Oración

«Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento».

(1 Corintios 14:15)

Introducción

La oración es un mandato de Dios, que debe usarse tanto en público como en privado; sí, un mandato tal que lleva a los que tienen el espíritu de súplica a una gran familiaridad con Dios. Y también es tan frecuente en su ejercicio, que obtiene de Dios grandes cosas, tanto para la persona que ora, como para aquellos por quienes se ora1. Es lo que abre el corazón de Dios, y un medio por el cual el alma, aunque vacía, se llena. Mediante la oración, el cristiano puede abrir su corazón a Dios, como a un amigo, y obtener una nueva evidencia de la amistad de Dios hacia él. Hay mucho que se puede decir en cuanto la diferencia entre la oración pública y la privada, así como entre la que se hace con el corazón y la que se expresa verbalmente. También podríamos hablar de la diferencia entre los dones y las gracias de la oración; pero, en esta ocasión, me concentraré en mostrarte el corazón mismo de la oración, sin el cual, nada de lo que hagas, ya sea levantar tu voz, tus ojos o tus manos, servirá para nada. «Oraré con el espíritu».

El método que seguiré en este momento será,

Primero, mostrarte lo que es la verdadera oración;

Segundo, mostrarte lo que es orar con el Espíritu;

Tercero, lo que es orar con el Espíritu y el entendimiento también; y

Cuarto, ver brevemente el uso y la aplicación de lo que se ha dicho.

Footnotes

  1. La oración eficaz y ferviente es una obra del Espíritu Santo en el corazón; y aquellos objetos por los que Él inclina al alma a orar son concedidos por Dios. Así, Jacob obtuvo grandes cosas (Gn 32:24-28); Moisés (Éx 32:11-14; Nm 14:13-21); Josué (Jos 10:12-14); Ezequías (2R 19:14-37); la mujer de Canaán (Mt 15:21-28). «La oración eficaz del justo puede mucho» (Stg 5:16). —Editor