” en 1 Corintios 4:5; 2 Timoteo 1:10. Satanás ciega la mente de los que no creen “para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Co. 4:4), es decir, les dé conocimiento de Él. Así es que “iluminados” en este contexto, significa recibir instrucción en la doctrina del Evangelio, con el fin de comprenderlo claramente. En el pasaje paralelo en Hebreos 10:26, dice que las mismas personas han “recibido el conocimiento de la verdad” (cfr. también en 2 P. 2:20-21). Pero, sin embargo, se trata sólo de un conocimiento natural de cosas espirituales, tales como las que se adquieren por oír o leer externamente, asícomo uno puede ser iluminado al emprender un estudio especial de una de las ciencias. Dista mucho de ser esa iluminación espiritual que transforma (2 Co. 3:18). Una ilustración de una persona no regenerada siendo “iluminada”, se encuentra en el caso de Balaam (Nm. 24:4).

En segundo lugar, “probaron del don celestial”. “Probar” es tener una experiencia personal de algo, en contraste con sólo tener un reporte o información. “Probar no incluye comer, mucho menos digerir y convertir en nutrición lo que se ha probado porque su naturaleza sólo se discierne de esta manera y puede ser rechazada, sí, aunque nos guste su sabor y aroma en alguna otra consideración. Las personas aquí descritas son aquellas que han comprendido y saboreado la revelación de la misericordia. Como los oyentes de la semilla que cayó en pedregales (Lc. 8:13), han recibido la Palabra con un gozo efímero”6. El “probar” contrasta con el “comer” de Juan 6:50-56.

Las opiniones están divididas en cuanto a si “el don celestial” se refiere al Señor Jesús o a la persona del Espíritu Santo7. Quizá no sea posible que seamos dogmáticos sobre este punto. En realidad, la diferencia no tiene distinción porque el Espíritu está aquí para glorificar a Cristo, dado que vino del Padre por medio de Cristo como su “Don” de ascensión a su pueblo. Si la referencia es al Señor Jesús, Juan 3:16, 4:10, etc., serían referencias pertinentes; si al Espíritu Santo, están los pasajes de Hechos 2:38, 8:20, 10:45, 11:17. Personalmente, nos inclinamos más bien por este último. Este Don divino, dice aquí ser “celestial” porque [proviene] del cielo y conduce al cielo en contraste [con] el judaísmo (_cfr._Hch. 2:2; 1 P. 1:12). Estos “apóstatas” habían “probado” o tenido una experiencia. Compare Mateo 27:34 donde “probar” aparece en oposición a beber. A los que se refieren aquí, habían tenido una suficiente familiaridad con el Evangelio para obtener tal medida de su bendición como para agravar su pecado y condena. Una ilustración de esto se encuentra en Mateo 13:20-21.

Tercero, “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo”. Primero, destaquemos que la palabra griega traducida “partícipes” tiene un significado diferente del usado en Colosenses 1:12 y 2 Pedro 1:4, donde se trata de cristianos auténticos. Aquí, la palabra significa, sencillamente, “compañeros”, refiriéndose a lo externo y no a lo interno. Notemos que esta frase está colocada en el centro de las cinco y esto es porque describe el principio vivificante de las otras cuatro, que son todos efectos. Estos apóstatas nunca habían “nacido del Espíritu” (Jn. 3:6) y, mucho menos, sus cuerpos eran “templos” del Mismo (1 Co. 6:19). Tampoco creemos que este versículo enseñe que el Espíritu Santo haya obrado en ellos en algún momento, de otra manera, sería una contradicción de Filipenses 1:6. Significa que habían participado del beneficio de sus operaciones y manifestaciones sobrenaturales como lo ilustra la expresión: “El lugar en que estaban congregados tembló” (Hch. 4:31). Citamos a continuación al dr. J. Brown8:

“Es muy probable que el escritor inspirado se refiera, principalmente, a los dones y operaciones milagrosas del Espíritu Santo, por medio de los cuales fue administrada la dispensación primitiva del cristianismo. Estos dones no se limitaron, de ninguna manera, a aquellos que fueron transformados por medio de la renovación de su entendimiento [Ro. 12 2]. Las palabras de nuestro Señor en Mateo 7:22-23 y de Pablo en 1 Corintios 13:1-2, parecen indicar que la posesión por parte de estos hombres no renovados, no era algo muy extraño en aquella época. De cualquier manera, muestra claramente que su posesión y un estado no regenerado, no eran de ninguna manera incompatibles”.

