Cristiano se encuentra con Fiel
Siguiendo CRISTIANO su camino, vio más adelante a FIEL. Al verlo, CRISTIANO corrió con todas sus fuerzas y no solo alcanzó, sino que pasó a FIEL, de modo que el último fue primero. CRISTIANO se sonrió vanagloriándose de haber pasado a su hermano. Pero se distrajo de modo que tropezó, cayó y no pudo levantarse hasta que FIEL vino a socorrerlo. Siguieron juntos amistosamente, conversando de todo lo que les había pasado en su peregrinaje.
CRISTIANO comenzó así:
—Mi estimado y amado hermano FIEL, me alegro de haberte alcanzado, y que Dios haya templado de tal suerte nuestros espíritus, que podemos andar como compañeros en este camino tan agradable. ¿Cuánto tiempo estuviste en la Ciudad de Destrucción antes de emprender tu propio peregrinaje?
—Hasta que ya no pude más, porque después de tu salida se habló mucho de que nuestra ciudad dentro de poco sería destruida por cielo del fuego.
—¡Cómo! ¿Eso decían nuestros vecinos?
—Sí, y por algún tiempo ese fue el único tema de conversación.
—¡Cómo puede ser posible! ¿Y solo tú de entre todos saliste para escapar del peligro?
—Aunque hubo, como he dicho, mucho hablar del asunto, no creo que de veras lo creían. Porque en el calor de las discusiones oí que algunos vecinos se burlaban de ti y tu “viaje desesperado”, pues eso era lo que llamaban a tu peregrinaje —dijo FIEL—. Y a tu vecino FLEXIBLE, quien regresó cubierto de lodo del Pantano lo trataban con gran desdén, y lo despreciaban por renegado.
—Dime, por favor, ¿te encontraste con alguien en el Valle de la Humillación?
—Sí, me encontré con un tal DESCONTENTO, quien trató de convencerme que me volviera con él, siendo su argumento que pasar ese valle era una deshonra. Me dijo además, que irme por allí era el modo seguro de desagradar a todos mis amigos, como ORGULLO, ARROGANCIA, AMOR PROPIO Y GLORIA MUNDANAL y otros que él estaba seguro se darían por ofendidos si me atreviera yo a pasar por ese valle.
—¿Y cómo le contestaste?
—Le dije que él estaba muy equivocado, que aunque los mencionados podían llamarse parientes míos, y con razón pues son mis familiares según la carne, desde entonces me convertí en un peregrino por lo que han renegado de mí. Yo también los rechazo a ellos así que es como si nunca hubiéramos sido parientes (Mar. 10:29-31).
—También escapé del Pantano de la Desconfianza —continuó diciendo FIEL— solo para encontrarme con una cuyo nombre es LIBERTINAJE. ¡Qué lengua aduladora tenía! Me insistía que me fuera con ella. Y al pie del collado encontré a un viejo llamado Adán el Primero, que vivía en el poblado de Engaño. Su obra, dijo, eran muchas delicias y recompensas, que debería yo ser por fin su heredero (Rom. 5:6-21). “Cásate con mis hijas: LUJURIA DE LA CARNE, LUJURIA DE LOS OJOS y ORGULLO DE LA VIDA”, me dijo (1 Juan 2:16). Pero mirando su frente vi que estaba escrito: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Col. 3:9-10). Al volverme para irme, sentí que me daba un pellizco mortal en la espalda.