1. Conclusión

Sepan, hermanos míos, que “ama Jehová las puertas de Sion más que todas las moradas de Jacob” (Sal. 87:2). Por lo tanto, la adoración pública a Dios, debe ser preferida antes que la adoración privada.

  1. Esto supone que debe haber una iglesia visible.

  2. Y que, con frecuencia, se reúnan para adorar a Dios.

  3. Que tienen un ministerio ordenado y un anciano ordenado, por lo menos, para administrar todas las ordenanzas públicas.

  4. Además, que todas las personas tengan libertad para reunirse con la iglesia y participar de todas las ordenanzas —salvo aquellas que le pertenecen sólo a la iglesia como la cena del Señor, la santa disciplina y los días de oración y ayuno—. Como en aquel entonces, la iglesia antigua se separó de todos los extranjeros (Neh. 9:2). Sin embargo, otros pueden asistir a todas las demás ordenanzas públicas con la iglesia como la oración pública, la lectura y predicación de la Palabra, y el canto de alabanzas a Dios, como se ha demostrado anteriormente. ¿Pueden otros, hermanos míos, unirse en oración con nosotros y no alabar a Dios con nosotros?

Pero, ¡oh, hermanos míos! Permítanme suplicarles que muestren alto valor y estimación por la adoración pública de Dios.

Motivos para la adoración pública

  1. Puesto que Dios lo prefiere así o tiene gran estima por la adoración pública a Él.

  2. Porque se dice que Él habita en Sion: “La quiso por habitación para sí” (Sal. 132:13), “el lugar de la morada de tu gloria” (Sal. 26:8).

  3. Aquí Dios es el más glorificado. “En su templo todo proclama su gloria” (Sal. 29:9); “de ti será mi alabanza en la gran congregación” (Sal. 22:25).

  4. Aquí está la mayor parte de la presencia llena de gracia de Dios (tal como uno la observa), su presencia eficaz: “En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré” (Éx. 20:24). Aquí hay más de su presencia íntima: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18:20). Él camina en medio de siete candeleros de oro [que representan a las iglesias] (Ap. 1:13).

  5. Aquí están las manifestaciones más claras de la belleza de Dios, que hizo que el santo David deseara habitar allí para siempre (Sal. 27:4). Puedes ver la aparición de Cristo a las iglesias en Apocalipsis 2-3.

  6. De ella se dice que aquellos que “habían de ser salvos” en los días de los apóstoles, Dios los añadió a la iglesia (Hch. 2:47).

  7. Aquí está el mayor beneficio espiritual que se puede obtener (Sal. 132:3-5). Aquí caen los rocíos del Hermón que descienden sobre el monte de Sion, donde Dios manda “bendición, y vida eterna” (Sal. 133:3). “Bendeciré abundantemente su provisión; a sus pobres saciaré de pan” (Sal. 132:15). Aquí fue resuelta la duda de David (Sal. 73:16-17).

  8. Aquí recibiste tu primer aliento espiritual o vida; muchas almas son nacidas, diariamente, de Cristo (Sal. 87:5). Debemos preferir el bien que más se difunde y, el bien en el que más se participa, es el que más se difunde. “Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre” (Sal. 34:3). Las brasas encendidas, separadas, pronto mueren.

  9. Hermanos, como observa un digno teólogo, la iglesia, en su adoración pública, es la más cercana semblanza del cielo, especialmente, al cantar las alabanzas a Dios. ¿Qué estima tenían también los dignos de Dios en la antigüedad para la adoración pública de Dios? “¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová” (Sal. 84:1-2).

  10. Observa cómo las promesas de Dios se aplican a Sion o a su iglesia: “Bendígate Jehová desde Sion” (Sal. 128:5). Oh, que nada los desanime en su espera en los postes de la puerta de Cristo (Pr. 8:34). David deseaba más bien “estar a la puerta de la casa de [su] Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Sal. 84:10).

Pero, sin embargo, no descuiden, por el amor de Dios, la devoción privada: Es decir, la oración secreta y familiar. ¡Oh, oren para estar preparados para la adoración pública! ¡Salgan de sus lugares secretos1 y vayan a la iglesia! ¿Qué significaría todo lo que hacen en público, si no fueran tales que mantuvieran la adoración de Dios en sus propias familias? (Is. 35; 51:3; Sal. 25:14; 87:5; Mt. 6:6).

¡Oh, no descuiden la oración, la lectura y la meditación! Y cuídense también de instruir y catequizar2 a sus hijos. Vivan como hombres y mujeres que han muerto a este mundo. Caminen por amor al Señor como adornando el Evangelio (Ef. 6:4; Fil. 1:27).

Procuren que el celo y el conocimiento vayan de la mano; una buena conducta y una buena doctrina van juntas. Estas dos juntas son mejores que una sola (Ec. 4:9-13).

Hermanos, el que hace de la palabra de Dios, su regla en todo lo que hace, y de la gloria de Dios, su fin en lo que hace, tendrá el Espíritu de Dios como su fuerza. Esto es como el cordón de tres dobleces de Salomón que será uno o será tres, no puede ser dos, ni puede ser roto (Ec. 4:12).

Footnotes

  1. Lugares secretos – Lugares de la casa para la oración privada.

  2. Catequizar – Instruir por medio de preguntas y respuestas. Ver el Catecismo de Spurgeon y Un catecismo para niños y niñas de Errol Hulse. Ambos disponibles en Chapel Library.