Cuarto, “gustaron la buena palabra de Dios”.“Entiendo por esta expresión, la promesa de Dios con respecto al Mesías, la suma y sustancia de todo. Es digno de notar que esta promesa es por vía de eminencia9, denominada por Jeremías como “esa buena palabra” (33:14). Por lo tanto, ‘gustar’ [o ‘probar’] esta ‘buena palabra de Dios’ es experimentar que Dios ha sido fiel a su promesa, y disfrutar, en la medida en que un inconverso puede disfrutar, de las bendiciones y los beneficios que fluyen del cumplimiento de esa promesa. ‘Gustar la buena palabra de Dios’, parece que es disfrutar de las ventajas de la nueva dispensación”10. Una confirmación adicional de que el Apóstol se refiere aquí a lo que estos apóstatas habían visto del cumplimiento de la promesa de Dios, se obtiene al comparar con Jeremías 29:10: “Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar”.

Note con qué cuidado el Apóstol se atiene a la palabra gustar [o “probar”] para permitirnos identificarlas mejor. No podía decir con Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí” (15:16). “Es como si dijera: No hablo de aquellos que han recibido nutrición, sino de los que hasta ahora lo han probado, los que debían haberla deseado como ‘leche sincera’ y, consecuentemente, haber crecido”11. Encontramos un solemne ejemplo de alguien que sólo “gustó” la buena Palabra de Dios en Marcos 6:20: “Porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana”.

Quinto, “y los poderes del siglo venidero” o “era por venir”. La referencia aquí es a la nueva dispensación a la que daría paso el Mesías de Israel, según las predicciones del Antiguo Testamento. Coincide con “estos postreros días” de Hebreos 1:2 y contrasta con el “tiempo pasado” del sistema mosaico. Su Mesías no era otro que el “Dios fuerte” (Is. 9:6) de quien se dice que sus obras milagrosas fueron maravillosas y gloriosas, estupendas y únicas. Estos “poderes” de la nueva era, son mencionados en Hebreos 2:4… Estos apóstatas habían “gustado” o tenido una experiencia de estos asombrosos “poderes”. Habían sido testigos personales de los milagros de Cristo y de las maravillas que siguieron a su ascensión cuando fueron dadas manifestaciones gloriosas del Espíritu. Por lo tanto, “no tienen excusa”. Habían sido enfrentados con evidencias convincentes y concluyentes, pero sus corazones no habían respondido con fe. Un solemne ejemplo de esto, se encuentra en Juan 11:47-48.

**“…después cayeron”.**La palabra griega usada aquí es muy fuerte y enfática, más fuerte que la usada en Mateo 7:27, donde dice que la casa construida sobre la arena “cayó, y fue grande su ruina”. Es una caída completa, un total abandono del cristianismo del que se habla aquí. Es dar, voluntariamente, la espalda a la verdad revelada de Dios, un repudio absoluto del Evangelio. Son los que “naufragaron en cuanto a la fe” (1 T. 1:19). Este pecado terrible no es cometido por un mero profesante nominal porque éste no tiene nada de qué apartarse realmente, excepto de un nombre vacío. La clase aquí descrita es la de aquellos cuya mente fue iluminada, su conciencia conmovida, sus afectos movidos en un grado considerable, pero aun así, nunca fueron llevados de muerte a vida. Tampoco se trata de cristianos_reincidentes_. No es simplemente “caer en pecado”, en éste o aquel pecado. El “pecado” más grande que el hombre regenerado puede cometer es negar personalmente a Cristo: Pedro fue culpable de esto, no obstante, luego fue “renovado para arrepentimiento”. Es renunciar totalmente a todas las verdades y los principios que distinguen al cristianismo, y esto no en secreto, sino abiertamente, lo cual constituye la apostasía.

“…después cayeron”.“[…] La traducción literal de las palabras utilizadas aquí es ‘y han caído’ o “no obstante cayeron’. Es evidente que el Apóstol sugiere que tales personas pueden haber caído y de hecho‘cayeron’. Por ‘cayeron’, hemos de entender lo que comúnmente se llama apostasía. Esto no consiste de una caída en algún pecado ocasional, por espinoso y agravado que sea; tampoco se trata de la renuncia a algunos de los principios del cristianismo, aunque sean muy importantes; sino en una renuncia abierta, total, determinada de los principios que constituyen la fe cristiana y un regreso a una religión falsa como la de los judíos incrédulos o los paganos, a una abierta infidelidad e impiedad”12.

