1. De los desórdenes: Causas de la discordia

[Las siguientes son causas de desunión y desorden en la iglesia, las cuales deben ser prevenidas y corregidas en cada verdadera iglesia evangélica].

  1. Una causa de discordia es la ignorancia en algunos miembros de las reglas de disciplina y gobierno correcto, particularmente, cuando no se sigue esa regla en Mateo 18 (v. 15). En cambio, una persona toma una ofensa contra otra y habla de ella a tal o cual persona, antes de que le haya dicho al hermano que la ha ofendido, lo cual es un pecado palpable1 y una violación directa del santo precepto de Cristo. Los tales, como ofensores mismos, deben ser tratados según dice el Evangelio. Para prevenir esto, se debe enseñar la disciplina de la iglesia y los miembros deben ser informados de sus deberes.

  2. Otra cosa que causa problemas y desorden en una iglesia, es la falta de amor y tiernos afectos entre sí, así como también, no tener una visión completa y un sentido del gran mal de romper los lazos de paz y unidad. ¡Oh, que todos tomaran en serio en su corazón, lo abominable de este mal! ¡Cuán vil es romper la paz de una familia particular o de un vecindario! Pero es mucho más pecaminoso perturbar la paz de la iglesia del Dios viviente y romper los lazos de su unidad. “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Sal. 133:1). Pero, ¡oh, cuán feo y odioso es lo contrario (Jn. 13:12-17; Ef. 4:3; He. 13:1; Ef. 4:31-32; 5:2; Stg. 3:16)!

  3. Otra práctica desordenada es la siguiente: Cuando uno u otro miembro sabe de algún acto pecaminoso o de maldad hecho por uno o más miembros y lo ocultan o no actúan de acuerdo con la regla —pretendiendo que no desean que se les considere como personas contenciosas—. Pero por esto, pueden llegar a ser culpables de los pecados de otros hombres y también, hacer que el nombre de Dios y de la iglesia queden bajo reproche, y todo por su negligencia. Ésta es una gran iniquidad (Hch. 5:3-8; Lv. 19:17).

  4. Cuando un anciano o una iglesia saben que algunas personas son escandalosas en sus vidas o heréticas en su juicio y, aun así, las toleran o conniven2 con ellas.

  5. Cuando los miembros se toman la libertad de escuchar en otros lugares3 mientras su iglesia está reunida para adorar a Dios. Esto no es nada menos que romper su pacto con la iglesia y pronto, puede disolver cualquier iglesia porque, por la misma regla, uno puede tomar esa libertad y así, otro más, es decir, cada miembro, puede hacerlo. Además, arroja desprecio sobre el ministerio de la iglesia y tiende a causar que aquellos que son oyentes se alejen y se muestren descontentos con la doctrina enseñada en la iglesia, sabiendo que estos disidentes sí pertenecen a ella. Exhorto, pues, en nombre de Cristo, a que esto se evite. Y cualquiera de ustedes que sepa quiénes son los que se toman esta libertad, por favor, revélenlos a la iglesia. [Sin embargo] no restringimos a nuestros miembros de que, en algunas ocasiones, escuchen a los que son sanos en la fe (Hch. 4:23).

  6. La libertad que algunos se toman para escuchar a hombres que son corruptos en sus juicios y así, adoptan nociones erróneas, y también se esfuerzan por introducirlas en las mentes de los demás, como si fueran de gran importancia. ¡Ay, cuántos están corrompidos, en estos días, con el arminianismo4, el socinianismo5 y otras cosas por el estilo! Esto causa grandes problemas y desorden (2 P. 2:2).

  7. Cuando una iglesia recibe a un miembro o miembros de otra congregación sin el consentimiento o conocimiento de [esa congregación]. Más aún, estos son desordenados y pueden ser vividores disolutos6, o expulsados por inmoralidad, o personas llenas de prejuicios sin causa. Esto es suficiente para hacer que los hombres sean ateos o desprecien toda religión y autoridad de la iglesia, pues ¿no tiene una iglesia regular tanta autoridad de Cristo como cualquier otra?

