Vecinos antipáticos (Obstinado y Flexible)
Los vecinos también salieron a verlo correr, unos se burlaban (Jer. 20:1) y otros le gritaban que regresase. Dos de ellos resolvieron hacerlo retroceder a la fuerza. Uno se llamaba OBSTINADO y el otro FLEXIBLE. Pronto lo alcanzaron. Entonces les dijo el hombre:
—Vecinos, ¿para qué han venido?
A lo que ellos respondieron:
—Para convencerte que vuelvas.
Pero él les dijo:
—De ninguna manera. Ustedes viven en la Ciudad de Destrucción, donde yo nací. Y sé con certeza que tarde o temprano, muriendo allí, se hundirán más hondo que el sepulcro a un lugar que arderá con fuego y azufre. Déjenme, vecinos y es más: Vénganse conmigo.
—¡Qué! —dijo OBSTINADO— ¿Dejaremos a nuestros amigos y comodidades? (Mat:19:22).
—Sí —dijo CRISTIANO, pues ese era su nombre— porque todo lo que ustedes abandonarían es poca cosa comparado con lo que estoy buscando disfrutar (2 Cor. 4:18). Y si me acompañan, y se mantienen firmes, disfrutarán lo mismo que yo, porque hay de sobra para todos (Luc. 15:17). Vengan conmigo, y comprueben que digo la verdad.
—¿Qué cosas buscas, que dejas todo el mundo para encontrarlas? (Luc. 14:33)
—Busco una herencia incorruptible, pura y que no se desvanece (1 Ped. 1:4). Está reservada en el cielo y segura allí, para ser dada a su tiempo a los que la buscan con empeño (Heb. 11:16). Si quieren, lean de esto en mi libro.
—Fuera con tu libro. ¿Volverás con nosotros o no?
—No, nunca —dijo CRISTIANO— porque ya he puesto mi mano al arado (Luc. 9:26).
Entonces dijo FLEXIBLE:
—Si lo que dice el buen CRISTIANO es cierto, las cosas en cuya busca vas son mejores que las nuestras, y por eso, mi corazón se inclina a acompañarlo.
—¿Cómo? ¡Otro necio más! —dijo OBSTINADO.
—Es que, vecino OBSTINADO, comienzo a entender. Estoy decidido a irme con este buen hombre y confiar en él —dijo FLEXIBLE.
Dirigiéndose a CRISTIANO, continuó diciendo:
—¿Sabes tú el camino a este lugar anhelado?
—Un hombre llamado EVANGELISTA me ha indicado un puerta angosta que hay más adelante, y allí nos darán indicaciones sobre el camino.
—Vamos, pues, buen vecino. Vamos.
Y ambos partieron juntos.
—Yo me vuelvo a mi lugar —dijo OBSTINADO—. No le voy a hacer caso a un señor tan equivocado y fantasioso.
Cuando OBSTINADO se hubo retirado, CRISTIANO y FLEXIBLE tomaron su camino por la llanura conversando de esta manera:
—Vamos, vecino CRSTIANO, ya que solo quedamos nosotros dos, cuéntame más acerca de cómo son las cosas, y cómo disfrutar de ellas cuando lleguemos.
CRISTIANO respondió:
—Hay un reino eterno, y nos será dada vida eterna, pero que moraremos para siempre en ese reino (Isa. 65:17; Juan 10:27-29).
—Bien dicho. ¿Y qué más?
—Nos serán dadas coronas de gloria y vestiduras resplandecientes como el sol en el firmamento (Mat. 13:43; 2 Tim. 4:8; Apoc. 34).
—Esto es hermoso, ¿y qué más?
—Allí no habrá más llanto ni dolor, porque el Señor del reino limpiará toda lágrima de nuestros ojos (Isa. 25:8; Apoc. 7:16-17; 21:4).
—Bien, mi buen amigo, me alegro mucho oír estas cosas. Vamos, apuremos el paso.
Pero CRISTIANO dijo:
—No puedo ir tan aprisa como quisiera, por esta carga que llevo en mis espaldas.