- Miedo a la hipocresía
Cada vez que empiezo a percibir los rasgos de la gracia en mí y que soy verdaderamente salvo, oigo hablar de algún hipócrita o apóstata1, y me estremezco. El miedo se apodera de mí como una tormenta. ¿Soy como este tipo de persona?
Respuesta: Este tipo de cosas deberían despertarnos. Debemos examinarnos seria e imparcialmente. Sin embargo, no debemos estar siempre en un estado de suspenso sobre nuestro estado espiritual. Se puede ver el exterior de un hipócrita. Puedes ver su actividad “espiritual” y sus emociones, pero no puedes ver su interior. No conoces su corazón.
Sólo puedes formar un juicio sobre otra persona basado en lo que ves en su exterior. Harías bien en juzgar a los demás con compasión (es decir, “no piensa el mal”, 1 Co. 13:5, RVA). De nuevo, no puedes conocer los motivos secretos de sus acciones. En lugar de juzgar a los demás, deberías mirar a tu propio corazón. Tú eres la persona a la que puedes juzgar con mayor claridad2. Debes mirarte a ti mismo como nadie más en el mundo lo puede hacer. Puedes ver cosas en ti mismo que simplemente, no puedes ver en los demás.
La religión de un hipócrita puede parecer mucho más brillante que la de un creyente sincero. Recuerda que lo que es grande a los ojos de los hombres, a menudo es de poco valor a los ojos de Dios (1 S. 16:7). Prefiero gemir con Pablo (Ro. 8:6) que derramar lágrimas falsas con Esaú, profetizar con Balaam o tener el gozo temporal de los oyentes de los pedregales (Mt. 13:20). Hay un fuego que juzgará la obra de cada hombre para ver de qué tipo es (1 Co. 3:13). Si Dios no juzga por la apariencia externa, ¿por qué lo haces tú? Sin una revelación especial, no puedes conocer la sinceridad de la fe de otro hombre. Pero puedes conocer la autenticidad de tu propia fe, sin ninguna revelación especial. Por eso, Pedro exhortó a los santos a “[procurar] hacer firme vuestra vocación y elección” (2 P. 1:10). Por lo tanto, las acciones de los hipócritas y los apóstatas no deben perturbarte. Lo importante es que examines seriamente tu propia condición espiritual.
Aquí hay dos formas en que los santos más débiles superan a los “mejores” hipócritas:
Primero, los santos se niegan a sí mismos. Renuncian a toda confianza en sí mismos y en sus obras. Ellos confían completamente en la salvación de Dios a través de Cristo. Son “pobres en espíritu” (Mt. 5:3). Son bienaventurados porque no hallan tropiezo en Cristo (Mt. 11:6). En Filipenses 3:3, Pablo escribió: “Nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne”.
Segundo, los santos tienen un odio genuino hacia el pecado. Están dispuestos a separarse de toda lujuria, sin excepción, y a obedecer todos los mandatos del Señor. “Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos” (Sal. 119:6).
Ponte a prueba con estos estándares.
Footnotes
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Apóstata – Uno que ha abandonado la fe que había profesado anteriormente. Ver FGB 205, Apostasy, en inglés (Apostasía). Disponible en CHAPEL LIBRARY. ↩
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Aunque es cierto que nos conocemos mejor a nosotros mismos que a otros (1 Co. 2:11), nuestro conocimiento de nosotros mismos es defectuoso (Jer. 17:9). ↩