1. La lucha contra el pecado

Si soy realmente un cristiano, una nueva criatura en Cristo, ¿por qué sigo luchando contra el pecado?

Respuesta: Por supuesto que no queremos poner almohadas para que los hipócritas1 puedan descansar tranquilos complaciendo su pecado y haciendo la gracia de Dios esclava de sus lujurias. Por otro lado, necesitamos recordar que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). El pecado puede prevalecer a veces, incluso, sobre los hijos de Dios. ¿Gimes bajo el peso del pecado y la corrupción de tu naturaleza? ¿Estás indignado contigo mismo por los pecados de tu corazón y de tu vida? ¿Te esfuerzas por llevar a la muerte tus deseos, huyendo diariamente a la sangre de Cristo para obtener el perdón y mirando a su Espíritu para la santificación2? Aunque puedas decir con el Salmo 65:3, “las iniquidades prevalecen contra mí”, recuerda que este versículo termina con, “mas nuestras rebeliones tú las perdonarás”.

La nueva criatura en Cristo es como un hombre que no vive solo en una casa: Un malhumorado compañero vive con él en la misma casa. Su nombre es “corrupción remanente”. Estos dos luchan uno contra el otro, constantemente, por el control: “El deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gá. 5:17). A menudo, la vieja “corrupción” prevalece y hace que el hijo de Dios sea cautivo de la ley del pecado (Ro. 7:23). ¡No dejes que sus ocasionales victorias te hagan concluir que no eres un hijo de Dios! En cambio, deja que te humille. Deja que te haga más vigilante. Que te haga tener una sed aún más intensa de Jesucristo, de su Sangre y de su Espíritu. El principio de gracia dentro de ti, el nuevo nacimiento en Cristo, buscará la destrucción del mismo pecado que tan a menudo te derrota.

Footnotes

  1. Ver FGB 193, Hypocrisy, en inglés (Hipocresía). Disponible en CHAPEL LIBRARY.

  2. Santificación – La santificación es la obra del Espíritu de Dios, por la que somos renovados en todo a imagen de Dios y nos vamos capacitando, más y más, para morir al pecado y vivir para Dios. (Catecismo de Spurgeon. P. 34). Ver también Portavoz de la Gracia N° 35: Santificación. Disponible en CHAPEL LIBRARY.