“…pero después [que] cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento”. Surgen aquí cuatro preguntas que requieren una respuesta. ¿Qué significa “renovarlos… para arrepentimiento”? ¿Qué significa “renovarlos otra vez para arrepentimiento”? ¿Por qué es “imposible” tal experiencia? ¿Para quiénes es esto “imposible”? Arrepentimiento significa un cambio en la manera de pensar: Mateo 21:29 y Romanos 11:29, así lo establecen. Pero es más que una acción mental; la conciencia también interviene, llevando a la contrición y la auto condenación (Job 42:6). En los no regenerados, es sencillamente, la obra de la naturaleza; en los hijos de Dios, la regeneración es forjada por el Espíritu Santo. Esta última es evangélica, siendo una de las cosas que acompañan a la salvación. Lo primero no es así, siendo que “la tristeza del mundo produce muerte” (2 Co. 7:10). El caso de Judas (Mt. 27: 3-5) es el ejemplo más solemne de este tipo de “arrepentimiento” o remordimiento. Así es también el arrepentimiento de estos apóstatas…

Pero, ¿qué significa “renovarlos… para arrepentimiento”? “Ser ‘renovado’ es una expresión figurada que denota un cambio, un cambio grande y para bien. Ser ‘renovado’ de manera que uno cambia su manera de pensar, muestra una alteración importante y beneficiosa de opinión, carácter y servicio. Y tal alteración de las personas a las que aquí se refiere había sucedido mucho antes. Alguna vez estuvieron en un estado de ignorancia con respecto a las doctrinas y evidencias del cristianismo, y fueron ‘iluminadas’. No conocían la excelencia y hermosura de la verdad cristiana, y se le fue dado gustar del ‘don celestial’. Antes, ellos no comprendieron las profecías referentes al Mesías y no fueron conscientes de su cumplimiento y, por supuesto, fueron extraños a esa enérgica influencia que pone de manifiesto la revelación del N.T. Ellos habían sido guiados a ver que esa ‘buena palabra’ se cumplió y se les había hecho partícipes de los privilegios externos y sujetos al dinamismo peculiar del nuevo orden de cosas. Su manera de pensar, sus sentimientos y circunstancias fueron materialmente cambiados. ¡Qué diferencia tan grande entre un judío ignorante e intolerante y la persona descrita en el pasaje anterior! Había llegado a ser, por así decirlo, una persona diferente. En efecto, no se había convertido, en el sentido de lo que dice el Apóstol, en una ‘nueva criatura’. Su mente no había sido cambiada hasta creer, sinceramente, ‘la verdad que está en Jesús’; pero aun así, había sucedido un cambio grande y en la medida de lo posible, completo”13.

Ahora, “es imposible renovarlos… para arrepentimiento” a los que han abandonado totalmente la revelación cristiana. Algunas cosas son “imposibles” debido a la naturaleza de Dios, como que Él no puede mentir o perdonar el pecado sin que su justicia sea satisfecha. Otras cosas que son posibles en la naturaleza de Dios, se vuelven “imposibles” por sus decretos o propósitos (Ver 1 S. 15:28-29). Hay otras cosas que son “posibles” o “imposibles” por la regla o el orden de todas las cosas que Dios ha designado. Por ejemplo, no puede haber fe aparte de oír la Palabra (Ro. 10:13-17). Cuando se trata de cosas que tienen que ver con el deber y que Dios no ha expresado ningún mandato sobre ellas, ni designado los medios para cumplirlas, deben ser consideradas imposibles [como, por ejemplo, no hay salvación aparte del arrepentimiento, Lucas 13:3 (A.W.P)] y luego, con respecto a nosotros, son absolutamente dignas de ser consideradas. Y ésta es la ‘imposibilidad’ a la que, principalmente, se refiere aquí. Es algo que Dios no ha ordenado que procuremos ni designado los medios para lograrlo, ni ha prometido ayudarnos a hacerlo. Es, por lo tanto, algo que no tenemos ninguna razón de procurar, intentar o esperar porque no es posible por ninguna ley, regla o constitución de Dios…

“Puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios”. Esto se incluye para mostrar lo grave de su terrible crimen y la imposibilidad de renovarlos otra vez para arrepentimiento. Por el hecho de renunciar a su profesión cristiana, declaraban tácitamente que Cristo era un impostor. Por lo tanto, eran irrecuperables. Intentar más razonamientos con ellos, no sería más que echarle perlas a los cerdos. Compárese con cuidado este versículo con el pasaje paralelo en Hebreos 10:20-26. Estos apóstatas habían recibido “el conocimiento de la verdad”, aunque no un conocimiento salvador de la misma. Después, pecaron “voluntariamente”: Hubo una deliberada y abierta negación de la verdad. La naturaleza de su pecado particular es llamada “pisotear al Hijo de Dios” (algo que ningún verdadero cristiano jamás haría) y “tener por inmunda a la sangre del pacto”, es decir, considerar como un vulgar malhechor a Aquel que colgó de la cruz. Para tales, “ya no queda más sacrificio por los pecados”. Su caso no tiene remedio, en lo que al hombre concierne; y el que esto escribe, cree que estos son también abandonados por Dios.