  8. Otro desorden es cuando se reciben miembros sin el consentimiento general de la iglesia o antes de que se tenga un reporte satisfactorio de sus vidas y conductas piadosas, o cuando una iglesia es demasiado negligente en la recepción de sus miembros.

  9. Otro desorden es cuando una iglesia recibe una acusación contra un miembro (siendo una ofensa entre hermano y hermano) antes de que la persona ofendida haya hecho un procedimiento ordenado (Hch. 9:27; Mt. 18:15).

  10. Cuando se dicta juicio con parcialidad y algunos son objeto de connivencia por causa de favor o afecto. Leví no debía conocer a su padre o madre en el juicio (Lv. 19:15).

  11. Cuando los miembros no asisten constantemente y temprano a nuestras asambleas públicas y a la adoración a Dios, especialmente, en el día del Señor, sino que son negligentes en ese asunto. Éste es un gran mal (Sal. 63:1; Cnt. 7:12; Mr. 16:1).

  12. Cuando parte de una iglesia, se reúne con insatisfacción para consultar asuntos de la iglesia sin el conocimiento o consentimiento de la iglesia o del pastor. Esto es desorden y tiende a la división, y tales casos deben ser señalados (1 Co. 12:25; Ro. 16:17).

  13. Otra cosa que tiende a perturbar la paz de la iglesia es cuando el pastor u otros, muestran una indebida agitación de espíritu o apasionamiento al administrar la disciplina de la iglesia. ¿No hemos comprobado por experiencia el triste efecto de esto? Por lo tanto, las cosas deben manejarse siempre con serenidad, dulzura de espíritu y moderación —teniendo cada hermano la libertad de decir lo que piensa y no ser interrumpido hasta que lo haya hecho; ni [debería hablar más de] uno a la vez (2 Ti. 2:25)—.

  14. Cuando en uno o más hermanos, hay disensión con la iglesia en los sentimientos de sus pensamientos, en cualquier asunto circunstancial —ya sea con respecto a la fe, la práctica o la disciplina— y no se someten a su mayoría, sino que plantean disputas; más aún, se separan de la iglesia, en lugar de consentir (Jud. 1:19; Stg. 3:14-16). Me pregunto, ¿qué razón o fundamento tiene cualquier hombre para rechazar la comunión con una iglesia que Cristo no ha abandonado, sino que sí tiene comunión?

  15. Cuando cualquier miembro divulgue o dé a conocer a personas que no son de la congregación, ni les concierna esos asuntos, lo que se hace en las reuniones de la iglesia. La iglesia, en este sentido (así como en otros), debe ser como un huerto cerrado, un manantial cerrado, una fuente sellada. Esto, a menudo, ocasiona un gran dolor y la persona que lo produce debe ser detectada. ¿No es una vergüenza para cualquiera de una familia particular divulgar los secretos de la familia? Pero estos, se exponen a una vergüenza mucho mayor (Cnt. 4:12).

  16. Otra práctica desordenada es ésta: Cuando un miembro sugiere y parece insinuar a las mentes de otros miembros, algún mal en contra de su pastor, pero no declara de que se trata —y puede que sólo sean conjeturas malvadas por prejuicio— y, sin embargo, se niega a informar al pastor de que se trata. Esto es muy abominable y una violación palpable de la regla del Evangelio y del deber de los miembros hacia su ministro. Tal persona debe ser reprendida severamente y, si no confiesa sus males y manifiesta un arrepentimiento no fingido, debe ser tratada más a fondo. Además, es un gran mal para otro, escuchar tales insinuaciones infundadas y no reprender al acusador (y así cumplir con su deber) ni tomar dos o tres más para llevar a la persona al arrepentimiento. Si él trata así a un hermano particular, es un gran mal, pero es mucho peor tratar así a un anciano, cuyo nombre y honor deben, con todo cuidado y justicia, ser guardados como más sagrados (Ro. 1:29; 1 Ti. 6:4; Zac. 7:10; 1 Ti. 5:19; 1 Co. 8:12).

