SERMÓN 14 – SANTIFICANDO EL NOMBRE DE DIOS EN LA ORACIÓN.
LEVÍTICO 10:3. En los que a mí se acercan me santificaré.
Primero debemos santificar el Nombre de Dios con respecto al asunto de nuestras oraciones. Y en segundo lugar, en cuanto a la manera. Para el primero, lo terminamos el último día, y llegamos a la manera, y se mencionaron dos cosas.
1. Primero, que debemos orar con entendimiento. En segundo lugar, debemos entregarnos a la oración. Ahora bien, al final del ejercicio tuvimos ocasión de caer en ese argumento acerca de la divagación de nuestros pensamientos en la oración, y por eso llegamos a tomar el nombre de Dios en vano, en lugar de santificar Su Nombre. Dios espera que nuestros pensamientos, voluntades y afectos, nuestra alma entera actúe sobre Él en el deber de la oración, o de lo contrario no oramos a Dios como a un Dios que es.
Los pensamientos vanos en oración recogen el sacrificio como las aves que Abraham ahuyentó del sacrificio, para que no lo picotearan. Las lujurias perversas en los corazones de los hombres son como los cerdos que toman la carne y todo lo arrastran al suelo, por lo que sus oraciones son sucias con sus lujurias; pero aquellos que son de otra manera piadosos, sin embargo, por sus vanos pensamientos, la belleza y la excelencia de sus oraciones son quitadas, como el vino y la cerveza a los que se les ha ido el espíritu, así la vida y el espíritu de nuestros deberes se han ido por nuestros pensamientos vanos, y por lo tanto los pensamientos vanos matan mucho el corazón. Así dice David en el 119.
Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y avívame en tu Ley. Mientras nuestros ojos miren la vanidad, no habrá vivacidad en nuestro corazón en ningún servicio que ofrezcamos a Dios. Ahora, muchos del pueblo de Dios tienen experiencia del mal de esto, y gimen bajo la carga de esto, y como dije la última vez, si el Señor les hablara desde el cielo y les preguntara qué quieren, teniendo ya la seguridad de su amor en Cristo, pedirían la liberación de un espíritu vano en el desempeño de los deberes santos, No traigan vanas oblaciones, dice Dios en Isaías 1:13.
¡Oh, qué vanas ofrendas traemos por la vanidad de nuestros pensamientos en la oración! Es verdad, el mejor de todos tendrá pensamientos vanos a veces; pero, sin embargo, cuando uno compara los pensamientos vanos de los hombres en oración, como un perro spaniel que sale con un hombre, camina tal vez solo media milla, pero el spaniel correrá de un lado a otro, de un lado a otro, y si todo el espacio de terreno que ha recorrido el spaniel se midiese, mientras tú estás caminando media milla, el spaniel, dando vueltas por aquí y por allá, habría él corrido media docena de millas, por lo que nuestras fantasías son como un spaniel que ha corrido por aquí y por allá en mil vanos pensamientos. Así es ahora con un hombre piadoso, como un spaniel que huye de su amo, pero si él lo llama, puede llamarlo a él en el momento, y bien estaría si así fuera con nosotros, aunque nuestras fantasías sean salvajes, si pudiéramos invocar nuestras fantasías y tenerlas bajo control, nos iría bien.
Y he visto en repetidas ocasiones, que los que son nuevos se quejan mucho de la vanidad de sus pensamientos, antes solían orar, y nunca tuvieron pensamientos tan vanidosos como ahora los tienen. La razón por la cual hay tanta vanidad de pensamientos, o por lo menos ahora les es muy notorio, es, primero, porque hay poca gracia en medio de mucha corrupción en los jóvenes convertidos, como una chispa de fuego en medio de mucha ceniza.
Ahora bien, si hay un montón de cenizas y nada más, no las remováis, pero si hay cenizas y algo de fuego, entonces las removerás y soplarás esas chispas para encender otro fuego. Ahora, cuando haces cualquier movimiento, entonces las cenizas volarán, mientras que antes se quedaron quietas, así es aquí, antes de que Dios obrara en tu corazón, no había nada más que cenizas en tu alma, y luego se quedaron quietas, pero ahora Dios ha encendido algunas chispas de gracia en tu corazón, y Dios las está soplando para que se calienten, y las está convirtiendo en una llama sobre este movimiento que está en tu corazón.