“[…] de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública”. “De esta manera, se identifican ellos mismos con los que lo crucificaron. Albergaron y admitieron sentimientos que, si Él hubiera estado en la tierra y bajo el poder de ellos, los induciría a crucificarlo. Lo expusieron a la infamia, hicieron de Él un ejemplo público. Hicieron más para deshonrar a Jesucristo que los que lo mataron. Nunca profesaron reconocer su misión divina; pero estos apóstatas habían hecho tal profesión —habían hecho una especie de prueba del cristianismo y, después de la prueba, lo rechazaron—”14.

Se necesitaba tal advertencia bien calculada para despertar a los hebreos perezosos. Bajo el pacto del Antiguo Testamento, por medio de tipos y profecías, habían vislumbrado la verdad acerca de Cristo, llamada “la palabra del principio de Cristo”. Bajo estas sombras y destellos se habían criado, sin conocer su pleno significado hasta que recibieron la bendición de la luz plena del Evangelio, aquí llamada “perfección”. El peligro al que estaban expuestos era volverse atrás de la posición donde el cristianismo los había colocado y relajarse en el judaísmo. Hacerlo, significaba volver a entrar en esa casa que Cristo había dejado “desierta” (Mt. 23:38) y sería unir fuerzas con sus asesinos y así “de nuevo crucificar para sí mismos al Hijo de Dios y [por su apostasía, exponerlo] a la ignominia pública”…

Tomando el pasaje en su totalidad, hemos de recordar que no todo el que profesaba recibir el Evangelio, era nacido de Dios: La Parábola del sembrador lo demuestra. La inteligencia puede ser informada, la conciencia escudriñada, los afectos naturales conmovidos y, sin embargo, no haber “ninguna raíz” en ellos. No todo lo que brilla es oro.

Tomado de Estudios en las Escrituras(Studies in the Scriptures), reimpreso por Chapel Library.

Padres y madres, velad por sus hijos. Guárdenlos del mundo. Entrénenlos para el mundo venidero. Abran sus jóvenes corazones, en admiración por la gloria veniderapara que las vanidades terrenalesdesaparezcan de sus ojos. Tengan cuidado con los libros o revistas que leen. Disciernan entre lo útil y lo inútil, entre lo sano y lo venenoso. No los hagan caer en tentación. A medida que el mundo avanza en su apostasía contra Dios y su endiosamiento de la humanidad, sus trampas se irán haciendo más sutiles y sus falsedades más hermosas, especialmente para el corazón y los ojos de los jóvenes. Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida. Ninguna cantidad de “progreso” ni “cultura” ni “liberalidad” puede agrandar esa puerta ni ensanchar ese camino para ustedes ni para sus hijos. —Horatius Bonar

Footnotes

  1. LBLA (Siglas de la Biblia de las Américas) – El autor escribió este artículo originalmente en inglés, usando la Versión King James (KJV). La traducción de este versículo en la Reina Valera 1960, versión que normalmente usamos, difiere algo de la KJV y no incluye todo el pensamiento original del autor. Aunque, por lo general, no usamos LBLA, la hemos usado en este contexto porque la traducción de este versículo se aproxima más al original griego y el inglés de la KJV, especialmente en la palabra “cayeron”, la cual es determinante en este artículo.

  2. Sucumbir – Ceder a un deseo abrumador.

  3. Adolf Saphir (1831-1891) – Predicador y comentarista húngaro judío.

  4. Arthur Pridham (1815-1879) – Autor de un comentario sobre Hebreos.

  5. Septuaginta – Traducción griega del Antiguo Testamento, generalmente abreviada LXX, que se refiere a los “setenta” supuestos traductores. Apareció alrededor del siglo III; era la Biblia de la Iglesia primitiva.

  6. John Owen (1616-1683) – Teólogo puritano que produjo un comentario masivo de siete tomos sobre la epístola a los Hebreos.

  7. John Owen lo consideraba el “Espíritu Santo”; William Gouge (1575-1653): “Fe”; John Gill (1697-1771): “Jesucristo”; John Browen (1784-1858): “El Evangelio”.

  8. John Brown (1784-1858) – Autor presbiteriano de un comentario sobre Hebreos.

  9. Eminencia – Superioridad distinguida.

  10. Brown.

  11. Owen.

  12. Brown.

  13. Brown.

  14. Brown.