  17. También, cuando no todos contribuyen con los pobres como Dios los ha bendecido en cada día del Señor o primer día de la semana, como Él ha ordenado (1 Co. 16:2).

  18. Otro desorden es éste: Cuando los miembros se niegan a tener comunión con la iglesia en la mesa del Señor porque piensan que alguna persona o personas son culpables de algún mal y, sin embargo, no han procedido con ellos de acuerdo a la regla. Estos excomulgan a la iglesia o a ellos mismos, o al menos, censuran a esas personas injustificadamente (Mt. 18). Les ruego, por amor a Cristo, que esto no vuelva a suceder nunca más entre ustedes. No deben tratarlos así, ni rechazar vuestra comunión (aunque sea defectuosa) hasta que la iglesia los haya excluido como miembros, los haya apartado o, al menos, los haya suspendido.

  19. Cuando un miembro cree o recibe un reporte en contra de otro, antes de conocer la verdad del asunto (Jer. 20:1, 10).

  20. Cuando se hace una acusación contra un anciano en contra de la regla, la cual no debe hacerse sin dos o tres testigos, en cuanto a la cuestión de hecho (1 Ti. 5:19).

  21. Cuando la palabra de Dios no es cuidadosamente atendida en la semana o en los días de conferencias por los miembros en general, aunque dicha reunión sea designada por toda la iglesia (Is. 55:3; Hch. 2:1-2; 10:33).

  22. Cuando los días de oración y ayuno, días de acción de gracias pública o días de disciplina, no son, generalmente, atendidos7 (Jl. 2:16).

  23. Por último, cuando a los hermanos dotados, no se les anima debidamente en privado, a ejercer sus dones y, siendo aprobados a tiempo, no se les llama a predicar o a ejercitarse en la iglesia —y cuando no se les anima a adquirir también, el aprendizaje para su mejor desempeño—. ¿Qué será de las iglesias en el futuro, si esto no se previene con rapidez? (2 Ti. 2:2).

Footnotes

  1. Palpable – Obvio.

  2. Conniven – Las aprueban con su silencio. Disimulan o toleran las transgresiones que otros cometen contra las reglas o las leyes bajo las cuales viven.

  3. Escuchar en otros lugares – Atender a los sermones o cultos en otra congregación.

  4. Arminianismo – Sistema doctrinal que cree, principalmente, que los hombres vienen a Cristo por la mera decisión de su voluntad, es decir, profesa que el hombre tiene libre albedrío y que tiene la capacidad inherente de aceptar o rechazar a Cristo, rechazando así, la doctrina de la predestinación y enseñando, en cambio, que la elección de Dios de los individuos estaba basada en su conocimiento previo de que aceptaban o rechazaban a Cristo por su propia voluntad. Pertinente a la teología de Jacobus Arminius (1560-1609), teólogo holandés, nacido en Oudewater, Países Bajos.

  5. Socinianismo – Sistema doctrinal o movimiento de los siglos XVI y XVII del teólogo italiano Fausto Socino (1539-1604), quien profesaba la creencia en el Dios de las Escrituras, pero negaba la predestinación, el pecado original, la depravación radical, el infierno eterno, pero, especialmente, el aspecto sustitutivo de la expiación de Cristo, la deidad de Cristo (haciéndolo un mero hombre) y la personalidad del Espíritu Santo y, en consecuencia, la doctrina de la Trinidad.

  6. Vividores disolutos – Aquellos que viven vidas mundanas sin tener en cuenta la santidad de Dios.

  7. Generalmente, atendidos – Atendidos por la congregación en su conjunto.