Enseñanzas falsas y dudas
El Señor Conveniencia
Vi, pues, que al poco rato de haber salido de la feria, alcanzaron a un hombre de nombre CONVENIENCIA. Les dijo que venía de la ciudad de Buenas Palabras, y que iba a la Ciudad Celestial (pero no les dijo su nombre).
CRISTIANO le preguntó:
—¿Quiénes son tus parientes allí, si se puede saber?
—Casi todo el pueblo, pero particularmente mi señor VOLUBLE, mi señor SERVIDOR DEL TIEMPO, también el Sr. PALABRAS SUAVES, el Sr. DOS CARAS, el Sr. CUALQUIER COSA; y nuestro pastor de la parroquia, el Sr. DOS LENGUAS, hermano de mi madre por parte del papá, y mi esposa es una mujer muy virtuosa, hija de una mujer virtuosa. Es hija de la Dama FINGIDA, por lo tanto, pertenece a una familia muy digna. Es cierto que en asuntos de religión diferimos algo de los que son más escrupulosos, pero es solo en dos puntos: primero, nunca luchamos contra corriente; segundo, siempre somos más consagrados cuando la religión anda en sandalias de plata, nos gusta mucho andar con ella en la calle cuando brilla el sol y todos la aplauden.
Entonces CRISTIANO se acercó a su compañero ESPERANZA, y le dijo:
—Creo que este es un tal CONVENIENCIA, natural de BUENAS PALABRAS; y si es él, estamos en compañía del pícaro más grande de esta comarca.
—Pregúntale, no creo que se avergüence de su nombre.
CRISTIANO se apuró para volver a alcanzarlo y le preguntó:
—Señor, ¿No es usted CONVENIENCIA, del pueblo de BUENAS PALABRAS?
—Ese es mi sobrenombre, porque siempre he tenido la suerte de que mis opiniones hayan coincido con las de la actualidad.
—Estaba yo en lo cierto de que usted era el hombre del que había oído hablar, y a decir verdad, me temo que este nombre le queda mejor de lo que usted piensa.
—Pues, si eso es lo que usted se imagina, no puedo remediarlo. Encontrarán ustedes que soy buena compañía si es que me dejan acompañarlos.
—Si va con nosotros, tiene que ir contra viento y marea, lo cual, según veo, es en contra de su manera de ser. También tendrá que seguir la religión lo mismo cuando ande en hilachas que cuando ande en sandalias de oro; y tendrá que acompañarla lo mismo cuando ande encadenada que cuando pase por las calles en medio de aplausos.
—No traten de imponerse ni de cuestionar mi fe, déjenme mi libertad e iré con ustedes (Gál. 5:13).
—Ni un paso más si no hace todo como nosotros.
Entonces concluyó CONVENIENCIA:
—Jamás cambiaré mis viejos principios, siendo que no son dañinos sino provechosos. Si no me dejan ir con ustedes, tendré que ir solo hasta encontrarme con alguien a quien le agrade mi compañía.