El Lisonjeador
Así siguieron su camino hasta llegar a un punto donde había una bifurcación en el camino, de modo que aquí no sabían los peregrinos cuál de los dos seguir, porque ambos parecían igualmente derechos; entonces se detuvieron para pensar. Y mientras pensaban, he aquí que se acercó a ellos un hombre cubierto de una túnica blanca, y les preguntó qué hacían allí parados. Contestaron que iban a la Ciudad Celestial, pero no sabían cuál camino tomar.
—Síganme —dijo el hombre— pues para allá mismo voy yo.
Lo siguieron, pues, por el camino que poco a poco se iba desviando de la Ciudad adonde deseaban ir, tanto que al rato se encontraban de espaldas a la ciudad; no obstante, continuaban siguiéndolo. Pero al poco rato, antes que se dieran cuenta, los había llevado dentro del espacio de una red, en la cual se enredaron ambos sin saber qué hacer. En esto la túnica blanca (2 Cor. 11:13-15) cayó de las espaldas del hombre (negro por el pecado), y se dieron cuenta dónde estaban. Allí se quedaron llorando por un tiempo, porque no podían salir sin ayuda (Mat. 7:15).
Entonces le dijo CRISTIANO a su compañero:
—Veo que nos hemos equivocado. ¿Acaso no nos advirtieron los pastores que nos cuidáramos de los aduladores? Descubrimos hoy que lo que dijo el sabio es cierto: “El hombre que lisonjea a su prójimo, red tiende delante de sus pasos” (Prov. 29:5).
—También nos dieron instrucciones tocantes al camino, pero hemos olvidado leerlas, y no nos hemos guardado del camino del destructor (Sal. 29:5).
Así permanecieron en la red lamentándose, hasta que divisaron a un ser resplandeciente que se les acercaba con látigo de pequeños cordeles en la mano. En cuanto llegó, les preguntó de dónde venían y qué hacían allí. Le contestaron que eran unos pobres peregrinos que caminaban a Sión, pero que fueron desviados por un hombre vestido de blanco, quien les dijo que lo siguieran, diciendo que él también iba para allá.
—Ese es LISONJEADOR, falso apóstol transformado en ángel de luz (Prov. 29:5; Dan. 11:32).
Diciendo esto, rompió la red dejando salir a los peregrinos. Y agregó:
—Síganme, para que pueda volver a ponerlos en su camino.
Los condujo hasta el camino real. Luego les preguntó:
—¿Dónde posaron anoche?
—Con los pastores de las Montañas de las Delicias —respondieron.
Les preguntó también si no habían recibido una nota con instrucciones para el camino. Contestaron:
—Sí.
—Pero cuando se detuvieron, ¿no sacaron la nota para leerla?
—No.
—¿Por qué?
Dijeron que la habían olvidado. Además les preguntó si los pastores no les habían advertido acerca de LISONJEADOR.
—Sí —dijeron— pero no nos imaginábamos que pudiera ser un señor con palabras tan suaves (Rom. 16:18).
Luego vi en mi sueño que los mandó acostarse en el suelo, y los castigó muy severamente, para enseñarles el buen camino por donde debían andar (2 Cró. 6:26-27). Y mientras los castigaba, les decía:
—Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete (Apoc. 3:19; Heb. 12:5-11). Hecho esto, les mandó seguir su camino y atender con mucho cuidado las demás instrucciones de los pastores. Entonces ellos le dieron las gracias por su bondad, y se fueron a paso mesurado por el camino correcto.