¿Estás firme o a punto de caer?

THOMAS VINCENT (1634-1678)

“Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. —Filipenses 1:6

Habrás oído que la buena obra que Dios comenzó en el día de su gracia la perfeccionará hasta el día de Cristo. Sin embargo, para que nadie abuse de esta doctrina ni convierta la gracia de Dios en una excusa para el desenfreno —para que nadie dé por sentado que la buena obra ha comenzado en él y luego concluya que nunca puede caer en la apostasía y, finalmente, tenga la osadía de dar rienda suelta al pecado, tomando esto como pretexto para dar paso al libertinaje— haré una seria advertencia a todos, especialmente a los jóvenes que profesan la fe.

Algunos han caído y apostatado, y también [otros] pueden hacerlo, aun después de haber profesado grandemente su fe en Cristo y [de haber] alcanzado gran iluminación, dones y una porción de los bienes espirituales. Quizá la opinión general, la de los demás y también la de ellos mismos, era que estas personas estaban tan firmes como cualquiera. Por lo tanto, todos los que piensan que están firmes, especialmente los jóvenes que profesan la fe, tengan cuidado para que no caigan. El Apóstol le dice a Timoteo que Demas lo había desamparado, habiendo amado este mundo (2 Ti. 4:10). Anteriormente, se refiere a Himeneo y Alejandro, quienes habían rechazado una buena conciencia, naufragado en lo que toca a la fe y aprendido a blasfemar (1 Ti. 1:19-20). En 2 Pedro 2:20-22, el apóstol Pedro habla acerca de algunos que habían escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de Cristo, pero que de nuevo estaban enredados y vencidos por estas. Afirma que esto era según el antiguo proverbio: “El perro vuelve a su propio vómito; y la puerca lavada vuelve a revolcarse en el cieno”. Nuestro Salvador nos dice, en su explicación de la parábola del sembrador (Mt. 13:20-21) que el que recibe la palabra en pedregales es el que oye la palabra y al momento la recibe con gozo, pero no echa raíces en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. En realidad, los que tienen la gracia verdadera nunca pueden caer por completo… pero hay muchos que pueden tener lo que aparenta ser la gracia verdadera y de ésta sí pueden caer totalmente. Pueden perder lo que aparentan poseer…

Además de ser culpables de algo tan atroz como lo es el pecado de la apostasía en sí, por lo general, los que son culpables de ella llegan a ser peores de lo que eran anteriormente en todo tipo de conducta licenciosa: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre… “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Mt. 12:43-45). Los apostatas son los hijos primogénitos de Satanás y cumplen los deseos de su padre. Él mora en ellos y reina en sus vidas, y ellos están listos para obedecer todas sus sugerencias de maldad. Además de la inmundicia, el libertinaje, la malicia, la villanía425, el perjurio y la blasfemia, tales personas suelen ser grandes enemigos de Dios y de la piedad. Más que los otros hombres, demuestran que son los más grandes perseguidores de los santos… No recuerdo haber escuchado o leído nunca sobre algún apostata que se haya convertido.

Aunque Dios no permitirá que caigas totalmente de la gracia si en verdad se ha comenzado la buena obra en ti, sin embargo, si no tienes mucho cuidado, puedes caer en un estado de profundo decaimiento en lo que concierne a la gracia… Puede ocurrir que, en lugar de la sensible disposición de tu corazón por el pecado que ahora tienes, llegues a un estado de insensibilidad y que llegues a tener una gran torpeza y dureza de corazón. En lugar de tu docilidad y tu disposición para llevar a cabo los deberes espirituales, puedes contraer apatía e indisposición… En lugar de tener un temperamento manso y apacible, puedes llegar a ser malhumorado y lleno de malas pasiones. En lugar de un corazón recto y unos ojos puestos solamente en la gloria de Dios, puedes arruinar la mayoría de tus deberes con la hipocresía. En lugar de la abnegación y la templanza, puedes llegar a satisfacerte a ti mismo y a ser un licencioso a gran escala. Puede ser que pierdas casi todo el contentamiento, la paciencia y el temor de Dios que ahora posees. El hambre y el deseo por Cristo que sientes pueden menguar. La fe fuerte que ahora posees puede debilitarse. Las llamas de amor pueden ser extinguidas hasta que no quede ninguna y solamente permanezcan unas cuantas brasas y chispas casi imperceptibles debajo de las cenizas. La esperanza que tienes del cielo puede desvanecerse, en lo que concierne a la vivacidad y al deleite con el que ahora opera en ti. Por consiguiente, ten cuidado, no sea que caigas… Puedes prevenir una caída si te fijas bien en dónde estás parado. Cualquiera que sea el peligro que te rodea, Dios puede guardarte y sostenerte en medio de tu andar por sus caminos para que tus pies no resbalen. “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría” (Jud. 1:24). A esto le añadiré que es más fácil (aparte del honor que de esta manera brindamos a Dios y el beneficio inefable y la tranquilidad que nos trae a nosotros mismos) permanecer de pie que caer y tener que levantarse de nuevo después de una caída. El recuperarse de una recaída no es nada fácil. Por lo general, los que reinciden grandemente no se recuperan con facilidad ni pueden hacerlo inmediatamente.

