Acerca del Señor del Collado

Después vi en mi sueño que quedaron conversando hasta que estuvo lista la cena. La mesa estaba llena de ricos y sustanciosos manjares, y toda la conversión giró alrededor del Señor del Collado, lo que había hecho y la razón por qué había edificado aquella casa; y por lo que decían, entendí yo que el Señor había sido un gran guerrero, y que había peleado y matado al que tenía poder sobre la muerte (Heb. 2:14-15), pero no sin correr gran peligro; y esto me hizo amarle más.

Porque, como decían, lo hizo derramando mucha sangre, pero lo que colmó de virtud a todo lo que hizo, fue haberlo hecho por puro amor a su país (Juan 3:16). Y además, algunos de la familia decían haberlo visto y hablado con él después de su muerte en la Cruz. Dijeron que habían oído de su propia boca que amaba a los pobres peregrinos, con amor sin paralelos.

También le dieron un ejemplo de lo que afirmaba, y esto era que se había despojado de su gloria para hacer esto por los pobres (Fil. 2:5-11), y que le habían oído decir y confirmar que no moraría solo en el Monte Sión. Dijeron también que había hecho príncipes a muchos peregrinos aunque por naturaleza habían nacido mendigos en un estercolero (1 Sam. 2:8; Sal. 113:7).

Siguieron conversando hasta muy noche; y después de haberse encomendado a la protección del Señor, se retiraron a descansar. Llevaron al peregrino a un cuarto grande en el piso alto, que teníauna ventana que daba al Oriente. El nombre del cuarto era Paz, y allí durmió CRISTIANO hasta rayar el alba.

Al día siguiente lo llevaron a la armería, donde le mostraron toda clase de armas que el Señor había provisto para los peregrinos, como espadas, escudos, yelmos, corazas y calzado que no se gasta. También le enseñaron instrumentos con los cuales algunos de sus siervos habían hecho cosas maravillosas. Le mostraron la vara de Moisés (Éxo. 7:20; 10:13; Núm. 20:11), los cántaros con que Gedeón puso en fuga a los ejércitos de Madián (Jue. 7:19-20). Luego le enseñaron la quijada con que Sansón hizo sus proezas (Jue. 15:16), también la honda y la piedra con que David mató a Goliat de Gath, y también la espada con la cual el Señor matará al hombre de pecado el día que se levante para hacer frente a la presa (2 Tes. 2:3; Apoc. 19:15; 20:3).

Sus amigos dijeron:

—Si mañana está bueno el tiempo, te mostraremos las Montañas Deleitables que —según dijeron— aumentarían su bienestar (Isa. 33:16-17), cerca de su destino. Era la Tierra de Emmanuel, y es tan accesible, le dijeron, como lo era este collado para todos los peregrinos. CRISTIANO quería seguir su camino. Salió con sus amigos hasta la puerta, y allí le preguntó al portero si había visto pasar a otro peregrino, a lo que el portero respondió que sí.

—Dime, ¿lo conocías? —preguntó CRISTIANO.

—Le pregunté su nombre y me dijo que se llamaba FIEL.

—Ah, lo conozco, es de mi pueblo, es mi vecino, viene del lugar donde nací. ¿Crees que habrá avanzado mucho?

—Ya debe haber llegado al Valle de la Humillación.

—Bien, buen portero, el Señor sea contigo, y añada abundantemente a todas tus bendiciones por la bondad que me has mostrado.

Diciendo esto, comenzó a avanzar, pero entonces dijo CRISTIANO:

—Así como fue difícil subir, hasta donde puedo ver es peligroso bajar, porque es difícil bajar al Valle de Humillación, sin tener una caída en el camino.

Después vi en mi sueño que estas buenas compañeras le dieron un pan, una botella de vino y un racimo de uvas.