La exhortación y profecía de Evangelista
Apenas hubieron salido de aquel desierto, FIEL miró atrás y vio venir a alguien.
—Oh —le dijo a su hermano— ¿quién viene?
CRISTIANO miró, y dijo:
—Es mi buen amigo EVANGELISTA.
Al llegar, dijo EVANGELISTA:
—¡La paz sea con ustedes, muy amados, y con todos vuestros ayudadores!
—Bienvenido, bienvenido, mi buen EVANGELISTA —dijo CRISTIANO.
CRISTIANO y FIEL le contaron todo lo que les había pasado, además querían que les hablara más para serles de aliento el resto del camino. Entonces EVANGELISTA comenzó de esta manera:
—Hijos míos, han escuchado ustedes las palabras de la verdad del evangelio, de que “nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis” (2 Tes. 1:4-5). Por lo tanto no pueden esperar andar mucho en su peregrinaje sin ellas, sean de una clase o de otra (Stg. 1:2-8). Ya han encontrado algo de la verdad de estas afirmaciones, e inmediatamente les siguen otras.
—Grande gozo tengo porque han sido ustedes vencedores. Pero no están aún fuera de la mira del diablo. Llegarán a una población que está muy cerca, donde los enemigos harán todo lo posible para quitarles la vida. Uno de ustedes morirá allí. ¡Recuerden comportarse como hombres y encomienden su alma a Dios! (1 Cor. 16:13). Sean fiel hasta la muerte, y el Rey les dará la corona de la vida (Stg. 1:12; Apoc. 2:10).