Demas

Luego CRISTIANO y ESPERANZA siguieron hasta llegar a un lindo llano llamado Alivio, donde anduvieron con mucho contentamiento; pero la llanura era angosta y no tardaron en atravesarla. Al otro lado del llano había un cerro llamado Lucro, y en este una mina de plata, donde varios que anteriormente habían pasado por este camino, se habían acercado impulsados por la curiosidad de ver la rareza del camino. Pero aventurándose demasiado cerca del hoyo donde el terreno no era firme, este cedió, y ellos, cayendo, perecieron. Otros también allí habían recibido heridas, quedando lisiados para toda la vida.

Vi luego en mi sueño que a poca distancia del camino, frente a la mina de plata, estaba DEMAS (vestido de caballero) que llamaba a los que pasaban a que se acercaran a ver, y dijo a CRISTIANO y a su compañero:

—¡Hola! Acérquense y les mostraré una cosa (2 Tim. 4:10).

—¿Qué cosa puede haber que valga la pena desviarnos del camino para verla?

—Aquí hay una mina de plata, y en ella hay unos hombres cavando para sacar tesoros, si vienen, con un poco de empeño pueden hacerse ricos.

—Vamos a verla —dijo ESPERANZA.

—Yo no —dijo CRISTIANO—, no nos desviemos ni un paso, sino que permanezcamos en nuestro camino. Te aseguro que cuando llegue CONVENIENCIA, si recibe la misma invitación que nosotros, de seguro la acepta. De hecho, no me cabe duda, porque sus principios lo llevarán por ese camino y apuesto cien por uno que allí morirá.

Para entonces llegaron CONVENIENCIA y sus compañeros, y a la primera señal que les hizo DEMAS allí se fueron. Si se cayeron en el hoyo por mirar adentro, si bajaron a trabajar o se sofocaron en el fondo por el miasma que generalmente hay allí, no lo sé, pero esto sé: que no volvimos a verlos en el camino. CRISTIANO irrumpió en una canción que decía:

—CONVENIENCIA y DEMAS se pusieron de acuerdo: el uno llama y el otro corre a participar de su lucro. Se entretienen en este mundo y no piensan en el más allá.