El amor del esposo por su esposa
RICHARD STEELE (1629-1692)
“Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo”. —Efesios 5:33a
El deber más importante de todo esposo es amar a su esposa. Esto es el fundamento de la relación matrimonial y resume todos los demás deberes del esposo para con ella. Todo fluye de esto. Sin amor, cada cumplimiento de un deber para con ella parece difícil. La ternura, el honor y la amabilidad son meros rayos del sol del amor.
Para empezar, la naturaleza y las propiedades de este amor. El amor de un esposo por su esposa es particular a esta relación. Es conyugal, es fiel y genuino. No es el cariño que sentimos por los hijos, ni tampoco es un apetito animal, sino que es bueno y auténtico.
1. Su fundamento: Usted está casado con ella y Dios ordena a los esposos que amen a sus esposas. La ordenanza divina hace que los esposos sean una sola carne, y la ley natural obliga que cada uno ame su propio cuerpo. Por lo tanto, como solamente esto durará para siempre, aunque la hermosura de la mujer desaparezca, su energía se agote, su debilidad sea grande y su utilidad escasa, ya que ella puede perder sus encantos de muchas maneras, igual es una parte de mí mismo. El Dios sabio ha determinado que aquí deposite yo mi afecto. Al final de cuentas, éste es el único fundamento seguro y eterno.
2. Su extensión:Este amor tiene que ser correcto en todo lo que abarca: Abarca a la persona en su totalidad, tanto su alma como su cuerpo. Por lo tanto, debe escoger una esposa que le sea atractiva por su físico, por su personalidad y por su espiritualidad. De otra manera, no le hace justicia a ella. Todo hombre escoge una pareja cuya apariencia externa le agrada… El verdadero amor conyugal hacia la esposa abarca su alma, generando ternura y buena disposición, de modo que se va puliendo su vida con sabiduría y devoción y esforzándose en hacer aquello que embellezca su alma y su cuerpo.
3. Correcto en su alcance: Debe trascender el amor hacia los padres: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24). El esposo debe honrar a sus padres, pero tiene que amar a su esposa como a sí mismo y (con toda prudencia) preferirla cuando surge una competencia entre sus padres y ella… Tiene que preferirla antes que al cariño por sus hijos cuando tiene que elegir entre ambos… Ella está antes que el afecto a sus hijos; él más bien amará a sus hijos porque son de ella, que a ella porque los tiene a ellos, y antes que a cualquier otra persona en el mundo. En resumen, el esposo tiene que amarla tanto que prefiere su compañía más que la del resto del mundo: “Y en su amor recréate siempre” (Pr. 5:19).
4. Su duración:El amor del esposo tiene que ser para siempre:El último pasaje mencionado aclara esto: “Y en su amor recréate siempre” y esto se logra, no siendo cariñoso con ella cuando están en público y después indiferente cuando están a solas, sino _siempre,_no por una semana, un mes o el primer año, sino por toda la vida. Efectivamente, al ir viendo las virtudes y la dulzura de ella, el amor de él debiera aumentar, incluyendo en la vejez… Después de haber disfrutado de su belleza y fortaleza, ¿por qué no también de sus arrugas y sus enfermedades, teniéndole más respeto aún por su fidelidad comprobada? …Y si ella es físicamente menos atractiva, generalmente hay más belleza en sus pensamientos, más sabiduría, humildad y temor del Señor; la belleza interior, generalmente aumenta, a medida que la hermosura exterior disminuye. De modo que hay suficientes argumentos en ella o en la Biblia por las cuales el amor del marido debe ser perpetuo.
Consideremos el amor del esposo hacia su esposa, tal como va apareciendo en las Escrituras y, particularmente, en el contexto y palabras que estoy utilizando.
