El respeto de la esposa por su esposo
RICHARD STEELE (1629-1692)
“Y la mujer respete a su marido”. —Efesios 5:33b
El gran deber de toda esposa es respetar a su propio esposo. Tiene también muchas otras obligaciones que son mutuas, pero ella se caracteriza por esto. Ésta es su calificación principal como esposa. No importa cuanta sabiduría, erudición y gracia tenga ella, si no respeta a su esposo, no puede ser una buena esposa.
La creación lo sugiere: Fue hecha después del hombre, él tiene algo de honor por haber sido creado primero. “Porque Adán fue formado primero, después Eva” (1 Ti. 2:13). Fue hecha del hombre, él fue la roca en que fue formada: “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón” (1 Co. 11:8) y para el hombre (1 Co. 11:9). Vemos aquí que no fue el hombre quien estableció este orden, sino Dios mismo. Volvamos a recordar la Caída donde escuchamos que Dios dice: “Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti” (Gn. 3:16). En el Nuevo Testamento, el hecho de que Cristo fue “hecho de mujer” pareciera alterar esta ley inviolable: “Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” (Col. 3:18). “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos” (1 P. 3:1), “considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (v. 2). “Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (v. 5). Volvamos al versículo inicial. Aunque sea ella muy importante, muy buena y su esposo muy malo y muy perverso su deber indispensable es respetar a su esposo… no coincide con la naturaleza ni con la decencia poner la cabeza, ni más abajo ni más arriba de la costilla. Y cuando ella acepte esto, entonces cumplirá muy contenta y fácilmente su deber. Un Dios sabio así lo ha ordenado y, por lo tanto, es lo mejor.
Para empezar: La naturaleza de este respeto. Es un respeto auténtico, cordial y conyugal, que es característico de una mujer buena. Y yo creo que incluye lo siguiente:
1. La esposa debe honrar y estimar altamente a su esposo: “Todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor” (Est. 1:20). Para este fin, debe contemplar todas las excelencias de su persona, sea del cuerpo o la mente, darles el valor que merecen y no considerar que todo en su esposo es negativo… Aun si su esposo es ignorante, igualmente, ella debe valorar la excelencia de su posición, siendo que el Espíritu Santo lo ha descrito como “imagen y gloria de Dios” (1 Co. 11:7). Sea como sea que él se ve a sí mismo o como sea que lo vean los demás, para su esposa es una persona sin igual. Si lo estimó cuando lo aceptó como esposo, debe seguir estimándolo… Recuerde la falta de respeto de Mical para con David y el consecuente castigo de Dios (2 S. 6:16, 23). La esposa debe tener en cuenta que su honor y respeto entre sus familiares y vecinos se levanta o cae según su relación con su esposo, de modo que al honrarlo a él se honra a sí misma.
_2. Este respeto es generado por el verdadero amor:_Aunque el versículo enfatiza más el amor del esposo, es también deber de la mujer: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tit. 2:4). Es así que Sara, Rebeca y Raquel dejaron a sus padres, amigos y patria por puro amor hacia sus esposos… Una joven llamada Clara Cerventa estaba casada con Valdaura, cuyo cuerpo estaba tan lleno de enfermedades que nadie más se atrevía a tocarlo, pero ella curaba sus llagas con todo cuidado y vendió sus propias ropas y joyas para mantenerlo. Por último, él murió y cuando llegaron los que venían a consolarla, les dijo que, si pudiera, lo aceptaría de vuelta, aun si significara perder a sus cinco hijos. Y, de hecho, no hay mejor modo de generar el amor de su esposo que respetándolo, lo cual hará que esto sea dulce y fácil.
- El temor96 es el tercer ingrediente del respeto hacia el esposo que le corresponde a la esposa… Lo complace con diligencia. La palabra “respete” en Efesios 5:33 es, literalmente, “tema”. Ella debe mantener “casta conversación, que es en temor” (1 P. 3:2 – VRV 1909) porque el uno sin el otro, es inadecuado. Este temor no es servil, sino un sincero deseo de complacerle y negarse a ofenderlo. “Haré todo lo posible para complacerlo, aunque no temo su mano, sino su ceño fruncido. Preferiría desagradar al mundo entero antes que a mi marido”.