Y la agitación para encender esas chispas aún más en tu corazón, es que las cenizas de tus corrupciones vuelan como si volaran alrededor de tus oídos, y que hay tal agitación de corrupción más de lo que había antes, no es porque haya más corrupción de la que había antes, sino que antes no habiendo nada más que corrupción, yacía inmóvil, y ahora porque hay algo más, por eso es que la corrupción se agita tanto. Y, además, conoces a un hombre que solía tener compañía lasciva, si Dios le dice que no vuelva a tener esa compañía, al principio él estará más preocupado con dichas personas que antes; y estas personas seguirán llamando más a menudo a su puerta, y esforzándose por arrastrarlo con ellos de nuevo.
Así es aquí, cuando el alma, la vanidad y las concupiscencias eran como amigas juntas, no había perturbación, y tomando nota de cualquier cosa entonces, pero ahora que el alma está echando fuera esos males pecaminosos, y no tendrá más de ellos, estos serán ahora más inoportunos, activos y conmovedores que antes. Y, además, el Señor hace esto para humillar más tu corazón, para que así puedas llegar a ver la gran corrupción que había antes en tu alma.
La obra de tus corrupciones descubrirá mucho mal en tu corazón que antes no pensabas que estaba allí. Cuando las corrupciones de hombres y mujeres descansan, ellos piensan que no hay tal cosa en sus almas, como sus hombres civiles, ¿cuál es la razón por la que se bendicen, y piensan que están en buenas condiciones? Es porque sus corrupciones yacen todavía en ellos y están allí inmóviles, por lo que ellos no pueden creer la abundancia de maldad que hay en sus corazones. Si Dios abriera la maldad que hay en los corazones de los hombres naturalmente, y así todos los hombres no regenerados pensarían: hablas enigmas extraños, mientras que ellos se bendicen a sí mismos, y no bendicen a Dios.
Ellos no saben tal cosa en sus corazones, todavía no existen tales cosas, sólo que no se agitan, sino que yacen quietas como lodo en el fondo de un estanque, ahí está, pero no puedes verlas hasta que se agitan. Pero al convertirse al principio, el Señor permite que se remueva vuestra corrupción, para que os descubra qué corazón tan malo tenéis, qué abundancia de pecado hay en vuestro corazón, y por eso vuestros jóvenes convertidos se miran a sí mismos más repugnantes y más viles de lo que alguna vez pensaron que habían sido.
Y, además, el diablo ve en vano tentar a un joven convertido a cualquier acto de pecado grave, cuando la conciencia tiene vida y poder en ella, nunca prevalecerá de esa manera, pero ahora, él piensa que puede prevalecer para perturbarlos con pensamientos vanos, y por lo tanto pone su fuerza más en ese sentido. Por lo tanto, no se desalienten los que encuentran sus espíritus molestos con tales pensamientos si dichos pensamientos se convierten en la carga de sus almas. A pesar de mucha vanidad de pensamientos, el Señor aceptará cualquier deseo que tengan de santificar su nombre en santos deberes, y os daré estas tres o cuatro reglas para ayudaros contra estos pensamientos errantes y vanos en santos deberes, y especialmente en la oración.
Primero, cuando vayas a orar, considera que es una gran obra, pon un alto precio a tu oración, no como teniendo alguna excelencia en ello, como si viniera de ti, pero ponle un precio alto como una gran ordenanza de Dios, en la cual hay comunión con Dios para ser disfrutada, y la influencia de la gracia de Dios para ser transmitida a través de ella. Así que fija un alto precio a la oración, cada vez que vayas a la oración. Señor, ahora me estoy embarcando en una obra que es de muy gran importancia, y mucho yace sobre ella, y la consideraría como un dolor y un gran mal para mí, si perdiera tan solo esta oración, esto sería un medio especial para componer tu espíritu, y para guardarte de errar, como Nehemías, en Nehemías 6:3, un texto que a veces he citado en tales ocasiones.
