La pérdida de Cristiano (duerme de día)

Así, DESCONFIADO y TEMEROSO corrieron cuesta abajo, mientras CRISTIANO seguía su camino. Pero pensando en lo que habían dicho aquellos hombres buscó en su seno el rollo, para leerlo y recibir consuelo, pero por más que lo buscó no lo pudo encontrar. Muy afligido, CRISTIANO no sabía qué hacer porque necesitaba eso que él usaba para consolarse, y lo que hubiera sido su pase a la Ciudad Celestial. Se recriminó por ser tan necio como para dormirse en aquel lugar que había sido colocado allí para tener un poco de descanso de su cansancio.

Por lo tanto, emprendió el regreso hasta divisar la arboleda, se regañaba a sí mismo por haberse dormido, diciendo: “¡Oh, miserable de mí! ¡Haberme dormido de día! ¡Dormirme en medio de la dificultad! (1 Tes. 5:7-8; Apoc. 2:4-5) ¡Haber cedido a la carne! ¡Cuántos pasos he tomado en vano! (Esto mismo le pasó a Israel, porque por su pecado tuvieron que regresar por el camino del Mar Rojo). Y ahora tengo que avanzar con dolor, que hubiera podido hacer con alegría, si no hubiera sido por este sueño pecaminoso. Tengo que andar por el mismo camino dos veces, cuando no hubiera sido necesario hacerlo más de una vez. ¡Ay, ojalá no me hubiera dormido!”

Para entonces, había llegado a la arboleda donde se sentó y lloró un rato, pero el final buscando tristemente alrededor, vio el rollo, que recogió inmediatamente; y temblando se lo metió en el seno. ¡Qué alegría la de este hombre cuando había recobrado el rollo, porque este era la seguridad de su vida (1 Juan 5:13)!

También volvió a recordar lo que le habían contado de los leones. Y se dijo CRISTIANO: “Estas fieras andan de noche buscando su presa, y si me encuentran en la oscuridad, ¿cómo escaparé de sus garras?”

Y así, siguió su camino, lamentándose todo el tiempo su infeliz error, cuando de pronto levantó la vista y he aquí vio un magnífico palacio. El nombre del palacio era HERMOSO y estaba a un costado del camino real.