- Antigüedad
Que la Biblia es inspirada por el Espíritu de Dios, y por lo tanto infalible, se evidencia por su antigüedad. Los libros de Moisés, en los cuales está comprendida en promesas, profecías, tipos y sombras la suma y sustancia de todo el resto de la Biblia, fueron los primeros escritos en el mundo, después de aquellos por el dedo de Dios en el monte Sinaí. Esto está plenamente probado por Justino Mártir1, un escritor antiguo que vivió dentro de ciento treinta años después de Cristo, en su Exhortación a los Griegos2. Él comparó los tiempos de todos los escritores humanos, poetas, filósofos, historiadores y legisladores que eran estimados como los más antiguos, y demostró que todos ellos fueron posteriores a Moisés. También Eusebio3, que siguió a Justino Mártir con una distancia de alrededor de doscientos años, en el segundo y tercer libro de su Preparación evangélica, esgrime el mismo argumento, y a partir de una abundancia de testimonios y confesiones de los mejores y más auténticos autores paganos, prueba de manera irrefutable que Moisés fue el más antiguo de todos los escritores que eran conocidos o nombrados entre ellos. Y Tertuliano tan confiadamente reprocha a los gentiles en este asunto, que creemos apropiado citar sus palabras en el capítulo 19 de su Apología.
Hablando a los gentiles, él dice:
Nuestra religión sobrepasa con mucho todo lo que ustedes pueden gloriarse en esa clase de cosas: pues los libros de uno solo de nuestros profetas, a saber, Moisés, en los cuales parece que Dios ha encerrado, como en un tesoro, toda la religión cristiana, precediendo tantos siglos juntos, alcanzan más allá de los más antiguos que ustedes poseen: incluso todos sus monumentos públicos, la antigüedad de sus orígenes, los establecimientos de sus estados, los fundamentos de sus ciudades, todo lo que ustedes más han adelantado en todas las edades en historia y memoria de los tiempos: incluso la invención de los caracteres, que son intérpretes de las ciencias y guardianes de todas las cosas excelentes. Creo que puedo decir aún más: son más antiguos que sus mismos dioses, sus templos, oráculos y sacrificios.
¿Acaso no han oído mencionar a aquel gran profeta, Moisés? Él fue contemporáneo de Ínaco4, y precedió a Dánao5 (el más antiguo de todos los que tienen un nombre en sus historias) por 393 años. Vivió algunos cientos de años antes de la ruina de Troya. [Y Homero, el más antiguo escritor entre los griegos, vivió, como dice Plinio, 250 años después de la destrucción de esa ciudad.] Cada uno de los demás profetas sucedió a Moisés, y aun así el último de ellos fue de la misma época que sus principales sabios, legisladores e historiadores.
Así que es indiscutible que, en cuanto a antigüedad, ni los escritos de Orfeo6, ni de Homero7, ni de Trismegisto8, ni de Pitágoras9, ni de Beroso10, ni de ningún otro, pueden compararse con el Pentateuco. Estas canas muestran que las Escrituras son la descendencia del Anciano de Días; porque la verdad es siempre la primogénita.
Consideren cuán bajas, cuán pobres11 e imperfectas eran todas las invenciones humanas en esos tiempos; y qué concepciones necias, irracionales y absurdas tenían tanto los egipcios como los griegos —naciones más celebradas por su sabiduría— acerca de las cosas divinas y del deber y la felicidad del hombre. Debemos concluir que un relato tan claro del principio del mundo, de su depravación, de su destrucción por el Diluvio y de su repoblación; una ley y doctrina tan excelentes, tanto respecto a Dios como al hombre, etc., no pudo ser de extracción humana, sino que necesariamente debe ser en verdad lo que afirma ser: una revelación divina. Además, ¿quién puede creer que la primera religión fue la peor, o que las nociones más tempranas de Dios fueron las más falsas? Si así fuera, y la Biblia no fuera un libro divino, sino compuesto por impostores, entonces se sigue que el relato más primitivo que tenemos de la religión es falso; ¡que el diablo levantó su capilla antes que Dios edificara Su iglesia! Que en las noticias más antiguas que tenemos de Dios, del origen del mundo, de la caída del hombre y del camino de su restauración, el mundo fue engañado y burlado. Y que Dios permitió al diablo, en primer lugar (y sin que hubiera nada públicamente existente de parte de Él, ni antes ni después, que lo contradijera), que en Su nombre y bajo pretexto de Su autoridad engañara y desviara a la humanidad con un relato falso de todas aquellas cosas que más les importaba conocer, y de cuyo recto conocimiento depende su felicidad presente y futura. ¡Todo esto es indigno de Dios e inconsistente con la razón! Por el contrario, es lo más racional creer que las revelaciones de Dios fueron tan tempranas como las necesidades del hombre; y que la Biblia no solo es el libro más antiguo y sabio del mundo, sino también el más verdadero, y que procede del Dios de verdad.
Footnotes
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Justino Mártir (c. 100-c. 165) – primer apologista y filósofo cristiano. ↩
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Exhortación a los Griegos es un documento cristiano griego temprano, antes atribuido a Justino Mártir, pero más recientemente atribuido a otros posibles autores. ↩
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Eusebio (c. 260-339) – historiador griego del cristianismo, exegeta y polemista cristiano. ↩
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Ínaco – primer rey de Argos. ↩
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Dánao – rey de Libia. ↩
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Orfeo – bardo tracio, músico legendario y profeta. ↩
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Homero (nacido c. siglo VIII a. C.) – poeta griego acreditado como autor de La Ilíada y La Odisea. ↩
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Hermes Trismegisto – figura helenística legendaria que se originó como una combinación sincrética del dios griego Hermes y el dios egipcio Thot. ↩
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Pitágoras de Samos (c. 570-c. 495 a. C.) – filósofo jónico griego antiguo y epónimo fundador del pitagorismo. ↩
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Beroso (fl. siglo III a. C.) – escritor babilonio de la era helenística, sacerdote de Bel-Marduk y astrónomo. ↩
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pobres – común; ordinario. ↩