Cuando los enemigos de Nehemías querían impedir la construcción del templo, enviaron a él para que pudieran hablar juntos, respondió él: no puedo ir, porque cesaría esta gran obra, dejándola yo para ir a vosotros. Así que cuando el Diablo y la vanidad de tu propio corazón, envían a ti para conversar, y hablar contigo, debes responder: no puedo soportar conversar con estas cosas, el trabajo que estoy haciendo es un gran trabajo. Hay muy pocas personas que sí tengan por gran obra la obra de la oración; si lo hicieras, te ayudaría mucho contra la vanidad de tus pensamientos.
2. En segundo lugar, cada vez que vayas a la oración, tú que estás más aturdido con tales pensamientos vanos, renueva tus resoluciones contra ellos. Hasta ahora me he sentido turbado por vanos pensamientos, y temo, si no me fijo en ello, perder también esta oración, y por tanto, oh, Señor, aquí renuevo mis resoluciones para oponerme a ellos en esta oración con todas mis fuerzas. Es mucho lo que se puede hacer con resoluciones fuertes, y especialmente si tus resoluciones fuertes son resoluciones renovadas, porque una vieja resolución comienza a debilitarse. Un hombre que ha decidido sobre una cosa hace mucho tiempo, tiene poco poder para ello. Pero ahora, cuando un hombre ha resuelto una cosa esta mañana, y justo en el momento en que la está haciendo, ahora resuelve hacerla, y se enfoca en ella, y queda resuelto por la gracia de Dios, que cualquier dificultad que encuentre con esto, cueste lo que cueste, pasará por esta obra.
Digo que las resoluciones renovadas tienen mucho poder, y no podéis imaginaros qué poder tan grande tendrá la renovación de la resolución contra los pensamientos vanos, si se renovasen cada vez que vayáis a la oración, hasta que consigáis poder sobre vuestros pensamientos. Has perdido muchas oraciones por pensamientos vanos, y te has angustiado por ellos, y sin embargo vuelven. Inténtalo por esta semana; según recuerdo dije en el punto de la pasión y la ira, que debemos resolver bien con nosotros mismos, lo que ocurra esta mañana, estoy resuelto a soportarlo.
Así que piensa en cuántas oraciones has perdido por pensamientos vanos: y ahora renueva tus resoluciones, y haz pacto con Dios, que, para esta oración, me pondré en contra de ellos, sea cual sea el dolor que tome, me aseguraré de buscar la gracia de Dios para ayudarme, estaré seguro de que esta oración mantendrá mi corazón cerca de lo que estoy haciendo.
Tal vez eso te ayude un poco, pero aún vendrán algunos pensamientos vanos, luego, a la noche siguiente, renuévalos de nuevo, y a la mañana siguiente renuévalos de nuevo; hasta que adquieras el hábito de mantener tu corazón cerca del deber, aunque ahora sientes tu corazón tan salvaje, que piensas que es imposible ponerlo en orden, pero ciertamente por ese medio, tu corazón será llevado al orden.
3. En tercer lugar, asegúrense de poner la presencia de Dios ante ustedes en oración, tengan una luz real de la infinita grandeza, majestad y gloria a la que se presentan cuando lo invocan. Si no puedes tener una verdadera pelea de Dios en su gloria, mantendrá tu corazón cerca del deber, como si un hombre estuviera vagando con sus ojos, y cuidando cada detalle, si el rey o alguna gran persona entrara en la habitación, todos sus pensamientos serían sobre el rey, o la gran persona que estaba entrando.
Así que, si presentaran al Señor en su gloria y grandeza, excelencia, majestad y poder, ante ustedes, y cuán terrible Dios es Él en sí mismo, y sin embargo, cuán misericordioso Dios es para nosotros en Su Hijo: esto sería poderosamente aquietador para nuestros corazones. Ciertamente, hombres y mujeres que están tan errantes en sus oraciones; es porque sus ojos no están abiertos para mirar a Dios en su gloria, están como soñando y no comprenden que Dios está allí y los mira, y los observa, y que Dios se da cuenta de cada pensamiento errante que viene a ellos; no consideran que Dios conversa con los pensamientos de los hombres, así como los hombres con las palabras de los hombres. Esa es una tercera regla.