Asegúrate de que la buena obra, en realidad, ha tenido principio en tu corazón, que posees la gracia verdadera. Si eres endeble en cuanto a los puntos fundamentales, si estás podrido en tu esencia, con el corazón falso de un hipócrita —sin importar todas tus profesiones de fe— estás en gran peligro de caer en una apostasía total… Solamente la gracia verdadera puede afirmar el corazón: “Buena cosa es afirmar el corazón con la gracia” (He. 13:9). Solamente los que poseen la gracia verdadera han sido edificados sobre la roca de la eternidad, donde están a salvo. Pueden ser fuertemente sacudidos por los problemas y las tentaciones, pero nunca quedarán postrados ni totalmente derrocados…

Nadie ha caído de forma tan vil como aquellos que confiaban de forma presuntuosa en sí mismos… Que tu confianza y fortaleza estén en el Señor. “Esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Ti. 2:1). Acude a Él para hallar gracia para el oportuno socorro (cf. He. 4:16) y cuando te encuentres bajo cualquier amenaza y tentación de caer en el pecado. Cristo puede ayudarnos. El dar socorro es su oficio y Él está dispuesto a hacerlo. Se apiada de ti cuando eres tentado y se compadece “de [tus] debilidades” (He. 4:15). Él te ha [llamado] para que acudas a Él y ha prometido que “aplastará en breve a Satanás” bajo tus pies (Ro. 16:20). Mientras tanto, te bastará su gracia (2 Co. 12:9).

Ten cuidado con la mentalidad mundana para que no seas devorado por los negocios de este mundo ni entorpecido por los asuntos de esta vida. Estoy seguro que la mundanalidad será la causa de una gran decadencia en el poder de la piedad. Si por causa de tu empleo el mundo ocupa la mayoría de tu tiempo, cuídate de no dárselo todo. Reserva un poco de tiempo todos los días para los ejercicios de la fe y permite que estos tengan la mayor parte de tu corazón… Esfuérzate para que el mundo sea crucificado en cuanto a ti y para que tu corazón sea crucificado en cuanto a él. Acude a la cruz de Cristo para que esto sea posible y con frecuencia pon la mirada en la gloria trascendente y la felicidad del otro mundo, lo cual desprestigiará a este mundo ante tus ojos.

Ten cuidado con el pecado en el inicio del mismo. No te atrevas a jugar con el pecado en tu mente, pensando sobre él con placer y deleite. Abstente de los pecados secretos426 porque si no lo haces, tus pies resbalarán antes de que puedas prevenirlo. Cuidado con el más mínimo indicio de apostasía, examina tu corazón cuando este empiece a desviarse de Dios y lucha para recuperarte y levantarte de nuevo con toda rapidez cuando sientas que empiezas a caer.

Pon a Dios siempre delante de tus ojos como lo hizo David. [Él] nos dice que porque había puesto [a Dios] siempre delante de sí, no sería conmovido (Sal. 16:8). Las tentaciones para pecar no tendrán mucho efecto sobre ti cuando en verdad observes y consideres que el ojo de Dios está sobre ti. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gn. 39:9).

Las muchas aguas no podrán extinguir el fuego de este amor. Mientras que tu corazón se alce en esta llama hacia Dios, no estarás en peligro de caer y prestar oído a las tentaciones que te llevarían al pecado. Esfuérzate por permanecer en el amor de Dios y en el amor por los demás. De esta manera, permanecerás en Dios y Dios en ti (1 Jn. 4:16). Y mientras permanezcas en Dios, no podrás apartarte de Él.

Mantén con frecuencia una conversación secreta con Dios por medio de la meditación, la contemplación y con breves oraciones hechas en secreto. Ponte de rodillas a menudo cuando estés solo y ahí laméntate por tus pecados y ora para que puedas mortificar tus corrupciones particulares. Los deberes secretos que se llevan a cabo con seriedad, diligencia y constancia son tanto una evidencia de sinceridad como un gran medio para cuidarnos de la apostasía.

Por último y sobre todo, esfuérzate por obtener una gran medida de la gracia de la fe y ejércela a diario. “Por la fe estáis firmes” (2 Co. 1:24). Para resistir al diablo, es necesario que estés firme en la fe (1 P. 5:8-9). Para apagar los dardos de fuego del maligno, debes seguir adelante y tomar el escudo de la fe (Ef. 6:16). Si has de ser guardado por el poder de Dios, debe ser mediante la fe que conduce a la salvación (1 P. 1:5). Los que retroceden hacia la perdición, lo hacen por medio de la incredulidad. Los que perseveran, lo hacen por medio de la fe que es para la salvación de sus almas (He. 10:39).

Tomado de_“Cautionary Motives and Directions unto Youths Professing Religion to Keep Them from Apostasy and Backsliding”(Motivos de cautela y directrices para los jóvenes que profesan la fe con el propósito de guardarlos de la apostasía y de la reincidencia)que es parte de la obra_The Good Work Begun (La buena obra comenzó),reimpresa porSoli Deo Gloria, un ministerio de Reformation Heritage Books, www.heritagebooks.org.


Thomas Vincent (1634-1678): Pastor y autor puritano inglés, nació en Hertfordshire, Inglaterra.