Cómplices del adulterio
ROBERT G. SPINNEY
“No cometerás adulterio”. —Éxodo 20:14
Hace mucho que los cristianos relacionan la ropa inmodesta con la inmoralidad sexual. Para nuestro asombro, hoy éste es tema de debate. A veces, se considera que la persona que señala la conexión entre inmoralidad y la forma de vestir indecorosa sólo está expresando su propia debilidad personal en lo que a las tentaciones sexuales se refiere. El que se cubre poco con la ropa (y la ropa misma que poco cubre) no se considera el problema; sino el que se queja de esta manera de vestir. (Es el mismo argumento que las feministas militantes han usado desde hace tiempo, un argumento que ahora oímos de los cristianos: La mujer debe tener la libertad de usar lo que quiera y cualquier problema que resulta es debido a lo vulgares que son los varones.) Esto calla los argumentos en pro de la ropa modesta; el que presenta tal argumento es juzgado como que está expresando su propia lujuria. Gracias a la inmodestia socialmente aceptable, el que la desafía es acusado de tener una mente sucia.
Pero las antiguas confesiones y los catecismos muestran lo insubstancial de esta aseveración. Mucho antes de los biquinis, trajes de baño demasiado ajustados, shorts muy cortos y vestidos strapless (sin tirantes), los cristianos conocían la conexión esencial entre la inmoralidad sexual y la manera de vestir indecorosa. Su aplicación general de la Palabra de Dios con referencia a la pureza sexual —_y su búsqueda seria de santidad—_los llevó a denunciar la ropa inmodesta. La afirmación moderna de que ninguna ropa es inapropiada para el cristiano hubiera consternado a nuestros antecesores espirituales…
[Este artículo] es un llamado a obedecer el séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio”(Éx. 20:14). Requiere la preservación de tanto nuestra propia pureza sexual como la de nuestro prójimo, una pureza que debe demostrar nuestro corazón al igual que nuestra conducta. Dicho negativamente, el mandamiento prohíbe pensamientos, palabras y acciones impúdicas. Lo violamos si lo que vestimos expresa nuestros propios deseos sexuales, promueve la inmoralidad sexual en nosotros o en otros, sanciona tácitamente (aunque quizá sin intención) lo impúdico y lujurioso, o tienta a otros a cometer pecados sexuales.
**¿Es usted cómplice del adulterio?**Nuestro sistema legal reconoce acertadamente que tanto los homicidas como sus cómplices son transgresores. De manera similar, tanto los adúlteros como sus cómplices son culpables de transgredir la Ley de Dios.
Si usamos ropa que incita la lujuria en alguien, entonces somos sus cómplices. Esto nos hace copartícipes del pecado, no importa cuáles sean nuestras intenciones. El cristiano no puede decir: “No estoy tratando de ser sexualmente provocativo con mi manera de vestir. No tengo motivos inmorales. Por lo tanto, lo que visto es decoroso”. Iré más allá. Como esposo y padre de familia, soy cabeza de mi hogar. Cuando permito que miembros de mi familia usen ropa que contribuye a que otros adulteren en su corazón, soy culpable de promover el pecado.
Ésta es una de las razones por la cual tanto hombres como mujeres deben vestirse modestamente. Los hombres pueden promover lujuria en la mujer tal como la mujer puede promover pensamientos sexualmente inmorales en el hombre. La Biblia usa la frase piedra de tropiezo [u ofensas] cuando nosotros, por lo general, usamos la palabra cómplice.
¿Qué es una piedra de tropiezo? Es algo que tienta a alguien a pecar. En Mateo 18:7-9, Jesús dijo: “¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”… En este pasaje, la primera preocupación de Jesús es que nos examinemos a nosotros mismos y eliminemos los obstáculos que nos tientan a pecar. Pero también podemos ser piedras de tropiezo para otros y ¡ay del hombre por el que aparece la piedra de tropiezo! Este concepto se aplica a mucho más que a la manera de vestir, pero es indudable que la incluye.
Notemos las metáforas extremas en este pasaje: Ampútate la mano. Córtate el pie. Sácate el ojo. En realidad, Jesús no está recomendando la automutilación. Está usando un lenguaje figurado para enseñar una lección: Es indispensable actuar drásticamente para evitar lastimarse o lastimar a otros espiritualmente. Haga cosas radicales para asegurarse de no crear obstáculos que impidan su búsqueda del Reino de Dios… Vestir con modestia es un precio relativamente bajo que pagar.
