El Collado de Dificultades
Vi luego, que todos llegaron al pie del Collado de Dificultades, donde había un manantial. Desde allí partían otros dos caminos además del que venía derecho desde la puerta angosta: el uno conducía a la izquierda y el otro a la derecha del pie del collado; más el camino angosto subía derecho por el collado que se llama Dificultades. CRISTIANO fue primero al manantial y bebió agua para refrescarse; en seguida comenzó a subir el collado. Los otros dos llegaron también al pie del collado, pero cuando vieron que la cuesta era alta y empinada, y que había otros dos caminos más fáciles, resolvieron ir por ellos. El nombre de uno de estos era Peligro, y el del otro, Destrucción. Uno tomó el camino del Peligro, y fue a parar a un bosque grande; y el otro siguió el camino de la Destrucción, que lo condujo a un campo inmenso lleno de montañas oscuras, donde tropezó y cayó sin poder volver a levantarse.
Después miré a CRISTIANO para ver cómo subía el collado, y noté que tropezaba y a menudo caía, y muchas veces trepaba valiéndose de las manos y rodillas por lo empinado de la cuesta. Ahora bien, a mitad de la subida había una arboleda agradable, hecha por el Señor del collado para descanso de los peregrinos fatigados. Allí, pues, llegó CRISTIANO y se sentó a descansar. Luego sacó el rollo de su pecho y se puso a leer para consolarse. También volvió a admirar la vestimenta que le había sido dada en el lugar de la cruz, y ya tranquilo, pronto empezó a dormitar. Luego cayó en un sueño tan profundo que lo detuvo allí hasta casi el anochecer; y estando dormido, se le cayó el rollo de las manos. Mientras dormía, se le acercó uno corriendo que lo despertó, diciendo:
—Mira a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio (Prov. 6:6).
Y con eso, CRISTIANO dio un salto poniéndose de pie y emprendió nuevamente su camino cuesta arriba a buen paso hasta llegar a la cumbre.
En la cumbre del collado, le salieron al encuentro dos hombres que venían corriendo. El nombre de uno era TEMEROSO y el del otro DESCONFIADO, a los cuales CRISTIANO preguntó:
—Señores, ¿qué pasa? ¡Están corriendo en dirección contraria!
TEMEROSO le respondió que se dirigían al Monte Sión pero que habían escalado a este lugar difícil:
—Pero más andamos —agregó jadeando— más peligros encontramos. Por eso, dimos vuelta y ahora nos volvemos.
—Sí —dijo Desconfiado— porque un poco más adelante hay dos leones en el camino, si despiertos o dormidos, no sabemos, pero si llegamos hasta estar a su alcance, seguro que nos harían pedazos.
—Lo que dicen me espanta —dijo CRISTIANO— pero, ¿a dónde podría ir para estar a salvo? ¡Seguiré adelante!