4. En cuarto lugar, ten cuidado de no ser engañado, porque esos pensamientos que tienes en la oración, no parecen ser muy malos en sí mismos. Este es un gran engaño y estorba a muchos en la santificación del Nombre de Dios en la oración, a veces se lanza en algunos pensamientos vanos.
Ahora bien, debido a que el pensamiento no tiene gran maldad en sí mismo, entonces ellos piensan que pueden jugar con él, y sus corazones se acercan a él, y corren con él como lo hace el pez con el cebo; si el diablo lanza un pensamiento de blasfemia, eso te hace temblar y temblar, pero si tus pensamientos no tienen gran mal en ellos, sino que son cosas ligeras; asuntos sin importancia de una forma u otra, sobre eso tu corazón comienza a juguetear y a consentirlo, por lo tanto, recuerda esta regla: que en el momento de la oración, cualquier pensamiento que esté en tu mente que no se relacione con el deber presente, es pecaminoso ante Dios, aunque tales pensamientos sean tan buenos como nunca, sin embargo debes abandonarlos como pecaminosos en ese momento. Por lo tanto, nunca os engañéis con esto, que los pensamientos no son muy pecaminosos. Esa es otra regla.
5. En último lugar observa esta regla, si alguna vez Dios te ha ayudado en cualquier momento en la oración, que tu corazón se ha mantenido cerca de un deber, y has tenido comunión con Él, bendice a Dios por eso, bendice a Dios por esa ayuda. Es una regla de gran utilidad para nosotros obtener más ayuda de Dios en cualquier cosa, si es así que nuestros corazones se ensanchan para bendecir a Dios por cualquier ayuda que hayamos tenido hasta ahora.
Y la razón por la cual ganamos y prosperamos tan poco en nuestro curso cristiano, es porque no nos damos cuenta de lo que Dios ha hecho por nosotros, y no hemos dado gloria a Dios por las misericordias recibidas anteriormente, y por lo tanto, Dios se complace poco o nada en darnos más misericordias. Es como si tuvieras un vivero de árboles jóvenes, y empezasen a prosperar muy bien, pero llega una compañía de orugas y echa a perder casi todos los árboles jóvenes que están puestos, sólo dos o tres se mantienen alejados de las orugas.
Va un hombre a su huerta, y mira sus árboles, y este se había echado a perder, y aquel también se había echado a perder; pero luego ve dos o tres que sí florecieron, y estos están llenos de botones, y que parece que van a prosperar. Entonces, el hombre se regocija grandemente en estos árboles, porque se salvan cuando tantos otros se echan a perder. Así debes ver tus oraciones, y considerar cuántas han sido estropeadas por estas orugas; porque comparo los pensamientos vanos errantes en la oración con las orugas que están sobre los árboles, y vemos que si viene un tiempo tormentoso y lluvioso las orugas caerán, y uno pensaría que estas fuertes tormentas y la mano de Dios que ha salido contra nosotros, deberían haber limpiado nuestros pensamientos y almas de estas orugas que han estado sobre nuestros deberes, pero muchos deberes han sido echados a perder.
Sin embargo, puedes decir que, por la misericordia de Dios, tal mañana en mi aposento, el Señor ha conservado una oración para sí mismo, y he obtenido poder sobre este vano corazón mío, bendice a Dios por esto, y así el Espíritu de Dios estará más dispuestos a entrar y ayudarte en otro momento; pero esto bastará para hablar de esto, eso es lo segundo, debemos entregarnos enteramente a este deber.
La tercera cosa para la santificación del nombre de Dios en la oración es esta, debe haber los soplos del Espíritu de Dios, de lo contrario el nombre de Dios no es santificado, y esto se hace claro en Romanos 8:26: “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Si alguno de ustedes dijera ¿cómo podemos santificar el nombre de Dios? Somos pobres y débiles, podemos hacer poco. Fíjense, aquí se dice que el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades a orar, y la palabra es sumamente enfática en el original.