Me asusta oír que un cristiano diga: “Si mi modo de vestir enciende la lujuria de Fulano, eso es su problema”. Esta actitud sencillamente no es bíblica. Es lo mismo que decir: “No soy responsable por las piedras de tropiezo morales que causo con mi modo de vestir”. Es cierto que la lujuria de Fulano sí es su problema y es de él principalmente. Pero si lo que uno viste lo hace su cómplice —_una piedra de tropiezo—_entonces la Palabra de Dios dice que se convierte también en su problema. El Señor Jesucristo mismo condena a aquellos que incitan a otros a pecar: ¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!
John MacArthur presenta este punto en su discusión sobre 1 Timoteo 2:9 y Mateo 18:7-9. Dice: “La mujer caracterizada por esta actitud [de modestia] se viste de modo que evita ser el origen de alguna tentación…La mujer piadosa aborrece tanto al pecado que evita todo lo que provocaría a alguien a pecar. ¡Mejor estar muerta que llevar a otro creyente a pecar!”371. ¿Por qué se visten algunos cristianos para convertirse en “eventos lujuriosos”? A menudo es por inocente ignorancia. Muchos creyentes sencillamente no saben que una ropa provocativa tienta fácilmente a otros cristianos o no cristianos a pecar. La siguiente norma se aplica especialmente a las mujeres cristianas: A menudo, no comprenden que muchos varones cristianos experimentan una gran angustia en su alma al luchar contra la tentación sexual. Sin mala intención, visten ropa que es piedra de tropiezo. Recordemos que los varones cristianos son santos, ¡no ángeles! Hermanas, por favor amen a sus hermanos de tal manera que eviten tentarlos a pecar. Margaret Buchanan tiene razón cuando escribe: “Al vestirse de un modo provocativo, de hecho, las chicas y mujeres hostigan sexualmente a los hombres”. Esto es cierto, aun cuando no haya una intención deliberada de promover sensualidad con el modo de vestir.
No obstante, en otros casos, el problema no es la inocencia ignorante sino, más bien, la falta de disposición a honrar a Dios y amar a nuestros prójimos con nuestro modo de vestir. La Biblia declara que el cuerpo del cristiano le pertenece a Dios, tanto por derecho de creación y de sustento como por derecho de redención (1 Co. 6:19-20). Cada segundo de la vida del cristiano ha de ser vivido bajo el señorío de Cristo y para la gloria de Dios; y esto incluye su indumentaria. Un cristiano sencillamente no puede decir: “Me puedo vestir como se me da la gana”.
Por favor escuchen a nuestro Señor cuando dice que hay que tomar acciones drásticas para reducir las tentaciones y las piedras de tropiezo. Esto es un mandato, no una sugerencia. (Ver 1 Co. 8:9; 10:31-33). Vestir con modestia es sencillamente un resultado de una preocupación piadosa y altruista por el bienestar de los demás.
Tomado de Dressed to Kill(Vestido para matar), publicado por Tulip Books, www.tulipbooks.org.
Robert G. Spinney: Pastor bautista y profesor asociado de Historia en Patrick Henry College, Purcellville, Virginia, Estados Unidos.
Cuídese de ser el instrumento de Satanás para alimentar el fuego de corrupción en otro. Algunos lo hacen a propósito. Por eso la prostituta perfuma su cama y se pinta la cara. Los idólatras, tan prostitutos como la mencionada, llenan sus templos y altares de fotos supersticiosas, adornadas con todo el oro y la plata que pueden para hechizar al espectador. Por esto, dice de ellos la Palabra: “Os enfervorizáis con los ídolos” (Is. 57:5), tanto como cualquier amante con su querida en su vestido indecente. Y el alcohólico despierta la tentación de su prójimo: “¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez!” (Hab. 2:15). ¡Oh, cuán baja es la obra de estos hombres! Por ley, el que alguien incendie la casa de su vecino significa pena de muerte, ¿qué pues merecen los que prenden fuego al alma de los hombres, peor que el fuego del infierno? Pero es posible que usted lo haga sin saberlo por medio de algo más insignificante de lo que se puede imaginar. Un niño jugando con un cerillo [fósforo] encendido puede prender un fuego a una casa, que después no se puede apagar. Y ciertamente, Satanás puede usar nuestra insensatez e indiferencia para encender la lujuria en el corazón de otro. Quizá salga de nuestra boca alguna palabra vana sin querer dañar a nadie, pero una chispa de tentación puede extenderse al corazón de un amigo y encender allí un lamentable fuego. El atavío lascivo, quizás [escotes] o los hombros descubiertos, que quizá se usa con un corazón limpio y sólo porque está de moda, puede resultar una trampa para otro. Pablo dice: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Co. 8:13). ¿Y podemos admirar un vestido frívolo de una moda inmodesta que ofendería a otros, y, aun así, usarlo? Reflexionemos que el alma de nuestro hermano es de más valor que la moda de nuestro vestido. — William Gurnall