Introducción
El autor inspirado de esta epístola ha hablado de la Piedra Viva, que ciertamente fue desechada por los hombres, pero escogida por Dios y preciosa. Sobre esta Piedra, los santos, como piedras vivas, son edificados como casa espiritual. Él mostró que aunque muchos tropiezan y se ofenden con esta gloriosa Roca, sin embargo, ella es preciosa para los creyentes, quienes son un pueblo peculiar—para que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Luego procede a establecer muchas instrucciones y exhortaciones concernientes al comportamiento correcto en las circunstancias y relaciones del cristiano. Entre otras cosas, habla particularmente a maridos y esposas acerca de cómo deben conducirse el uno con el otro. Él da esto como un poderoso motivo para una conducta correcta entre ellos: «Para que vuestras oraciones no tengan estorbo.» Es como si hubiera dicho: “Deben mantener un trato constante de venir a esa Piedra Viva, y como cabezas de familia, deben practicar juntos la adoración diariamente. Pero si los deberes mutuos en la familia son descuidados, y el adversario logra prevalecer para sembrar división entre ustedes, tendrá una espantosa tendencia a estorbar sus oraciones diarias en unidad”.
Considero evidente que aquí se hace referencia a la oración familiar, ya que el mal trato —incluso por parte de amigos cercanos— no impide que las almas piadosas se acerquen en privado al trono de la gracia. Más bien, a menudo esto las hace más fervientes en la [oración privada]. En el tiempo del profeta Miqueas, la corrupción había avanzado tanto que no se hallaba amigo fiel. Se dio esta advertencia: «Guarda las puertas de tu boca de la que duerme en tu seno» (Miq. 7:5). Pero cuando «los enemigos del hombre eran los de su casa», entonces dice: «Por tanto, miraré a Jehová; esperaré al Dios de mi salvación: el Dios mío me oirá» (Miq. 7:5-7). Así puedes ver que la mala conducta de una esposa o familia puede estimular, en vez de impedir, la oración secreta. David dice: «En pago de mi amor me han sido adversarios; mas yo oraba» (Sal. 109:4). Pero para que haya adoración familiar debe existir un acuerdo, lo cual deja en evidencia que aquí se alude claramente a la oración familiar. Procuraré, pues, exponer algo sobre este deber en el siguiente orden:
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Explicar brevemente la naturaleza de la oración en general;
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Presentar algunas evidencias bíblicas que sustentan la práctica diaria de la oración familiar en particular;
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Esforzarme por remover ciertos estorbos que parecen interponerse en el cumplimiento de este deber; y finalmente
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Concluir con exhortaciones dirigidas a diferentes clases de personas.