1. Un corazón más turbulento

Encuentro que mi corazón ha estado más turbulento que antes desde que me convertí en cristiano. ¿Es esto consistente con alguien que se supone que ha sido cambiado por Cristo?

Respuesta: Ciertamente, hay casos espantosos de personas que parecen haberse convertido en cristianos, pero que luego renuncian a la fe y caen en una inmoralidad descarada y abierta. Parece que el diablo regresa a sus corazones con siete espíritus peores que él (cf. Mt. 12:45). Estas personas se encuentran en un estado espiritual sumamente peligroso. Se arriesgan a pecar contra el Espíritu Santo. Deben arrepentirse, antes de que sea demasiado tarde.

Sin embargo, éste no es, necesariamente, tu caso. La corrupción puede ser despertada en un cristiano, aún más fuertemente de lo que era, antes de convertirse en cristiano. Podría parecerle que todas las fuerzas del infierno se han levantado para tratar de recapturarle como fugitivo. Tal conmoción puede ocurrir, de hecho, en aquellos verdaderamente cambiados por Cristo. Cuando la gracia restrictiva se enfrenta a la corrupción en un nuevo creyente, no es de extrañar que la corrupción trate de luchar, “se rebela contra la ley de mi mente” (Ro. 7:23). El pecado resistirá con más fuerza cuando sepa que este nuevo principio busca echarlo fuera. Cuando el sol brilla a través de una ventana, vemos todo el polvo de la casa que antes no veíamos. Así que cuando la luz de la gracia brilla en nuestras vidas, vemos la corrupción dentro de nosotros y que no habíamos notado antes. El pecado no está del todo muerto en el alma del creyente. Está muriendo una muerte lenta. Está siendo crucificado. No es de extrañar que empiece a luchar tan intensamente. ¡Sabe que está a punto de morir, así que lucha por vivir!

Además de todo esto, el cristiano podría enfrentarse a tentaciones más numerosas y fuertes después de su conversión. Satanás tiene que trabajar más duro para tratar de traer de vuelta a uno que ha escapado, que para mantener a uno que todavía está cautivo. El autor de Hebreos dice: “Después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos” (He. 10:32). Y añade: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón” (v. 35). Recuerda que la gracia de Dios es suficiente para ti y que el Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo tus pies. ¿Recuerdas cómo el faraón y los egipcios tenían a los israelitas acorralados en el Mar Rojo, pero luego Dios intervino y los destruyó (Éx. 14)?

No dejes que esta duda destruya los cimientos de tu confianza. Despójate de toda duda. Sé fuerte en el Señor y en el poder de su fuerza, y saldrás victorioso.