1. El amor de Jesucristo por su Iglesia: El esposo debe amar a su esposa, como nuestro Salvador Jesucristo ama a su Iglesia:“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia” (Ef. 5:25). El esposo “la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Ef. 5:29). Estos versículos nos hablan de la _calidad_del amor, aunque no podamos ser _iguales_a Cristo en esto… Su amor se presenta aquí como:
a. Auténticamente, sin hipocresía: El “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Su amor es verdadero porque murió por ella. El esposo siga este ejemplo. No amar solamente de labios para afuera, sino con hechos y en verdad, como si el nombre de ella se encontrara escrito en su corazón…
b. Libre, sin[esperar ser recompensado]: Porque él se dio a sí mismo para santificar a su Iglesia (v. 26), esto implica que ella estaba en una condición deplorable cuando él inició sus primeros contactos. No era bella. Lo amamos porque él nos amó primero (1 Jn. 4:19). El esposo ama primero y con su amor forja el amor de su esposa porque el amor, con amor se aviva. Si ella parece ser débil, por las características mismas de su género —en sabiduría, fortaleza y valentía, o muestra no tener amor o ser negligente en sus deberes—, aún así, él esposo la amará porque el amor no busca lo suyo propio (1 Co. 13:5). _El verdadero amor procura mejorar al ser amado, pero no para provecho del que ama._Amar a la esposa esperando sólo algún provecho propio, no es digno del esposo ni dista de seguir el ejemplo de Cristo.
c. Santo, sin impurezas: Porque Cristo “amó a la iglesia… para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:25-26)… El esposo no puede contar con un mejor ejemplo: Tiene aquí la enseñanza de que debe esforzarse para la salvación de su esposa y para continuar y promover la santificación de ella.
d. Grande, sin comparación: Porque “nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13) y así lo hizo nuestro Salvador. Él se entregó por su Iglesia (Ef. 5:25). El esposo imitará a su Señor y Maestro manteniendo un gran respeto por su esposa porque ella es miembro “de su cuerpo, de su carne y de sus huesos…”.
e. Es un amor activo y fructífero: Porque él a su Iglesia “la sustenta y la cuida” (Ef. 5:29). Su humilde Iglesia siempre está necesitada: Él suple sus necesidades. Está en problemas, él la protege; está a punto de desfallecer, él la levanta. Así debe ser el amor del esposo. No debe escatimar recursos ni sacrificios para hacerle bien a su esposa… El esposo debe hacer lo máximo para llenar las necesidades de ella, ya sea de sustento, de su amistad constante o de su cuidado cuando está enferma. Los esposos deben copiar el ejemplo de Cristo.
f. Constante, sin cambiar: “A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga…” (Ef. 5:27). Muchas veces ella ha hecho a un lado a Cristo, no obstante, él sigue amándola. Ninguna mala conducta de parte de ella, justifica que la deje de amar. El esposo tiene que amar a su esposa como Cristo ama a su Iglesia.
2. El amor del esposo por él mismo: Así lo dice mi Biblia. El Apóstol dice: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos” (v. 28) y, como si esto no fuera suficiente, continúa diciendo: “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…” (v. 33). Si bien este modo de amar es menor que el amor de Cristo por su Iglesia, es más fácil de entender. Quizá él no sabe con cuánto amor Cristo ama a su Iglesia, pero sí sabe con cuanto amor se ama a sí mismo. Y esto es:
a. Tiernamente: Ninguno puede tocar o manejar las heridas y penas de un hombre tan tiernamente como él mismo: “Porque nadie aborreció jamás a su propia carne” por desagradable que sea, sino que la sustenta y la cuida (v. 29). Así debe ser el amor del esposo hacia su esposa: Lleno de ternura. Las esposas son como vasos de cristal, que se rompen fácilmente si no se las trata con ternura. Las mujeres son más propensas a los temores, las pasiones y los sufrimientos.
_b. Alegremente:_Nadie está tan listo para ayudarlo a uno como lo está uno mismo. Sus mejores amigos a veces fallan y se cansan; pero todos se ayudan a sí mismos. Por más difícil o peligroso que sea hacerlo, lo hace si es para propio beneficio. Así ha de ser la disposición del esposo para asistir, confortar y ayudar alegremente a su esposa. Si una nube se interpone entre ellos, el amor de él la disolverá rápidamente porque nadie está enojado consigo mismo por mucho tiempo… sus oídos estarán abiertos, sus manos, su corazón listos para consolar, ayudar y agradar a su esposa, así como está listo para ayudarse a sí mismo. No deben necesitar un mediador.