En sus libros no es más que ayudar a nuestras enfermedades, pero el significado de la palabra es, en estas dos cosas, el Espíritu ayuda; es decir: mira cómo un hombre que está tomando un pesado madero por un extremo, él solo no puede levantarlo, pero viene otro y lo toma por el otro extremo y así lo ayuda. La palabra significa tal clase de ayuda, como cuando un hombre toma una cosa en el otro extremo, o en el otro lado, uno parado de un lado y el otro parado del otro lado, o uno tomando un extremo, y el otro tomando el otro extremo.
Ese es el sentido de ello, Él ayuda en nuestras enfermedades, la pobre alma está levantando y haciendo fuerza con su propio corazón, y encuentra su corazón pesado y embotado, como un tronco en una zanja, ¿y no han encontrado muchos de ustedes sus corazones así? Pero, ahora bien, cuando están levantando con sus corazones, y quisieran elevar sus corazones a Dios en oración, allí viene el Espíritu de Dios en el otro extremo, y toma el extremo más pesado de la carga y los ayuda a levantarlo. Si un niño estuviera en un extremo del leño, y este extremo fuera liviano, y el otro extremo muy pesado, si uno viene y toma el extremo más pesado, un poco de fuerza servirá para el extremo más liviano; así el Espíritu viene y toma el extremo más pesado en el deber, y así ayuda en nuestras debilidades, en conjunto nos ayuda. Es decir, el Espíritu, en conjunto con la actuación de las gracias del Espíritu en nuestros corazones, para que ustedes no digan: “¡Ay!, ¿qué puedo hacer? debe ser el Espíritu de Dios el que debe hacerlo todo”. Es verdad, Él hace todo.
Primero, da la gracia de conversión habitual, y la gracia que asiste y obra; pero ahora, cuando el Espíritu ha obrado la gracia para convertir el corazón, y ha dado la gracia habitual en tu corazón, entonces, cuando el Espíritu viene a ayudarte, espera que despiertes todos los dones y gracias del Espíritu, y la fuerza misma de tu cuerpo; el Espíritu de Dios espera que actúes hasta lo máximo que puedas, según el poder que te ha dado Dios. Y cuando estás actuando, entonces el Espíritu viene y te ayuda, teniendo en cuenta que debemos aplicar la fuerza que tenemos, y así el nombre de Dios será santificado, cuando a medida que ponemos las gracias del Espíritu en nosotros, entonces el Espíritu viene y nos ayuda.
Y lo que viene de nosotros ahora, viene de los soplos del Espíritu Santo en nosotros, y entonces Dios que conoce la intensión del Espíritu, sabrá ahora el significado de nuestros suspiros y gemidos. Por lo tanto, cuando vayas a orar, debes mirar al Espíritu de Dios. Debes, por el ojo de la fe, mirar al Espíritu de Dios. Y, para dejar tu alma a la merced de la asistencia del Espíritu de Dios, debes mirar al Espíritu Santo, como designado por el Padre y el Hijo para ese oficio, para ser ayudante de sus pobres siervos en los deberes de la adoración, y especialmente en ese gran deber de la oración.
Ahora, al leer este texto, y tenerlo así abierto, esta es una buena ayuda para ti en la oración; lee este texto, y luego ejerce tu fe sobre él: Señor, ¿no has dicho que tu Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades, cuando no sabemos por qué orar, ni cómo orar por alguna cosa cómo debemos? Pero el Espíritu vendrá, ahora Señor, haz que esta palabra tuya sea válida para mi alma en este momento, y permíteme tener los soplos del Espíritu de Dios en mí. Ay, los alientos de los hombres, si provienen de dones y talentos, sé que nunca lo considerarás, excepto que haya los alientos del Espíritu Santo en mí en oración.