Consideremos el respeto de la esposa por su esposo, tal como va apareciendo en las Escrituras y, particularmente, en el contexto de estas palabras. Aquí afirmo estas dos cosas:
1. Que la esposa debe respetar a su esposo como la Iglesia respeta a Jesucristo:“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Ef. 5:22) y “Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Ef. 5:24). Abundan los ejemplos de esto, especialmente de gente sabia y buena. El apóstol Pablo parece decir que es el deber de la mujer sujetarse a su esposo, así como la Iglesia debe sujetarse a Cristo… Dos cosas proclaman el respeto que la Iglesia le debe a Cristo, a saber:
a. La cuestión de su sujeción: Esto es en todo… No es que se sujete a él en lo que a ella le plazca o que su apetito le permita, sino cuando él lo requiere. Dice el Apóstol: “Así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (v. 24), esto es en _todo lo que un poder más alto y, aun la Ley de Dios, no prohíba._En lo grande y en lo pequeño, en lo que le es agradable y lo que le es desagradable a ella. Sólo cuando él requiere lo que Dios prohíbe o prohíbe lo que Dios requiere, ha de negarle ella, su sumisión. De hecho, si algo es inconveniente, la esposa debe razonar con tranquilidad y demostrarle sus desventajas, pero si no puede convencer y satisfacer a su esposo, a menos que haya un pecado de por medio, tiene que someter su razonamiento y su voluntad a los de él.
b. El modo de sujetarse demuestra el respeto de ella: Y esto es libre, voluntaria y alegremente. Es igual como la Iglesia se entrega a la voluntad de su Esposo, lo cual ha llegado a ser una de sus características “sirviendo de buena voluntad, como al Señor” (Ef. 6:7), dando a entender que la sujeción y el servicio que realizamos para el Señor es con buena voluntad. Así debe ser la sujeción de la esposa: Muy libre y con muy buena voluntad, como si hubiera una sola voluntad en el corazón de ambos. Lea y Raquel seguían a Jacob como su sombra (Gn. 31:14-17). La reverencia de Sara era sincera, pues llamaba “señor” a su marido (Gn. 18:12) y esto es un ejemplo para las esposas cristianas (1 P. 3:6). Por lo tanto, un espíritu contradictorio o que actúa de mala gana no corresponde a la esposa cristiana; deja una herida en el corazón de él y culpabilidad en el de ella. Porque, por lo general, es una señal de orgullo y engreimiento que ella no ha mortificado y causa zozobra en la familia, lo cual es una maldición… Si el gobierno del esposo es demasiado pesado y severo, es mejor que ella deje que él rinda cuentas por su severidad, deje que Dios sea quien juzgue y cumpla su deber, a que ella tenga que rendir cuentas por su desprecio.
_2. La esposa tiene que respetar a su esposo así como los miembros respetan a la Cabeza._Dice Efesios 5:23: “Porque el marido es cabeza de la mujer”. Todos los miembros del cuerpo saben que la cabeza es útil para el bien de ellos. Él es cabeza para influenciar y solidarizarse con ella: Ese es el privilegio de ella. Él es cabeza para ocupar con dignidad esa posición y para administrar: Eso es de él. La mano aceptará una herida para proteger la cabeza. Sea lo que fuere que la cabeza decide hacer, el cuerpo se levanta y la sigue todo el tiempo que puede. Éste es el modo como la esposa debe honrar a su marido, lugar sólo superado por Dios. ¿Y cómo puede esperar ella beneficiarse de la cabeza si no la honra? Deshonrar la cabeza de un hombre siempre se considera uno de los pecados antinaturales (1 Co. 11:4)… Ella no tiene que contrariar los propósitos de su cabeza. Es ridículo que la cabeza vaya para un lado y la costilla para otro, que un soldado mande a su general o que la luna pretenda ser superior al sol. Tiene ella que seguir las instrucciones y los consejos de su cabeza sin vacilar porque los miembros no le enseñan a la cabeza para dónde ir. La apoyan, pero no la dirigen… es sabio y el deber de la esposa sujetarse a su esposo como su cabeza, (excepto en casos en que la cabeza esté demente o evidencie un desorden mental). “El hombre tiene autoridad en su casa, a menos que sea verbum anomalum; es decir, un necio” (Lutero).
