- ¿Destruye la santidad y las ordenanzas de Dios?
Segundo, dices que la doctrina de la elección y de la reprobación tiende directamente a destruir la santidad, la cual es el fin de todas las ordenanzas de Dios. Porque (según lo que dice el querido Sr. Wesley en su error) “quita por completo aquella primera motivación para continuar, que con tanta frecuencia se propone en las Escrituras. La esperanza de recompensa futura y el temor al castigo, la esperanza del Cielo, y el miedo al infierno, etc.”
Yo pensaba que alguien que lleva la perfección a un punto tan exaltado como lo hace el querido Sr. Wesley, debería saber que un verdadero amante del Señor Jesucristo luchará por ser santo por el hecho mismo de ser santo, y trabajará para Cristo por amor y gratitud, sin esperar recompensas en el Cielo, y sin temor del infierno. Tú recuerdas, querido señor, lo que dice Scougal, “El amor es la más poderosa motivación que en verdad los mueve”. Pero pasando esto por alto, y reconociendo que las recompensas y los castigos (que lo son en realidad) pueden ser motivos por los cuales un cristiano puede honestamente desear trabajar para Dios, ¿cómo destruye la doctrina de la elección estas motivaciones? ¿No saben los elegidos que entre más buenas obras realicen, más recompensas recibirán? Y ¿éste no es estímulo suficiente para causar que perseveren trabajando por Cristo? Y ¿cómo es que la doctrina de la elección destruye la santidad? ¿Quién predica otra doctrina de la elección que aquella que predicó el apóstol cuando dijo, “escogidos… para santificación… por el Espíritu”? (2 Tesalonicenses 2:13). ¿No es la santidad una marca de la elección, según aquellos que la predican? Entonces, ¿cómo podría esta doctrina destruir la santidad?
El ejemplo que traes para ilustrar tu proposición es ciertamente, querido señor, algo impertinente. Porque tú dices, “Si un hombre enfermo sabe que inevitablemente muere o inevitablemente se recupera, aunque no sabe cuál de los dos pasará, no es razonable tomar alguna medicina”. Querido señor, ¿qué razonamiento absurdo es este? ¿Has estado enfermo en tu vida? Si es así, ¿no es la mera probabilidad de recuperación un estímulo para tomar la medicina, aunque sepas que está inalterablemente dispuesto el hecho de que vivas o mueras? Porque, ¿cómo vas a saber si esa medicina es el medio por el cual Dios te dará la recuperación?
Del mismo modo es en la doctrina de la elección. Yo sé que es inalterablemente fijo (podría decirse) que yo sea salvo o condenado; por qué no luchar, aunque al presente en una forma natural, ya que no sé si este lucha sea el medio por el cual Dios me dará la bendición, para traerme al estado de gracia?
Querido señor, considera estas cosas. Haz una aplicación imparcial, y luego juzga qué razón tenías para concluir el párrafo 10, página 12, con estas palabras: “Así, esta doctrina tiende directamente a cerrar la puerta misma de la santidad en general, dificulta a los impíos acercarse, o luchar por entrar”.
“Tan directamente”, dices, “esta doctrina tiende a destruir varias ramas particulares de la santidad como la mansedumbre, el amor, etc.”. Diré poco, querido señor, en respuesta a este párrafo. ¿Quizás el querido señor Wesley ha estado disputando con algún hombre grosero y estrecho de espíritu que favorece la elección, y entonces infiere que su grosería y estrechez se debía a sus principios? Pero, ¿no conoce el señor Wesley a muchos queridos hijos de Dios, que son predestinatarios, y que son mansos, piadosos, corteses, de tierno corazón, agradables y de gran espíritu, y que anhelan ver al más vil pecador convertido? ¿Y por qué? Porque reconocen que Dios los salvó a ellos por un acto de su amor selecto, y saben que puede haber elegidos entre aquellos que parecen ser los más abandonados.
Pero querido señor, no debemos juzgar la verdad de los principios en general, ni en particular de este principio de la elección, por la práctica de algunos que los profesan. Si fuera así, estoy seguro de que mucho podría decirse en contra de los tuyos. Porque yo apelo a tu propio corazón, no has sentido en ti mismo, u observado en otros, estrechez de espíritu y desunión en el alma de aquellos que sostienen la redención universal_._ Si es así, entonces de acuerdo con tu propia regla, la redención universal es errónea_,_ porque destruye varias ramas de santidad —mansedumbre, amor, etc. No obstante, para no insistir en esto, ruego que tú observes que la inferencia que has hecho es enteramente rechazada por la fuerza del argumento del Apóstol, y el lenguaje que expresa claramente en Colosenses 3:12-13: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”
Aquí vemos que el Apóstol los exhorta a vestirse de misericordia, benignidad, humildad de espíritu, etc., sobre esta consideración: precisamente, porque ellos son elegidos de Dios. Y todos los que han experimentado esta doctrina en sus corazones sienten que estas gracias son los efectos genuinos de haber sido elegidos de Dios.
Pero quizás el querido señor Wesley puede errar en este punto, y llamar pasión lo que solamente es celo por las verdades de Dios. Sabes, querido señor, que el Apóstol nos exhorta a “[contender] ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Así que no debes condenar a todos los que parecen celosos por la doctrina de la elección como si fueran estrechos de espíritu, o perseguidores, solo porque ellos piensan que es su deber oponerse a ti. Estoy seguro de que te amo entrañablemente en Jesucristo, y pienso que hasta daría mi vida por ti, pero aún así, querido señor, no puedo dejar de oponerme a tus errores sobre este tema importante, porque creo que, con calor, aunque no maliciosamente, opones a la verdad que es en Jesús. ¡Que el Señor remueva las escamas de prejuicio de tus ojos y de tu mente para darte un celo de acuerdo con el conocimiento Cristiano!