Formalista e Hipocresía

Todavía preocupado, CRISTIANO vio a dos hombres brincando la pared del lado izquierdo del camino, y lo alcanzaron a paso acelerado. Uno de ellos se llamaba FORMALISTA y el otro, HIPOCRESÍA.

CRISTIANO les preguntó:

—¿De dónde vienen y a dónde van?

Respondieron ellos:

—Nacimos en el país de Vanagloria y vamos al Monte Sión en busca de alabanza.

—¿Por qué no entraron por la puerta a la entrada del camino? ¿No saben que está escrito “El que no entra por la puerta, mas sube por otra parte, el tal es ladrón y robador”? (Juan 10:1).

Respondieron que sus compatriotas consideraban que la puerta quedaba demasiado lejos, y que su manera usual de entrar era brincar el muro como lo habían hecho ellos.

—¿No creen ustedes que será contado como transgresión contra el Señor del lugar donde nos dirigimos, el violar así su voluntad revelada?

Le respondieron que, en cuanto a eso no tenía por qué preocuparse.

—Además —dijeron— el asunto es que entramos y, ¿qué importa cómo?

A lo que contestó CRISTIANO:

—Yo ando según las reglas de mi Maestro, ustedes según el impulso de sus caprichos. Ustedes ya son contados como ladrones por el Señor del camino, por lo cual no contarán con su misericordia (Juan 14:6).

A esto no contestaron nada, solo le dijeron que se ocupara de sí mismo. Luego vi que cada cual siguió su camino, sin mucho que hablar (Jue. 21:25), salvo que los dos hombres le dijeron a CRISTIANO que en cuanto a la ley y las ordenanzas no dudaban de que tenían que seguirlas como él.

—No serán ustedes salvos por las leyes y las ordenanzas, ya que no entraron por la puerta (Juan 1:7-9; Gál. 2:16).

Los otros nada contestaron, solo se miraron uno al otro y rieron.