Ahora bien, si queréis saber si el Espíritu de Dios entra o no, lo sabréis por esto; el Espíritu de Dios lleva a Dios, y hace que la oración sea dulce y deleitable, porque el Espíritu de Dios está allí, y este llega al alma en el deber, y deja un sabor tras de sí. Un sabor lleno de gracia siempre queda atrás, cuando el Espíritu de Dios viene a respirar. Oh, el soplo del Espíritu de Dios es un soplo dulce, y hace que las oraciones sean dulces, nunca entra en el alma, pero después de haber hecho aquella obra para la cual vino, deja un olor dulce, después de eso, el alma encuentra una dulzura en esa oración. Ahora, muchos de vosotros habéis estado en oración por la mañana, pero os hago un llamamiento: ¿Qué olor grato del Espíritu de Dios queda? Ciertamente, si el Espíritu ha estado allí, es como un perfume que se pone en una cajita, aunque saques el perfume de ella, aún quedará un olor suave. Así, aunque el Espíritu de Dios, con respecto a la asistencia presente, se retira, sin embargo, deja un olor grato.
La cuarta cosa es, pureza de corazón; corazón y manos puros, en Hebreos 10:22: Apocalipsis 5:8: todos tenían arpas, y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. Fíjate que las oraciones de los santos son perfumes en copas de oro, las copas de oro las puedo comparar con el corazón. Los corazones de los santos deben ser como copas de oro, y entonces sus oraciones serán como perfumes. En 1 Timoteo 2:8, el Espíritu Santo dando instrucciones sobre cómo debemos orar, es de la siguiente manera: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”.
La conducta exterior debe ser pura, y el corazón puro; en Job 22:26, fíjense en lo que se dice acerca de ese santo varón; hay una promesa hecha a él al levantar su rostro a Dios, quitando la iniquidad de su tabernáculo, para que, al quitar el mal de nuestros tabernáculos, y así de nuestro corazón, podamos levantar nuestro corazón con gozo. Y esa es la quinta cosa, pureza de corazón y manos.
Lo sexto es, en verdad, cuando venimos a invocar a Dios, debemos invocarlo en verdad, Salmos 145:18. “Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras”. Dirás: ¿cuál es el significado de eso? a eso respondo;
Primero, debe haber disposiciones internas que respondan a las expresiones, como, por ejemplo, cuando llego a expresar la grandeza de la majestad de Dios, entonces debo tener una disposición interior adecuada a esta expresión, debo tener temor y reverencia de la infinita majestad de Dios.
En segundo lugar, cuando vengo a confesar mi pecado, a juzgarme por mi pecado, debe haber una disposición interior adecuada para tal confesión. ¡Oh, cuántos hombres y mujeres vendrán y hablarán grandes cosas contra sí mismos por sus pecados, y se juzgarán a sí mismos por sus pecados, y sin embargo no hay tal disposición en sus corazones adecuada a sus palabras; tendréis algunos al orar con otros, serán un medio para quebrantar los corazones de otros, así seguirán su pecado!
Y reciben tal vergüenza y confusión sobre sí mismos por su pecado, y sin embargo Dios sabe que sus corazones no se agitaron todo este tiempo, y luego clamarán a Dios por el perdón del pecado, y por el poder contra su pecado, y sin embargo, Dios sabe que sus corazones se aferran a su pecado, y son reacios a separarse de su pecado, mientras tanto, tal cosa es falsedad de corazón, y ocurre cuando la disposición interior no responde a las expresiones exteriores. Os ruego, hermanos míos, que consideréis las oraciones que habéis hecho, y especialmente vosotros que oráis mucho con los demás, miréis las expresiones que habéis hecho, y ved si hay disposiciones responsables de las expresiones que habéis hecho, y cómo el Señor recuerda cada expresión que has hecho.
En tercer lugar, debemos invocar a Dios en verdad, es decir, para realizar conscientemente los compromisos de la oración, la oración pone un compromiso en el corazón. Ahora, los que le invocan en verdad son concienzudos para poner en práctica los compromisos. ¿Oro por alguna cosa buena, estoy comprometido a esforzarme en el uso de todos los medios para alcanzar esta cosa buena? Cuando confiesas un pecado, pues, estás comprometido por ese medio a esforzarte con todas tus fuerzas contra ese pecado; y cuando oráis por mi gracia, os comprometéis a hacer uso de todos los medios que podáis para alcanzar esa gracia, y además, en la oración hay mucha profesión a Dios de nuestra sinceridad y rectitud, y de nuestra voluntad de estar a su disposición, cumplir estos compromisos que haces a Dios en la oración; si Dios nos presentara todas nuestras profesiones que le hemos hecho en oración, y nos dijera cómo nos hemos desviado de ellas, nos avergonzaría y confundiríamos en nuestros propios pensamientos.