Esto nos trae a las demostraciones del respeto de la esposa por el esposo, que es lo tercero que voy a describir.Estas son:
“Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt. 12:34). Si hay ese temor y respeto interior en su corazón, como Dios lo requiere, será evidente en las palabras que dice. La misma ley que se aplica al corazón en este caso, también gobierna la lengua. “Y la ley de clemencia está en su lengua” (Pr. 31:26). Y, ciertamente, aquí “la lengua apacible es árbol de vida”, mientras que “la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu” (Pr. 15:4).
Este respeto de la esposa se demuestra:
a. En sus palabras acerca de su esposo: Las cuales siempre deben estar llenas de respeto y honra. Ella habla respetuosamente de él, en su ausencia. Ninguna esposa es demasiado grande ni buena como para no imitar el ejemplo piadoso de Sara: “Como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien” (1 P. 3:6). Éste era el lenguaje de su corazón como lo dice antes Génesis 18:21. Todas las críticas acerca de su esposo y las palabras que lo deshonran tienen, infaliblemente, consecuencias para su propia vergüenza; su honra y respeto se mantienen o caen juntos. La mujer malvada se refiere a su marido como “el hombre” (Pr. 7:19, literalmente en hebreo). ¡Oh, que esto fuera lo peor que las esposas dijeran de sus maridos a sus espaldas!
b. Las palabras de la esposa hacia su esposo deben ser llenas de respeto. Cuídese de:
(i) Hablar en exceso e interrumpir absurdamente a su esposo mientras él está hablando, y responder con diez palabras cuando una hubiera bastado porque el silencio demuestra más la sabiduría de una mujer que las palabras y la que es sabia, usa las palabras con moderación. Aunque parezca ser piadosa, si no controla su lengua, su piedad es en vano.
(ii) Usar palabras o un tono irrespetuoso97. Ella tiene que cuidar que sus palabras sean de calidad, es decir, humildes y respetuosas porque el gran deseo de la esposa debe ser procurar “un espíritu afable y apacible”, sí, y del hombre también, “es de grande estima delante de Dios” (1 P. 3:4). Cuando el corazón ha sido humillado por la gracia de Dios, se notará en sus palabras… ¿Acaso no ha dicho Dios “la lengua blanda quebranta los huesos” (Pr. 25:15)? Esto es más de lo que puede hacer una lengua virulenta… Le será un consuelo indescriptible en la muerte y el juicio reflexionar en las victorias que su paciencia ha logrado y con cuánta frecuencia su silencio y sus respuestas blandas han mantenido la paz… Es indudable que si la mansedumbre y el respeto no prevalecen, menos lo harán la ira y la pasión… No tema que esto empeorará a su marido, más bien confíe en la sabiduría de Dios (1 P. 3:1; Pr. 25:15). Recuerde que Dios le escucha y le juzgará por cada palabra ociosa (Mt. 12:36). Idealmente, tanto el esposo como la esposa, deben ser lentos para apasionarse, no obstante esto, donde uno debe ceder, lo más razonable es que sea la esposa. Ninguna mujer recibe honra por haber tenido la última palabra. Algunas mujeres argumentan que su lengua es su única arma, pero el sabio sabe que a su lengua la enciende el infierno (Stg. 3:6). Note cómo Raquel le habló impulsivamente a Jacob: “Dame hijos, o si no, me muero” (Gn. 30:1) y en cuanto tuvo dos, ¡murió! (Gn. 35:18). Por otro lado, Abigail se comportó con prudencia y recibió honra. Si el respeto no prevalece con él, el enojo tampoco. Por eso es que el marido y la esposa deberían acordar que nunca se levantarán la voz uno al otro ni se tratarán con palabras indebidas.
