First Letter
Brother Lawrence — The Practice of the Presence of God
How the habitual sense of God’s Presence was found.
Puesto que desea con tanto fervor que le comunique el método por el cual llegué a esa sensación habitual de la Presencia de Dios, que nuestro Señor, en su misericordia, se ha dignado concederme, debo decirle que me cuesta mucho convencerme debido a sus insistencias; y ahora lo hago solo con la condición de que no muestre mi carta a nadie. Si supiera que la dejaría ver, todo el deseo que tengo por su progreso no me obligaría a hacerlo. La explicación que puedo darle es la siguiente:
Habiendo encontrado en muchos libros diferentes métodos para llegar a Dios y diversas prácticas de la vida espiritual, pensé que esto serviría más para confundirme que para facilitar lo que buscaba, que no era otra cosa que cómo llegar a ser completamente de Dios.
Esto me decidió a darlo todo por el Todo: así que, tras haberme entregado por completo a Dios para hacer toda la satisfacción que pudiera por mis pecados, renuncié, por amor a Él, a todo lo que no fuera Él; y comencé a vivir como si no existiera nadie más que Él y yo en el mundo. A veces me consideraba ante Él como un pobre criminal a los pies de su juez; otras veces lo contemplaba en mi corazón como mi PADRE, como mi Dios. Lo adoraba con la mayor frecuencia posible, manteniendo mi mente en su santa presencia y recordándola cada vez que la encontraba alejada de Él. Encontré no poco dolor en este ejercicio, y aun así lo continué, a pesar de todas las dificultades que surgieron, sin preocuparme ni inquietarme cuando mi mente divagaba involuntariamente. Lo convertí en mi ocupación, tanto durante el día como en los momentos señalados de oración; pues en todo momento, a cada hora, a cada minuto, incluso en el apogeo de mis ocupaciones, alejaba de mi mente todo lo que pudiera interrumpir mi pensamiento en Dios. Esta ha sido mi práctica habitual desde que entré en religión; y aunque lo he hecho de forma muy imperfecta, he encontrado grandes ventajas en ella. Sé muy bien que estas deben atribuirse a la mera misericordia y bondad de Dios, porque sin Él no podemos hacer nada; y yo aún menos que nadie. Pero cuando somos fieles a mantenernos en Su santa Presencia y a tenerlo siempre presente, esto no solo impide que lo ofendamos y hagamos cualquier cosa que pueda desagradarle, al menos voluntariamente, sino que también genera en nosotros una santa libertad y, si se me permite la expresión, una familiaridad con Dios, con la que pedimos, y con éxito, las gracias que necesitamos. En resumen, al repetir estos actos con frecuencia, se vuelven habituales, y la presencia de Dios se nos vuelve casi natural. Denle gracias, si les place, conmigo, por su gran bondad hacia mí, que nunca podré admirar lo suficiente, por los muchos favores que ha hecho a un pecador tan miserable como yo. Que todo lo que existe lo alabe. Amén.
Personal notes
(Space for reflections and personal applications)