El destino de Ignorancia
Mientras contemplaba yo estas cosas, volví la vista y vi a IGNORANCIA llegar a la orilla del río. Muy pronto lo pasó, y sin la mitad de la dificultad que tuvieron los dos peregrinos, porque aconteció que había entonces en ese lugar un barquero llamado VANA ESPERANZA, quien lo pasó en su barca. Y así IGNORANCIA también subió el cerro para llegar a la puerta, pero iba solo. Nadie salió a recibirlo con una palabra de aliento.
Cuando llegó a la puerta, miró el escrito que estaba en la parte de arriba. Comenzó a llamar, suponiendo que muy pronto le sería permitida la entrada; pero fue interrogado así por los hombres que se asomaron por encima:
—¿De dónde vienes? ¿Qué quieres?
Contestó él:
—He comido y bebido en presencia del Rey, y él ha enseñado en nuestras calles (Luc. 13:24-28). Luego le pidieron su certificado para mostrárselo al Rey. Pero buscó en vano, no tenía certificado. Entonces le preguntaron:
—¿No tienes certificado?
El hombre no contestó ni una sola palabra. Se lo contaron al Rey; pero este no quiso bajar a verlo, sino que mandó a los dos Seres Resplandecientes a tomar a IGNORANCIA, atarlo de pies y manos.
Lo tomaron, pues, y lo llevaron a una puerta en el costado del cerro, y allí lo dejaron. Entonces entendí que hay un camino al infierno, aun desde las puertas de la gloria, al igual que de la ciudad de Destrucción.
Con esto desperté, y he aquí que todo había sido un sueño.
Entonces, pues, pecador, ¿qué dices tú? ¿Dónde está tu corazón?
¿Correrás? ¿Has resuelto renunciar a todo?
¡Toma el camino, corre por él y aguanta hasta el fin;
y que Dios te dé un viaje triunfante!
Adiós —John Bunyan