1. Del trabajo de un pastor, obispo o supervisor

  2. El trabajo del pastor es predicar la palabra de Cristo o sea, apacentar el rebaño, administrar todas las ordenanzas del Evangelio que pertenecen a su sagrado oficio, y ser fiel y laborioso en ello, procurando “con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15). Es un administrador “de los misterios de Dios” (1 Co. 4:1) y, por lo tanto, debe ser un hombre de buen entendimiento y experiencia —sano en la fe y familiarizado con los misterios del Evangelio— porque ha de apacentar al pueblo con conocimiento y entendimiento. Debe ser fiel y hábil para declarar, diligentemente, el pensamiento de Dios y predicar “a tiempo, [y] fuera de tiempo” (2 Ti. 4:2), pues Dios le ha confiado el ministerio de la reconciliación, una verdad muy selecta y sagrada (2 Co. 5:18). ¿Qué mayor interés tiene Dios en el mundo que éste que ha encomendado a los hombres? Además, debe dar a conocer todo el consejo de Dios al pueblo (1 Co. 9:16-17; Hch. 20:31, 35; 2 Ti. 2:15; 2 Co. 4:1-2; 1 Ti. 3; Jer. 3:15; 2 Ti. 4:2; 2 Co. 5:15; Hch. 20:20, 27).

  3. Un pastor debe visitar a su rebaño, conocer su estado, velar por ellos, sostener a los débiles, alentar a los de poco ánimo, ayudar a los tentados y reprender a los rebeldes (Pr. 27:23; Hch. 20:35; 1 Ts. 5:14).

  4. Él debe orar por ellos en todo momento y estar con ellos también cuando sea llamado y solicitado, y cuando se presente la oportunidad; y solidarizarse con ellos en todo estado y condición con todo amor y compasión (Col. 4:12; 1 Ts. 3:10).

  5. Y debe mostrarles en todo cuanto pueda, un buen ejemplo de conducta, amor, fe y pureza; para que su ministerio sea más aceptable a todos, el nombre de Dios sea glorificado y la religión1 sea liberada del oprobio (1 Ti. 4:12).

  6. Debe tratar a todos con toda imparcialidad, no prefiriendo a los ricos por encima de los pobres, ni enseñoreándose de la herencia de Dios, ni afirmando tener un poder mayor que el que Dios le ha dado; sino mostrando un espíritu sencillo y manso, incluso, siendo revestido de humildad (Stg. 2:4; 1 Ti. 5:21; 1 P. 5:3, 6).

Footnotes

  1. Religión – Se refiere al cristianismo bíblico; la verdadera fe.