Otra cosa en la oración debe ser la fe; orad sin dudar, como en la Escritura anterior, prevalece mucho la oración de fe; Santiago 1:6-7: un hombre que vacila y duda no debe pensar en obtener nada de Dios. Pero debí explicar cuál es esa fe que debemos tener en la oración, debemos tener fe para creer que lo que hacemos agrada a Dios, y fe en las promesas de Dios, y fe en la providencia de Dios, esto debe ejercerse en el tiempo de nuestras oraciones. Y por lo tanto después de haberlo hecho, regresar a casa creyendo, como Ana en 1 Samuel 1:18. leemos de ella, que después de haber orado se fue, y no parecía más triste; el texto enseña, señalando que después de que hemos estado derramando nuestras almas a Dios, debemos creer y ejercer la fe y no decaer como antes.
Objeción: Dirás, sí, si supiéramos con certeza que Dios nos escuchará.
Respuesta: La manera de estar seguros de que Dios os escuchará, es arrojándoos sobre Dios, ¿cómo podéis saber que os escuchará, sino descansando en Él? Yo he estado con Dios, y he estado haciendo el deber de una pobre criatura, y para el éxito lo dejo a Dios, y por lo tanto debe ser con fe.
Pero tengo tantos pecados mezclados con mis oraciones, ¿cómo puedo creer?
Tienes una excelente Escritura para que ayudes a un alma, a ejercitar la fe en la oración, a pesar de que ha habido muchas debilidades; en Salmos 65:2,3: Oh, “Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne”; Tú escuchas las oraciones, pero tengo muchos pecados que estorban, no, mira, ¿por qué si “Las iniquidades prevalecen contra mí… nuestras rebeliones tú las perdonarás”. Oh, haz uso de esta Escritura, aunque no recuerdes otras cosas; sin embargo, ustedes que tienen corazones abatidos y temen que Dios no escuche sus oraciones, vean lo que dice el texto: Tú oyes la oración, Señor. ¿Pero mis pecados no la estorbarán? No dice David, la iniquidad prevalece contra mí, en cuanto a nuestras transgresiones tú las limpiarás, ejerce fe en esto, y sabe que Dios no escucha la oración porque no eres pecador, por tu dignidad, sino simplemente por su gracia gratuita.
Otra disposición sagrada en la oración debe ser esta; el alma debe venir con una santa libertad, con el Espíritu de adopción a Dios, clamando Abba Padre; si vienes a Dios meramente como a un juez, aunque es verdad, aquellos que no saben que Dios los ama, sin embargo están obligados como criaturas a orar, pero nunca podrás santificar el nombre de Dios, hasta que tengas un espíritu semejante al de un niño, el Espíritu de adopción; el Señor ama que sus hijos vengan con libertad de espíritu a Él mismo en oración, que vengan como niños, y que no vengan con semblantes abatidos y corazones desalentados, pero ven libremente a abrir tu corazón a Dios, como cualquier niño abriría su corazón a un Padre lleno de gracia y amor.
Otra disposición es el fervor en la oración; la oración eficaz y ferviente de un hombre justo puede mucho, y eso será un medio para ayudar contra los pensamientos vanos también, como cuando la miel está hirviendo entonces las moscas no vendrán a ella, si tu corazón estuviera como hirviendo en la oración, no tendrías pensamientos tan vanos.
Luego, debe haber constancia en la oración; en 1 Tesalonicenses 5:17, con eso quiero decir esto de nunca rendirnos hasta que tengamos aquello por lo que oramos, o alguna otra cosa en lugar de eso. Puede ser que hayas orado y no haya resultado nada, no te desanimes, tienes que tratar con un gran Dios, y por lo tanto ora una y otra vez, y ora con esta resolución: bueno, deja que Dios haga conmigo lo que quiera, mientras viva lo invocaré, y si Dios me desecha, todavía me desechará invocándolo. Como la pobre mujer de Canaán cuando Cristo la llamó perro, y la desanimó, pero aun así oraba: Aún los perros pueden tener migajas. El corazón que se desanima en la oración está en una mala condición porque no obtiene lo que quisiera, y por lo tanto, razonan de la siguiente manera en sí mismos, es mejor no orar en absoluto. Presten atención a tales pensamientos.
