Otra vez Ignorancia

Vi, entonces en mi sueño, que ESPERANZA miró hacia atrás y vio que les seguía IGNORANCIA, a quien habían dejado atrás.

—Mira —le dijo a CRISTIANO— qué atrasado viene el muchacho.

—Sí, lo veo; no le interesa nuestra compañía.

—Creo que tienes razón, pero de igual manera, esperémoslo —dijo ESPERANZA.

Y eso fue lo que hicieron.

Entonces CRISTIANO le dijo a IGNORANCIA:

—Vamos, hombre, ¿por qué te quedas tan atrás?

—Me encanta caminar solo, mucho más que caminar acompañado.

—Dinos, ¿cómo están Dios y tu alma ahora? —preguntó CRISTIANO.

—Espero que bien —dijo IGNORANCIA— me lo dice el corazón. Porque estoy lleno de buenos pensamientos que me vienen a la mente para reconfortarme al caminar.

—Eso puede ser engañoso, porque el corazón del hombre lo reconforta con la esperanza de lograr aquello que no tiene razón para lograr.

—Pero mi corazón y mi vida concuerdan, así que espero que mi esperanza sea bien fundada. El corazón me dice que es así.

—A menos que la Palabra de Dios sea testigo de ello, cualquier otro testimonio carece de valor. Déjame explicarte, la Palabra de Dios dice: “No hay justo, ni aun uno”. También dice: “El intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (ver Rom. 3:10, 12, 23, 8:6; Gén. 6:5, 8:21). Ahora bien, cuando pensamos esto de nosotros mismos, entonces son pensamientos buenos, porque coinciden con la Palabra de Dios.

—Jamás creeré que mi corazón sea tan malo —respondió IGNORANCIA.

—La Palabra de Dios dice que los caminos del hombre son perversos por naturaleza. Pero cuando el hombre piensa sensatamente en sus propios caminos, su corazón acepta humildemente ese juicio (Sal. 125:5; Prov. 2:15; Rom. 3:9-18). Dios nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos.

Pero IGNORANCIA insistió que Dios lo aceptaría porque cumplía sus deberes religiosos.

CRISTIANO, recordando su propia experiencia ante la Cruz, contestó:

—No son tus acciones, sino que tu corazón tiene que ser conquistado por Dios. Esta fe tuya es engañosa, y te dejará a merced de la ira en el Día del Dios todopoderoso. Porque la fe que realmente justifica (cuando es sensible a su condición perdida por la ley) hace que el alma vuele buscando refugio en la justicia de Cristo. Esta justicia suya no es un acto de gracia por el cual hace que tu obediencia sea aceptada por Dios, sino que la obediencia personal de Cristo a la ley en hacer y sufrir por nosotros es lo que nos requiere, y esto es aceptado por Dios. Afirmo que la verdadera fe acepta esta justicia de Cristo, bajo la cual se refugia el alma, y es por ella presentada sin mancha ante Dios, es aceptada, y es libre de condenación.

Continuó diciendo CRISTIANO:

—¿Oh, qué? ¿Pretenderías que confiáramos en lo que Cristo ha hecho en su propia Persona sin tener en cuenta lo que hizo por nosotros? Esta soberbia daría rienda suelta a nuestras concupiscencias y toleraría que viviéramos según nuestros propio deseos, porque, ¿qué importaría cómo vivimos si podemos ser justificados de todo por la justicia personal de Cristo, si así lo creemos? (Rom. 6:1).

Y agregó:

—Sí, también eres ignorante en cuanto a los verdaderos efectos de la fe para salvación en esta justicia de Cristo: que es, doblegarnos y dar nuestro corazón a Dios en Cristo, amar su nombre, su Palabra, su camino y su pueblo, no como en tu ignorancia te imaginas.

ESPERANZA interrumpió para decir:

—Pregúntale si alguna vez se le reveló Cristo desde el cielo.

A lo que IGNORANCIA contestó:

—¡Qué! ¡Es usted un hombre que se basa en revelaciones! Me parece que lo que ustedes dos y el resto de ustedes dicen acerca del asunto es fruto de un cerebro que desvaría.

—Pero, hombre —dijo ESPERANZA— Cristo está tan escondido en Dios, protegido de las ansiedades naturales de la carne, que no puede ser conocido por nadie para salvación, a menos que Dios el Padre se les revele (Mat. 11:27; 1 Cor. 12:3; Ef. 1:18-19).

—Esa es la fe de ustedes pero no la mía, ¡y la mía es tan buena como la de ustedes!

—Despierta, ve lo lamentable de tu estado —exclamó CRISTIANO— y apresúrate a acudir al Señor Jesús, y por su justicia, que es la justicia de Dios (porque él mismo es Dios), serás librado de condenación.

IGNORANCIA se detuvo.

—Mi fe es tan buena como la de ustedes —declaró— pero no puedo avanzar al ritmo de ustedes. Sigan adelante, e iré detrás.

—En fin, vamos, mi buen compañero ESPERANZA. Por lo visto tenemos que volver a caminar solos —dijo CRISTIANO.

Siguieron, yendo un buen trecho adelante, con IGNORANCIA rengueando detrás de ellos. Entonces le dijo CRISTIANO a su compañero:

—Me da mucha lástima este pobre hombre, de seguro que al final le irá muy mal.

—Hay muchos más igual que él en nuestra ciudad, —comentó ESPERANZA— familias enteras, sí, calles llenas (y de peregrinos también) y si hay tantos en nuestra región, piensa cuántos más habrán en el lugar donde él nació.

—Por cierto su Palabra dice: “Y sus ojos se han cerrado, para que no vean con los ojos” (Hech. 28:27). ¿Te parece que no han tenido en ningún momento una convicción de pecado y ningún temor de lo peligroso que es su condición? Pienso que quizá sí, pero por ser ignorantes no comprenden que esas convicciones son para su propio bien, por lo tanto procuran desesperadamente reprimirlas, y siguen presumiendo que andan bien en el camino de su propio corazón (Prov. 14:12; 21:2; Judas 21:25).

ESPERANZA coincidió:

—Yo digo que el temor tiende a ser bueno para el hombre. Lo prepara para emprender el peregrinaje.

—El temor de Jehová —corrigió CRISTIANO— es el principio de la sabiduría (Job 28:28; Sal. 111:10; Prov. 1:7; 9:10). El temor correcto causado por las convicciones que impulsan al corazón a aferrarse a Cristo para salvación. Comienza y sigue generando una gran reverencia hacia Dios, su Palabra y sus caminos.