El consejo del señor SABER MUNDANO
Ya andando solo, CRISTIANO divisó a un hombre que se acercaba atravesando la llanura, y a poco trecho se encontraron.
Aquel hombre se llamaba SABER MUNDANO, que vivía en la ciudad de Manejo Carnal, una población muy grande, no lejos de la ciudad de donde venía CRISTIANO. Este hombre, al encontrarse con CRISTIANO se acordó de lo que había oído de él, pues la salida de CRISTIANO de la ciudad de Destrucción había tenido mucha repercusión, no solo en la misma ciudad, sino también en otros lugares.
—¡Hola, amigo! —¿a dónde vas tan cargado?
—¡Cargado por cierto! Y creo que más cargado que ningún otro infeliz lo haya estado jamás. Me preguntas a dónde voy. Me dirijo a esa puerta angosta que está más adelante, porque allí, según me han dicho, me enseñarán cómo líbrame de esta carga.
—¿Tienes mujer e hijos?
—Sí pero esta carga me agobia tanto, que no los disfruto como antes, y es como si no los tuviera (1 Cor. 7:29).
—¿Quién te mandó seguir en este camino para librarte de tu carga?
—Un hombre que me pareció muy importante y honorable; se llama, según recuerdo, EVANGELISTA.
—¡No sigas su consejo! No hay camino en este mundo más peligroso y problemático que este que te ha indicado, y ya lo comprobarás si sigues su consejo. Algo de experiencia has tenido ya, según veo, pues llevas lodo del Pantano de la Desconfianza; pero ese pantano solo es el principio de los sufrimientos que esperan a los que andan en este camino. Escúchame, soy mayor que tú: es probable que te encuentres con peligros, desnudez, hambre, espada, leones, dragones, tinieblas y aun la muerte. Estas cosas son reales, habiendo sido confirmadas por el testimonio de muchos. ¿Por qué ha de arruinarse un hombre tan neciamente por escuchar a un desconocido? Puedo indicarte cómo obtener lo que anhelas sin los peligros que, tú, por este camino, te encontrarás. Sí, y la solución es fácil. Además, debo agregar, que en lugar de esos peligros, encontrarás seguridad, amistad y contentamiento.
—Señor, le ruego que me explique más.
—Pues, en aquella aldea más adelante, cuyo nombre es Moralidad, vive un caballero llamado LEGALIDAD, hombre de muy buena reputación y hábil para aliviar a los que llevan cargas como la tuya; sé que ha tenido mucho éxito y hasta ha podido curar a los que han perdido la razón a causa de sus cargas. Su casa está a menos de una milla de aquí, y si acaso no está él en su casa, tiene un hijo, un joven muy atento que se llama URBANIDAD, que te puede ayudar tanto como el anciano mismo. Allí, digo, puedes encontrar alivio. Y si te parece bien podrías mandar por tu esposa e hijos para que vengan a esa aldea. Hay allí casas vacías, y podrás arrendar una a bajo precio. Allí la vida es barata, y vivirás con vecinos honrados y dignos. Por lo tanto, debieras visitar a LEGALIDAD y a su hijo URBANIDAD, y ellos te ayudarán —dijo el Sr. SABER MUNDANO.
Al oír esto, CRISTIANO se sintió indeciso pero pronto razonó: “Si lo que dice este caballero es cierto, me conviene seguir su consejo”, y preguntó:
—Señor, ¿cuál es el camino a la casa de ese buen hombre?
—¿Ves más adelante aquel cerro alto? (El cerro se llama Monte Sinaí).
—Sí, lo veo.
—Tienes que caminar por el costado de ese cerro, y la primera casa a que llegues es la de él.
CRISTIANO entonces dejó su camino para ir a la casa del Señor LEGALIDAD y pedir auxilio, pero cuando llegó cerca del cerro le pareció tan alto, y la parte del lado del camino tan pendiente, que tuvo miedo seguir adelante, no sea que el peñasco le cayera sobre la cabeza. Por lo tanto, se detuvo sin saber qué hacer. Además, ahora su carga le parecía más pesada que antes. También del cerro salían llamas de fuego, y CRISTIANO tuvo miedo de ser quemado (Éxo. 19:16-18). Empezó a sudar y a temblar de miedo (Heb. 12:21). Empezó a arrepentirse de haber seguido el consejo del Señor SABER MUNDANO.
En ese preciso momento vio acercarse a EVANGELISTA, y al verlo se ruborizó de vergüenza. Entonces, EVANGELISTA se le acercó más aún, Y mirándolo con disgusto, comenzó a razonar con él.