Quinta Carta
Hermano Lorenzo — La Práctica de la Presencia de Dios
*Oración por una hermana que está a punto de hacer voto y profesión. Una nueva insistencia en la necesidad y la virtud de practicar la Presencia de Dios.
Recibí hoy dos libros y una carta de una hermana que se prepara para hacer su profesión, y por ello solicita las oraciones de su santa sociedad, y de la suya en particular. Percibo que confía mucho en ellas; le ruego que no la decepcione. Ruego a Dios que haga su sacrificio pensando únicamente en Su amor, y con la firme resolución de dedicarse por completo a Él.
Le enviaré uno de esos libros que tratan sobre la presencia de Dios; un tema que, en mi opinión, abarca toda la vida espiritual; y me parece que quien la practique debidamente pronto se volverá espiritual.
Sé que para practicarla correctamente, el corazón debe estar vacío de todo lo demás; Porque Dios solo poseerá el corazón; y como no puede poseerlo solo sin vaciarlo de todo lo demás, tampoco puede actuar allí y hacer en él lo que le plazca, a menos que se le deje vacío.
No hay vida más dulce y placentera que la de una conversación continua con Dios: solo quienes la practican y la experimentan pueden comprenderla; sin embargo, no les aconsejo que lo hagan por ese motivo; no es el placer lo que debemos buscar en este ejercicio; sino que hagámoslo por amor, y porque Dios así lo quiere.
Si yo fuera predicador, predicaría sobre todo la práctica de la presencia de Dios; y si fuera director, aconsejaría a todo el mundo que lo hiciera: tan necesario lo considero, y tan fácil también.
¡Ah! Si supiéramos la falta que tenemos de la gracia y la ayuda de Dios, nunca lo perderíamos de vista, ni por un momento. Créanme; Haz de inmediato la santa y firme resolución de no olvidarlo jamás por voluntad propia y de pasar el resto de tus días en su sagrada presencia, privado por amor a Él, si Él lo considera oportuno, de todo consuelo.
Dedícate con entusiasmo a esta obra, y si la haces como debes, ten la seguridad de que pronto verás los resultados. Te apoyaré con mis oraciones, por pobres que sean; me encomiendo sinceramente a las tuyas y a las de tu santa compañía.
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Notas personales
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