Esto nos trae a las demostraciones del amor del esposo, que es lo tercero que voy a describir. Estas son:
a. Le enseña: Instruyendo a su esposa en las cosas que requiera: El Señor le dice a los esposos: “Vivid con ellas sabiamente” (1 P. 3:7). Y a las esposas les dice: “pregunten en casa a sus maridos” cuando quieran aprender y no “hable[n] en la iglesia” (1 Co. 14:35)… El esposo tiene una excelente oportunidad. ¡Ay del esposo a quien le falta la voluntad o la habilidad de enseñar a su esposa! En cualquiera de los dos casos, debe adquirirla. Lo cierto es que si él la trata bien, pone sobre ella la obligación de amarlo. Si descuida esta labor, ¡ella probablemente lo maldiga para siempre en el infierno!
b. La reprende: El esposo demuestra su amor llamándole tiernamente la atención cuando ella ha fallado en algo: Él tiene que pasar por alto sus debilidades porque el amor “cubrirá multitud de pecados” (1 P. 4:8). Así como una espada pierde su filo cuando se usa continuamente, los reproches continuos también van perdiendo su efecto con el tiempo. Aun así, el esposo que no le llama la atención a su esposa cuando es necesario, no está demostrando su amor. Pero _que sea con toda sabiduría y ternura:_No frente a desconocidos y lo menos posible frente a la familia; ni mucho menos por defectos sobre los cuales no tiene control y rara vez por haber olvidado alguna obligación. Cuando lo hace, que lo haga reconociendo las cosas buenas y después respaldarlas dándole sus razones. También se asegurará de mezclar el oleo de la amabilidad con la mirra de la reprensión porque si le da su poción demasiado amarga, su acto, más que ayudar creará problemas y su labor estará peor que fracasada… Tarde o temprano, si ella no es obstinada, se lo agradecerá y se corregirá. La reprensión debe ser corta, como una palmada rápida y leve (es claro que esto es puramente una comparación; el marido jamás debe pegar a su esposa). Si la poción está demasiado caliente, hace más daño que bien. Siga el ejemplo de Job cuando dijo simplemente: “Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (Job 2:10). La reprensión leve es la que más posiblemente le impulse a ella a arrepentirse sinceramente (Pr. 25:15).
c. La alienta: El esposo demuestra su amor estando dispuesto a animar a su esposa cuando hace las cosas bien: “Su marido también la alaba” (Pr. 31:28). El que es discreto y fiel en esto probablemente escoja el mejor camino para hacerle bien a su esposa… Elógiela cuando hace algo bueno. Esto es importante porque le ayudará a ver la sinceridad de su amor cuando tiene que reprenderla y hará que las reprensiones sean más convincentes.
d. La conforta. Especialmente cuando está sufriendo emocional o físicamente. Por los tiernos razonamientos de Elcana con Ana, ella volvió a comer (1 S. 1:8-9). Las palabras gentiles de un esposo, son como medicina para su esposa. No la subestime.
La demostración del amor del esposo por su esposa tiene que ser también de hecho:
a. Le provee el sustento:Proveyendo lo necesario y también lo que es beneficioso para ella según la habilidad de él: “No disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal” (Éx. 21:10). No significa que ella se puede dar el lujo de cruzarse de brazos y vivir del trabajo de su esposo sin brindarle ninguna ayuda. Pero la manutención principal tiene que estar a cargo del esposo… Ya que le corresponden las mayores obligaciones y goza de las mejores ventajas, tiene que mantener a su esposa por todos los medios legales. No solo mientras él viva, sino que también hasta donde puede, tiene que dejarle el porvenir asegurado para después que él haya fallecido porque eso hizo Cristo por su Iglesia. El “honor” que debe darle el esposo a su esposa como el vaso más frágil, bien puede referirse a su mantenimiento (1 P. 3:7; _c.f._Mt. 15:6; 1 Ti. 5:3). Si puede, debe darle un monto para que maneje a su gusto, a fin de que ella pueda hacer caridad y animar a los siervos e hijos en el cumplimiento de sus obligaciones.
b. Le demuestra gran ternura:El esposo ha de demostrar este amor conyugal hacia su esposa con ternura: Esto le incumbe porque él es la cabeza de la esposa: “El varón es la cabeza de la mujer” (1 Co. 11:3). Por lo tanto, el esposo debe proteger a su esposa de los peligros y ser comprensivo con ella… con base en esto debe proteger su alma de la tentación, su cuerpo de todo mal, su nombre de ser mancillado y su persona del desprecio de sus hijos o de cualquier otro. En resumen, toda su actitud hacia ella debe ser de ternura que nace de su amor y devoción y su comprensión en los momentos de dificultades.