La demostración del_respeto_de la esposa hacia su esposo tiene que ser también_de hecho._
a. Ella obedece sus instrucciones y sus restricciones. Sara obedeció a Abraham y ella es un ejemplo digno (1 P. 3:6). Él le dijo: “Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes” (Gn. 18:6) y ella lo hizo inmediatamente. La esposa ha de obedecer a su esposo en todo lo que no sea contrario a la voluntad de Dios. Pero si le manda hacer algo pecaminoso según la Ley de Dios —si le pide que mienta, que dé falso testimonio o algo parecido— _ella tiene que negarse modesta y resueltamente._Si le prohíbe hacer algo que, según los mandatos de Dios, es un deber indispensable —si él le prohíbe orar, leer la Biblia, santificar el Día del Señor o algo parecido— entonces tiene ella que “obedecer a Dios antes que a los hombres”(Hch. 5:29). Pero en todos los demás casos, aunque ella puede presentarle respetuosamente a él sus razonamientos, si él sigue insistiendo, su mejor sacrificio será obedecer y hacer lo que le pide lo cual alivianará su yugo…
b. _El hogar es el lugar_porque ella es la hermosura del hogar, allí es donde se desenvuelve, es su seguridad y “su delicia” (Mi. 2:9). Cuando desaparecen el sol y la luna, el cielo está oscuro, y cuando, tanto esposo y esposa están fuera de casa, se producen muchos problemas en el hogar, y ya sabemos de quien habla esto: “Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa” (Pr. 7:11). Sólo una necesidad urgente debe impulsarla a salir.
_Donde sea que el esposo juzgue mejor vivir, allí tiene la esposa que alegremente consentir vivir, aunque quizá por los amigos de ella o de él, sea incómodo para ella._Entonces, Aquel que designa “amar a sus maridos” (Tit. 2:4), en el versículo que sigue, les indica: “ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa,…” [en griego, oikouros, que significa cuidar la casa, trabajar en el hogar, quedándose en casa y atendiendo los asuntos de la familia. Concordancia de Strong], buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tit. 2:4-5). Porque aunque se pueden silenciar las palabras de una mujer buena, nunca se podrán silenciar sus buenas obras…
c. Ella le pide su consejo y escucha sus reconvenciones. Rebeca no mandó a Jacob donde su hermano Laban sin consultarle a Isaac (Gn. 27:46). Sara no echó a la sierva Agar sin consultarle a Abraham (Gn. 21:10). La mujer sunamita no iba a recibir al profeta en su casa sin decirle a su marido (2 R. 4:10). Su tarea más difícil es escuchar la reconvención con cariño y gratitud, especialmente, si tiene un espíritu orgulloso y contencioso. Pero ella debe recordar que tiene sus faltas y que nadie las ve mejor que su marido. Así que contestarle con dureza por sus reconvenciones muestra una gran ingratitud. Si ella realmente lo respeta, esta será una píldora mucho más fácil de tragar.
d. Ella mantiene una actitud respetuosa y alegre en todo momento. No debe ceder a la irritabilidad o la depresión cuando él está contento, ni estar eufórica cuando él está triste. Debe hacer todo lo posible para que él se complazca en ella. Exprese ella contentamiento con lo que tiene y con su posición, y un temperamento dulce, a fin de que él disfrute de estar en casa con ella. Estudie ella cómo le gustan a él sus comidas, sus ropas, su casa y obre conforme a lo que le agrada porque, aun debido a estas pequeñeces, surgen muchas agrias discusiones. Nunca debe permitir que su exceso de confianza con él, genere desdén. El amor de él no debe hacerle olvidar sus deberes, sino aumentar sus esfuerzos. Su cariño no debe disminuir su respeto por él. Es mejor obedecer a un hombre sabio que a uno necio. La mayoría de los maridos se reformarán si sus esposas los respetan adecuadamente. De la misma manera, la sabiduría y el afecto de él se ganan el respeto de la esposa, en la mayoría de los casos. Pocos esposos hay tan malos que la discreción y el respeto de una esposa no los reformaría; y pocas esposas hay de tan mal genio, que la sabiduría y el afecto de un esposo no la mejoraría.
Algunos harán caso omiso a estos consejos con la excusa de que nadie puede ponerlos por obra, pero esto es una burla a Dios. Él castigará a los tales. Si su venganza no le llega en esta vida, como sucede con frecuencia con los rebeldes, entonces le llegará en la próxima. El cristiano auténtico se caracteriza por un sometimiento fundamental al consejo bíblico; sin estos, somos meros hipócritas.
Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” (¿Cuáles son los deberes mutuos de esposos y esposas?) en Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate(Sermones puritanos 1659-1689. Estando en los ejercicios matutinos en Cripplegate), Tomo I, reimpreso por Richard Roberts, Publicadores. A su disposición en Chapel Library.
Richard Steele (1629-1692): Predicador y autor puritano; nacido en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.