Nuevamente, si de verdad oráis a Dios, para santificar su nombre en la oración, debe haber humildad en vuestros corazones para ser conscientes de vuestra propia indignidad. Hablé un poco de ser consciente de la distancia entre Dios y nosotros, cuando hablé de santificar el nombre de Dios en general. Lo último de lo que hablaré es esto, cuando hayas hecho todo, todo esto, estos requisitos no santificarán el nombre de Dios, a menos que todos sean entregados en el nombre de Jesucristo, y en el poder de sus méritos. Sea que ore el hombre o la mujer con tanto fervor, celo, constancia, pureza, en verdad y sinceridad; sin embargo, a menos que lo ponga todo en el nombre de Cristo, digo que no puede ser aceptado; nuestras ofrendas espirituales deben ser ofrecidas en su nombre, pero he predicado mucho acerca de eso, pero ahora junta todo lo que se ha dicho, y esto es orar.
Es decir, mientras oro con entendimiento: cuando me entrego a la oración: cuando hay soplos del Espíritu Santo en mi oración: cuando hay pureza de corazón como una copa de oro: junto con la sinceridad, cuando es en verdad de corazón, cuando está en la fe, cuando viene de una adopción espiritual, cuando está en fervor, cuando está en constancia, reverencia, humildad, y todo apoyado en el nombre de Jesucristo. Ahora, un hombre ora, como se dice de Saúl, he aquí que ora; así que puedo decir de aquellos que son instruidos en este arte, he aquí que oran. Ves ahora que la oración es más que leer en un libro, más que decir unas pocas palabras; veis que es cosa muy dura orar, una obra de gran dificultad, y no es maravilla, aunque hayamos perdido tantas de nuestras oraciones como lo hemos hecho, no debemos cargar la oración y a Dios con ella, pero miramos a nosotros mismos (no me refiero a la ordenanza de la oración como a una carga, sino a la vileza de nuestro porte en nuestras oraciones). Y sepamos para el tiempo por venir qué significa la vida cristiana, se dice de Cristo en Lucas 9:29. que mientras oraba se cambió la forma de su semblante.
Oh, eso es algo excelente, que cuando hemos estado en nuestros aposentos orando, salimos con nuestros rostros resplandecientes. Hermanos míos, si pudiéramos orar de esta manera, la forma misma de nuestro semblante sería cambiada, como Moisés cuando salió de la presencia de Dios en el monte, o como Cristo, a quien se le cambió la forma de su semblante. La oración, es la dulce tranquilidad del espíritu, es la ayuda cuando se intenta levantar un peso, es la gran ordenanza de nuestra comunión con Dios en este mundo, y por lo tanto, aprendamos este arte de santificar el nombre de Dios en la oración.
Concluiré todo en esto: habéis oído el misterio de la santificación del nombre de Dios en la adoración a Dios. Ahora, os ruego, a vosotros que estáis mucho tiempo en la escuela de Cristo, como aprendices de Cristo, para aprender el cristianismo; avergüéncense de haber entendido tan poco de este arte de santificar el nombre de Dios en la oración. Es un arte y un misterio en el que debéis ser instruidos, y no sois cristianos hasta que no seáis instruidos en esto, como en un arte y misterio.
Y aquel hombre y mujer que sean verdaderamente instruidos en este arte y misterio de santificar el nombre de Dios ahora en la adoración de Él, tal hombre y mujer estarán por toda la eternidad santificando el nombre de Dios al orarle a Él. Viene un tiempo cuando todos los santos deben estar en la presencia de Dios, y estar siempre alabándolo a Él, y entonces santificarán el nombre de Dios para siempre. Aprendamos ahora este arte de santificar el nombre de Dios en la oración, para que podamos santificar eternamente su nombre alabándolo.
EL FIN.