c. Le es un buen ejemplo:El esposo tiene que demostrar su amor a su esposa dándole un buen ejemplo: Concretamente en devoción, seriedad, caridad, sabiduría y bondad, que son las características más constantes y eficaces que le puede transmitir a ella … Si él es santo, pacífico y trabajador, ella no podrá, por vergüenza, ser deshonesta, perversa ni ociosa. La vida de él la guiará. Sus oraciones le enseñarán a orar. Su justicia, templanza y devoción serán ley, regla y motivo para que ella sea justa, sobria y devota. Si él es ateo, entregado a los placeres o hipócrita, es una mala influencia para ella. Él dirigirá y, por lo general, ella lo seguirá ya sea al infierno o al cielo. El ejemplo de él es de más influencia de lo que él cree. Salomón lo llama “al compañero [guía] de su juventud [de ella]” (Pr. 2:17). Por lo tanto, establezca pautas de piedad, seriedad, caridad, sabiduría y bondad.
d. Le concede pedidos razonables: Recuerde que David le otorgó a Betsabé el pedido que le hizo de que su hijo ocupara el trono (1 R. 1:15-31), Isaac le otorgó a Rebeca su pedido de una esposa piadosa para Jacob (Gn. 27:46; 28:1) y Jesucristo otorga pedidos razonables a su Iglesia. El esposo debe estar anticipando los pedidos de ella y otorgárselos antes de que los pida. Él debe buscar su consejo, como lo hicieron Elcana y Abraham (1 S. 1:23; Gn. 21:12) y ceder cuando ella tiene razón.
e. Confía en ella en cuestiones domésticas: “El corazón de su marido está en ella confiado” (Pr. 31:11), especialmente si tiene el criterio suficiente que necesita tener para manejar los asuntos del hogar. El esposo tiene cosas más importantes que hacer que mandar a los sirvientes de la casa. Ella quizá le consulte ocasionalmente a él, a fin de que si las cosas no salen bien, ella no tenga la culpa. Pero, por lo general, él debe moverse en una esfera fuera de la casa y ella en su jurisdicción, dentro del hogar. Él debe traer la miel y ella debe trabajarla en el panal.
f. Ejerce autoridad para con ella: Las demostraciones del amor del esposo por su esposa se verán en su comportamiento hacia ella: Esto es, en el uso sensato de su autoridad… El omnisciente Dios invistió al primer esposo con esa autoridad (Gn. 2:23) y no se la quitó en su caída (Gn. 3:16). La luz de la naturaleza y del Evangelio lo requieren (Est. 1:22; 1 Co. 11:3). Sólo las mujeres orgullosas e ignorantes lo cuestionan. En esto radica la demostración de amor del esposo:
(i). Sabiamente. Puede mantener su autoridad únicamente por medio de una conducta realmente espiritual, seria y varonil. Le será difícil a ella reverenciarlo, si él no reverencia a Dios. Si él es superficial o afeminado, la perderá.
(ii). Gentilmente. Si su amor brilla porque todo lo hace con dulzura, no gobernará sobre ella como un rey sobre sus súbitos, sino como la cabeza sobre el cuerpo. Recuerde que aunque su posición es superior, sus almas son iguales. Eva no fue sacada de la cabeza de Adán, tampoco de sus pies, sino de su costado cerca de su corazón. Entonces, su semblante debe ser cordial; su lenguaje diario con ella, prudente y dulce; su comportamiento, servicial; sus órdenes, escasas y respetuosas, y sus reprensiones, gentiles… (Col. 3:16) El esposo nunca debe pensar que decir constantemente palabras groseras o amargas es la manera de conservar y usar bien su autoridad, intimidándola… Si una autoridad demostrada con humildad no convence a la esposa, él está perdido en este mundo y ella en el mundo venidero.
Tomado de “What Are the Duties of Husbands and Wives Towards Each Other?” (¿Cuáles son los deberes mutuos de esposos y esposas?) en Puritan Sermons 1659-1689. Being the Morning Exercises at Cripplegate(Sermones puritanos 1659-1689_._ Estando en los ejercicios matutinos en Cripplegate), Tomo I, reimpreso por Richard Roberts, Publicadores. A su disposición en Chapel Library.
Richard Steele (1629-1692): Predicador puritano y autor; reconocido como “un gran erudito, estudiante serio y predicador excelente”, autor de The Character of the Upright Man(El carácter del hombre justo) y otros. Nació en Bartholmley, Cheshire, Inglaterra.